Monterrey, N.L.Maestro de la Biblia · MDiv en curso, Talbot

Clases adaptadas · Orígenes (Estudio 12:2)

Deuteronomio: un rey y un profeta como Moisés

Caballos, mujeres y oro, una copia de la ley, y el Rey que entró en un burrito

Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.

Resumen

Moisés recuerda las fiestas, ritmos que vuelven a alinear el corazón. Luego anticipa el día en que Israel pida un rey: debe ser un hermano, no tener muchos caballos, ni muchas mujeres, ni mucha plata y oro, y escribir una copia de la ley para leerla todos los días, para que no se eleve su corazón. Salomón es el ejemplo más claro del fracaso; David se quitó sus ropas de rey ante el arca. Y hubo un Rey que no vino en caballos, sino humilde, en un burrito, coronado de espinas. Dios también levantará un profeta como Moisés: Jesús, que se paró en la brecha.

Puntos clave

  • Las fiestas establecen ritmos que vuelven a alinear el corazón de cada generación.
  • El rey no tendrá muchos caballos, ni muchas mujeres, ni mucha plata y oro (Dt. 17:16-17).
  • Escribirá una copia de la ley y la leerá todos los días, «para que no se eleve su corazón» (Dt. 17:18-20).
  • Salomón cayó en las tres; Jesús vino humilde, en un burrito, y fue coronado de espinas.
  • «Un profeta… como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirán» (Dt. 18:15): Jesús intercede en la brecha.

Las fiestas que vuelven a alinear el corazón

La sesión pasada vimos esta idea de la bendición y la maldición puestas delante del pueblo, conformadas por dos cosas: adorarás solo a un Dios, y en un solo lugar. Y vimos que esto es lo que va a proyectarse a la historia de Israel. Ahora, antes de hablar de lo que vamos a ver en esta sesión, lo que hace Moisés es recordarles también las fiestas: la Pascua, las diferentes cosas que Dios instituyó.

¿Para qué? Para establecer los ritmos y ciclos que ya vimos en la clase de Levítico, que les ayudarán a recordar a Dios, les ayudarán a regresar su corazón; que cuando se haya ido perdiendo en las diferentes generaciones, haya algo que te vuelva a alinear.

Pero bueno, ¿qué es lo que va a pasar en la historia de Israel? Aquí ya estoy poniendo mucho comentario de lo que viene en la Biblia más adelante. Pero es importante para que veas que esta es la base de aquello, y que cuando leas los libros de Josué, de Jueces, de Samuel y de Reyes, puedas entender que esta fue la base, y a partir de ahí ver por qué Dios los va exiliando y los va entregando a sus enemigos. En Josué van conquistando. En Jueces, eventualmente, se va degradando todo de tal manera que cada persona hace lo que le parece bien ante sus ojos. Y la razón que dan es: pues no tenemos un rey.

La ley del rey

Deuteronomio habla justo de ese momento. Vámonos al capítulo 17, versículo 14:

«Cuando entres en la tierra que el Señor tu Dios te da, y la poseas y habites en ella, y digas: “Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que me rodean”, ciertamente pondrás sobre ti al rey que el Señor tu Dios escoja, a uno de entre tus hermanos pondrás por rey sobre ti; no pondrás sobre ti a un extranjero que no sea hermano tuyo» (Deuteronomio 17:14-15, NBLA).

Tiene que ser uno de tus hermanos. Es decir, un judío, un israelita, uno de las tribus. Y estos son tres puntos bien, bien importantes para cada rey:

«Además, el rey no tendrá muchos caballos, ni hará que el pueblo vuelva a Egipto para tener muchos caballos, pues el Señor te ha dicho: “Jamás volverán ustedes por ese camino”. Tampoco tendrá muchas mujeres, no sea que su corazón se desvíe; ni tendrá grandes cantidades de plata y oro» (Deuteronomio 17:16-17, NBLA).

Número uno: no tendrás una fuerza militar excesiva. Es decir, no vas a construir tu pueblo en base a tu propia confianza en tus caballos, y no vas a ir a Egipto para buscar ayuda militar. De nuevo, la base de todo ha sido que cuando obedeces a Dios, Dios te ha protegido y te entrega a tus enemigos. Por lo tanto, no confíes en caballos. Dos: no tendrás muchas mujeres, no vaya a ser que tu corazón se desvíe al tratar de satisfacer los deseos de las mujeres y no los de Dios. Y tres: no tendrás mucha plata ni oro, no sea que pongas en ellos tu confianza de la provisión.

Estas tres cosas son bien importantes para cuando lleguemos a los libros de Samuel y de Reyes, porque te vas a dar cuenta de que es justo el error de los reyes. Salomón es el ejemplo más claro. Se encarga de tener muchos caballos, de tener muchas mujeres y de tener mucho oro y plata. Por lo tanto, hace todo lo malo a los ojos del Señor.

