Monterrey, N.L.Maestro de la Biblia · MDiv en curso, Talbot

Clases adaptadas · Orígenes (Estudio 12:2)

Números: Balaam y la estrella de Jacob

Un pueblo que merece maldición es bendecido desde lo alto, y el celo de Finees detiene la plaga

Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.

Resumen

Cuando el pueblo merece maldición, Balac contrata a Balaam para maldecirlo. Balaam, entre seguir al Señor o al dinero, prepara él mismo su asna, y el asna ve al ángel que él no ve. Desde los montes, Balaam solo puede bendecir: el Señor no ha observado iniquidad en Jacob. En la tercera profecía ve todo el campamento; Daniel cree que vio la formación en forma de cruz. Luego ve a lo lejos una estrella que saldrá de Jacob, que quizá buscaron los sabios en Belén. Mientras tanto, Israel se prostituye con Moab, y el celo de Finees detiene la plaga.

Puntos clave

  • Dios a Balaam: «No maldecirás al pueblo, porque es bendito» (Núm. 22:12).
  • «Él no ha observado iniquidad en Jacob»: es la perspectiva de Dios desde lo alto (Núm. 23:21).
  • En la tercera profecía Balaam ve todo el campamento; Daniel cree que vio la cruz.
  • «Una estrella saldrá de Jacob, y un cetro se levantará de Israel» (Núm. 24:17).
  • El celo de Finees detiene la plaga y recibe un pacto de paz y sacerdocio perpetuo (Núm. 25:11-13).

Un pueblo que merece maldición

Después de este ciclo de pecado y de santidad, de pecado y de santidad, aunque pecan, Dios se muestra santo, provee límites, consecuencias, delimita y entonces corrige. Después de todos estos ciclos, ves que el pueblo merece ser maldecido. El pueblo realmente se ha alejado de Dios, lo ha representado mal, y parece que todo va peor. Parece que el Señor los va a abandonar. Al final del día, ya habló con Moisés y con Aarón y les dijo: ustedes tampoco entrarán. Aarón ya murió; solo queda Moisés.

El pueblo camina y va llegando hasta el río Jordán, y justo antes, acampa en las llanuras de Moab, al otro lado del Jordán, frente a Jericó (Núm. 22:1). Antes de todo esto a lo que eventualmente vamos a llegar en las conquistas de Josué, hay algo que sucede.

Balaam y el asna

Balac, hijo de Zipor, el rey de Moab, envía mensajeros a Balaam. Son muchos nombres. ¿Qué está pasando aquí? Balaam es una persona que era un adivino. El texto es bien extraño, porque de alguna manera él habla del Señor como su Dios, pero también dice que era un adivino, en el sentido de que le pagaban por maldecir o por bendecir. Sin embargo, cuando tú lees el texto, puedes ver algunas cosas en donde él habla del Señor. Podemos comprender que Balaam estaba entre la decisión de seguir al Señor como su Señor o no.

Pero el punto de esto es que el rey de Moab manda llamar a Balaam para pagarle y decirle: ven, para que maldigas a este pueblo. Y entonces Balaam busca al Señor. Esta es la parte que es un poco extraña de entender, porque Balaam consulta a Dios y Dios le dice: no vayas con ellos, porque tú no vas a maldecir a mi pueblo. Este es el capítulo 22, versículo 12:

«Y Dios dijo a Balaam: “No vayas con ellos; no maldecirás al pueblo, porque es bendito”» (Núm. 22:12).

¿Por qué? Porque es bendito. Así que se levanta y les dice a los mensajeros: regrésense a su tierra, porque yo no iré. Balac vuelve a enviar jefes, vuelve a enviar probablemente más dinero, para convencerlo. Y Balaam dice, en el versículo 18:

«Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, yo no podría traspasar el mandamiento del Señor mi Dios para hacer ni poco ni mucho» (Núm. 22:18).

Pero de aquí vemos cómo Balaam no sabe qué hacer. Le están ofreciendo dinero y dice: no, aunque me dieras tu casa no lo haría, pero te ruego que esperes; déjame consultarlo con mi Señor. Y va con el Señor, y en el versículo 20 Dios le dice:

«Si los hombres han venido a llamarte, levántate y ve con ellos; pero solo dirás la palabra que Yo te hable» (Núm. 22:20).

