Transcripción completa de una clase, con las palabras de Daniel Lira; solo se añadieron subtítulos, párrafos y puntuación, y se limpiaron muletillas, repeticiones y errores de transcripción. Publicada en en Intensivo Convivencia en línea.
Del camino a Emaús a la Gran Comisión
En la sesión pasada vimos cómo este camino de Emaús emula nuestra trayectoria a conocer a Jesús, cómo todos debemos de tener este camino de Emaús en el que nos encontramos con él, empezamos a aprender de él, de su gran historia, de su gran plan, de nuestro propósito en él, y entonces en este caminar empezamos a conocer a Jesús, nos sentamos a la mesa con él, nuestros corazones arden y corremos a contárselo a todos. Y en esta misma conversación, al finalizar esta conversación, Jesús pasa tiempo con los discípulos y después es tiempo de irse, pero antes de irse, les recuerda lo mismo que les había recordado a estos discípulos de Emaús y les deja con una gran comisión.
Entonces vamos a leer rápidamente en el mismo Lucas 24, versículo 44, donde Jesús se está despidiendo, y les dice: esto es lo que yo les decía cuando todavía estaba con ustedes, era necesario que se cumpliera todo sobre mí, todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos, o sea, en las escrituras. Es importante ir a las escrituras y específicamente entender todo el Tanak o el Antiguo Testamento, como le llamamos nosotros, pero es el Tanak, que es la Torá, prácticamente la Torá, que es la ley o los cinco primeros libros, los escritos de la sabiduría y los escritos de los profetas.
Entonces, acá, de manera bien sencilla, Jesús dice, la ley de Moisés, los profetas y los salmos. Entonces, igual que a los discípulos, después de decirles eso, les abrió la mente para que comprendieran la escritura. Vemos este mismo patrón y les dijo, así está escrito, que el Cristo padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se predicará el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y ustedes son testigos de estas cosas. Por tanto, yo enviaré sobre ustedes la promesa de mi Padre, pero ustedes permanezcan en la ciudad hasta que sean investidos con poder de lo alto.
La promesa del Padre: el Espíritu Santo
Y aquí está hablando del Espíritu Santo. De nuevo, en nuestras otras clases, como Doctrinas Fundamentales o incluso las Cartas de Pablo desde la cárcel, tocamos un poco acerca de esto. Te animo a verlas y te animo también a tomar la clase Panorama del Antiguo Testamento y Panorama de los Profetas, en donde podrás ver a qué se refiere Jesús ahorita cuando dice, todo lo que está escrito sobre mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Porque ahí lo vas a encontrar de una manera muy puntual y bastante profunda. Pero entonces Jesús se está yendo, les recuerda, tenía que pasar todo esto como estaba escrito.
Abre sus ojos cuando está frente a frente con ellos y luego los envía. Y los envía a lo que tú y yo conocemos como la Gran Comisión. La encuentras en Mateo 28, pero parte de la misma conversación. Dice, vayan pues y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y recuerden, yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Ahora, esta es la misión y la razón por la que hacemos alcance y seguimiento, y hacemos discípulos y llevamos la palabra y el arrepentimiento de los pecados para que otros puedan llegar al reino de Dios y puedan pertenecer al reino de Dios al regreso de Jesús.
Pero hay algo que quiero rescatar específicamente para propósitos de esta clase y son dos puntos. Enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Y esta sesión, en lo que me quiero enfocar es en decir, si hubiera una sola cosa que Jesús estuviera pensando al decirles, enséñenles esto, enséñenles lo que yo les he mandado, un mandamiento que Él estuviera pensando, ¿cuál crees que sería? Esta es la primera parte y esa nos va a llevar a la segunda, de por qué Él les recuerda, yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.
Mateo 22: el gran mandamiento
Acompáñame a Mateo 22, y en Mateo 22 vamos a encontrar esta respuesta. Hay un momento en el que unos fariseos, aquellos líderes, no todos los fariseos son los que crucificaron a Jesús. El mismo Pablo era un fariseo, aunque él tiene su conversión más adelante, no todos los fariseos hicieron esto. Algunos fariseos llegaron y siguieron a Cristo. Sin embargo, los líderes, aquellos que querían atraparlo, estos fariseos se agruparon al oír que Jesús había dejado callado a los saduceos. Otra de las sectas o de los grupos o denominaciones, si así lo quieres llamar, de los judíos. Y diciendo, wow, este atrapó a los saduceos, pero nosotros sabemos más.