Una copia de la ley

Y el punto número cuatro. Estas son tres cosas de carácter; recuerda que estamos viendo un lente interno, aunque ya está empezando a hablarnos de la profecía, de lo que vendrá adelante, de lo que veremos en la historia de Israel. Dice:

«Y cuando él se siente sobre el trono de su reino, escribirá para sí una copia de esta ley en un libro, en presencia de los sacerdotes levitas. La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Señor su Dios, observando cuidadosamente todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos y no se desvíe del mandamiento ni a la derecha ni a la izquierda, a fin de que prolongue sus días en su reino…» (Deuteronomio 17:18-20, NBLA).

Todo lo que se le pide al rey es lo mismo que se le ha estado pidiendo al pueblo. Sin embargo, cuando pones a alguien como rey, tiene que cuidar su corazón, no vaya a ser que por ser rey se eleve. Algo que diferencia mucho al rey David, cuando llegues a esa parte en tu lectura bíblica, es que te vas a dar cuenta de que él puso a Dios como rey sobre todas las cosas. Hubo un momento en el que recuperó el arca, es decir, la presencia de Dios, y la llevó al centro, a Jerusalén, al lugar que Dios escogió. Y estando ahí, se quitó sus ropas de rey, en esencia diciendo: yo soy igual que todos, porque solo hay un rey sobre mí, que es el Señor.

Todo esto lo vemos desde Deuteronomio. Es por eso que les pedía: escribe esta ley, escríbela. En tu primer día como rey te sientas y comienzas a transcribir la ley, porque eso hará que se tatúe en tu corazón, en tu mente y en tu alma, para que no se eleve tu corazón. Todo esto va a evitar que te acostumbres o aprendas las costumbres de otros. Dice el capítulo 18, versículo 9:

«Cuando entres en la tierra que el Señor tu Dios te da, no aprenderás a hacer las cosas abominables de esas naciones» (Deuteronomio 18:9, NBLA).

El reino partido en dos

Vas a ver de nuevo en la historia de Salomón que, al tener muchas mujeres, empezó a dejarlas adorar a sus propios dioses. Construyeron altares y construyeron cosas abominables, justo como acabamos de leer que no deberían hacer. Escogió la maldición, y al morir Salomón, bajo su hijo Roboam, el reino se partió en dos (1 Reyes 12). Y de ahí se empezó a fragmentar, hasta el punto en el que terminan siendo exiliados.

Un rey que vino en un burrito

Ahora hablamos de un rey. Y cuando hablamos de un rey, es: cuando haya un rey, será de esta manera. Hubo un rey que vino, el rey de Israel, el rey de los judíos; o al menos así decía la inscripción que pusieron en su crucifixión. Este rey vino y no vino en caballos. No vino con oro, no vino con plata, no vino con mujeres, sino que vino humilde, en un pesebre. El Dios glorioso y eterno, creador de todo el universo, de todas las estrellas, de todos los caballos, de la plata y de todo lo que hay, se despojó de sus privilegios divinos y vino al mundo; cabalgando en un burrito entró a Jerusalén, y ese día lo coronaban rey: «el rey de los judíos, hosanna»; sálvanos, le decían. Y el día de su crucifixión lo coronaron con una corona de espinas.

Un profeta como Moisés

Hablamos de un rey, y hay un rey que es conforme al corazón de Dios, pues es el Hijo de Dios. Y de la misma manera, los siguientes versículos hablan de un profeta, un profeta como Moisés que Dios iba a levantar. Dice el versículo 15:

«Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirán» (Deuteronomio 18:15, NBLA).

Así como sienta las bases de los reyes, diciendo «así actuará un rey conforme a mi corazón», ahora habla de los profetas. Si puedes recordar, lo que hacían los profetas en esencia era hablar la Palabra de Dios a un pueblo que no quería escuchar directamente a Dios. Y está diciendo que levantará una serie de profetas, y ellos hablarán en el nombre de Dios. Y dice: cuídense. Si pasa lo que dijo que pasaría, es un verdadero profeta; pero si pasa lo que dice que pasa, pero los incita a adorar a otro dios, es un falso profeta.

Sin embargo, en medio de ti se levantará uno, un profeta que es como Moisés. Es decir, que camina con Dios, que es recto, que habla de parte de Dios, que comparte el corazón de Dios. Y este profeta, de la misma manera, habla de nuestro Salvador, Jesús: que Él iba a venir y que iba a hablar de parte de Dios como intercesor, así como Moisés lo hizo. ¿Recuerdas? En el monte, Dios se enoja con el pueblo y dice: los voy a matar. Pero Moisés intercede y dice: detente, por amor a tu pueblo, por amor a tu nombre, no lo hagas. De la misma manera, este nuevo profeta, este profeta que había de venir, que tú y yo conocemos como Jesús, se paró sobre la brecha entre Dios y el ser humano. Y tomó toda la ira de Dios, se convirtió en el objeto de la ira de Dios, y en sí mismo intercedió por nosotros para que tú y yo hoy podamos entrar confiadamente a su presencia.

Habrá un rey, habrá un profeta, habrá un sacerdote. Ese es Jesús, que tú y yo conocemos, que nos ha salvado y nos ha traído al objetivo y propósito de todas las cosas: conocer y amar a Dios.

En la siguiente sesión vamos a terminar de ver el hilo profético de las bendiciones y las maldiciones, que nos lleva hasta el exilio y el regreso de Israel.

Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.

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