Transcripción completa de una clase, con las palabras de Daniel Lira; solo se añadieron subtítulos, párrafos y puntuación, y se limpiaron muletillas, repeticiones y errores de transcripción. Publicada en en Intensivo Convivencia en línea.
La motivación de las cartas
Bienvenido a la sesión 3. Ya hemos visto un poco de quién era Pablo y cómo llegó a la cárcel. Ahora quiero que entendamos un poco la motivación de estas cartas y, aunque veremos teología, misión y práctica, y había algo muy importante ahí cargado, quiero que te pongas en la perspectiva, no de Pablo por un momento, sino de las iglesias a las que fue a predicarle, de las comunidades que ahora creían en este Mesías, de los que creyeron en la palabra de Pablo y ahora dedicaban su vida al Evangelio. Imagínate por un momento que por años has recibido buenas noticias, has recibido las noticias de que el Mesías había venido y que de la mano de esas noticias las había traído Pablo.
Este personaje que todo mundo en ese momento iba conociendo, que era el portador de las buenas noticias, si así lo queremos llamar. Él iba llevándolo, él iba llevando esperanza, él iba llevando fe, él iba llevando el mensaje de la verdad. Y de repente te enteras que este portador de las buenas noticias está en la cárcel. Y les pudo haber pasado algo similar a lo que les pasó a los 12 discípulos de Jesús cuando se enteraron que había sido crucificado, cuando estaba muerto. Llevaban tres años caminando con el que creían que era el Mesías. Tres años diciendo: este es el Mesías, ha regresado, él por fin nos regresará al diseño original.
Y están los discípulos emocionados, van con todo, están dispuestos a morir. Sin embargo, el día que Jesús es crucificado y es sepultado en una tumba, la mayoría de ellos regresaron a sus trabajos y a sus casas normales, a su rutina normal, con una semblante triste y cabizbajo. Está esta historia de los discípulos que incluso van dejando Jerusalén en camino a Emaús diciendo: creíamos que él era el Mesías. Sin embargo, nos equivocamos. Y es que después de tres años de escuchar estas buenas noticias, este ímpetu que iba creciendo, el portador de las buenas noticias, el Mesías Jesús, había muerto.
Resucita y da nueva vida y los apóstoles ahora van con todo. Pero ahora uno de estos, este Pablo, es encarcelado después de años de predicar la palabra, de predicar fe, de predicar esperanza, de predicar lucha y firmeza. Así que imagínate el ánimo de estos seguidores. Naturalmente cae, naturalmente empieza a haber confusiones del Evangelio y naturalmente hay personas que se quieren aprovechar del momento para meter nuevas enseñanzas o enseñanzas diferentes tratando de ganar influencia. Así que ante esta situación, Pablo decide escribir una serie de cartas. Y en esta serie de cartas, busca subir el ánimo de sus seguidores, diciéndoles: ¡tranquilos! Yo no soy prisionero de Roma, soy prisionero de Cristo.
Prisionero de Cristo, no de Roma
Y recuerda, Pablo tuvo la oportunidad de ser libre. Él tuvo la oportunidad de no estar encarcelado. Sin embargo, él sabiendo su misión, decidió ser un esclavo de Cristo y ser esclavizado por Roma para ir ante el César y predicar la buena noticia. Así que al hacer esto, él empieza a decir: ¡tranquilos! Estoy bien. Se está llevando a cabo la misión. Se está llevando a cabo el propósito del Evangelio, que es llevarlo a las naciones. Estoy en el mejor momento, en el mejor lugar. Ánimo, porque lo que les he dicho es verdadero. Les recuerda el propósito de las buenas noticias. Y les recuerda que dentro de estas buenas noticias que recibimos, nosotros estamos, así como Jesús, en la espera de su regreso.
En la espera en la que perfectamente serán restauradas las cosas. Y mientras tanto, esperamos con misericordia, extendiendo el mensaje, para que todo el mundo pueda creer y tenga vida eterna. Así que Pablo les empieza a recordar eso. ¿Y cómo lo hace? Es explicando el fruto de su situación. Y eso lo podemos ver claramente en Filipenses. Si me acompañas a Filipenses 1, del 12 al 21, yo lo estaré leyendo de la Nueva Biblia de las Américas. Tú lo puedes leer en tu propia traducción.