Y tratan de atraparlo y lo pone a prueba. Y le dice, maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? ¿Cuál es el gran mandamiento de la ley? Y Jesús contesta, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Es el grande y primer mandamiento. El segundo es semejante a este. Amarás a tu prójimo como a ti mismo, porque de estos dos dependen toda la ley y todos los profetas. Si hubiera una sola cosa que Jesús pudiera decir, y decir, enséñenles algo, que este es el gran mandamiento, es la gran comisión, esto es lo que quiero que vayan y hagan.
Los diez mandamientos se resumen en dos
¿Qué sería? Amarás a tu Dios con toda tu mente, con toda tu alma y con todo tu corazón y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Ahora él lo hace por una razón importante, porque es lo más importante, pero porque así resume toda la ley. Aunque le hemos hecho una mala fama a la ley del legalismo y de reglas, si tú pones atención al menos a estos diez mandamientos, todas las leyes se resumen en estos dos. Los primeros cuatro mandamientos hablan de amarás a tu Dios sobre todas las cosas. Amarás a tu Dios exclusivamente, no tendrás ídolos, no cometerás idolatría espiritual creyendo en otros dioses, haciendo ídolos, buscando otras cosas.
Amarás a tu Dios, somos exclusivos, casi casi como si fuera un pacto matrimonial y estos fueran los votos y se estuvieran declarando amor y estuvieran dando estas promesas en las que dices, seré exclusivo para ti, prometo serte fiel, prometo amarte, prometo estar en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad. Estés o no estés, te vea o no te vea, te escucho, te amaré con todo lo que soy. Y esa es la primera parte. Y la segunda parte la podrás ver en honrarás a tu padre, no codiciarás a la mujer de tu prójimo. Y estos otros mandamientos hablan de amar al prójimo.
Y es parte de este mismo pacto matrimonial en el que los votos hablan de estas dos. Y todo el corazón de la ley es este. Resumido hoy, en este momento, por Jesús, como amarás al Señor y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Y ahí entendemos esta segunda parte de la gran comisión. Jesús les recuerda, yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo. Ahora, él está citando de aquí una parte de la escritura súper esencial para el pueblo judío, que es de Deuteronomio 6. Ellos le llaman el Shemá. Y la razón por la que quiero llegar a este punto es porque quiero recalcarte que lo que Dios siempre ha buscado es una relación con nosotros.
La creación como casa para convivir con Dios
Una relación con su pueblo desde Génesis. El objetivo de crear al hombre, a la mujer, es más, el objetivo de toda la creación fue extender los cielos y la tierra como una carpa para habitar en él. ¿Puedes entender esto? Dios mismo no creó el mundo como un lugar en el que iba a hacer sus experimentos o crear algo y ver cómo se daba y verlo de lejos. No. Él creó un lugar como una carpa. Él se hizo una casa que le llamó los cielos y la tierra para que ahí pudiera convivir y relacionarse contigo y conmigo. Y puso a Adán y a Eva y creó una manera de administrar el mundo, cómo el hombre y la mujer iban a gobernar sobre la tierra, sobre los animales.
Y en este gobierno y entendiendo su rol iban a estar bajo la autoridad de Dios y en esa autoridad iban a tener una relación personal. Y Jesús al irse dice, recuerden que estoy con ustedes siempre, esta es mi casa y estoy preparando la restauración de mi casa, de los cielos y de la tierra. Regresaré, pero no se les olvide que aquí sigo. Porque ese es el objetivo. Él siempre ha querido relacionarse con nosotros. Y lo podemos ver desde Deuteronomio, capítulo 6, versículo 4. Ese es el famoso Shemá que recitan en la mañana, en la tarde y en la noche los judíos hasta la fecha. Dice, escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es.
Ahora, si estamos tomando, recuerda, lenguaje como si fuera de un pacto matrimonial. Estos versículos se han utilizado como para decir, está diciendo que Dios es uno y los judíos hasta la fecha lo usan como para decir, ustedes creen en un Dios que son tres y hay todo... no es clase de la Trinidad. Pero lo que realmente está diciendo es, Él es solo, Él solo es nuestro Dios. Él exclusivamente es nuestro Señor. Escucha, oh Israel, el Señor Jehová, el Dios de Israel, este Dios que te sacó de Egipto, Él es nuestro Dios, solamente Él es nuestro Dios. Porque vemos después, a través de las Escrituras, que siempre se ha presentado como Padre, Hijo y Espíritu Santo, aunque la revelación completa la entendemos en la venida de Jesús.
