Transcripción completa de una clase, con las palabras de Daniel Lira; solo se añadieron subtítulos, párrafos y puntuación, y se limpiaron muletillas, repeticiones y errores de transcripción. Publicada en en Intensivo Convivencia en línea.
La misión personal alineada al plan de Dios
Bienvenidos a la sesión 9, recordándoles que estamos ya en la parte de la misión de la iglesia o la misión personal que tú y yo tenemos alineada al propósito de Dios y al plan de Dios. La sesión pasada estuvimos viendo cómo del Ministerio de Reconciliación viene la unidad y esta misma unidad se desarrolla a través de la diversidad. Y es un ciclo en el que la diversidad y el servicio a la iglesia nos lleva a madurar hacia la unidad, a la diversidad, y así vamos creciendo hasta llegar a la total medida de Cristo. Ahora, esto ya nos va llevando hacia un punto bien importante. Y creo que si no te has dado cuenta durante toda esta clase, nada del propósito, del plan y de la misión se ha tratado de ti y de mí.
Y este es el punto. El plan de Dios no se trata de ti y de mí. Aunque sí Cristo vino a morir por ti y por mí, aunque sí nos adoptó y nos rescató personalmente, y eso tiene un valor incalculable por el cual hemos entregado nuestra vida a Cristo, durante este tiempo, en esta era, nosotros estamos en la espera de recibir la herencia completa. Así que ese día recibiremos la herencia completa, que es estar con Jesús de una manera perfecta, en cuerpos transformados, glorificados, para que podamos estar con Él y convivir de una manera íntima. Sin embargo, en esta era nos ha dejado una misión, y esa misión no se trata de ti y de mí, de lo que podamos hacer o lograr o soñar o tener o no tener.
Jesús se despojó a sí mismo
Sino que el Ministerio de Reconciliación nos lleva a ser uno, y a considerar a otros como mayores que nosotros mismos. Y nos lleva a nuestra diversidad y nuestros talentos, ni siquiera han sido dados a nosotros para que nosotros los disfrutemos, sino que han sido dados para que otros puedan crecer. Y esto nos lleva al Ministerio de la Encarnación. ¿Recuerdas que íbamos a hablar de dos ministerios? El Ministerio de la Reconciliación, el cual produce esto de lo que ya habíamos hablado, y el Ministerio de la Encarnación. Este segundo ministerio es el ministerio que Jesús vino a demostrar en la Tierra. Y es que Él teniéndolo todo, Él teniendo el beneficio, Él teniendo el poder, Él teniendo la honra, Él teniéndolo todo, al ser igual que Dios, al ser Dios mismo, se despojó de ello.
¿Para qué? Para servirnos en esta era. Para que un día se pudiera cumplir el plan y el propósito de darle gloria y alabanza a Dios. Así que quiero que tomemos un tiempo para entender primeramente lo que ha hecho Jesús, la importancia de lo que ha hecho Jesús, lo que eso significa para ti y para mí, y cómo ahora nosotros somos llamados a eso mismo. Acompáñame a Filipenses, capítulo 2, versículo 5 al 11. Ya habíamos leído una parte de esto cuando hablábamos del plan. Sin embargo, ahora quiero que veas cómo de nuevo se va haciendo todo una sola cosa, y está hablando de un solo tema.
Dice, haya pues en ustedes. Voy a leer desde el versículo 3, porque creo que recupera un poco de lo que hablábamos de la unidad y diversidad para entonces llevar a este ministerio de encarnación. No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que en una actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo. No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Y ahora va y entra a compararnos con Cristo. Vean esto. Haya pues en ustedes esta actitud que hubo en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró ser igual a Dios como algo al que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando una forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Hallándose en forma de hombre, se humilló él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
El nombre sobre todo nombre
Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesús es Señor para la gloria de Dios Padre. Eso va resumiendo todo lo que hemos hablado, y nos indica de una manera muy misional, muy directa, que ahora seamos nosotros como Cristo. ¿Qué hizo Cristo? Se despojó a sí mismo. ¿De qué nos despojamos? Tú y yo tenemos una ciudadanía celestial, se los acabo de decir hace unas sesiones.
