Transcripción completa de una clase, con las palabras de Daniel Lira; solo se añadieron subtítulos, párrafos y puntuación, y se limpiaron muletillas, repeticiones y errores de transcripción. Publicada en en Intensivo Convivencia en línea.
Resumen de lo que hemos visto
Bienvenidos a esta siguiente sesión y antes de iniciar con el tema, quisiera dar un resumen de lo que hemos estado viendo. Ya aprendimos a través de las cartas de Pablo desde la cárcel acerca de quién es Dios, que el Padre nos ha adoptado, el Hijo nos ha redimido y el Espíritu Santo nos ha sellado, todo con un mismo propósito, que es darle gloria y alabanza a Dios. Después de eso, vimos que Dios tiene un gran plan, que es poner a Cristo sobre todas las cosas, y esto lo hará a su debido tiempo. Va a llegar un tiempo, un momento en el que esto lo va a hacer de manera completa.
Sin embargo, el día de hoy nosotros podemos ya llevar nuestra vida a través de la autoridad de Cristo y alinearnos a su plan. Viendo esto, también vimos el tema de la brecha en cómo, en este plan, Dios nos pasó del reino de las tinieblas al reino de Dios. Y es así como podemos nosotros poner esta nueva naturaleza que él ha creado para nosotros, no de muerte, sino de vida, no de excluidos, sino de un solo pueblo, la obra maestra creada por Dios. Y en esta nueva naturaleza, entendimos también que nuestra ciudadanía está en el cielo. ¿De qué manera? Esperando el regreso de Jesús, sabiendo que él va a traer el reino de Dios y que nosotros somos ya parte de esto.
Y es así como Pablo terminaba diciendo en Colosenses: por lo tanto, consideren su cuerpo muerto a este mundo. Dado que tienen una nueva naturaleza, consideren su cuerpo muerto a este mundo y a las cosas terrenales. Vístanse de este nuevo hombre y fijemos nuestra mirada en esta nueva meta. Y así fue como iniciamos. Terminamos del tema de teología e iniciamos el tema de la misión, vistiéndonos de un nuevo hombre con una nueva naturaleza, con una ciudadanía del cielo. Iniciamos hablando de que entonces, nuestra vida como tal es de Cristo y nuestra muerte también es de Cristo. Así que vivimos y morimos por Cristo. ¿Qué hacemos en este mundo?
¿Qué hacemos en este tiempo en el que esperamos su regreso? Vivimos y morimos por Cristo. Lo decía claramente Pablo en Filipenses, que él consideraba todo como basura a fin de llegar a la meta del supremo llamamiento de Dios. Y esto nos conectaba también a la idea de la carrera de la fe, la que él decía: aún no la alcanzo, aún no llego a esto, pero sigo corriendo firme, luchando sin temor, y si en esta firmeza, en este momento en estar corriendo hacia esto, podrá haber sufrimiento, pero siempre teniendo un mismo propósito: que toda rodilla se doble para la gloria y alabanza de Dios.
Junto con esto, vimos el ministerio de la reconciliación, en donde vamos a hablar, de hecho, de dos ministerios: el de la reconciliación y el de la encarnación. El ministerio de la encarnación lo estaremos tocando en la siguiente sesión, pero el ministerio de la reconciliación hablaba otra vez, cerraba con esta gran idea de la brecha en la que él nos trasladó de un lado al otro reconciliándonos consigo mismo. Y ahora nos había entregado el ministerio de la reconciliación. Y ahí es donde quiero retomar esta sesión, en donde todo esto va tomando un mismo sentido, en el que hay un propósito, hay un plan, nuestra vida se vuelve por Cristo a través del ministerio de la reconciliación, y eso debe de dar un fruto.
El ministerio de la reconciliación
Eso debe de mostrar algo: una vida viviéndose dentro de la misión de Dios. A partir de la reconciliación, lo que la reconciliación da como fruto es la unidad. Así que en este momento vamos a hablar de la unidad y como Pablo habla de la unidad en sus cartas, vamos a leer, principalmente en Efesios, que si me acompañas a Efesios 2, versículo 12, vamos a leerlo de nuevo. Yo leo de la Nueva Biblia de las Américas y voy a iniciar en el 12. Efesios 2:12: recuerden que en ese tiempo, antes ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes, que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo, porque él mismo es nuestra paz.