Pero lo voy a leer para que veas un poco este ánimo que está haciendo. Siempre inicia sus cartas dando ánimo, saludando, recordándolos que es esclavo de Cristo. Y luego ora por cada una de las iglesias. Y de ahí empieza a decirles algo. Se los voy a leer. Dice: “Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en las que me he visto han redundado en un mayor progreso del Evangelio”. Ustedes que están desanimados, ustedes que están decayendo su ánimo porque estoy en la cárcel, tranquilos, quiero decirles una cosa. Mi situación está dando fruto, está dando resultado, porque el Evangelio está progresando. “Ya que por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás”. Esto es bien importante. Por la causa de Cristo, el Evangelio se ha hecho notorio. Toda persona, tanto guardias, romanos, prisioneros, sabían que Pablo estaba ahí por una sola cosa. Y era por la causa de Cristo. Y esto le daba pie a poder predicar el Evangelio, a poder extender a donde nadie iría. Porque nadie escogería ir a la cárcel voluntariamente a predicarle a los cautivos. Sin embargo, Pablo lo está haciendo y está dando fruto.
La cárcel como oportunidad para el evangelio
Dice: “La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar de la palabra de Dios sin temor”. Ha dado más valor a los hermanos en la prisión para seguir hablando. Ahora, algunos de ellos hablan y predican a Cristo con la verdad. Y aún otros por envidia y rivalidad. Pero otros por buena voluntad. Habría algunos que se estaban burlando. Sin embargo, en la burla, Cristo iba de por medio. Su Evangelio iba de por medio. Y cuando se burlen de nosotros por nuestra fe, abren un camino completo para que podamos predicarles la verdad del amor. Para poder poner la otra mejilla.
Para poder demostrar con nuestra vida que esto es real. Y eventualmente esas personas que un día se burlaron, al otro día seguirán a Cristo. Así como Pablo un día mataba a cristianos y al otro día daba su vida por ellos. Estos que predican la palabra de buena voluntad lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del Evangelio. Y aquellos que proclaman a Cristo por ambición personal y no con sinceridad están pensando causarme angustia en mis prisiones. Entonces, ¿qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado y en esto me regocijo. Sí, y me regocijaré. Porque sé que esto resultará en mi liberación mediante sus oraciones, la provisión del Espíritu de Jesucristo y conforme a mi anhelo y esperanza, que yo no seré avergonzado en nada, sino que con toda confianza, aun ahora, como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte. Estamos encontrándonos con un Pablo en la cárcel, que está sufriendo más que cualquier otra persona allá afuera. Sin embargo, dentro de esto, Pablo, con todo su corazón apasionado por Cristo, escribe una carta diciendo, mi vida es Cristo, mi cuerpo glorificará la vida de Cristo, y ya sea que me muera o ya sea que viva, la gente sabrá que vivo y muero por Cristo. Esto, inicialmente, aunque es algo que podemos cargar con verdad y con teología, tiene un propósito muy directo y es subir el ánimo de ellos. Es recordarles que tienen también una misión y es recordarles que no importa si estás en la cárcel o en la cima del mundo, el propósito es el mismo, que tu vida es de Cristo y que tu muerte es de Cristo.
Animar a la iglesia y recordar la misión
Ahora, lo que más se me hace interesante es que Pablo no solamente escribe una carta, Pablo no solamente escribe algo de “bueno, déjenme les platico mi versión y es que está dando fruto y nadie sabe”, sino que Pablo entrega en la carta a Filemón. Podemos ver cómo Pablo no solamente está hablando de palabra, sino que entrega evidencia. Y yo creo que esta carta de Filemón, que es un capítulo, es sumamente corta. Está escrita solamente para dar un testimonio vivo de lo que acabamos de leer, porque la persona que lleva esta carta a Filemón se llama Onésimo, y Onésimo es alguien que había agraviado a Filemón.