Deuteronomio 6: el Shemá
Sin embargo, es lo que está diciendo. En sus votos matrimoniales, de nuevo, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza, porque solamente es Él tu Dios. Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Hemos sido creados para ser amados por Dios y para amar a Dios. Hemos sido creados como, si me permites usar esta analogía, somos como máquinas de amor, de recibir amor y de dar amor. Todo de nuestra existencia se trata de este amor y lo ejemplifica con estos grandes mandamientos.
Y si nos vamos a este tema del lenguaje del amor y los lenguajes del amor, podemos llegar a un punto bien importante donde es que el lenguaje de amor de Dios es reflejado en su gracia y su misericordia hacia nosotros. Y nosotros respondemos en amor, ¿cómo recibe Dios nuestro amor? Con nuestra obediencia. Por eso es un mandamiento que se debe de obedecer. Él siempre ha buscado una relación con nosotros y Él entonces se extiende en gracia y misericordia, pidiéndonos una sola cosa.
La pregunta aquí es, ¿cómo podemos amar tanto a Dios? Que nuestro estilo de vida sea atraer a otros, amarlo a Él. ¿Cómo podemos amar tanto a otros para que ellos se enamoren de Dios? Esto es el discipulado. ¿Te voy a amar tanto? ¿Te voy a demostrar tanto el amor de Dios? Algo que no entiendas, algo que no es de este mundo, para que entonces tu corazón arda de tal manera que otros digan, este amor no es de este mundo, ¿De dónde viene? Y ahí es en donde nosotros podemos decir, sentados a la mesa, es Jesús. Porque Él se ha dado y se ha extendido en gracia y misericordia, porque Él me ha amado tanto que no consideró ser igual a Dios, sino que vino a este mundo para entregarse por ti y por mí.
Amar a Dios para que otros lo quieran conocer
Para que todos pudiéramos una vez más estar con Él, relacionarnos con Él, ser amados por Él, deleitarnos en Él. Y entonces la gente pueda decir, yo quiero amar al Dios que tú amas, quiero conocer al Dios que tú conoces, quiero seguir al Dios que tú sigues y dar mi vida por Él, porque si yo lo he probado, otros tienen que probarlo. Así se hacen discípulos que hacen discípulos. Que en este camino a Emaús podamos conocer el amor de Dios, podamos amar a Dios y que nuestra vida ardiente pueda comunicar realmente a Dios. Y esto se divide entonces en dos partes y vamos a ver en la siguiente sesión un poco más acerca de esta primera parte.
Deuteronomio 6, de amarás a tu Dios, pero ¿Cómo lo hago? ¿Cómo permanezco en este amor? ¿Cómo es esta intimidad con Jesús? Porque esa es la primera parte. Recuerda, durante toda la clase quiero que estés pensando en dos cosas. Número uno, esto me está hablando a mí personalmente. Y número dos, son fases de crecimiento que tengo que ir viendo en aquel que estoy llevando o al que le estoy presentando a Jesús. Y esta primera fase es la intimidad con Dios. Es el, de nuevo, exponer tu corazón, abrir las escrituras y sentarte a la mesa con Dios. Es la primera parte esencial. Si tú lo haces, de ahí sobreabundará como un río de agua viva, como una fuente que chorrea hacia todos lados, que se esparce en todo el mundo.
Y en tu alrededor dirán, yo quiero de esta agua, yo quiero de este regalo que tú tienes, yo quiero de esto. Y los apuntaremos no a nosotros, sino a aquel que es la fuente de agua viva. Los apuntaremos a Jesús, los apuntaremos al Padre, los apuntaremos al Espíritu Santo. Así que la siguiente sesión estaremos viendo acerca de la intimidad con Dios y cómo podemos permanecer ahí. Y después de esto nos iremos a, ahora sí, cómo amo a los demás de tal manera que se enamoren de Dios o la pregunta cómo hacer discípulos. Acompáñanos en la siguiente sesión.
Las citas bíblicas se reproducen como se leyeron en la clase. Video original: «¿Cómo hacer discípulos? — 03 - Una sola cosa importa», canal de YouTube de Daniel Lira (@danielliraserhan).