Y de ambos pueblos, judío y gentil, hizo uno solo, derribando la pared intermedia de separación, poniendo fin a la enemistad en su carne, la ley de los mandamientos expresados en las ordenanzas, para crear en él mismo de los dos un nuevo hombre, estableciendo así la paz y para reconciliar a los dos en un cuerpo por medio de la cruz, habiendo dado muerte en ella a la enemistad. Él vino y anunció paz a ustedes que estaban lejos y paz a los que estaban cerca por medio de Cristo. Los unos y los otros tenemos entrada al Padre en un mismo Espíritu.
Así, pues, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino que son conciudadanos de los santos y son de la familia de Dios. Están edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular en quien todo el edificio bien ajustado va creciendo para ser un solo templo santo en el Señor. En Cristo también ustedes son juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. ¿A qué va Pablo con todo esto y por qué me tomé la libertad de leerlo completo, todos estos versículos, aun cuando sé que tú tienes tu Biblia ahí? Creo que este es el momento en el que va tomando forma todo lo que hemos hablado.
Tenemos un mismo propósito y vamos hacia un mismo plan, y hemos sido llamados al ministerio de reconciliación y este ministerio de reconciliación se ve ejemplificado de la mayor manera cuando judío y gentil, Israel y las naciones son unidos en un solo cuerpo, en un solo espíritu, en una sola casa. Es esto a lo que Dios llama comunidad, con lo que Dios llama congregación o, como lo llamamos nosotros, iglesia. La palabra iglesia proveniente del griego es ekklesía, y esa palabra simplemente significa una congregación, una reunión de personas que tenían un mismo propósito. Esto es la iglesia. Ahora solo es a través de Jesús que lo que se había separado en la torre de Babel, que veníamos hablando en las otras sesiones, las naciones que se habían separado, ahora son reconciliadas.
De Babel a la reconciliación de las naciones
Es ahora que el pueblo de Israel puede cumplir su propósito de ser bendición a las naciones, porque a través de Jesús, esta barrera de enemistad que se había creado ha sido rota y ahora vuelven a unirse en un solo cuerpo. Es por esto que en Efesios 4 hace esta cátedra rápida de que solo somos uno, pero ya viene fundamentado de todo esto. Va creciendo. Va creciendo a llegar a este punto donde nos recuerda que hay un solo cuerpo, hay un solo Espíritu, así como también fuimos llamados a una misma esperanza, a un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.
Dios ama la unidad porque él mismo es una unidad. Él mismo es estas tres personas que son un mismo Dios. Él vive en relación, él vive en reconciliación, dándose gloria y alabanza a sí mismo, y nos está invitando a esta misma dinámica. Ahora nos hace uno solo en donde podemos darle gloria, representando que tenemos esta unidad en nosotros, y es por eso que también la Biblia habla de esta realidad, de que la unidad, el que ustedes sean como uno, es lo que nos refleja como discípulos, es lo que nos identifica como suyos. Así que recuerda todo esto. Todo lo que hemos hablado no nos lleva a divisiones, no nos lleva a generar diferentes cosas, sino que nos ayuda a apuntarnos a una misma cosa, y eso nos hace unirnos como hermanos en un solo cuerpo.
Ahora hay una segunda parte de esto. Aunque Dios ama la unidad, eso no significa que tenemos que ser uniformes, que todos tenemos que ser iguales. Que todos tenemos que vestirnos iguales, que todos tenemos que operar de la misma manera, adorar de la misma manera y hacer todo de la misma manera. Esto no es lo que está buscando Dios, sino que a cada uno de nosotros nos ha dado dones y talentos especiales. Nos ha dado diversidad, porque esto también refleja la diversidad de su sabiduría y de su gracia. Así que dentro de esta misión, vemos que nuestra vida y muerte es por Cristo, y que esta vida y muerte por Cristo se trata de un ministerio de reconciliación.
