Monterrey, N.L.Maestro de la Biblia · MDiv en curso, Talbot

Clases adaptadas · Orígenes (Estudio 12:2)

Números: el libro del desierto

Dos censos, dos caminares y una decisión: ser árboles junto al río o arbustos en el desierto

Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.

Resumen

Números contrasta la fidelidad inquebrantable de Dios con la rebeldía del pueblo. Se llama así por sus dos censos, que dividen el libro en dos caminares por el desierto; la tradición judía lo llama el libro del desierto, un lugar de hostilidad, de prueba y de decisión: árboles plantados junto al río o arbustos que nunca dan fruto. Así como en Génesis dio orden a los cielos y la tierra, Dios da orden a su esposa: cuenta a los hombres listos para la guerra, aparta a la tribu de Leví y toma a los levitas en lugar de todos los primogénitos, uno a uno.

Puntos clave

  • Números contrasta la fidelidad de Dios con la responsabilidad y la rebeldía humana.
  • Dos censos dividen el libro en dos caminares por el desierto; la tradición judía lo llama el libro del desierto.
  • El desierto es lugar de prueba y de decisión: árboles junto al río o arbustos sin fruto (Jer. 17:7-8).
  • Así como ordenó la creación, Dios da orden a su pueblo: cuenta a los hombres de guerra y aparta a Leví (Núm. 1:49-50).
  • Los levitas son tomados en lugar de todos los primogénitos, un levita por un primogénito (Núm. 3:12-13).

El libro del desierto

Bienvenidos a la clase de Números. Recuerda, estamos viendo una serie de cinco clases completas llamada Orígenes, en donde estamos estudiando el origen de la humanidad, el origen de la historia de Dios y cómo ha querido revelarse para ser conocido y amado. Estamos ya en la clase número cuatro, en el libro número cuatro de cinco. Como vimos la clase pasada en Levítico, esta estructura es como una escalera en donde Dios va contando y narrando el plan y luego se involucra en él, llegando hasta la parte central, que fue Levítico, en donde da las instrucciones de estos ciclos y ritmos que mantendrían el balance entre la santidad de Dios y el llamado del pueblo.

Ahora estamos bajando un poco de esta escalera hacia el otro extremo, en donde se va a contrastar con el libro de Éxodo, el desierto al salir, cuando Dios los llama y los comienza a redimir. Y ahora vemos la contraparte: cómo el pueblo de Dios vive en una realidad de un pacto matrimonial con Dios. ¿Cómo es que lo representan? ¿Cuáles son las decisiones que toman? ¿Y cuáles son las consecuencias de estas decisiones? ¿Será que Dios los abandona por completo o simplemente se une más a ellos? Estas son preguntas que vamos a ir descubriendo en el libro de Números.

Este libro se llama Números porque hay dos censos, dos censos en donde se cuentan los números del pueblo de Israel, y estos dos censos nos van a servir como punto de anclaje para dividir el libro en dos: desde el censo 1 hasta el censo 2, y del censo 2 hacia el río Jordán, justo antes de entrar a la tierra prometida, que, recuerda, es el propósito del pueblo. Dios los había levantado como una sola nación para hacer luz a las demás naciones, y les había prometido que serían una gran nación bajo un solo Dios, con una multitud de descendientes, en una sola tierra.

Ahora, el otro nombre del libro de Números, el nombre con el que lo conoce la tradición judía, es el libro del desierto. Y esto igual va a representar la mayoría del libro. Los dos censos nos dividen la época del desierto: los primeros, que justo están en el monte Sinaí, que viven el pacto de Israel con Dios, y su caminar en el desierto. Cómo actúan, qué es lo que sucede. Y luego, del censo 2 en adelante, otro caminar en el desierto.

Pero para adelantarte un poco, el desierto de aquí en adelante representa una hostilidad al cuerpo, una hostilidad a las personas, una hostilidad al pueblo. Tú recordarás que Jesús se fue al desierto 40 días. El desierto es ese lugar en donde fue tentado. Es un lugar de hostilidad, un lugar de prueba, un lugar en donde la relación con Dios puede fortalecerse o debilitarse. Es un lugar de decisión. Seremos árboles plantados junto al río que, aunque venga la época de calor, siempre darán fruto, o seremos como arbustos raquíticos en el desierto que nunca darán fruto:

«Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto» (Jer. 17:7-8).

