Monterrey, N.L.Maestro de la Biblia · MDiv en curso, Talbot

Clases adaptadas · Orígenes (Estudio 12:2)

Levítico: todo apunta a Cristo

Los sacrificios, el sacerdocio y las siete fiestas cumplidos en la primera y la segunda venida de Jesús

Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.

Resumen

Dios no necesita sacrificios ni intermediarios: los dio como un regalo, en el idioma de Israel. Pero ahora nos ha hablado por su Hijo. Cristo es el chivo sacrificado y el chivo expiatorio; por Él entramos con confianza y presentamos nuestros cuerpos como sacrificio vivo. Es el Sumo Sacerdote que se pone en la brecha. Murió en la Pascua; caminó sin pecado; es primicias de los que durmieron; envió al Espíritu en Pentecostés. Las trompetas resuenan en Juan el Bautista y en el Apocalipsis, y los Tabernáculos apuntan al día en que habitaremos con Él. Como en Emaús, todo en las Escrituras habla de Él.

Puntos clave

  • Dios dio sacrificios, sacerdotes y fiestas como un regalo; ahora nos habla por su Hijo (Heb. 1:1-2).
  • Cristo es el chivo sacrificado y el chivo expiatorio: por Él somos acercados (Ef. 2:13).
  • Presentamos nuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo (Rom. 12:1).
  • Cristo es el Sumo Sacerdote que se pone en la brecha e intercede.
  • Cada fiesta se cumple en su primera venida y apunta a la segunda; como en Emaús, todo habla de Él (Lc. 24:27).

Un regalo, no una necesidad

Iniciamos la clase diciendo que Levítico es el lenguaje que Dios utilizó para hablarle al pueblo en su propio idioma, en el idioma que ellos iban a entender: el idioma de sacrificios y de intermediarios como sacerdotes, y de fiestas. Para mantener un equilibrio santo, en donde Él decía: yo no te necesito, yo no necesito tus sacrificios, pero te los doy como un regalo.

Del Shabbat, eventualmente, Jesús dice que el día de descanso fue hecho como un regalo para el hombre, no al revés:

«El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo» (Mr. 2:27).

Y es la misma realidad en todas las fiestas, es la misma realidad en los sacrificios, es la misma realidad en los sacerdotes. Dios no necesita estos intermediarios, no necesita estos sacrificios, no necesita comer, no tiene hambre. Él está pleno, y en su plenitud Él está contento y satisfecho, pero desde ahí decidió crearnos para deleitarnos en Él.

Ahora Dios nos habla por el Hijo

Sin embargo, Hebreos nos dice: tiempos atrás hablé a través de señales y profetas. Señales como sacramentos, señales como la Torá; y profetas como la historia de Israel y los apóstoles. Pero ahora dice: mi idioma es el Hijo.

«Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo» (Heb. 1:1-2).

Es ahora el idioma en el que Dios nos habla. Es universal, en el sentido de que todo ser humano lo va a entender. Y es que Cristo Jesús, el Hijo eterno que siempre existió, tomó carne, encarnó y caminó entre nosotros. Y entonces en Él está contenido todo el mensaje. La Torá era un anuncio de Cristo. Los profetas son un eco de Cristo. Los apóstoles son un eco de su regreso y de lo que Cristo logró.

Pero hay un anuncio, y nos anuncia a Cristo. Y todo lo demás resuena y hace una ola, en la que nos habla y nos comunica. Y todo nos lleva a la realidad de que desde antes de la fundación del mundo Jesús, Dios el Hijo, platicando en la Trinidad perfecta, decidió entregar su vida por nosotros.

Cristo en los cinco sacrificios

Se me hace tan interesante que los primeros tres sacrificios son para personas que están en comunión. Y cuando Cristo viene, dice: ustedes estaban muertos, excluidos, separados, pero ahora han sido unidos.

«Recuerden que en ese tiempo ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes, que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo» (Ef. 2:12-13).

