Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.
Resumen
Todo sigue el mismo patrón: dos árboles y una decisión. Moisés pone delante las maldiciones y las bendiciones y, sabiendo el corazón terco del pueblo, profetiza que caerá en las maldiciones: una nación veloz como águila, Asiria, y luego Babilonia, que dispersan a Israel. Pero el capítulo 30 lo voltea todo: si vuelves al Señor, te hará volver, y circuncidará tu corazón. Daniel lo llama el proto nuevo pacto, la promesa del Espíritu Santo. Dios sigue siendo fiel a pesar del pueblo. Escoge, pues, la vida. Y como Moisés a Josué: sé fuerte, sé valiente.
Puntos clave
- Dos árboles, una decisión: bendiciones si obedeces, maldiciones si no (Dt. 27-28).
- Moisés profetiza el exilio: una nación «veloz como águila» (Dt. 28:49); primero Asiria, luego Babilonia.
- Las naciones reconocerán: «Porque abandonaron el pacto que el Señor… hizo con ellos» (Dt. 29:25).
- «El Señor tu Dios circuncidará tu corazón» (Dt. 30:6): el proto nuevo pacto que anuncia al Espíritu Santo.
- «Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia» (Dt. 30:19).
Un lente hacia el futuro
En esta última sesión vamos a recordar estos patrones y proyectarlos hacia el futuro, como lo ha estado haciendo Moisés. De nuevo, los primeros capítulos nos dieron un lente hacia el pasado: recuerda lo que ha pasado, con un énfasis en amar a Dios. Luego, un énfasis en el corazón, un énfasis interno, donde vimos también las leyes, el Shemá, las fiestas. Y hoy terminamos de ver este lente hacia el futuro, de lo que vendrá. Todo lo que viene hacia adelante va a seguir un mismo patrón, el mismo patrón que siempre ha seguido. Hay dos árboles. Hay una decisión que tomar. Amarás a Dios, seguirás a Dios, dependerás de Dios, o de tu propio conocimiento.
Maldiciones y bendiciones
En el capítulo 27, ya por terminar, Moisés comienza a hacer un resumen de todo lo que vimos en cuanto a la enseñanza, y pone delante del pueblo las maldiciones y las bendiciones. Prácticamente toma estas maldiciones y comienza una tras otra:
«Maldito el hombre que haga ídolo o imagen de fundición, abominación al Señor, obra de las manos del artífice, y la erige en secreto». Y todo el pueblo responderá, y dirá: «Amén». «Maldito el que desprecie a su padre o a su madre». Y todo el pueblo dirá: «Amén» (Deuteronomio 27:15-16, NBLA).
Y así se va. Muchos de estos los ves incluso en los Diez Mandamientos, en la ley. Cada uno de estos malditos tiene que ver con algo que Dios ya dijo. Y está diciendo: va a ser maldito, va a ser separado, aquel que haga estas cosas.
Sin embargo, delante de nosotros no solamente están las maldiciones, sino también las bendiciones. El capítulo 28 dice:
«Y sucederá que si obedeces diligentemente al Señor tu Dios, cuidando de cumplir todos Sus mandamientos que yo te mando hoy, el Señor tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. Y todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si obedeces al Señor tu Dios: Bendito serás en la ciudad, y bendito serás en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el producto de tu suelo, el fruto de tu ganado, el aumento de tus vacas y las crías de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa. Bendito serás cuando entres, y bendito serás cuando salgas» (Deuteronomio 28:1-6, NBLA).
En resumen: serás bendito.
Dos árboles
Hay dos árboles: el árbol de la vida o el árbol de la muerte. El árbol de la vida es basarnos en la confianza en el Señor. El árbol de la muerte es basarnos en la confianza en el hombre, hacer cada quien lo que le parece que está bien ante sus ojos. Este es el resumen de todo lo que se ha dicho. Está poniéndolo delante y diciendo: Josué, pueblo de Israel y todos los que vienen, tienes que decidir. ¿Quieres la vida con el Señor o la muerte separado del Señor? ¿Lo quieres a Él y todas sus bendiciones, o quieres vivir bajo tus propios deseos, satisfaciéndote a ti por algo temporal? Pues viene lo malo cuando tú haces eso.
