Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.
Resumen
Las fiestas identifican a Israel como nación santa, llamada a irradiar a las naciones dispersadas en Babel. Las Trompetas, con el shofar, anunciaban como las plagas que se acercaba el tiempo: tiempo de arrepentimiento antes del juicio. En el Día de la Expiación el sumo sacerdote tomaba dos machos cabríos, uno sacrificado y otro expiatorio, y una vez al año todo el pueblo podía volver a empezar: la ley es fácil de cumplir corporativamente. En los Tabernáculos salían de sus casas a vivir en enramadas: esta no es tu casa. Y el octavo día apunta a la eternidad con Dios en una creación buena otra vez.
Puntos clave
- Las fiestas identifican a Israel como nación santa, llamada a llamar de vuelta a casa a las naciones.
- Las Trompetas anuncian que se acerca el tiempo: arrepentimiento antes del día del juicio.
- En el Día de la Expiación, dos machos cabríos: uno sacrificado y otro enviado al desierto (Lev. 16:8-10).
- En los Tabernáculos viven siete días en enramadas: esta no es tu casa (Lev. 23:42-43).
- El octavo día apunta a habitar con Dios en una creación buena otra vez (Lev. 23:36).
Las fiestas, señal de una nación santa
Vimos las primeras cuatro fiestas, y continuaremos con las siguientes tres, solo con un pequeño recordatorio. Estamos viendo que las fiestas también son un sacramento: un recordatorio al pueblo, algo que les recuerda, que les apunta, que les revela la realidad de que son una nación santa. Estas fiestas son para el pueblo de Israel. Son fiestas que ellos festejan, que los santifican a ellos, que los separan a ellos, que los identifican a ellos.
¿Recuerdas por qué? Algo falló en Babel. Las naciones, el pueblo, la gente se unió para hacer una torre, y Dios los dispersó entre las naciones. Y Dios escogió a Israel como una nación separada, santa, y la instituyó para que entonces ellos irradiaran la gloria de Dios. Cada una de estas fiestas nos habla de la realidad de Dios, pero el hecho de que Israel las celebre es Israel cumpliendo su misión de irradiar a las demás naciones y llamarlas de vuelta a casa.
La última fue Pentecostés. ¿La recuerdas? Es el momento en el que se entrega la ley. Pero nos habla también de por qué se le entregó la ley. ¿Por qué esta nación tiene una ley? Porque es una nación construida por Dios. Es la nación de Dios, diferente a las demás naciones. Y la ley que se les entrega, todo esto que estamos leyendo, la separa. Es su constitución: este es Israel. Así es como te relacionas con Dios. Así es como funcionas dentro de la tierra que yo te voy a dar. Esto es lo que harás. Y escatológicamente, este último Pentecostés nos habla del día en el que la ley estará en nuestros corazones, en los corazones de todos. Es decir, el momento en el que solo habrá una ley, en el que todas las naciones regresarán a casa. Es la restauración de Babel.
Quinta fiesta: las Trompetas
Las siguientes tres, que suceden en otoño, comienzan con la fiesta de las Trompetas. Cuando yo me la imagino, me imagino una de esas trompetas amarillas. Pero la realidad es que es un shofar judío. Recuerda, es para el pueblo judío. Esto no significa que entonces debamos agarrar un shofar y comenzar a tocarlo. No, no. Es para el pueblo judío.
¿Qué les recuerdan las trompetas? ¿Cuál es el arraigo histórico detrás? Una vez más volteamos a ver el Éxodo. Ya no las cuatro promesas que Dios cumplió, que vimos en las primeras fiestas, sino que ahora nos está recordando la realidad espiritual, por decirlo de una manera, la realidad de Dios detrás de ello y de cómo Él interviene. Las trompetas anunciaban, como cada una de las plagas, que se acerca el tiempo de la expiación. Anunciaban el hecho de que Dios dijo: yo te sacaré. Y a través de una serie de plagas anunció ese momento.
El festejo de las trompetas se repite anualmente de esa manera. Es un tiempo de anuncio, un tiempo en el que se detienen y recuerdan el día del juicio. Hay un día en el que Dios pondrá fin a todas las cosas y las restaurará. Pero aquel que se una a Él irá con Él al reino de los cielos, y aquel que no será desechado. Por lo tanto, las trompetas son este tiempo de reconocimiento de pecado, de duelo, de arrepentimiento, que prepara para la siguiente fiesta.
Escatológicamente, esto nos apunta a los anuncios que Dios da a través de Israel, a través de la naturaleza, a través de todo, donde nos anuncia: se acerca el día. Los profetas toman de ello el día del Señor. Apocalipsis toma de ello para anunciar lo que viene hacia el fin. Entonces las trompetas finales, así como en el Éxodo anunciaban la venida del Señor para sacarlos, anuncian la venida del Señor para redimirnos por siempre.
Sexta fiesta: el Día de la Expiación
Pero nos llevan a la siguiente fiesta, el Día de la Expiación. Es un momento en el que el sumo sacerdote tomaba dos machos cabríos. Uno de ellos sería el chivo sacrificado y el otro sería el chivo expiatorio:
«Aarón echará suertes sobre los dos machos cabríos, una suerte por el Señor, y otra suerte para el macho cabrío expiatorio. Luego Aarón ofrecerá el macho cabrío sobre el cual haya caído la suerte para el Señor, haciéndolo ofrenda por el pecado. Pero el macho cabrío sobre el cual cayó la suerte para el macho cabrío expiatorio, será presentado vivo delante del Señor para hacer expiación sobre él, para enviarlo al desierto como macho cabrío expiatorio» (Lev. 16:8-10).
