Transcripción completa de una clase, con las palabras de Daniel Lira; solo se añadieron subtítulos, párrafos y puntuación, y se limpiaron muletillas, repeticiones y errores de transcripción. Publicada en en Intensivo Convivencia en línea.
Lucas 14: lo que le cuesta al discípulo
Y leyendo entonces Lucas 14, versículo 25 al 35, nos vamos a dar cuenta un poco de lo que le cuesta al discípulo, de lo que le cuesta. Les mencionaba cómo este maestro viene y te invita a pasar un año con él y te dice, bueno, no te voy a pagar. Entonces dices, bueno, hay un costo y ese costo es incluso el costo de oportunidad, de todo lo que pudiste hacer ese año, el costo de estar con tu familia, hay ciertos costos de aprender de este maestro. ¿Cuál es el costo de seguir a Jesús? Vamos a leerlo en Lucas 14, versículo 25. Dice, grandes multitudes acompañaban a Jesús y él volviéndose les dijo: si alguien viene a mí y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas y aún hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo.
Jesús, me estás diciendo que tengo que aborrecerlo todo. El que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Porque ¿Quién de ustedes, deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo, para ver si tiene lo suficiente para terminarla? No sea que cuando haya echado los cimientos y no pueda terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, diciendo: este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar. ¿O qué rey, cuando sale al encuentro de otro rey para la batalla, no se sienta primero y delibera, si con diez mil hombres es bastante fuerte para enfrentarse al que viene en contra con veinte mil?
La sal que pierde su sabor
Y si no, cuando el otro aún está lejos, le envía una delegación y pide condiciones de paz. Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todas sus posesiones, y esa es la clave, no puede ser mi discípulo. Por tanto, buena es la sal, pero si aún la sal ha perdido su sabor, ¿Con qué será sazonada? No es útil ni para la tierra, ni para el montón de abono, así que la arrojan fuera. El que tenga oídos para oír, que oiga.
Cuando yo leía estos versículos, y estaba tratando de pensar, ¿De qué se trata todo esto? Ahora, el contexto del costo de ser el discípulo, es que Lucas ha estado hablando de varias parábolas, algunas parábolas acerca de la gran cena, la parábola de la oveja perdida, la de la moneda perdida, la del hijo pródigo. Está hablando como de ciertas parábolas de lo que significa el reino y de lo que significa ser discípulo. Y al hacerlo, estas multitudes estaban, me imagino que preguntándose o emocionados, y Jesús se detiene y dice, hay un costo, hay un costo que les va a costar incluso hasta la muerte. Y eso es lo que significa cuando dice, carga tu propia cruz.
Y sígueme, aún todavía no iba a la cruz Jesús. Sin embargo, Jesús al ir a la cruz, no solamente, aunque sí lo hizo por nosotros y para limpiarnos de nuestros pecados, y esa es la obra perfecta en la cruz. También lo hizo para que lo emuláramos, para que lo siguiéramos, para que pudiéramos ahora nosotros cargar nuestra cruz y seguirlo. Eso significa renunciar a todas las posesiones que tenemos de este mundo. Les decía que recuerdo completamente a Pablo diciendo estas palabras, he considerado todo como basura a fin de ser hallado en él. Y es que Pablo consideró el costo. Pablo se sentó y dijo, ¿Cuánto va a costarme seguir a Cristo?
Calcular el costo
Él tuvo un tiempo para pensarlo. Los discípulos incluso acompañaron a Jesús tres años. Y cuando se les apareció resucitado y en su cuerpo glorificado, ellos tuvieron que calcular el costo de decir, esto me va a costar la vida. Y aún así lo hicieron. Y entonces, lo que yo me he preguntado siempre que leo esto, es decir, ¿cómo voy a predicarle a alguien acerca de Jesús y de su amor? Y de que ahora es bienvenido al reino de Dios. Y luego, decirle que le va a costar todo. Siento que es algo contraintuitivo. Pero les dije que esta clase iba a ser contraintuitiva. No es humana, es de Cristo.
Él fue el que nos ha enviado y nos ha dicho algo muy específico. Entonces, ¿qué es lo que nos pide? Aborrecer hasta tu propia vida, así como Jesús aborreció hasta su propia vida. Y en la palabra aborrecer no es odiar, no tienes que odiar tu propia vida. No tienes que odiar a tu padre y a tu madre, no tienes que odiar a tu mujer y a tus hijos, a tus hermanos y a tus hermanas. No es odiar tu propia vida. No está hablando de aborrecer como odiar.
