Monterrey, N.L.Maestro de la Biblia · MDiv en curso, Talbot

Clases adaptadas · Orígenes (Estudio 12:2)

Números: de Coré a la serpiente de bronce

Moisés intercede, una nueva generación, la vara que florece, la peña de Meriba y la mirada que sana

Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.

Resumen

Diez de doce espías ya no podían confiar en el Señor. Dios propone empezar de nuevo con Moisés, pero Moisés intercede por el nombre de Dios ante las naciones: el Señor es lento para la ira, pero no tendrá por inocente al culpable. Habrá una nueva generación. No es un Dios distinto en el Nuevo Testamento; lo que se pide es distinto. Coré envidia el sacerdocio y la vara de Aarón florece. Moisés golpea la peña en vez de hablarle y se atribuye la obra de Dios. Y ante las serpientes, Dios responde: mira la serpiente de bronce y vivirás.

Puntos clave

  • Moisés intercede por el nombre de Dios: «El Señor es lento para la ira… pero de ninguna manera tendrá por inocente al culpable» (Núm. 14:18).
  • Dios levanta una nueva generación; de los contados, solo Josué y Caleb entrarán.
  • No es un Dios distinto en el Nuevo Testamento: lo que se nos pide es distinto, y ha provisto expiación en Cristo.
  • Moisés golpea la peña y se atribuye la obra de Dios; por eso no entra (Núm. 20:12).
  • Quien mira la serpiente de bronce vive; así es levantado el Hijo del Hombre (Núm. 21:8-9; Jn. 3:14-15).

El ciclo del pecado

Como lo vimos en la sesión pasada, el pueblo de Israel comienza a entrar otra vez en este ciclo de pecado, de rebeldía, en donde se empiezan a alejar de Dios entregándose a sus propias pasiones. Incluso vemos cómo Moisés, Miriam y Aarón, que son los más cercanos, los sacerdotes, comienzan en su corazón a alejarse, en un sentido, de Dios. No por alejarse de Dios, sino porque empiezan a caer en su propia idea, en sus propios deseos. Vemos cómo el pueblo tenía hambre otra vez y se queja, tenían envidia y comienzan a murmurar. Y vemos este ciclo. Me encantaría meterme en los detalles de cada cosa que sucede, pero creo que para el objetivo de esta clase no es lo que queremos lograr.

Te invito a que lo leas en tu casa. Voy a pasar por encima de este ciclo y voy a tocar algunos puntos importantes. El primero: vimos ya que caen en este pecado de codicia, y luego de envidia y de murmuración, que los lleva hasta la tierra. Y diez de doce, diez de doce, ya habían sido contaminados por el pecado, de tal manera que no podían confiar en el Señor. Tuvieron miedo ante lo que se acercaba, se imaginaban la vida de antes y decían: no, no, no, mejor no lo hagamos. Moisés y Aarón caen sobre sus rostros delante del pueblo, y Josué y Caleb intervienen y les dicen: Dios nos dará esta tierra. Simplemente, en el versículo 9 del capítulo 14 dice:

«Solo que ustedes no se rebelen contra el Señor, ni tengan miedo de la gente de la tierra, pues serán presa nuestra. Su protección les ha sido quitada, y el Señor está con nosotros; no les tengan miedo» (Núm. 14:9).

Moisés intercede

Pero el pueblo seguía rebelándose, así que el Señor dice: ¿sabes qué, Moisés? Voy a deshacerme de todos ellos y comenzaré contigo una gran nación. Y cuando vemos las conversaciones de Moisés con Dios, hay cosas que vas a ver y dices: entonces, ¿Dios se arrepintió gracias a lo que hizo Moisés? La respuesta es sí y no. Dios actúa sobre su carácter, y le da la oportunidad a Moisés de representarlo bien.

¿Recuerdas? Estamos hablando de que el pueblo ahora representa a Dios; Él ha puesto su nombre sobre ellos. Y ahora Moisés habla con Dios y le dice: a ver, Dios, espérame. Ya has sido visto en medio del pueblo. Ya nos has dado tu nombre. Si tú haces esto, tu nombre va a ser mal representado ante las naciones. Mejor que sea como tú lo has dicho, en el versículo 18:

«El Señor es lento para la ira y abundante en misericordia, y perdona la iniquidad y la transgresión; pero de ninguna manera tendrá por inocente al culpable; sino que castigará la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación» (Núm. 14:18).

Entonces estamos hablando de esta realidad. Dios está actuando conforme a su carácter. Va a perdonar a todos aquellos que busquen ese perdón. Sin embargo, el que permanece culpable será culpable. Establecimos esto en Levítico, ¿recuerdas? Toda una lista de: si haces esto, entonces eres culpable. Pero luego Dios proveyó la manera de ser expiado de ello. Estamos hablando de esta misma realidad. Entonces Moisés le dice: Señor, detente.