Esta es la decisión que está por tomar el pueblo. Y de esto se trata el libro de Números: contrastar la fidelidad de Dios con la responsabilidad humana, o simplemente con la rebeldía humana.

Abre tu Biblia

Te animo a que abras tu Biblia y que la sigas junto conmigo en estas clases. Si puedes subrayarla, circular, tener una pluma, te ayudaría bastante. Sé que algunos otros escuchan estas clases mientras están en el tráfico o en un momento donde no tienen acceso a la Biblia o a algo en qué anotar. Entonces te animo a que, después de que tengas esta sesión, en el mismo día, puedas ir a la Biblia y leer los versículos y lo que estamos platicando. Eso te va a servir de dos cosas: tu memoria va a reforzar lo que aprendiste durante la sesión, y vas a aprender a ir tú y comprobar en las Escrituras lo que se está diciendo.

No es mi objetivo ser el maestro de maestros y enseñarte cada detalle de la Palabra. Es mi objetivo poder abrir los patrones que se encuentran en la Biblia para que luego tú puedas ir a leerlos y encontrar los tesoros que están escondidos. Encontrar la voz de Dios y cómo Él quiere relacionarse contigo.

Los dos árboles y las tres caídas

Así que, iniciando, quiero recordarte justo eso. Fuimos creados por Dios para deleitarnos en Él. Somos conocidos y somos amados por Él. Y ese es el propósito por el cual hizo la creación. Vimos en la clase de Génesis que todo era bueno. Y Dios se reveló a través de la creación para una cosa: para que el ser humano lo pudiera disfrutar. Deleitarse. Compartir el deleite que es alabar su gloria. Es decir, conocerlo y amarlo.

Sin embargo, para poder conocerlo y amarlo verdaderamente tenía que haber una decisión humana en medio de esto. Así que Dios planta estos dos árboles: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Una temática que nos va a recorrer durante toda la Biblia, pero sobre todo la empezamos a ver en el libro de Números. En estas ideas el hombre cae, y cae en tres ocasiones, podríamos decir. La primera tiene que ver con la influencia de Satanás. Cuando el diablo influye en Adán y Eva, en el hombre y la mujer, toman del árbol del conocimiento del bien y del mal. Y entonces esta relación perfecta con Dios se rompe.

Ahora iba a ser más difícil obedecer a Dios. Iba a ser más difícil someternos ante Él. Deleitarnos en Él. Esa fue la primera caída, bajo la influencia de Satanás. Vimos luego que de Génesis 4 a Génesis 6 el corazón del hombre se seguía pervirtiendo hacia una cosa: sus propios deseos pecaminosos. La carne. Empezaron a dar rienda suelta a su carne y hacían toda clase de perversidades. Esta es la segunda influencia que actúa sobre el hombre. No es que nuestra carne sea mala. No es que los deseos sean malos. Dios los diseñó y todo era bueno.

Pero ante el conocimiento del bien y del mal, ahora el ser humano puede decidir hacer lo bueno con su cuerpo o lo malo con su cuerpo. El cuerpo, al final del día, es débil. Y al pueblo de Génesis 4 a Génesis 6 lo vemos entregarse a estos deseos carnales. Y de ahí en adelante, después del diluvio, vimos cómo en una torre el pueblo se pone de acuerdo. Y entonces hay una nueva influencia sobre las personas, que es el mundo. Estas tres cosas representan el reino de las tinieblas, dominado por el diablo, por la carne y por las corrientes de este mundo.

Una nueva semilla y un pacto

Sin embargo, Dios dio una promesa desde Génesis 3:15. Una promesa sumamente importante. Bloqueó la entrada al árbol de la vida, pero prometió una nueva semilla. Una nueva semilla que todo aquel que tome de ella tendrá esperanza de vida. Esta produce un nuevo árbol y produce nuevos frutos, los frutos que luego conoceremos en Gálatas como los frutos del Espíritu. En resumen, es una semilla que en lugar de muerte traerá vida. Vemos cómo Dios cubre a Adán y Eva de su pecado con el sacrificio de unos animales. Una temática importante, dado que en Levítico vemos que es a través de los sacrificios que podemos regresar a una relación correcta con Dios. Vemos que Dios luego prometió que nunca más inundaría la tierra, sino que pondría su arcoíris como señal de una restauración de la tierra.