En los siguientes versículos, la connotación es que Balaam se levantó lo más temprano y él mismo preparó a su asna, cosa que no era muy común. Habla de esta codicia, de nuevo, de Balaam, que dice: ya me dieron permiso, vamos a hacerlo. Como esas cosas en las que decimos: Señor, si es tuyo este emprendimiento, bendícelo. Y entonces dice el Señor: bueno, yo voy contigo, pero solo harás lo que yo diga. Y pum, ya estás listo y se te olvida el Señor. Es muy similar a lo que está pasando aquí.

Prepara su asna, sale al camino, y en medio del camino se para el ángel del Señor, listo para matarlo. Y el asna lo ve, pero Balaam no lo ve. El asna se quiere quitar, y Balaam la golpea y entonces corrige el camino. Se vuelve a aparecer el ángel del Señor, y Balaam la vuelve a golpear. Y una tercera vez se vuelve a aparecer. La golpea tres veces, hasta que el asna voltea, abre su boca y habla con Balaam:

«Entonces el Señor abrió la boca del asna, la cual dijo a Balaam: “¿Qué te he hecho yo que me has golpeado estas tres veces?”» (Núm. 22:28).

Y le dice: ¿qué no he sido buena contigo? Abre tus ojos. Y el Señor, versículo 31:

«Entonces el Señor abrió los ojos de Balaam, y él vio al ángel del Señor de pie en el camino, con la espada desenvainada en su mano, e inclinándose, se postró rostro en tierra; y el ángel del Señor le dijo: “¿Por qué has golpeado a tu asna estas tres veces? Mira, yo he salido como adversario, porque tu camino me era contrario”» (Núm. 22:31-32).

El asna me vio y se apartó. Si no se hubiera apartado, yo te hubiera matado. Y Balaam entiende y dice, en el versículo 34: he pecado, pues no sabía que estabas en el camino para enfrentarte a mí. Balaam continúa su camino, ahora con dirección del Señor. Y en este camino entiende que no puede hablar palabras en contra de Israel. Llega con el rey, que es Balac. Y entonces Balac lo lleva a un monte, y pues ya sabes, Balaam hace todos sus rituales para ser visto.

Las primeras dos profecías

Le dice: tráeme siete novillos y arma sus holocaustos. Y entonces habla con el Señor. Primera profecía. La primera profecía de Balaam, en el capítulo 23, dice:

«¿Cómo maldeciré a quien Dios no ha maldecido? ¿Cómo condenaré a quien el Señor no ha condenado? Porque desde la cumbre de las peñas lo veo, y desde los montes lo observo. Este es un pueblo que mora aparte, y que no será contado entre las naciones» (Núm. 23:8-9).

Un pueblo que es santo. Esta es parte de la primera profecía de Balaam, donde los ve, pero no los puede maldecir. Ojo, ahora algo bien importante: en la primera profecía de Balaam, Balac lo sube a un monte donde ve parcialmente el campamento de Israel.

Así que dice Balac: tal vez es en otro monte, donde los pueda ver de otro lado; tal vez ahí los puede maldecir. Así que lo lleva a otro monte y lo vuelve a subir. Y Balaam, así como que dice: quiero que me pague, ¿no? Entonces hace otra vez sus rituales. Busca señales. Busca algo. Pero al final, cuando sale la profecía, literalmente, el versículo 20 dice:

«Mira, he recibido orden de bendecir; si Él ha bendecido, yo no lo puedo anular. Él no ha observado iniquidad en Jacob, ni ha visto malicia en Israel; en él está el Señor su Dios, y el júbilo de un rey está en él» (Núm. 23:20-21).

Nosotros hemos visto la iniquidad de Jacob. Pero el Señor no ha observado iniquidad en Jacob, en Israel. Está hablando de una perspectiva desde lo alto, viendo al pueblo. Lo ve parcialmente, desde otro punto. Dice: no ha visto malicia en Israel. En él está el Señor su Dios. No hay adivinación contra Israel. A su tiempo se le dirá a Jacob y a Israel: vean lo que el Señor ha hecho.

«Son un pueblo que se levanta como leona, y se yergue como león; no se echará hasta que devore la presa y beba la sangre de los que ha matado» (Núm. 23:24).

¿Ves? El pueblo de Dios, esposo y esposa. Balac se empieza a poner nervioso. Empieza esta profecía de bendecir a Israel, y ahora de hablar de que saldrán victoriosos y que devorarán a su presa.