Y lo resume proyectando, ahora sí, lo que termina sucediéndole al pueblo de Israel. Y lo dice aquí, de nuevo, como una profecía. Sabiendo el corazón terco de cada persona, y sabiendo que solamente es esta semilla que fue profetizada, el hijo de la mujer, el que vendría a ser el verdadero rey, el verdadero profeta, el verdadero sacerdote de Israel y del mundo; sabiendo esto, la única conclusión que le queda a Moisés, obviamente inspirado por el Espíritu Santo, es: el pueblo va a caer en las maldiciones. Va a tomar una vez más el camino del conocimiento del bien y del mal.
Para que se prolonguen tus días
Entonces tú dirás: si sabemos que eventualmente va a llegar a eso, ¿para qué Moisés se lo está recalcando? En un momento Moisés mismo lo dijo: para que se prolonguen tus días en la tierra. O a los reyes les dijo: para que prolongues tu reinado. Es decir, cada rey y cada generación de israelitas tenían la opción de hacer lo bueno o lo malo, y entonces vendrían estas maldiciones.
La opción estaba ahí; eventualmente la iban a tomar. Pero mientras más permanecieran en las bendiciones, más tiempo iban a prolongar su estancia en la tierra que fluye leche y miel. De la misma manera, mientras más se entregaran a las maldiciones, más rápido iban a ser entregados a otras naciones y al exilio. Que es justo lo que vemos a continuación. En el capítulo 28, versículo 45:
«Todas estas maldiciones vendrán sobre ti y te perseguirán y te alcanzarán hasta que seas destruido, porque tú no escuchaste la voz del Señor tu Dios, y no guardaste los mandamientos y estatutos que Él te mandó. Ellas serán señal y maravilla sobre ti y sobre tu descendencia para siempre. Por cuanto no serviste al Señor tu Dios con alegría y con gozo de corazón, cuando tenías la abundancia de todas las cosas, por tanto servirás a tus enemigos, los cuales el Señor enviará contra ti…» (Deuteronomio 28:45-48, NBLA).
Asiria: una nación veloz como águila
Así como Dios los manda a conquistar, el día que Israel deje de obedecer al Señor, y sucedió, Dios mismo enviaría enemigos. En la historia de Israel te vas a dar cuenta de que esto sucede. Los primeros que envía son el pueblo de Asiria. Asiria conquista el norte, las diez tribus, a lo largo de varios años en los que los reyes hacen lo malo, lo malo, lo malo, lo malo, lo malo, hasta que eventualmente son completamente conquistados y destruidos. Dice el versículo 49 justo esto:
«El Señor levantará contra ti una nación de lejos, desde el extremo de la tierra, que descenderá veloz como águila, una nación cuya lengua no entenderás, una nación de rostro fiero que no tendrá respeto al anciano ni tendrá compasión del niño. Se comerá la cría de tu ganado y el fruto de tu suelo…» (Deuteronomio 28:49-51, NBLA).
Justo como Asiria. Versículo 52:
«Y esa nación te pondrá sitio en todas tus ciudades, hasta que tus muros altos y fortificados en los cuales tú confiabas caigan por toda tu tierra; y te sitiará en todas tus ciudades, por toda la tierra que el Señor tu Dios te ha dado» (Deuteronomio 28:52, NBLA).
Es decir, cuando hagas lo malo, Dios levantará a una nación y te llevará. Versículo 64:
«Además, el Señor te dispersará entre todos los pueblos de un extremo de la tierra hasta el otro extremo de la tierra; y allí servirás a otros dioses, de madera y de piedra, que ni tú ni tus padres han conocido» (Deuteronomio 28:64, NBLA).
Babilonia y el exilio
El segundo exilio se da a manos de Babilonia. Asiria lo que hacía era dejar que ciertas personas permanecieran en la tierra y llevarse a otras, mezclándolos. Babilonia, cuando conquista toda la tierra, toma esclavos y se lleva al pueblo; solo deja a algunos de los más pobres del país (2 Reyes 25:11-12). Y al llevárselos, los pone a servir. Encontrarás, por ejemplo, en el libro de Daniel, que sirven al rey. Y el rey Nabucodonosor tiene ciertos dioses, y de alguna manera los sirven a ellos, sin servirlos directamente. Pero Daniel y algunos otros permanecieron en el Señor. Y vamos a ver cómo Dios los va a traer de regreso.