Una nueva generación

Así que es cuando Dios establece este límite, donde dice: habrá una nueva generación que me representará en santidad. Y se cumplirán las dos cosas: el culpable será culpable, y habrá perdón. Esta generación perversa ya escogió lo malo, ya escogió ir en contra del Señor, en un sentido; le tuvo miedo a entrar a la tierra. Porque, recuerda, los diez dieron un mal informe, pero todo el pueblo dijo: no entremos. Murmuraron en contra de Moisés y de Aarón diciendo: no entremos. Solo dos personas, Josué y Caleb, permanecían con la intención de entrar. Por lo tanto, de los que fueron contados, solo esas dos personas entrarían a la tierra prometida, junto con los levitas. Los diez que fueron y dieron un mal reporte murieron en el momento. Este es el peso que hay sobre aquellos que hacen tropezar a otros. Hay un peso de santidad.

Ahora, ¿por qué vemos en el Nuevo Testamento un Dios diferente? No es un Dios diferente. La respuesta está en que no se nos ha pedido el día de hoy lo mismo que se le está pidiendo a este pueblo. La santidad de Dios es representada ahora en la multiforme gracia, en su Hijo Jesús, que dio su vida por nosotros. El día de hoy sí hemos sido llamados a presentar el Evangelio.

Sin embargo, no somos el pueblo de Israel en el libro de Números. Para el mismo pueblo de Israel, más adelante, cuando ya llega Cristo, la misión y la manera en la que representa a Dios han cambiado hasta cierto punto. Por lo tanto, no es que sea un Dios diferente; lo que se ha pedido es distinto. Lo podemos ver en Hechos 5, cuando dos personas mienten acerca de algo, mienten al Espíritu Santo, con lo cual mal representan al pueblo, y entonces son consumidos. Es el mismo Dios, que no va a considerar inocente al culpable. Sin embargo, ha provisto maneras de expiar ese pecado, y todo aquel que busque esa manera, que el día de hoy conocemos como Cristo Jesús, será expiado y perdonado.

Regresando a estos ciclos: vemos que el pecado ahora va a impedir al pueblo entrar a la tierra, porque representó mal a Dios, y Dios levantará una nueva generación, una nueva generación de personas de 19 años para abajo, que no habían sido contadas, y aparte Josué y Caleb. Así es como sucede. La segunda cosa que sucede es que, una vez que esto pasa, Dios habla otra vez de las leyes y les dice que hay leyes de ofrendas, ofrendas de nuevo para expiar al pueblo. Habla de que ahora hay una sola ley: si algún extranjero se une a ellos, va a haber una sola ley. Están regidos bajo un solo gobierno.

Coré y la vara que florece

Pero eventualmente llega este momento en donde Coré, hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, se rebela y comienza, igual que había pasado con Miriam y con Aarón, a decir: ¿y por qué a nosotros se nos dio algo diferente? Vimos al pueblo, a la gente común, que se corrompe. Ahora estamos viendo a parte de los levitas corromperse. Y Coré comienza, a través de la envidia, a decir: ¿por qué nosotros no? ¿Por qué no habla con nosotros? ¿Por qué Aarón es el sumo sacerdote? ¿Por qué a él se le dio esto?

Y entonces Dios detiene esta envidia y dice: va a suceder esto. Cada uno va a traer su vara, y la vara que florezca, ese va a ser el que ha sido escogido por el Señor. Así que Dios escoge a Aarón cuando su vara florece, y esto es ahora una señal de la elección de Dios sobre Aarón, y no específicamente sobre los coatitas.

Esto es lo que empieza a suceder: hay pecado, hay murmuración, hay envidia, y el Señor corrige y se representa. Dice: ¿quién me representa? Son Aarón y sus hijos; específicamente vamos a ver a Eleazar y a Finees, que van a ser personas muy importantes. Corrige y presenta a los sacerdotes. ¿Qué hacen los sacerdotes? En resumen, en el capítulo 18, versículo 1, dice:

«Entonces el Señor dijo a Aarón: “Tú y tus hijos, y tu casa paterna contigo, llevarán la culpa en relación con el santuario; y tú y tus hijos contigo llevarán la culpa en relación con su sacerdocio”» (Núm. 18:1).

Y eventualmente, el resumen de todo esto es que llevarán la culpa de todos, y tú harás expiación por todos, siendo el sumo sacerdote y haciendo estos rituales de purificación que en adelante se mencionan. Vimos al pueblo pecar, y el Señor corrige con una nueva generación. Vemos a los coatitas, a Coré y a su gente, llenos de envidia, pecar, y el Señor corrige eligiendo a Aarón y estableciendo de manera muy clara el oficio de los sacerdotes.