Una temática importante nace desde la promesa a Abraham, Isaac y Jacob de darles una tierra, desde donde todo esto se extenderá y se llenará de la gloria de Dios. Y vimos cómo a Abraham le da esta última promesa: esa semilla prometida que tomará la tierra y la restaurará vendrá de Abraham, de Isaac y de Jacob. Después vimos en el libro de Éxodo este momento en el que Dios entra en un pacto con este mismo pueblo. Después de 400 años de esclavitud, lo saca y lo toma como esposa. Temática de nuevo importante que va a recorrer las Escrituras. Los toma como esposa. Se demuestra fiel y los lleva hasta esta montaña, hasta el Sinaí. De ahí vimos que Éxodo y Levítico se unen para establecer los ritmos y los ciclos.

Y cada cosa, los rituales con los que van a mantener el balance de un pueblo llamado santo, separado para Dios, que representa a Dios con la misma carnalidad, la misma influencia del mundo, las mismas cosas que pueden llegar a hacerlos caer. Es decir, este balance entre lo santo y la responsabilidad del hombre. El libro de Números, como comentábamos, es el resultado de esto. Ahora el pueblo caminará en el desierto para ir a conquistar la tierra prometida. Pero entre todo esto tendremos que ver de qué árbol toman: de la confianza en el Señor o de su propio conocimiento, cayendo en las influencias del mundo, de Satanás o de sus propios deseos.

La estructura del libro

El libro de Números, si lo tienes ahí abierto, se divide en dos censos y dos caminares por el desierto. Del capítulo 1 hasta el capítulo 10 vamos a ver el primer censo. Después de esto, del 11 al 21, vemos el caminar en el desierto de las personas contadas en este censo número 1. Luego hay una interrupción en donde Dios recalca sus promesas. Es como si en medio de todo el pecado, en medio de todo lo que está pasando, viéramos la perspectiva de Dios y cómo Dios va a ser fiel a su pacto, a su plan, a la tierra, a la humanidad. Y da una nueva oportunidad, así como dio una nueva semilla, ahora a través de una nueva generación. Así que los capítulos 22 al 24 son esta perspectiva de Dios desde un punto más alto. Y de ahí continuamos, del 25 al 33, viendo el nuevo censo y el caminar en el desierto de esta nueva generación que está a punto de tomar la tierra prometida.

Así que, ¿qué es lo que vemos en el censo número 1? ¿Qué es lo que sucede y por qué es importante el tema del censo? Luego nos perdemos en los números, en contar, en los detalles, y nos preguntamos: ¿esto cómo aplica para mí?

Dios da orden a su pueblo

Pero es que cada una de las cosas, recuerda, nos da una perspectiva de quién es Dios. Nos revelan quién es Dios. Así como en Génesis 1 Dios dio orden a los cielos y a la tierra en seis días, así comienza y toma a su pueblo, a su pueblo amado, a su esposa, y le da orden. En los matrimonios basados en la Biblia, la ley habla de cómo un hombre recién casado debe esperar al menos un año antes de poder salir a la guerra (Dt. 24:5). De la misma manera, tú puedes ver en Números 1 que el Señor habla a Moisés. ¿Cuándo?

«El Señor habló a Moisés en el desierto de Sinaí, en la tienda de reunión, el primer día del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto» (Núm. 1:1).

En el segundo año de su salida de la tierra. Un mes antes, en el Sinaí, habían celebrado la Pascua (Núm. 9:1-5). ¿Recuerdas la primera Pascua? ¿Cuándo sucedió? Sucedió cuando salieron de Egipto. Esta es la segunda. ¿Y qué es lo que está sucediendo en ese momento? Que Dios toma y da orden a un pueblo desordenado. Es el pueblo de Dios. Hay un pacto de Dios, pero son personas que han vivido toda su vida, 400 años, como esclavos.

