Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.
Resumen
La serie Orígenes recorre el Pentateuco, cinco libros que funcionan como uno solo, y Génesis pone las bases: en él ya está el evangelio. En el principio, Dios crea todo bueno, no porque lo necesite, sino para darse a conocer. El clímax de la creación es el ser humano, hecho a su imagen para conocerlo, amarlo y disfrutarlo, para relacionarse, dar vida y administrar la tierra. Que Dios busque ser alabado no es egoísmo: lo alabamos porque nos deleitamos en su servicio. Y en el huerto, dos árboles presentan la decisión de siempre: depender de Dios o definir por nuestra cuenta el bien y el mal.
Puntos clave
- Orígenes estudia el Pentateuco: cinco libros que funcionan como uno solo, y Génesis es la portada que pone las bases; en él ya está el evangelio.
- Dios es el origen de todo; no creó por necesidad, sino para darse a conocer, y todo lo que hizo era bueno.
- El ser humano es el clímax de la creación: hecho a su imagen para conocer, amar, disfrutar e irradiar a Dios.
- Dios no es ególatra al buscar alabanza: lo alabamos por el deleite de su servicio, como a un chef por su comida.
- Los dos árboles presentan la decisión de siempre: depender de Dios o definir por nuestra cuenta lo bueno y lo malo.
La mayor aventura de todas
Bienvenido a Orígenes. En esta serie estudiamos el Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia, La serie consta de cinco clases, y cada una trata de uno de ellos. El objetivo, como lo dice su nombre, es descubrir los orígenes: ir a la palabra de Dios y ver cuál es el origen de todas las cosas, qué creó Dios, para qué lo creó, por qué existimos y para qué existimos. Y, sobre todo, ir echando los fundamentos correctos para entender los patrones y las temáticas que se van hilando a lo largo de toda la Biblia.
Toma tu Biblia. Yo estaré leyendo de la NBLA, pero puedes usar la versión de tu preferencia. No vamos a ver cada detalle; la intención es tomar la temática que se va a ir desenvolviendo a través de la Biblia. Partimos de aquí: la palabra de Dios contiene la verdad. Y sabiendo que es la verdad, así es como la leemos y como nos acercamos a ella.
Cinco libros que funcionan como uno solo
- Génesis. En Génesis encuentras todo el evangelio. Muchas personas me preguntan cuál es el evangelio. Eventualmente sí, tenemos que llegar a Jesús, pero la buena noticia de que Dios viene a restaurar todas las cosas ya la encuentras en Génesis.
- Éxodo. Entendemos el rol de Dios dentro de la creación: no es un Dios distante, sino como un novio, como un rey que viene a conquistar, a atraer a su pueblo y a llevarlo a un destino.
- Levítico. Yo sé que a veces queremos huir de él o se nos hace difícil entenderlo. Vamos a ver cómo la ley habla de la gracia de Dios.
- Números. Veremos la fidelidad de Dios. Aun cuando el pueblo escogido cae una y otra vez en rechazarlo y alejarse, Dios siempre es fiel y siempre seguirá siendo fiel.
- Deuteronomio. Es lo que eventualmente se conoce como la ley. Hay quien piensa que es Levítico, pero se cree que el libro de la ley al que hacen referencia otros libros, como Esdras y Nehemías, es Deuteronomio.
Estos cinco libros funcionan como si fueran uno solo. Génesis es la portada, la introducción, el que pone las bases. Éxodo, Levítico y Números son el desarrollo de la historia, una invitación a entender cómo es Dios. Y Deuteronomio es la conclusión: recapitula lo que se dijo, lo pone en contexto y lo proyecta a la siguiente generación.
Si es la primera vez que tienes una Biblia en tus manos, o si ya tienes tiempo en el Señor leyendo las Escrituras, quiero decirte que esta es la mayor aventura de todas. Dios te invita a conocerlo, a relacionarte con Él, a deleitarte en su gloria y en cada uno de sus atributos, a descubrir los tesoros que están en su palabra para que te parezcas cada vez más a Él, para que estés con Él y para que lo irradies. Ese es el objetivo de la palabra. Bienvenido a esta aventura de conocer y amar a Dios, porque tú ya eres conocido y amado por Él.
En el principio, Dios
La aventura inicia donde todo inicia: en el principio. ¿De dónde vienen todas las cosas? ¿Por qué fueron creadas? ¿Por qué fue creado el ser humano? ¿Para qué existo? ¿Cuál es mi rol? Son preguntas que los filósofos han tratado de responder y a las que muchas religiones dan sus versiones. Pero tú y yo tenemos la palabra viva y eficaz, la verdad que nos dejó el Señor para darnos a conocer estas respuestas y mucho más.