Tú y yo tenemos una nueva naturaleza, vestidos, somos la obra maestra de Dios, hechos a su imagen y semejanza, nacidos de nuevo para un propósito glorioso, para una vida eterna juntamente con Él. Nosotros, tú y yo, somos hijos del Rey. Tenemos la herencia del Rey. Tenemos el nombre del Rey. Y teniendo todo esto, nos despojamos de este privilegio para servir a otros. Nos humillamos a nosotros mismos en obediencia a este mismo Rey, a Jesús, pero para servir a otros, con tal de que estos otros puedan conocer a Jesús, doblar su rodilla y darle gloria y alabanza a Dios.
Se despojó a sí mismo, se hizo semejante a los hombres. ¿En qué se hizo semejante a los hombres? No se hizo semejante a los hombres en cuanto a pecado, porque Él no cayó en pecado, Él no cometió ningún pecado. Cuando la Biblia habla de esto, del ministerio de encarnación, sí habla de hacernos semejantes a aquellos a los que queremos alcanzar. Sin embargo, no hacernos semejantes en obras y prácticas, sino que hacernos semejantes en intimidad, en acercarnos a ellos, en empatizar con ellos, en entender qué están viviendo. El ministerio de encarnación no es un ministerio de evangelismo, en el que vamos a las calles y compartimos solamente el evangelio, sino que nos relacionamos con las personas que están en las calles para que dentro de esa relación conozcan el amor.
Plantarse entre las personas
No se trata de, me fui a un viaje misionero en África o en Arabia, en el que fui una semana y les dimos despensas, les dimos de comer y nos retiramos. Se trata de plantarse en estos lugares para conocer a las personas, conocer lo que les aflige y esperar en el Espíritu Santo para compartir el evangelio. Tú puedes ver esto en los ministerios de misericordia que tenemos el día de hoy en la iglesia. Cómo nuestro enfoque, aunque sí llevamos despensas al pozo, lleva diez años o más de diez años ya para este punto, en el que hemos ido una y otra vez. Y la comunidad ahora es más como una iglesia en la que se adora, se escucha la palabra y sí, de nuevo seguimos mostrando misericordia con ellos.
Es lo mismo que se está haciendo en esta comunidad de cerritos, en los que estamos yendo a atender a los niños y a las mamás de los niños, dándoles de comer, pero no con un objetivo de ir y retirarnos, sino con el objetivo de plantarnos ahí, de que las personas conozcan el amor de Jesús como nosotros. Y sí, nos despojamos de nuestro tiempo, tal vez de nuestro privilegio de tener un sábado libre, tal vez de muchas cosas, al punto de que esto puede llevarnos a despojarnos de todo, como Pablo, irnos a otra nación, irnos a otro país, dejar todo por completo para servir a otros, para que puedan conocer a Cristo.
Y todo esto lo hacemos sobre el fundamento de Cristo Jesús, porque el ministerio de encarnación se trata de lo que habla Juan 1:14. Y habla Juan prácticamente en todo su evangelio. El verbo se hizo carne, y el verbo habitó entre nosotros, y vimos su gloria, la gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y bondad. Desde el inicio, desde el inicio, Dios hizo los cielos y la tierra, y habla Isaías, que los extendió como una carpa, para habitar en él, para habitar en su creación. Y les decía, Dios no se equivocó cuando creó los cielos y la tierra. Él no se equivocó al hacer, voy a hacer algo como un experimento para ver de lejos.
Dios habita en su creación
No. Dios hizo su creación, y habita en su creación. Y la manera en la que lo ejemplifica más profundamente es cuando vino en carne para habitar entre nosotros. Y eso solamente apunta a una cosa, que Él regresará un día, vivirá de nuevo en carne entre nosotros. Él hará su morada dentro de nosotros, junto con nosotros. Y todo esto lo ha dicho durante todo su mensaje, cuando se creó el tabernáculo, cuando se creó el lugar santo, el lugar santísimo, el lugar de su presencia, cuando creó el jardín del Edén. Todo lo creó para habitar en él, para habitar contigo y conmigo. Hemos sido invitados a habitar juntamente con él, y va a llegar el día en que se logrará.
Pero ahora a nosotros nos ha dejado la tarea, el ministerio de la encarnación, en el que Jesús no vino a cargar con tus pecados y ya, sino que vino a mostrarnos la manera de vivir. Vino a mostrarnos cómo se hace, para que nosotros también lo pudiéramos imitar. Y ahí es donde dice, toma tu cruz y sígueme. Toma tu cruz por otro, despójate de tu privilegio, despójate de todo lo que sí tienes, lo que sí te ha dado, los beneficios que tienes y que te ha dado. Podemos despojarnos de ellos, con tal de servirlo a él. Y este es el ministerio de la encarnación.