La tercera profecía: lo que vio Balaam

Pero para la tercera, Balac lo lleva a otro monte, a otra cumbre. Y desde ahí, Balaam puede ver a todo el campamento de Israel. Si recuerdas la sesión 2 de esta clase de Números, hicimos un esquema de cómo se debería de ver el pueblo acampado desde arriba. Dice: y levantó Balaam sus ojos y vio a Israel acampado por sus tribus, y vino sobre él el Espíritu de Dios. Y comenzó su discurso y dijo: oráculo de Balaam, hijo de Beor. Oráculo del hombre de ojos abiertos. Aquel que tenía los ojos cerrados con el asna y no pudo ver al ángel del Señor, hoy ha abierto sus ojos y ha visto al Señor. Oráculo del que escucha las palabras de Dios, del que ve la visión del Todopoderoso. Y habla todo esto, pero llega un punto y dice:

«¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob; tus moradas, oh Israel! Como valles que se extienden, como jardines junto al río, como áloes plantados por el Señor, como cedros junto a las aguas» (Núm. 24:5-6).

¿Será que el salmista, para el Salmo 1, tomó estas palabras? ¿Será que Jeremías utilizó las mismas palabras, cuando dijo que bendito es el que confía en el Señor, porque será como árbol plantado junto al agua, que no cesará de dar fruto (Jer. 17:7-8)? Agua correrá de sus baldes, y su simiente… Comenzamos a ver el Espíritu del Señor revelando una vez más la temática: su simiente estará junto a muchas aguas. Más grande que Agag será su rey. Otras versiones dicen: más grande que Gog será su rey, cosa que eventualmente Ezequiel utilizará, y que veremos en Apocalipsis. Su reino será exaltado. Dios lo sacó de Egipto. Es para Israel como los cuernos del búfalo. Devorará a las naciones que son sus adversarios, desmenuzará sus huesos, los traspasará con sus flechas.

«Se agazapa, se echa como león, o como leona, ¿quién se atreverá a despertarlo? Benditos los que te bendigan, y malditos los que te maldigan» (Núm. 24:9).

¿Qué vio Balaam? Si unimos Números 2 y este momento en el que Balaam abrió sus ojos y vio al ángel del Señor listo para vencer, probablemente vio la formación. Y el Espíritu Santo le dio una revelación. Y vio al Señor. Y vio la cruz. Abraham vio la cruz cuando el Señor caminó entre la sangre. Isaac vio la cruz cuando debió haber sido sacrificado, y en su sustitución fue sacrificado un cordero. Jacob vio al ángel del Señor y fue lastimado. El pueblo de Israel vio la cruz cuando fue sustituido por el cordero.

Hoy Balaam vio al pueblo de Israel. Y no vio a un pueblo pecador, sino, desde la perspectiva de Dios, vio a un pueblo santo con el Señor en el centro. En forma de cruz.

Una estrella saldrá de Jacob

El rey se enoja. Balac le dice: ¿sabes qué? Vete de aquí; si no los vas a maldecir, vete de aquí, y ni te voy a pagar. Pero Balaam le dice, en el versículo 14: me voy a mi pueblo, pero ven y te advertiré lo que este pueblo hará a tu pueblo en los días venideros. Y comienza a decir lo mismo: oráculo de Balaam, el de los ojos abiertos. Y en el versículo 17 empieza la profecía:

«Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca; una estrella saldrá de Jacob, y un cetro se levantará de Israel que aplastará la frente de Moab y derrumbará a todos los hijos de Set» (Núm. 24:17).

Y sigue: Edom será una posesión, Seir, su enemigo, también será una posesión, mientras que Israel se conducirá con valor.

«De Jacob saldrá el que tendrá dominio, y destruirá al remanente de la ciudad» (Núm. 24:19).

El Siloh. Y al ver a Amalec, continuó: Amalec fue la primera de las naciones, pero su fin será destrucción (Núm. 24:20).

Esta profecía comienza a hablar de manera escatológica. Tenemos que juntar la número tres y la número cuatro. Estamos viendo que vio la cruz, y después de la cruz vio anticipado lo que había sido profetizado: vio a la simiente que había de venir, al Hijo del Hombre. Vio al Señor que vendría de mujer y que moriría en un madero. Pero luego dice: lo veo, pero no ahora. Lo ve extendiéndose hacia el futuro. ¿Y qué es lo que vio? Una estrella que saldrá de Jacob.

