Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.
Resumen
Antes de leer la Biblia necesitamos saber qué tenemos en las manos. No es una novela ni un libro dictado por un ángel: son sesenta y seis libros, escritos por muchos autores a lo largo de miles de años, con un solo mensaje. Es verdad porque es la palabra de Dios, su aliento, y Dios nos la dejó para revelarse, para ser conocido y amado. Su revelación máxima es Jesús, la palabra encarnada. El Antiguo Testamento, que en la época de Jesús se llamaba el Tanaj, es el trayecto que nos lleva a Él y tiene tres partes: la Torá revela el carácter de Dios, los Profetas su plan y los Escritos su gloria.
Puntos clave
- La Biblia no es una novela ni un libro dictado: son 66 libros escritos a lo largo de miles de años, con un solo mensaje.
- Es verdad porque es la palabra de Dios: «Toda Escritura es inspirada por Dios» (2 Tim. 3:16), el aliento de Dios en la personalidad de cada autor.
- Dios nos dejó su palabra para revelarse, para ser conocido y amado; su revelación máxima es Jesús, la palabra encarnada.
- El Antiguo Testamento (el Tanaj) es el trayecto que nos lleva a Jesús, y Jesús nos ayuda a entenderlo: son dos llaves.
- El Tanaj tiene tres partes: la Torá revela el carácter de Dios, los Profetas su plan y los Escritos su gloria (5 + 21 + 13 = 39 libros).
Lo que la Biblia dice de la Biblia
Hoy no voy a tocar evidencias externas; eso lo hago en otra clase, La Biblia es la verdad, donde comparto parte de mi testimonio. Hoy me quedo con lo que la Biblia dice de sí misma: por qué es la verdad, cómo se forma y qué tiene tu Biblia. Y quiero rescatar el amor al Antiguo Testamento, que es lo que menos leemos. Lo tratamos como el iPhone: ¿para qué quiero el 15 si ya salió el 16? Con la Biblia no funciona así.
¿Qué clase de libro es la Biblia?
La Biblia es un texto histórico, no una novela. Tampoco es como el Libro de Mormón o el Corán, que dicen haber sido dictados por un ángel a una persona. Se fue juntando poco a poco durante miles de años: es un libro, pero son muchos libros. La Biblia cristiana tiene sesenta y seis; la católica tiene más. Y todos tienen un solo mensaje, desde Génesis hasta Apocalipsis.
Eso, por sí mismo, prueba que es la verdad. Es muy difícil que muchos autores, en épocas distintas y con estilos distintos, concuerden en un mismo mensaje. Una serie de novelas como El Señor de los Anillos o Narnia la escribe un solo autor que con toda la historia en la mente, y ni así queda tan perfecta como la Biblia. Al mismo tiempo, cada libro funciona por sí solo; pero mientras más adelante vas, menos entiendes si no tienes lo anterior.
¿Es históricamente confiable?
Sí. Es el texto antiguo con más copias en el mundo. Cuando llegué a Cristo, yo preguntaba: “¿Por qué me enseñaron de Alejandro Magno en la primaria, con mucha menos evidencia escrita, y de Jesús no?”. El Jesús histórico es verificable, y también sus milagros: los judíos que no creyeron en el evangelio escribían que había “un brujo que sana enfermos”. Tratando de negar los milagros, los confirman.
Pero el punto de hoy es otro: la Biblia es verdad porque es la palabra de Dios.
¿Qué significa que sea inspirada por Dios?
Pablo le escribe a Timoteo: «Toda Escritura es inspirada por Dios» (2 Tim. 3:16). Inspirada es el aliento de Dios: la esencia de Dios puesta en palabras.
Dios se ha asociado con el hombre: escogió a personas como tú y como yo, en contextos históricos reales, para escribirla. Pero lo que escribieron no es de inspiración propia; es el aliento de Dios impreso en la personalidad de Moisés, de Jeremías, de Juan o de Mateo.