Efesios 4: unidad de la fe
Esa reconciliación produce unidad, pero solo podemos alcanzarla a través de la diversidad. Así que si me acompañas ahora, vamos a seguir en Efesios un poco más adelante, si seguimos leyendo en Efesios 4. Acaba de hablar de unidad y quiere fundamentar y dejar esto firme, porque la diversidad no nos hace separados, sino que en la unidad se refleja la diversidad. Y vemos esta parte, dice: “Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de —y escucha bien eso—, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida y estatura de la plenitud de Cristo”.
Entonces, cuando lleguemos a este momento, “ya no seremos como niños, sacudidos por las olas, llevados de aquí para allá, por todo viento de doctrina y por la astucia de hombres o artimañas engañosas del error. Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos, en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo, estando bien ajustado y unido por la cohesión de las coyunturas, conforme al funcionamiento de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación”.
¿Qué es todo esto? ¿A qué va todo esto? De la unidad, Dios toma y dice: yo he hecho todo para que se reconcilien y sean uno solo. Sin embargo, en la diversidad de dones y talentos que nos ha dado la iglesia, la comunidad, los creyentes, vamos a crecer a esa unidad. Y es bien importante notar este tema de los dones. Este tema se toca también en algunas otras clases como doctrinas fundamentales y puedes ir a indagar un poco en ellos. Sin embargo, hoy tocaremos simplemente los dones que vienen aquí. Y en Efesios, Pablo lo que está tratando de hablar es el propósito de los dones.
El propósito de los dones no es para darnos una posición, no es para exaltar nuestro nombre, no es para darnos una función específica dentro de la iglesia, delimitada por acciones que nos dan cierto estatus. Los dones que Dios habla aquí son para una sola cosa, son dones para servir a la iglesia. Nuestros dones son dados para la edificación del cuerpo y madurar juntos hacia una misma unidad. Son para servicio y no para posición. Entonces, cuando hablamos de estos dones, a lo mejor tú escuchas la palabra pastores y te imaginas la posición de pastor. Y esto no es de lo que está hablando, está hablando del don de pastorear, de cuidar, de alimentar, de guiar.
Y eso lo puedes hacer tú, con tu familia, con tus amigos, con tus cercanos. Pastorearlos, ¿hacia qué? Hacia Cristo. Puedes escuchar el término como apóstol y podemos escuchar estas ideas del apóstol de Cristo y ponernos el nombre, una etiqueta y decir, yo soy el apóstol de Cristo y usarlo como una posición. Sin embargo, lo que está diciendo aquí Pablo es que no es para posición, sino es para servicio. Y de nuevo, cada uno de estos dones que él ha dado, nos los ha dado a ti y a mí. Algunos les ha dado uno, algunos les ha dado dos, y es variado, es multiforme, para que juntos podamos edificar la iglesia en un mismo propósito.
Dones para capacitar a los santos
Y estos dones, estos cinco dones en los que Dios ha dado para edificación de la iglesia, nos llevan a esta madurez, nos llevan a esta unidad. Y la manera en la que lo habla aquí, dice, dio algunos a ser apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Número uno, para capacitar a los santos para la obra del ministerio. Número uno, ¿para qué nos ha dado Dios estos dones y talentos? Ni siquiera es para que yo los ejerza, sino para enseñar a otros, para que puedan hacer el ministerio, para que puedan servir. La palabra ministerio no es nada más que servir a otro. Entonces, cuando hablamos de esto, estamos capacitando a otros para que puedan servir a la misma iglesia.
De esta manera podemos decir que el maestro no es la posición de maestro, sino es aquel que nos ayuda y nos enseña a aprender de la palabra, es aquel que enseña a otros a enseñar a otros. Y entonces, así juntos vamos madurando, y no es la tarea de uno solo enseñar, sino que es de todos aprender para poder enseñar. El evangelista es la idea típica de alguien tiene el don de evangelismo: él debe de salir a evangelizar. Y esto no es lo que nos está diciendo la palabra. Lo que nos está diciendo es que el evangelista tiene que preocuparse por inspirar a otros y enseñar a otros la manera de ir a evangelizar, de ir a compartir el evangelio, de ir a extender las buenas noticias por todos lados, por todas las naciones, por todas las ciudades, por todas las familias.