Está hablando como considerarla basura a vista de la incomparable riqueza que es conocer a Cristo Jesús. Es sencillo lo que está hablando. Esto lo toco un poco más en la clase de cartas de Pablo desde la cárcel. Y si gustas ir ahí, podemos ahondar un poco en esto. Pero quiero dejarte con eso. Aborrecer hasta tu propia vida es que al ver la luz de la eternidad y el eterno que es Cristo Jesús, todo lo demás es incomparable. Por lo tanto, lo haré. Y entonces al calcular el costo y decir, ¿Construiré este edificio con lo que tengo? ¿Será que tengo lo suficiente? La respuesta siempre es sí.
La inversión que siempre vale la pena
Porque cuando tú consideras la cantidad de inversión monetaria de este edificio contra la cantidad de retorno de esa inversión que tendremos, es una cosa incalculable, es increíble. Y más cuando nos damos cuenta que incluso la inversión inicial no la pondremos ni tú ni yo, sino que la puso Cristo Jesús en la cruz y es su sangre preciosa con la que nos compró. Así que estos versículos no son para desanimarnos, simplemente son para apuntarnos a que el ser un discípulo de Cristo no es una vida fácil, no es una vida sencilla, no es una vida normal, en la que vamos a ir caminando felices de la vida, saltando por las praderas.
Aunque habrá momentos de esos, sino que es ir en contra de todo el mundo, del diablo, de tu propia carne, es aborrecerla. Y a veces sí, tu madre, tu padre, tu esposa, tus hijos, tus hermanos, ellos no entenderán lo que estás haciendo. Y es ahí en donde dices, esto vale mi vida, esto vale la inversión que voy a hacer. Tengo lo que se necesita, pues Cristo Jesús me ha comprado con su propia sangre para yo ser su discípulo, emularlo a él, y que toda nación, que toda lengua, que toda tribu sepa que él un día regresará. Así que aborrecemos nuestra propia vida, cargamos nuestra propia cruz, que es vamos a la cruz por otros.
Dejamos nuestras posesiones, porque ahora no hacemos tesoros terrenales, sino tesoros celestiales, esperando el regreso de nuestro Dios. Y esta otra parte es importante. Un discípulo se deja reinar, y él mismo deja entonces de reinar sobre su propia vida. Empieza a dejar su propio reino, y un reino de una manera muy sencilla. Es como tu esfera de influencia, tu esfera en la que tú tienes influencia y autoridad. Y todos tenemos nuestro propio reino, nuestros propios reinos pequeños. Hay algunos que su reino se extiende más, hay algunos que su reino se extiende bastante, presidentes de naciones completas. Tienen un reino, un gobierno un poco más grande. El discípulo toma su reino y se lo entrega a Jesús, al maestro.
Entregar nuestro reino al Maestro
Y entonces vive su vida para aprender, seguir, obedecer, emular a otro y seguir su instrucción en todo momento. En resumen, un discípulo es identificado como el enseñado, el que sigue, es como aquel que entrega el gobierno de su vida a su maestro, para convertirse como su maestro, y ya no llamarse a sí mismo, sino llamarse como Cristo. Ya no tener su propio nombre y buscar su propia gloria, sino entonces buscar la gloria de aquel maestro. Porque sabemos que el único que merece toda honra, toda gloria y todo en la vida es Él. Es Cristo Jesús que nos ha pasado de muerte a vida, que nos trasladó del reino de la muerte, del reino de las tinieblas, del que antes estábamos excluidos y sin esperanza, sino que nos tomó hoy por su sangre y su resurrección.
Nos ha trasladado al reino de Dios y nos ha sentado en los lugares celestiales, a la diestra del Padre, donde ahora esperamos el día glorioso de su regreso, el día en el que el reino de Dios real y tangible se instalará en la tierra y todos vendremos a Él cantando con gran alegría. En la siguiente sesión vamos a ver entonces qué es el discipulado. Ya vimos qué es el maestro y qué es ser un discípulo. Ahora veremos qué es el discipulado o qué es hacer discípulos. ¿Discípulos de quién y cómo se ve y hacia dónde van?
Las citas bíblicas se reproducen como se leyeron en la clase. Video original: «¿Cómo hacer discípulos? — 06 - El costo del discípulo», canal de YouTube de Daniel Lira (@danielliraserhan).