Moisés y Aarón en la peña

Y ahora vemos a Moisés y Aarón rebelarse en contra de Dios. Lo que empezó como una semilla hace unos capítulos, con Moisés quejándose de que todo lo tenía que hacer él, y con Aarón con envidia en contra de Moisés, los lleva hasta un punto en el que la congregación se sigue quejando y les pide agua de beber. Dios lleva a Moisés a una nueva roca. Ya había sucedido en el Éxodo, ¿recuerdas? En la peña de Horeb le dice: golpea la roca y saldrá agua. Ahora lo lleva a una nueva roca, pero aquí hace algo distinto:

«Toma la vara y reúne a la congregación, tú y tu hermano Aarón, y hablen a la peña a la vista de ellos, para que la peña dé su agua» (Núm. 20:8).

Hablen. Esto es bien importante. Porque le dice: hablen a la peña. Sin embargo, Moisés toma la vara de la presencia del Señor, como le había ordenado, y reúne al pueblo ante la peña. Pero escuchen bien lo que les dice, en el versículo 10:

«Oigan, ahora, rebeldes. ¿Sacaremos agua de esta peña para ustedes?». Entonces Moisés levantó su mano y golpeó la peña dos veces con su vara, y brotó agua en abundancia (Núm. 20:10-11).

Moisés, enojado y hablándoles a ellos, se atribuye a sí mismo y a Aarón: "sacaremos agua", como diciendo: ya lo hice una vez, lo volveré a hacer. Se atribuye los hechos de Dios, y en vez de hablarle a la peña para que el pueblo viera a Dios obrar, toma una vez más su vara y golpea la peña dos veces, hasta que sale agua en abundancia. Y el Señor dice a Moisés y a Aarón:

«Porque ustedes no me creyeron a fin de tratarme como santo ante los ojos de los israelitas, por tanto no conducirán a este pueblo a la tierra que les he dado» (Núm. 20:12).

Aquellas fueron las aguas de Meriba, porque los israelitas contendieron con el Señor, y Él manifestó su santidad entre ellos. El objetivo era, una vez más, representar su santidad. Moisés y Aarón la mal representaron. Esta es la razón por la que no entra. Comienza algunos capítulos antes, cuando se atribuye a sí mismo todo: soy el único que puede y estoy solo. Y termina con una queja contra el pueblo, atribuyéndose las obras de Dios.

La serpiente de bronce

El último ciclo de rebeldía comienza cuando el pueblo de Edom les dice: no van a pasar por aquí. Por lo tanto, se tienen que desviar al desierto. Aarón muere y deja a su hijo Eleazar como el nuevo sumo sacerdote. Muere cuando le pasa la batuta, por decirlo de alguna manera; el Señor se lo lleva con Él. Moisés le quita sus vestiduras a Aarón y se las pone a Eleazar, y Aarón murió allí, en la cumbre del monte. Entonces Moisés y Eleazar descienden y comienzan a llevar al pueblo por el desierto.

Y ahí vemos este último pecado: se vuelven a quejar. Entonces el Señor manda serpientes que empiezan a morder a los israelitas, y empiezan a morir. El Señor habla con Moisés:

«“Hazte una serpiente abrasadora y ponla sobre un asta; y acontecerá que cuando todo el que sea mordido la mire, vivirá”. Y Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre el asta; y sucedía que cuando una serpiente mordía a alguien, y este miraba a la serpiente de bronce, vivía» (Núm. 21:8-9).

Este es el último ciclo de pecado y de rebeldía, y es contestado por Dios así: mira la serpiente y serás sano. Mira, reconoce que estás enfermo, mira la serpiente y serás sano. Un recordatorio durante todo el desierto para el pueblo de Israel de que el Señor es santo.

¿Qué es lo que vimos? Un ciclo de rebeldía, envidia, codicia y murmuración que impide a esta generación entrar a la tierra prometida. Vemos el pecado de los levitas, específicamente de Coré, que lleva a especificar a Aarón y a sus hijos como los sumos sacerdotes, y a su descendencia este oficio específicamente sacerdotal de cargar la culpa y hacer expiación por ella. Y finalmente vemos el pecado de Moisés, que mal representa a Dios en la peña. ¿Y qué es lo que hace Dios? Pone un límite, diciendo: ustedes tampoco entrarán.

Pero el mensaje final que nos deja este ciclo, una y otra vez de pecado, es que la serpiente va a ser destruida, y que aquel que mire el madero que venció a la serpiente será sano. Tú y yo sabemos que este es Cristo Jesús:

«Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo aquel que cree, tenga en Él vida eterna» (Jn. 3:14-15).

Aunque el pecado abunde, aquel que mire la serpiente será sano. Aunque el pecado abunde, aquel que mire a Cristo sobre el madero, a aquel que venció a la serpiente, a aquella semilla que aplastará y aplastó la cabeza de la serpiente, será salvo por siempre. En la siguiente sesión vamos a ver algo decisivo, algo que cambia las cosas en medio del pecado: cuando el pueblo merece maldición, Dios los vuelve a bendecir, porque Dios es santo y Dios es fiel a sus promesas.

Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.

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