Es alguien que le había hecho daño a Filemón y por eso estaba en la cárcel. Y ahora Pablo se lo regresa y le dice: hermano mío, acéptalo, porque él se ha hecho como uno de los nuestros, se ha hecho de mi misma carne, si algo te debe yo lo pagaré. Y le dice a Filemón… De alguna manera le está diciendo a Filemón: les he dicho que hay fruto en las prisiones, te voy a demostrar con la persona que menos quieres cómo este fruto es verdadero, es duradero y es fiel. Y entonces Onésimo es el encargado de llevar estas cartas.
Y llega a Filemón diciendo: soy un testimonio vivo. Pablo no habla sólo de palabra, sino de hecho y de verdad. Él realmente está predicando. Él realmente está dando fruto. Él realmente está llevando el evangelio como lo está haciendo. Dicho esto a las iglesias, dicho esto a los lugares a donde él había plantado el evangelio, es fácil entender cómo podían ser llenos de ánimo y recordar su misión. Ahora, ¿por qué? ¿Por qué, Pablo? ¿Por qué hiciste esto? ¿De dónde sale esto? ¿Por qué no tomaste el evangelio sabiendo que ahora eras salvo, sabiendo que el Mesías había llegado y que él iba a regresar?
Ánimo en medio del sufrimiento
¿Por qué no simplemente regresaste a tu casa, tomaste tu vida, tuviste tu familia y tus hijos, hiciste tu camino normal, te compraste una casa? ¿Por qué? ¿Por qué decidiste hacer lo más difícil? ¿Por qué decidiste dar tu vida? ¿Cómo? ¿Cómo es que alguien dentro de su corazón, dentro de todas sus fuerzas, estando en la cárcel, sufriendo las penalidades de la vida, podía tener tanto ánimo y querer seguir teniéndolo, y querer seguir haciéndolo, y querer seguir cargando con toda esta iglesia, dándoles amor y ánimo, recordándoles una y otra vez el evangelio? Y es aquí en donde entra la teología de Pablo, en donde él entendía quién era Dios, cuál era el propósito de Dios, de la creación del mundo y el suyo personal, cuáles son los planes de Dios, qué es lo que quiere, hacia dónde va el mundo, de qué está hecho todo.
Pablo lo entendía: cuál es el destino, cuál es el destino final, hacia dónde va la humanidad, hacia dónde va la historia, hacia dónde va el tiempo, cuál es el destino final de nuestra vida, nuestra alma, nuestro cuerpo de la resurrección, y por qué nuestra esperanza está tan segura, por qué estamos tan firmes en la esperanza segura que nos ha dado Dios, porque eso es la fe. La certeza de lo que viene es una esperanza viva, una esperanza segura. Esa es la teología que vamos a ver durante este tiempo en las cartas de Pablo. Él también tenía claro su misión, y es que si la realidad de Dios, la teología, es igual a la realidad, el fundamento, la verdad de Dios, esta, al entenderlo, debe de provocar algo en nuestra vida que nos lleve a una misión: entender la realidad nos lleva a una misión, y Pablo lo entendía.
Pero cómo encajamos tú y yo en esto, cómo encaja la iglesia de hoy en día, cómo encajaba la iglesia de ese tiempo, cómo encaja mi vida personal y cuál es mi misión personal, esto lo vamos a ver también en las cartas de Pablo. Y, por último, esta verdad de Dios, esta realidad que provoca una misión, nos debe de llevar a cómo vivir la vida, a cómo vivir de manera práctica nuestra vida, porque la misión nos da este marco de referencia de cómo vivir. Y este marco de referencia, déjame decirte, se llama Cristo y está ejemplificado en su vida, en su muerte, en su resurrección y en su regreso, o lo que hoy llamamos el carácter de Cristo.
La vida práctica es reflejar el carácter de Cristo, que está ejemplificado en su vida, muerte, resurrección y regreso, que está motivado por una misión y que está fundamentado en la realidad teológica de Dios. Así que ya la siguiente sesión, vamos a estar viendo la teología, quién es Dios, quién es, qué hizo, y cómo podemos relacionarnos a Él.
Las citas bíblicas se reproducen como se leyeron en la clase. Video original: «Cartas de Pablo desde la cárcel — 03 - El Propósito», canal de YouTube de Daniel Lira (@danielliraserhan).