Por el diseño de esta clase no vamos a ir versículo por versículo ni a desglosar las palabras en hebreo, aunque me encanta ir profundo. Lo que quiero es enseñarte a descubrir los patrones de la palabra de Dios, para que tú mismo indagues y persigas los tesoros que Dios tiene para ti. Es completamente diferente cuando tú encuentras algo en la palabra, cuando Dios te habla, que cuando lo escuchas de alguien más.
«En el principio Dios creó los cielos y la tierra» (Gén. 1:1). ¿Cuál es el origen de todas las cosas? Dios. Él existe en sí mismo, en la Trinidad, un tema que veremos más adelante: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios que se deleita en quien es. Él no necesita nada. No creó los cielos y la tierra para resolver una necesidad; ya estaba ahí, gozándose, pleno, completo. Yo me imagino una conversación: “Hagamos algo que irradie nuestra gloria, algo que nos represente, algo hermoso”.
«Entonces dijo Dios: “Sea la luz”. Y hubo luz. Dios vio que la luz era buena» (Gén. 1:3-4). Y este patrón se repite durante seis días. Dios llama a la expansión cielos; a lo seco, tierra; al conjunto de las aguas, mares. Hace brotar la vegetación, pone lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, llena las aguas de seres vivientes y los cielos de aves, y hace salir de la tierra a los animales. Y cada vez, sí, adivinaste: Dios vio que era bueno. Te invito a leer el capítulo completo para ir llenando los detalles.
El énfasis es que Dios creó todo, y que en su diseño original todo es bueno. Absolutamente todo. Y cada cosa que creó lo refleja a Él: su perfección y su hermosura.
El clímax de la creación
En el sexto día, con los cielos, la tierra, la vegetación y los animales ya terminados, llegamos al clímax, a la razón de toda la creación: «Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza”» (Gén. 1:26). «Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Gén. 1:27). «Dios los bendijo y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”» (Gén. 1:28). Y al final del día seis: «Dios vio todo lo que había hecho; y era bueno en gran manera» (Gén. 1:31).
¿Para qué crea todo esto? Para poner al hombre en su creación, hecho a su imagen y semejanza: capaz de conocer a Dios, de disfrutarlo y de irradiarlo. El objetivo tiene dos partes. La primera: Dios hace todo bueno para darse a conocer.
A mí me encanta el mango. Lo que no me gusta es que no lo sé escoger. Cuando compro uno, oro: “Por favor, Señor, que este mango sea dulce”. Y a veces sí lo está. Lo que me imagino en la creación original es que todo mango, en todo momento, era dulce y deleitable, porque lo representaba a Él.
Pero si no hubiera nadie que pudiera disfrutarlo, de nada serviría. Esa es la segunda parte: creó al hombre para darse a conocer a una criatura capaz de conocerlo, de amarlo, de deleitarse en su creación y, sí, de alabarlo.
¿No es egoísta que Dios busque ser alabado?
Mucha gente me pregunta: “¿Eso no hace a Dios ególatra, como alguien que hace todo para que lo vean?”. Creo que esa idea viene de este mundo corrupto, donde muchos buscan vanidad y aplausos vacíos. Dios no lo hace así.
Piénsalo: toda persona que es reconocida y aplaudida, en realidad lo es por su servicio a otros, por el deleite que produce en otros. Un chef no es alabado por sus malabares ni por ser muy inteligente, sino por la comida que prepara y sirve. Tomas el primer bocado, dices “esto es increíble”, y quieres felicitar al chef. Ahí vienen los aplausos y las estrellas, pero la razón es que provocó deleite en otros. Lo mismo con un artista: frente a su obra no analizas la técnica del pincelazo; te provoca una emoción. O con un deportista: provoca que familias enteras se reúnan el domingo, pongan la mesa y se apasionen.
A eso se refiere que Dios busque ser alabado. Cuando lo conocemos verdaderamente, la única reacción posible es un deleite tan profundo que produce alabanza. Alabar a Dios no es más que conocerlo y amarlo porque he recibido el deleite de su servicio. Es raro pensarlo, pero el Dios Todopoderoso creó los cielos y la tierra para ponerte a ti en un jardín, para que pudieras disfrutarlo y conocerlo. Este es nuestro propósito.