¿Para qué nos dejó Dios su palabra?
Para revelarse a sí mismo, para ser conocido y amado. No es una lista de reglas ni un “manual de vida”. Si lo fuera, te diría cómo cepillarte los dientes y qué comer. Su propósito es revelar su carácter.
Dios se revela desde «En el principio» hasta Apocalipsis, que significa quitar el velo: la revelación final de Jesucristo en toda su gloria.
Imagina que un amigo te quiere presentar a alguien y te lo describe: alto, inteligente, con camisa azul. Tú estudias la descripción, pero nunca te sientas con esa persona. No sirve de nada. Tienes que sentarte a conocerla, y al conocerla, amarla. La manera que Dios nos dejó para eso es la Biblia.
Jesús, la palabra hecha carne
La revelación más tangible de Dios es Cristo encarnado. Dios Hijo tomó un cuerpo como el tuyo, fue tentado como nosotros y nos mostró su carácter. ¿Cómo es Dios? Mira a Jesús.
Juan le llama a Jesús el Verbo, la palabra. Génesis empieza: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra» (Gén. 1:1). Y Juan escribe: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Jn. 1:1). Ese Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn. 1:14).
En Apocalipsis, Juan ve a Jesús, y «de Su boca salía una aguda espada de dos filos» (Apoc. 1:16). Y Hebreos dice que la palabra de Dios es «más cortante que cualquier espada de dos filos» (Heb. 4:12): penetra hasta el alma y te cambia por completo. Si queremos conocer a Jesús, tenemos que conocer la palabra.
Ojo: el objeto no es sagrado. Si tu Biblia se cae, Dios no se enoja; lo que es palabra de Dios es su contenido. Los musulmanes besan el Corán porque creen que el libro mismo es la palabra de Dios: lo que para nosotros es Jesús, para ellos es el Corán. Para nosotros, la Palabra es Jesús, y Él dejó impreso su carácter en la Biblia.
Pablo, preso y después de años de ministerio, les escribe a los filipenses que quiere conocer a Cristo (Fil. 3:10). Si tú también quieres conocerlo, tienes que conocer la Biblia. Dios, que habló «a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo» (Heb. 1:1–2). Su idioma es Jesús.
El Antiguo Testamento: el trayecto hacia Jesús
Todo el Antiguo Testamento es el camino que nos lleva a Jesús. Ayer manejé de Torreón con mi esposa y mis dos hijas. Yo solo quería llegar, pero hubo momentos muy bonitos en el camino; si se me olvida a quién llevo, voy frustrado y enojado. El Antiguo Testamento es ese trayecto que tenemos que aprender a disfrutar. El destino es Jesús, pero si solo piensas en el destino, te pierdes el camino. Y una vez que llegas, el Nuevo Testamento cuenta cómo respondimos a Él y nos revela el destino final: el regreso de Jesús y la resurrección de todos.
¿Cómo sé que lo que tengo en mis manos es la palabra de Dios?
¿Has intentado leer la Biblia en un año? Génesis y Éxodo están padres, pero llegas a los sacrificios de Levítico y a las genealogías de Números, y lo dejas: “Mejor leo Juan”. Y Juan también es raro. Cuando recién llegué a Cristo, me dijeron: “Lee Juan 1”. ¿Quién es el Verbo? Le escribí a Walo, que era el pastor de jóvenes antes que yo, y él me explicó que el Verbo es Jesús.
Tenemos que estar seguros de que lo que leemos sí es la palabra de Dios, porque la fe no es ciega: es «la certeza de lo que se espera» (Heb. 11:1). Los mormones tienen profetas, y lo que dice el profeta, eso es. Con nosotros no es así. Necesitamos certeza de que lo que leemos es lo que Dios exhaló. Y esa certeza empieza por saber qué es la Biblia y qué dice: sus libros y su organización.