Está arraigando todos los sacrificios en uno solo, en un momento anual, en donde la culpa se ha reunido, el pecado se ha reunido. Ahí está el atrio, está el lugar santísimo, el tabernáculo de Dios, profanado por el pecado del pueblo. Y entonces toma los dos sacrificios finales de los que hablamos: el sacrificio de la purificación o del pecado, y el sacrificio de la transgresión. Una vez al año le dice al pueblo: juntarás dos chivos. Uno de ellos será el sacrificado para purificar el templo de Dios, y el otro será el chivo expiatorio que cargará la transgresión del pueblo y será echado al desierto.
Así que una vez al año, todos los sacrificios de los que hablamos, que no podías hacer cuando no había comunión con Dios, el sumo sacerdote los hacía en un solo sacrificio, y ese sacrificio permitía que todo el pueblo pudiera regresar con Dios y volver a ofrecer su vida como un sacrificio de aroma agradable al Señor. Ofrecerse para que toda buena obra sea hecha para el Señor, y ofrecerse como una comunidad, una comunión, una plenitud y un contentamiento. Regresar a casa una vez al año. De eso se trata el Día de la Expiación.
Les recuerda cuando el Señor los expió de sus pecados, los limpió, los sacó, todo el Éxodo. Pero les recuerda cada año: volver a empezar, volver a empezar, volver a empezar. Y escatológicamente nos habla de ese día en el que nuestros pecados ya no serán contados, dejarán de existir, y todo será hecho nuevo.
Es la gracia de Dios para el pueblo. La ley es fácil de cumplir. Hay veces que repetimos muchas veces: es imposible. Claro que es imposible de manera individual. Los fariseos querían aplicarla de manera individual, y eso era imposible y siempre será imposible. Pero corporativamente, como era la intención, es fácil de cumplir, porque una vez al año podías restaurarlo todo. Les recuerda la gracia detrás de la ley.
Séptima fiesta: los Tabernáculos
Y por último, la fiesta número siete: la fiesta de los Tabernáculos o fiesta de las Enramadas.
«Habitarán en tabernáculos por siete días; todo nativo de Israel vivirá en tabernáculos, para que sus generaciones sepan que Yo hice habitar en tabernáculos a los israelitas cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy el Señor su Dios» (Lev. 23:42-43).
Esta fiesta les está recordando este tiempo en el desierto que están a punto de vivir, en donde el tabernáculo era temporal. Cada vez que se querían mover tenían que desarmar el tabernáculo, hacer una serie de cosas para caminar y volver a armarlo. Desarmaban, armaban. Es decir, vivían en una tierra que no era suya, en una tierra temporal, en una casa temporal. Les recuerda ese hecho histórico.
Y cada vez que lo celebran, lo que literalmente hacen es esto: las casas que tienen, por más hermosas que sean, por siete días las dejan, y arman casas con enramadas, por eso se llama la fiesta de las Enramadas. Con ramas. Es decir, casas imperfectas y temporales que dejarán pasar el sol, el frío, la lluvia, lo que sea necesario para recordarle al pueblo: esta no es tu casa. No te acomodes tanto. Esta no es tu casa. Durante el tiempo en el desierto les recordaba: hay una tierra prometida. Y ya en la tierra prometida, salían de sus casas para humillarse ante Dios una vez más. Eventualmente, ¿a qué nos apunta? Al día en el que Dios descenderá y vivirá entre nosotros una vez más.
El octavo día
Ahora, dentro de todo esto, les dije que había una octava fiesta. Esta octava fiesta realmente no es oficial como tal; sin embargo, es el octavo día. Tú puedes ver que los sacerdotes iniciaron sus funciones en el octavo día. Esta fiesta nos habla también de esta nueva realidad. Dice el versículo 36:
«Durante siete días presentarán al Señor una ofrenda encendida. El octavo día tendrán una santa convocación, y presentarán al Señor una ofrenda encendida; es asamblea solemne. No harán trabajo servil» (Lev. 23:36).
Hay un octavo día. Y este octavo día habla del momento en el que Dios sí vivirá entre nosotros, pero vivirá entre nosotros en una tierra y unos cielos que una vez más serán buenos. Donde todo será bueno. Donde podremos conocerlo, amarlo, convivir con Él y estar con Dios en la eternidad, en un deleite increíble. Comiendo del mango más dulce y de la fruta más exquisita. Caminando, platicando y amando como Dios lo diseñó.
Todo apunta a Cristo
Hay una sesión más que quisiera que tuviéramos, en donde quiero platicarte cómo todo esto apunta a Cristo. La intención de estas clases de Orígenes, y a veces es difícil para mí, es tratar de no extenderme más allá de la Torá, más allá de los primeros libros. Pero todo esto, recuerda, es un anuncio que hace eco a través de la historia de Israel con los profetas, hace eco a través de los apóstoles y nos apunta a una realidad: que Cristo vino y que Cristo regresará. Cada fiesta nos habla. Es un sacramento, una señal que representa algo espiritual y divino, que es la gracia de Dios dada. Y Cristo Jesús es el mayor de ellos.
En la siguiente sesión vamos a descubrir cómo todo esto, en conjunto, nos habla de la persona y la obra de Cristo en su primera y su segunda venida.
Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.