Y esto va a dirigir toda nuestra vida. Sin necesidad de crearnos, nos creó a su imagen. No necesita nuestras alabanzas, ni nuestros sacrificios, ni nuestras oraciones; tenemos el privilegio de alabarlo, conocerlo y caminar con Él. Nos hizo capaces de estar con Él, de ser como Él y de hacer lo que Él hace.
Hechos a su imagen: relación, vida y gobierno
Génesis 1 detalla toda la creación y termina con el hombre. Génesis 2 parece contar otra vez la historia, pero en realidad es el detalle del clímax: el hombre y la mujer, creados para caminar con Dios, estar con Dios, disfrutarlo e irradiarlo.
¿En qué sentido somos “iguales” a Dios, entre comillas? Por eso la Biblia dice a su imagen y semejanza:
- Relacionales. Varón y hembra los creó para relacionarse entre sí: primero el hombre y la mujer, y eventualmente todos nosotros.
- Para dar vida. Lo primero que les dice es: “Sean fecundos y multiplíquense”. Dios, en su naturaleza, crea y da vida. Así, el hombre y la mujer están hechos para traer vida, ya sea literalmente, cuando tenemos bebés, o en el sentido de la misión, cuando acompañamos a alguien a pasar de muerte a vida, a llegar a su Salvador y ser trasladado al reino de Dios.
- Para gobernar. Les da una función que replica la de Dios: ejerzan dominio, administren la tierra. ¿Qué significa? Tendríamos que ver qué significa para Dios: sirvan a la tierra, provoquen deleite en ella, apunten a Dios, hablen de Dios. “Administren los animales, los peces, la vegetación: es mía, yo la hice, y esta es su función”.
Recapitulemos. ¿De dónde vienen todas las cosas? La Biblia abre diciendo que Dios creó todas las cosas; esta es la verdad principal. ¿Para qué? Para darse a conocer, para que su gloria, el peso y la hermosura de quién es, se reflejara en la creación. ¿Qué es el ser humano? Un ser creado con la capacidad de conocer y amar a Dios.
Dos árboles y una decisión
Para entender qué salió mal, por qué hoy hay corrupción, enfermedad, dolor, lágrimas y muerte, tenemos que ver que Dios puso a Adán y a Eva en un huerto. Génesis 2 nos detalla que primero formó al hombre del polvo, lo puso en el jardín, y ahí creó a la mujer. Y les dio la tarea de ejercer dominio: de alguna manera, ese pequeño jardín debía replicarse sobre toda la tierra como una habitación perfecta y gloriosa para toda la humanidad.
Pero el ser humano tenía que hacerlo por voluntad propia. Dios le dio la capacidad de escoger: gobernar debajo de Dios, como Él quiere, o gobernar en sus propios términos. Y para eso plantó dos árboles: «El Señor Dios hizo brotar de la tierra todo árbol agradable a la vista y bueno para comer. Asimismo, en medio del huerto, hizo brotar el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal» (Gén. 2:9). Y le ordenó al hombre: «De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás» (Gén. 2:16-17).
Este es el primer patrón que vamos a encontrar. La humanidad siempre se encuentra ante dos decisiones: el camino de la vida, que es escuchar a Dios, agradarlo y caminar con Él; o el camino de la independencia, de separarnos de Dios. Eso representa el segundo árbol. Fíjate: no es “el árbol del bien y del mal”, sino del conocimiento del bien y del mal. Dios le estaba diciendo a Adán: “Tu tarea es llenar la tierra de mí, y hacerlo basado en que estás conmigo y me conoces. Pero te doy una voluntad: puedes escogerme y escoger la vida, o puedes escoger la muerte, que es definir y actuar según lo que tú consideras bueno y malo”.
Vas a ver esta idea repetirse en Josué, en Jueces y en Reyes, donde los gobernantes tenían que decidir si hacer lo bueno según Dios o según su propio criterio. El libro de Jueces termina justamente así: «En esos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus propios ojos» (Jue. 21:25).
Para deleitarte en la creación y conocer a Dios, tienes que poder decidir hacerlo. Adán tiene esa decisión, Dios crea a Eva, la pone en el jardín y les dice: “Comiencen a vivir”. En la siguiente sesión veremos qué decidieron, que creo que ya lo sabes: cómo lo hicieron, qué provocó, cómo reaccionó Dios y cómo eso va definiendo quiénes somos, qué hacemos y para qué existimos.
Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.