¿Por qué hoy no le voy a llamar “Antiguo Testamento”?
Nuestra Biblia tiene sesenta y seis libros en dos porciones: Antiguo y Nuevo Testamento. Así se va a seguir llamando. Pero solo por hoy, por razones didácticas, le quito el nombre de “Antiguo”. En realidad se llamaba el Tanaj.
Durante casi los primeros trescientos o cuatrocientos años, los cristianos no usaban el término Antiguo Testamento; los primeros creyentes, que eran judíos, y los padres de la iglesia lo veían todo como una misma continuación. Después se habló de lo viejo y lo nuevo por temas de canonicidad.
Aquí está el error: testamento significa pacto, y en la Biblia hay varios pactos. Hablamos de “la época del antiguo pacto” y “la época del nuevo pacto” como si no fueran lo mismo. Es la continuación de una misma historia.
En la época de Jesús, el Tanaj estaba dividido en tres: la Torá, los Neviim y los Ketuvim; es decir, la Ley, los Profetas y los Escritos. Son treinta y nueve libros.
La Torá: el carácter de Dios
La Torá es el Pentateuco (penta significa cinco): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Es lo que la Biblia llama la Ley. Casi podemos verlo como una sola obra: la portada es Génesis y el final es Deuteronomio. Aquí está prácticamente toda la revelación de Dios. Mi libro Orígenes es una exposición de Génesis, porque creemos que en Génesis está todo el plan de Dios: puedes ver todo el evangelio en Génesis.
La Torá no es “paso uno, paso dos”. Es Dios revelando su carácter al mundo de Moisés, a un pueblo que sale de Egipto confundido, y poniendo orden en su caos.
Génesis revela su carácter. “Yo soy el Dios creador; yo dije, y se hizo”. Si todo lo que hizo es bueno, ¿por qué hay mal? Porque el ser humano lo corrompió. Pero Dios es fiel a sus promesas. En Génesis encuentras la promesa de que seremos adoptados, con Abraham; redimidos por la sustitución de un cordero, con Isaac; y justificados al vestirnos de Cristo, con Jacob y Esaú. Necesitas a Jesús para verlo; pero sin Génesis, cuando te hablen de justificación no sabrás de qué te hablan.
Éxodo revela su relación con su pueblo. Es una historia de amor. Si a Israel le preguntaran cómo conoció a su esposo, contaría Éxodo: “Fui esclavo por cuatrocientos años. Y Él llegó y me dijo: ‘Te voy a sacar de Egipto, te voy a redimir y te voy a tomar como mío. Tú serás mi pueblo y yo seré tu Dios’. Y no le creí”. En la montaña hacen un pacto matrimonial, y el pueblo dice: “Acepto”. Ese antiguo pacto se rompe, pero Dios no se divorcia de Israel: promete un nuevo pacto, renovar sus votos. Ese es Cristo. Es mejor porque ya no depende de nosotros, sino de Cristo, que ya pagó el precio de que lo íbamos a romper.
Levítico revela su santidad. Israel era un pueblo sagrado, y Levítico enseña cómo mantenerse limpio. Los sacrificios no eran pasos para ser salvo; servían para mantener sagrado el espacio donde estaba Dios. “Limpio” o “inmundo” no significa salvo o no salvo, sino estar o no en condición de entrar a su presencia. En Cristo, soy santo porque su sangre me limpia; y como ya soy santo, me comporto como santo.
Números revela su fidelidad. Es la historia del pueblo necio: “sí, pero no”, cuarenta años en el desierto, una generación que muere antes de entrar a la tierra prometida. Aun así, Dios fue fiel.
Deuteronomio recuerda su pacto. Moisés es como un abuelito contándoles la historia a sus nietos antes de morir, para que, cuando Josué tome la batuta, no empiecen de cero. Ahí está el Shemá: «Escucha, oh Israel, el SEÑOR es nuestro Dios, el SEÑOR uno es» (Deut. 6:4). No niega la Trinidad; habla de la unicidad de Dios. Y resume la ley: «Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza» (Deut. 6:5). Cuando Jesús resume la ley, cita Deuteronomio.