Es lo mismo que pasa con cada uno de ellos. El pastor no significa que solo hay un pastor y ese se debe de encargar de pastorear a todos, sino que nos transmite este corazón pastoral de Jesús, que nos ayuda a guiar a otros a la palabra, nos ayuda a voltear a ver al buen pastor. Y entonces vamos caminando en esto. De nuevo, quiero dejar simplemente claro esto. No porque alguien tenga el don, o puedes llamarle la afinidad o facilidad, de cualquiera de estas cinco cosas, significa que va a tener la posición. De la misma manera, la posición no siempre habla de un don, porque estas cinco cosas reflejan el carácter de Cristo.
Así que tú y yo deberíamos de trabajar para construir estos cinco dones, aunque algunos lo tendrán como un don, como un regalo, como una facilidad, una afinidad, que simplemente por alguna razón la gente se te acerca y te cuenta sus problemas y te cuenta sus pecados y tú tienes la facilidad de apuntarlos a Cristo. Y es lo mismo, a lo mejor tú tienes la facilidad de leer la Biblia, entenderla y explicarla. Puede ser que sí, sin embargo puede que no lo tengas y que no se te haya dado el don o la facilidad. Eso no nos quita que debamos aprender a hacerlo. Porque si pudiéramos definir el carácter de Cristo y decir, ¿cuál de estos cinco era Cristo?
Estaríamos de acuerdo en decir que Él era los cinco. Y los cinco al mismo tiempo y los cinco funcionando todo el tiempo en una unidad perfecta. Así que tú y yo estamos llamados a lo mismo. Entonces primero usamos estos dones para enseñar a otros en cada una de estas áreas. Yo te animaría a identificar cuál de estos cinco dones tú crees que tienes esta afinidad y que los empieces a practicar con el afán, no de volverte el profeta de las naciones y de profetizarle a todo el mundo, sino tal vez de enseñarle a otros a escuchar la voz de Dios, a escuchar al Espíritu Santo, a discernir el Espíritu Santo.
Un solo cuerpo, una familia
O tal vez eres bueno aprendiendo la palabra, haciendo esquemas de la Biblia, que puedas enseñar a otros a hacer lo mismo. Para que no dependan de ti, de mí, de un pastor o de algún profeta o de algún evangelista, sino que todos unidos, como una familia, como un solo cuerpo, como una sola iglesia, podamos ir al mundo a llevar el Evangelio. Y eso es capacitar a los santos. Dos, para la edificación del cuerpo de Cristo. Sabiendo que enseñamos esto, todo esto funciona también para servir dentro de la iglesia, para servir a la iglesia, para embellecer a la novia, para enseñar a la novia, para pastorear a la novia, que es la iglesia.
Y nos lleva a la unidad, nos lleva a ser como Cristo. Y es esta edificación la que nos lleva a la unidad. Capacitamos a los santos para la edificación del cuerpo hasta que todos, todos lleguemos a esta unidad de la fe y el pleno conocimiento de Cristo. La unidad es uno de los frutos o uno de los reflejos de que estamos creciendo en madurez y la otra es que somos cada vez más como Cristo. Y para esto nos lleva el conocimiento de Jesús. Cuando la Biblia aquí habla de conocimiento, al pleno conocimiento del Hijo de Dios, no solamente está hablando de que tú conozcas las descripciones y los atributos de Jesús y de qué color era su pelo y sus ojos y que lo pudieras describir.
Habla de una intimidad. Habla de una conexión profunda en la que podamos decir, sí, Él es Jesús, yo sé cómo es Jesús y podamos conocer su corazón manso y humilde. Una vez haciendo esto, esta madurez que nos lleva a la unidad y nos lleva a ser más como Cristo, nos va a permitir mantenernos firmes. ¿Recuerdas lo que hablábamos de la carrera de la fe? Firmes, luchando por la fe sin temor. Esa misma carrera se cumple o se vive o se corre, más bien dicho, cuando maduramos a tal manera que podemos estar firmes en el conocimiento y en la unidad que nos ha traído Jesús. Eso lo vemos en el versículo 14 cuando dice, ya no seremos como niños.