Hay quienes dicen que Daniel era uno de estos sabios de Israel y conocía estas profecías, y que, al estar en Babilonia, fue encargado de los sabios de Babilonia y les enseñó esta profecía. Vendrá una estrella, una estrella de Israel; vendrá aquel del cual el cetro no se apartará, el cetro del que hablamos en Génesis. Y aplastará la frente de Moab, de sus enemigos, de la serpiente. Y en el versículo 19 dice: será el Siloh, al que todo pertenece.

Y esta profecía probablemente es la razón por la que en el nacimiento de Jesús había un grupo de sabios que buscaban la estrella. Y al salir la estrella de Belén, la siguieron y vieron a aquel rey. Aquel del que el cetro se levantaría. Aquel que tendrá todo el dominio. Aquel que aplastará a Amalec, aquel que vencerá a Siria, aquel que restaurará todas las cosas en medio del pecado.

En medio de la maldición que merecía Israel, Dios los vuelve a bendecir. Dios recuerda su pacto. Dios recuerda sus promesas. Y recuerda: Israel no sabe que esto está pasando. Está pasando en las montañas.

Finees y el pacto de paz

Mientras están tratando de maldecirlo, al mismo tiempo, dice, el pueblo de Israel comienza a prostituirse con las hijas de Moab. ¿Y qué pasa? No solo empiezan a prostituirse, sino que llegan al punto principal de abandonar a Dios. Ellas invitaron al pueblo a los sacrificios que hacían a sus dioses, y el pueblo comió y se postró ante sus dioses. Está sucediendo toda esta prostitución, y Dios muestra su santidad y dice: ejecuta a todos los jefes. Ellos están mal representando a Dios una vez más. Y todos estos jefes, que ya iban a morir, que mueran de una vez.

Pero en medio de esto, en medio del juicio de Dios, hay un hombre que lleva a una madianita al campamento, y se mete con ella a su tienda. Y cuando lo vio Finees, hijo de Eleazar, se levantó, tomó una lanza y los traspasó a ambos. Algo cambió en ese momento. Este es el parteaguas de la historia de Números: Finees. Se levanta con el celo del Señor y con la santidad. No permite que esta mujer entre al campamento y que se sigan prostituyendo. Detiene la prostitución, detiene lo que está sucediendo, y se detiene la plaga que estaba matando a tantas personas. Y dice el Señor a Moisés:

«Finees, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha apartado Mi furor de los israelitas porque demostró su celo por Mí entre ellos, y en Mi celo no he destruido a los israelitas. Por tanto, dile: “Ciertamente Yo le doy Mi pacto de paz; y será para él y para su descendencia después de él, un pacto de sacerdocio perpetuo, porque tuvo celo por su Dios e hizo expiación por los israelitas”» (Núm. 25:11-13).

Quiero terminar esta sesión haciendo esta distinción. Esta es la buena representación de Dios, que regresó al pueblo al Señor y detuvo la ira del Señor. Hay veces que podemos leer esto y ver cómo Dios de alguna manera ejecuta, manda plagas, vemos muerte. Pero de nuevo, Dios sigue siendo santo. Dios es santo, y nos necesita proyectar a los destinos eternos. Hay veces que vemos estos destinos parciales y la manera en la que mueren, y tratamos de ver a un Dios y decir: esto no es justo. Sí es justo. Lo que no es justo es que retirara su vida. Y todas estas personas iban directo al infierno, directo al Seol, al lugar de los muertos, y el Señor ahora está rescatando. Estaban decidiendo entre dos cosas, y al decidir por el árbol del conocimiento del bien y del mal y no arrepentirse, recibieron lo que se merecían: muerte, como tú y yo la merecíamos.

Pero todo aquel que, igual que Finees, ha demostrado un celo, un amor por regresar al Señor, es cubierto por el Señor. Hay redención. Este es el parteaguas, en donde de aquí en adelante el Señor dice: cuenta al pueblo, haz un nuevo censo. El capítulo 26 es el nuevo censo. En la siguiente sesión hablaremos de este censo, de cómo permanece el pecado, pero también de cómo Dios permanece y el pueblo está listo para entrar a la tierra prometida.

Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.

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