Que podamos inspirar a otros a llegar a Cristo de una manera empática, de una manera íntima, que podamos llevarlos a que sean llenos del Espíritu Santo, a empoderar a otros a ir al filo de la silla, a ir a la línea de la batalla, a ir a donde nadie más quiera ir. Eso puede ser en tu familia, a donde nadie se ha atrevido a predicarles el evangelio, dentro de tu familia, dentro de tu ciudad, dentro de tu país o dentro del mundo. Con tantas personas que aún no han sido alcanzadas, tantos lugares en donde no se permite llevar una Biblia.
Despojarnos para servir
Tú y yo podemos ser esa persona que en el ministerio de la encarnación se despoja a sí mismo de su tiempo, de su dinero, de sus esfuerzos, de su privilegio, de su posición para ir a servir a otros. Y dentro de esto nos habla que tal vez habrá sufrimiento por causa de Cristo específicamente. Y en este ministerio de la encarnación, y vamos a leer tres diferentes secciones, tres diferentes versículos a través de estas cartas, que nos hablan de que no nos desanimemos por el sufrimiento, sino que más bien seamos testimonios de la obra de Dios en cada uno de nosotros. El ministerio de la encarnación, así como a Cristo, lo llevó a sufrir, a Él lo llevó a sufrir hasta una cruz.
A nosotros nos llevará a sufrir de alguna u otra manera. Sin embargo, es por la causa de Cristo, no es un sufrimiento en vano, no es un sufrimiento por enfermedad, es un sufrimiento por el despojo del privilegio que tenemos. Y el anhelo de saber que un día lo tendremos por completo. Así que ahí mismo, en Efesios 5:2, nos dice: sean pues, de nuevo, imitadores de Dios como hijos amados, y anden en amor, así como también Cristo les amó, y se dio a sí mismo por nosotros. Ofrenda y sacrificio a Dios como una fragante aroma. El amor de Cristo es ejemplificado en la cruz. Jesús mismo dice, no hay mayor amor que el entregar su vida por los amigos.
Es que vivamos una vida llena de amor, como es este amor que se ofrece a sí mismo en sacrificio por otros. Y este es el sacrificio, este es el sufrimiento, que es como un aroma agradable a Dios, que lo ve y lo llena de gozo y satisfacción, sabiendo que como Él estamos siguiendo sus pasos, dando nuestra vida por otros. Y este privilegio se denota en Filipenses 1:29, porque nos despojamos de uno, pero nos ha dado este otro privilegio. Que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, a fin de que escojan lo mejor para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y la alabanza de Dios.
Llenos del fruto de justicia
Y más adelante termina diciendo, porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no sólo creer en Él, sino también sufrir por Él, teniendo el mismo conflicto que vieron en mí, Pablo, y que ahora oyen que está en mí, Pablo, porque alguna vez lo escucharon que estaba en Cristo Jesús. Se nos ha dado por amor de Cristo, no sólo creer, sino también sufrir por Él. Él, sabiendo esto, es que Él en la cárcel, en Colosenses, de nuevo, dice: ahora me alegro de mis sufrimientos. ¿Cómo te alegras de los sufrimientos, Pablo? Porque sé cuál es el plan, sé cuál es el propósito, sé que he sido llamado por amor a entregar mi vida por otros.
Me alegro de mis sufrimientos por ustedes y en mi carne, complementando lo que falta de las aflicciones de Cristo. Hago mi parte por su cuerpo, que es la iglesia. El ministerio de encarnación, de nuevo, es el despojo de nosotros mismos, haciéndonos semejante, unirnos a otros en intimidad, para que otros puedan saber de Cristo. Y en el proceso, probablemente, se nos dará el beneficio, el privilegio y la alegría de sufrir como Cristo lo hizo. No de una manera en la que buscamos sufrir, sino que sabiendo que este sufrimiento producirá un fruto. Así que el ministerio de reconciliación es lo que logramos o lo que buscamos hacer, pero el ministerio de la encarnación es cuando nos despojamos de las cosas para lograr la reconciliación con otros y con Dios mismo, para que Él habite en las demás personas y refleje que un día habitará con todos nosotros en el día futuro.
Las citas bíblicas se reproducen como se leyeron en la clase. Video original: «Cartas de Pablo desde la cárcel — 09 - Encarnación», canal de YouTube de Daniel Lira (@danielliraserhan).