Los últimos dos sacrificios nos hablan de esta expiación, en donde se tiene que purificar la relación con Dios y se tiene que purificar o pagar la transgresión. Podemos ver que Cristo es tanto el chivo expiatorio de la fiesta como el chivo sacrificado. En su cuerpo, en su cuerpo, Él molió nuestros pecados. Él cargó nuestros pecados. Él pagó por nuestros pecados, y en su sangre purificó el templo. Esos son los últimos dos sacrificios.

Y entonces, dice la Palabra, ahora puedes entrar confiadamente a la presencia del Señor. Pablo dice en Romanos 12:1:

«Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes» (Rom. 12:1).

Es el mismo llamado. Todo esto hace eco de la realidad de Cristo. Es en Cristo que hemos sido perdonados de nuestros pecados, inadvertidos o no, y de nuestras transgresiones. Y es en Cristo que ahora tenemos acceso al Padre para ofrecer nuestras vidas en sacrificio, porque Él es el sacrificio:

«Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí» (Gál. 2:20).

Es el momento en el que podemos decir: puedo jurar lealtad a un rey, porque ahora tiene nombre, tiene cuerpo y lo puedo seguir. Pero sobre todo es lo que María entendió el día que se sentó a sus pies: esta ofrenda de paz, de shalom, porque ahí está el Señor. Cada uno de estos sacrificios nos habla de la obra de Cristo.

Cristo, el Sumo Sacerdote en la brecha

Los sacerdotes nos hablan de Cristo. Cada una de estas estructuras tenía pensado llamarnos a que hay un día en que el Sumo Sacerdote, que es Cristo Jesús, vendría a ser expiación e intercesión por cada uno de nosotros.

En Isaías Dios se sorprende cuando dice: volteé a ver y no había nadie en la brecha entre Dios y el pueblo.

«Vio que no había nadie, Y se asombró de que no hubiera quien intercediera» (Is. 59:16).

Isaías dice: heme aquí, úsame a mí.

«“¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”. “Aquí estoy; envíame a mí”, le respondí» (Is. 6:8).

Pero una vez más, es un eco de la realidad de Cristo diciendo: yo me pongo en la brecha. No consumas al pueblo, Señor. Él se pone en la brecha y, como el Sumo Sacerdote, entra, purifica el tabernáculo y entrega su propia vida por nosotros.

Cristo en las fiestas: la Pascua y los Panes sin Levadura

Y en cada una de las fiestas podemos verlo de manera mucho más clara. El día que Cristo Jesús caminó entre nosotros tenía una misión, y entregó su vida. Nadie se la quitó, sino que, como cordero que va al matadero en silencio, Él se entregó.

«Como cordero que es llevado al matadero, Y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, Él no abrió Su boca» (Is. 53:7).

Y el día en el que murió es el día de la Pascua. Eso nos debe conectar con el hecho histórico del Éxodo, en donde el cordero de Dios que fue provisto en ese momento nos cubrió con su sangre del juicio. Es Cristo Jesús quien entregó su sangre como el Cordero que quita el pecado del mundo, para cubrirnos con su sangre y que no veamos el día del juicio. En su primera venida Él murió como cordero. Y en su segunda venida regresará, no como un corderito, sino como el Dios que viene a emitir juicio, como el Dios que viene a hacer guerra y a sacar a su pueblo del mundo corrupto.

Vemos la fiesta de los Panes sin Levadura. En su tiempo en la tierra, Cristo caminó sin pecado alguno. Y nos habla de esta misma realidad en donde Él reinará durante mil años, en el milenio, y donde el pecado no reina más, porque Él está ahí, el diablo está encarcelado y nuestros cuerpos han sido glorificados.

Las Primicias y Pentecostés

La fiesta de los primeros frutos habla de este momento en el que llegan a la tierra. Pero Cristo Jesús es mencionado como el primer fruto de la resurrección de los muertos:

«Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron» (1 Cor. 15:20).

Y nos apunta a su segunda venida: cuando Él regrese, los creyentes resucitarán primero, como los primeros frutos.

Pentecostés. Ese me encanta, porque es el día en el que fue entregada la ley. Jesús había dicho en Juan 14 que rogaría al Padre para que enviara al Espíritu Santo:

«Entonces Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre» (Jn. 14:16).