¿Es Dios un legalista?
Hoy vemos la ley y decimos: “Dios es legalista”. Pero mira el contexto. Los dioses de Egipto, de los cananeos y de los sumerios eran como niños berrinchudos: exigían algo y nunca sabías qué. Si complacías a uno, enojabas a otro. Todo era adivinar.
La Torá presenta a un Dios que no necesita nada. Nuestros sacrificios no lo satisfacen; Él ya está completo. Y aun así dice: “Tú serás mi pueblo. Así te relacionas conmigo. Si sigues mis caminos, serás bendecido; si no, serás maldito”. No porque sea un Dios malo, sino porque ese es el camino de la bendición, y fuera de él todo es maldición.
La ley es el fundamento de toda la Biblia. Si te la saltas y te vas directo a los evangelios o a Apocalipsis, todo queda abierto a una interpretación privada, y la Biblia no es de interpretación privada. Si quieres entender la Biblia, empieza por la Torá.
Las dos llaves para entender la Biblia
La Biblia tiene dos llaves. El Tanaj nos ayuda a entender a Cristo, y Cristo nos ayuda a entender el Tanaj. No puedes tener una sin la otra. Si empezaste por el Nuevo Testamento, no pasa nada: necesitas saber que el Mesías ya vino, pero también que había sido profetizado. Y como cuando conoces a una persona, la vas conociendo por facetas. Alguien puede parecer trabajador y honesto, hasta que en la primera cita le grita al mesero.
Los Profetas: el plan de Dios
La segunda parte son los Profetas, los Neviim: Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores. Son veintiún libros. Los menores no son menos importantes; sus escritos son más cortos.
Si la Torá presenta el carácter de Dios, los Profetas anuncian al Mesías y cómo Él lo cumplirá todo. Pensamos que el nuevo pacto empieza en el Nuevo Testamento, pero aparece primero en Isaías, Jeremías y Ezequiel, y se sostiene sobre la promesa a David: uno de sus hijos reinará por siempre. Los Profetas dan una interpretación profética de la ley: toman las promesas de Génesis 3:15, de Abraham, de Isaac y de Jacob y de Éxodo, y las proyectan hacia Aquel que ha de venir.
En Reyes, por ejemplo, el pueblo pide un rey porque dejó de considerar a Dios como su rey, y desde entonces cada rey demuestra que nadie es suficiente para reinar sobre Israel, sino el Rey de reyes: Jesús.
Los Escritos: la gloria de Dios
La tercera parte son los Ketuvim, los Escritos: trece libros, entre ellos Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Daniel, Nehemías y 1 y 2 Crónicas. Crónicas repite partes completas de Samuel y Reyes, pero se escribe para el pueblo que regresa del exilio y le da a esa historia una interpretación para su momento. Ahí ves cómo la Biblia interpreta la Biblia.
Cinco, veintiuno y trece: treinta y nueve libros. Los Salmos, los Proverbios o el Cantar de los Cantares son escritos que nacen de atender la voz de Dios. Son el fruto de lo que Dios produce: gloria y alabanza.
Conclusión: carácter, plan y gloria
El Tanaj nos revela a Dios en tres partes: la Torá, su carácter; los Profetas, su plan en el Mesías; y los Escritos, su gloria.
La Biblia no es un manual ni un objeto sagrado. Es la palabra de Dios, su aliento, y nos la dejó para revelarse, para ser conocido y amado. Su revelación máxima es Jesús, y el Antiguo Testamento es el trayecto que nos lleva a Él. No te saltes el camino. Empieza por la Torá y siéntate con Él a conocerlo, porque al conocerlo lo vas a amar.
Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.