Y ahora están a punto de cumplir la misión para la cual Dios los llamó: vayan y tomen posesión de la tierra. Pero antes de comenzar, hay un orden que va a establecer. Lo primero que hace es contar a cada uno de los hombres que están capacitados o en edad para ir a la guerra. Y tú puedes ver todo Números 1. Es este momento donde los cuenta. Está contando y está diciendo: en la tribu de Rubén, 46,500; en la tribu de Simeón, 59,300; en la tribu de Gad, 45,650. Y así se va con cada una de las tribus, excepto la tribu de Leví.

La tribu de Leví, aparte

Vamos a tomar el tema de la tribu de Leví aparte, porque es sumamente importante. Los levitas, dice el versículo 47, no fueron enumerados según la tribu de sus padres, porque el Señor había dicho:

«Solamente la tribu de Leví no enumerarás, ni los contarás con los israelitas; sino que pondrás a los levitas a cargo del tabernáculo del testimonio» (Núm. 1:49-50).

Vamos a llegar a ese punto pronto. Igual que en Génesis: Génesis da el detalle primero de cómo da orden a la tierra, pero en el segundo capítulo parece que nos cuenta lo mismo, pero está dando más detalles de algo que es sumamente relevante. Igual Números 2 nos habla, parece, de lo mismo, pero ahora nos da detalles. No solo es cómo los vas a contar, sino cómo los vas a acomodar. Y cada una de estas cosas es importante y va a revelar algo del Señor.

Así que vemos que está el primer censo. Cuenta a quienes están listos, a quienes salieron, y los empieza a llamar: si están listos, vamos a ir y vamos a caminar. Hace un censo de las personas y luego hace un censo de los levitas. ¿Por qué los toma aparte? ¿Por qué no los cuenta? Vamos al capítulo 3, desde el versículo 11. El Señor dijo además a Moisés:

«Yo he tomado a los levitas de entre los israelitas en lugar de todos los primogénitos, los que abren el seno materno de entre los israelitas. Los levitas, pues, serán Míos. Porque Mío es todo primogénito; el día en que herí a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, consagré para Mí a todos los primogénitos en Israel, desde el hombre hasta el animal. Míos serán; Yo soy el Señor» (Núm. 3:12-13).

¿Recuerdas Éxodo? Aquí mismo Dios se lo recuerda: consagré, compré, obtuve, separé para mí a todos los primogénitos de Israel. Míos serán. Yo soy Adonai, yo soy el Señor, yo soy Yahvé. Hay una temática principal en los levitas, y está unida completamente a la temática de los primogénitos. Vimos que iba a haber un nacimiento. Una semilla que iba a nacer.

Un levita por un primogénito

Pero luego vimos cómo Isaac, por ejemplo, fue entregado y sustituido. Y luego vimos cómo, antes de la salida de Egipto, Dios compró a través de la sustitución sacrificial de un cordero a todos los primogénitos de Israel. Ahora lo está recalcando y diciendo: los levitas toman el lugar de los primogénitos, de los que abren el seno materno. Y van a ser redimidos esos primogénitos no por un cordero, sino por una persona, uno a uno, un levita por un primogénito.

Y por lo tanto vemos de nuevo el orden. Otra vez, en los detalles se nos pueden escapar las cosas. Se pasa de una serie de familias que se juntan como doce diferentes tribus unidas, a un pueblo de Dios ordenado. Que tiene un orden. En donde ahora no son los primogénitos de cada familia los que se dedican al tabernáculo, sino que son los levitas, que se encargan a favor de todo el pueblo. El sacerdote representa a todo el pueblo. Los levitas representan a todo el pueblo, y están separados a favor de todo el pueblo.

Vemos cómo entonces estamos pasando de un pueblo desordenado a una nación ordenada por Dios. Y vas a ver que en el centro de ellas, cuando lees Números 2, va el arca. La presencia de Dios. En la siguiente sesión quiero explorar algo rápidamente: una perspectiva, desde arriba hacia abajo, del campamento de Dios.

Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.

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