Y exactamente cincuenta días después de la Pascua, en el día de Pentecostés, cuando todos se reúnen, es Cristo quien envía al Espíritu Santo. El Espíritu Santo viene sobre las personas: se les aparecen lenguas como de fuego y comienzan a hablar en otras lenguas, de manera que todas las personas que estaban ahí los entendían.

«Se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse» (Hch. 2:3-4).

Apuntando a esta realidad: ahora la ley estaba puesta en los corazones de aquellos que creían, y estaba llamando a las naciones de regreso. La restauración de Babel, donde fueron dispersadas. Y a esto nos apunta su segunda venida: cuando Él regrese, el idioma de Dios, Cristo Jesús, el Hijo, nos reunirá y reunirá a las naciones.

Las Trompetas, la Expiación y los Tabernáculos

Las trompetas hablan de Juan el Bautista, cuando entiende cuál era su misión y anunciaba: se acerca la venida del Señor.

«Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mt. 3:2).

¿Y quién era aquel? Era Jesús, que cuando comienza a predicar dice lo mismo:

«Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mt. 4:17).

Y están unidas a las trompetas del Apocalipsis. Nos apuntan al anuncio final, en el que Jesús está a punto de regresar. El Rey está a punto de ser entronado y va a regresar. Y hay un último clamor del cielo para decirle al mundo: regresa a casa, arrepiéntete de tus pecados.

El Día de la Expiación lo mencioné hace un momento. Cristo Jesús en su muerte es tanto el chivo expiatorio como el chivo sacrificado. En su cuerpo nuestros pecados fueron molidos y pagados. Y en su sangre el templo, la relación con Dios, fue purificada, y ahora todos tenemos acceso a Él. Su regreso habla de esta realidad en donde Dios va a separar a las ovejas de los cabritos (Mt. 25:32), en donde vendrá o para juicio o para purificación eterna.

Y por último, los Tabernáculos. Cuando Cristo Jesús vino a esta tierra, caminó entre nosotros en un cuerpo físico humano que dolía, que sangraba, que murió, pero que el día de hoy está glorificado. Así que nos apunta al día de su regreso, en donde Él va a regresar en un cuerpo físico glorificado, en el que todos los creyentes también serán glorificados, y podremos habitar con Él. Por mil años, pero también en el octavo día, en el último día, en donde una vez más la intención de Dios en el origen de todas las cosas será completa.

La llave para entender Levítico

Si puedes ver, Levítico, Éxodo, Números, la Torá completa, nos da testimonio de quién es Cristo. Nos anuncian un mensaje y nos anuncian, sobre todo: Él está por venir, Él está por regresar. Él anuncia y alumbra muchas cosas. Es de alguna manera la llave que tú y yo podemos tener para entender Levítico. Sin embargo, Levítico por sí mismo habla. Cuando juntamos las dos, podemos entender: Dios tiene una misión, regresar a todos a casa.

Quiero terminar resumiéndote todo lo que hemos visto hasta el día de hoy y apuntarlo de alguna manera a Cristo. Dios creó todas las cosas y todo era bueno. Cuando el hombre cae, en el sentido de rebeldía, y se aleja de Dios tomando el fruto equivocado, Dios provee una nueva semilla de esperanza. Una semilla que crece en la historia de Israel, y cuyo fruto es Cristo Jesús. Y cualquier persona que vuelva a tomar de ese fruto regresará a la vida. Toda la Biblia está llena de estos tesoros escondidos, de estas pistas que hablan de Jesús.

Camino a Emaús

El día de la resurrección, Jesús caminó con dos discípulos, como un forastero, rumbo a Emaús. Y en ese caminar, dice, les contó todo sobre Él en las Escrituras:

«Comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras» (Lc. 24:27).

Todo sobre Él en las Escrituras. El Hijo ya existía, y el Hijo se hizo carne, caminó entre nosotros y murió por nosotros. Y resucitó, resucitándonos juntamente con Él. Y ascendió, en señal de que somos este sacrificio que asciende como aroma agradable al Señor. Y un día regresará, para que podamos convivir por siempre con Él.

Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.

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