¿Cómo son estos niños a los que se está refiriendo? Que son sacudidos por las olas, llevados de aquí para allá, por todo viento de doctrina o astucia de hombre, por toda filosofía vana, por toda nueva enseñanza. Y tú y yo sabemos que esto abunda en el mundo el día de hoy, con las redes sociales, con la comunicación, con las diferentes filosofías que están creciendo y el avance de ellas. Cada vez más cambia la dinámica y hay nuevas y aparentemente más atractivas maneras de ver la vida. Sin embargo, lo que la palabra dice es manténganse firmes, corran la carrera de la fe, no tengan temor, pero sigan firmes.
No como niños, dejándose llevar por la nueva doctrina, lo nuevo que se dijo, la nueva persona, sino que sigamos corriendo en una misma dirección. Y para esto nos sirve saber, el propósito es darle gloria y alabanza a Dios, el plan es poner a Cristo sobre todas las cosas y nos volvemos sus embajadores cuando funcionamos en unidad y en diversidad. Y así cada uno cumpliremos una función específica, ayudándonos mutuamente, creciendo juntos en amor y considerándonos unos a los otros como más importantes. Y por último quiero decirte que tal vez en lo que he estado hablando, tú estás pensando, está bien, pero eso es para quienes han sido llamados al ministerio.
No solo para el ministerio de tiempo completo
Eso es para los que han sido llamados de tiempo completo o a los que realmente han sido llamados. Quiero decirte que si tú estás en esta clase, si tú estás leyendo tu palabra, si tú has aceptado seguir a Cristo con tu vida, quiero decirte que realmente has sido llamado. Efesios 4:1 lo dice de una manera directa: “Vivan de una manera digna de la vocación con la que han sido llamados”. Y en otras versiones, lo dice de una manera todavía más intensa, en la que dice, vivan de una manera digna del llamado porque en realidad han sido llamados. Iglesia, lo que quiero terminar diciendo en esta sesión es que es hora de madurar, es hora de crecer, es hora de asumir la misión de ser un solo cuerpo que actúa en diversidad de dones y diversidad de talentos, diversidad de personalidades para llevar a un solo propósito la gloria y alabanza a Dios.
Y que más personas puedan rendir su rodilla, se puedan doblar ante Jesús y puedan entender la esperanza viva que tenemos en Él. En una boda solamente hay un sí. Y tú ya le dijiste que sí a Jesús. No tienes que repetirlo una y otra vez. No tiene que llamarte más de una vez. Este es el llamado que estabas esperando. Tenemos que decir que sí, porque para ti ya fue hecho. El llamado para ti ya fue hecho. Y nuestro trabajo es ahora extenderlo a quienes no lo han escuchado. Las buenas noticias y la realidad de que tienen una misión en esta vida.
Entonces, ¿cómo cumple la iglesia el propósito de Dios en la tierra? ¿Cuál es la misión de Dios para la iglesia en la tierra? ¿Y cómo damos gloria y alabanza a Dios durante esta era? Efesios 3:10 lo dice de una manera muy clara: “De este modo, la infinita sabiduría de Dios puede ser dada a conocer ahora por medio de la iglesia. ¿A quiénes? A los principados y potestades en los lugares celestiales conforme al propósito eterno”. Tu trabajo y el mío, nuestra misión en esta tierra, es que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de nosotros, de ti y de mí, a los principados y potestades, a los poderes del aire invisibles, y a los poderes de la tierra visibles, a los humanos, a todo mundo.
Que sea visible y conocida la multiforme sabiduría y gracia de Dios. Hay tres maneras en las que podemos saber si estamos cumpliendo esta misión como iglesia. Una iglesia unida, en unidad, da testimonio a los cielos y la tierra y da gloria y alabanza a Dios. Una iglesia en diversidad da testimonio a los cielos y la tierra y da gloria y alabanza a Dios. Y una iglesia que madura para parecerse más a Cristo cada vez, da testimonio a los cielos y a la tierra y da gloria y alabanza a Dios. Esta es nuestra misión, este es el plan en el que hemos sido introducidos y este es el destino y la manera que la podemos cumplir, unidos, en diversidad, creciendo hacia la madurez de Cristo.
Las citas bíblicas se reproducen como se leyeron en la clase. Video original: «Cartas de Pablo desde la cárcel — 08 - Reconciliación, unidad y diversidad», canal de YouTube de Daniel Lira (@danielliraserhan).