Pone bendiciones y maldiciones, diciendo: esto es lo que sucederá. Pero al final pregunta por qué. Las naciones dirán, en el capítulo 29:
«Y todas las naciones dirán: “¿Por qué ha hecho así el Señor a esta tierra? ¿Por qué esta gran explosión de ira?”. Entonces los hombres dirán: “Porque abandonaron el pacto que el Señor, el Dios de sus padres, hizo con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto. Y ellos fueron y sirvieron a otros dioses y los adoraron, dioses que no habían conocido y los cuales Él no les había dado. Por eso, ardió la ira del Señor contra aquella tierra, para traer sobre ella toda maldición que está escrita en este libro; y el Señor los desarraigó de su tierra con ira, con furor y con gran enojo, y los arrojó a otra tierra, hasta hoy”» (Deuteronomio 29:24-28, NBLA).
Eso van a decir las naciones. Van a reconocer que la razón por la cual han sido exiliados es que desobedecieron a Dios. De alguna manera van a reconocer quién es Dios y por qué han venido las cosas sobre ellos.
El capítulo 30 lo voltea todo
Pero el capítulo 30 voltea todas las cosas. Así como vimos que, al no obedecerlo, Dios mismo se los lleva, también los regresará:
«Y sucederá que cuando todas estas cosas hayan venido sobre ti, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y tú las recuerdes en todas las naciones adonde el Señor tu Dios te haya desterrado, y vuelvas al Señor tu Dios, tú y tus hijos, y le obedezcas con todo tu corazón y con toda tu alma conforme a todo lo que yo te ordeno hoy, entonces el Señor tu Dios te hará volver de tu cautividad, y tendrá compasión de ti y te recogerá de nuevo de entre todos los pueblos adonde el Señor tu Dios te haya dispersado» (Deuteronomio 30:1-3, NBLA).
Esto es el arrepentimiento: cuando cambies tus caminos y vuelvas a Dios. Es la predicación de los profetas. Es la predicación de Juan el Bautista. Es la misma predicación de Jesús: arrepiéntanse y vuelvan a Dios, porque el reino de Dios está cerca. Este es el contexto. Has puesto reyes que no han obedecido. Has puesto reyes que han sido malos, que han sido malditos, que han traído maldición porque no se han acercado al Señor; pero ahora el reino de Dios, conforme a su corazón, está cerca. Este es justo el contexto.
«Si tus desterrados están en los confines de la tierra, de allí el Señor tu Dios te recogerá y de allí te hará volver. […] Además, el Señor tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas» (Deuteronomio 30:4, 6, NBLA).
El proto nuevo pacto
Así como hubo un protoevangelio en Génesis 3:15, donde Dios prometió una semilla que vendría, y de ahí se construye toda esta idea del Mesías que vendría a reinar por siempre, esto lo podemos llamar el proto nuevo pacto. Es lo que anuncia que un día vendría el Espíritu Santo a vivir en nuestros corazones, circuncidándolos, para que podamos amar al Señor con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente. Dice el versículo 8:
«Y tú volverás a escuchar la voz del Señor, y guardarás todos Sus mandamientos que yo te ordeno hoy» (Deuteronomio 30:8, NBLA).
Una y otra vez lo repite: si haces lo malo, caerán maldiciones, serás desterrado; pero si tu corazón regresa, te haré regresar. Y justo así es como sucede. Vemos en el libro de Daniel cómo esto comienza con Daniel y algunos otros clamando al Señor por el regreso, recordando al Señor. Y entonces vemos en Esdras cómo Dios les permite regresar y el pueblo se establece y se recupera el sacerdocio; en Nehemías, cómo se reconstruyen los muros; y vemos en los profetas que continúan en esta historia cómo se restablece el templo, la adoración, y ponen a Dios una vez más en el centro. Dios cumplió su promesa una vez, cuando fueron dispersados y regresaron.
Dios sigue siendo fiel
Hoy en día esto ha vuelto a suceder, después de la venida de Jesús. Cuando viene por primera vez y se presenta como Mesías, cuando muere y resucita y declara que Él es el rey, gran parte del pueblo judío cree en Él, llegan a Cristo y lo tienen como su Salvador. Sin embargo, otra gran parte de su mismo pueblo, así como lo hemos visto en todo el Antiguo Testamento, no cree en el Señor y lo abandona.
Por lo tanto, Dios los desarraiga de su tierra, y por gran parte de la historia de la humanidad después de Jesús, por mil novecientos setenta años más o menos, no hay pueblo judío en Israel. Sin embargo, hace algunos años este pueblo fue recuperado. Se les regresó la tierra y se puso de nuevo al judío en su tierra. Y yo entiendo que tal vez, del Israel político, tú puedas decir que está haciendo las cosas bien o mal; pero si has leído la Biblia, eso es lo que pasa con el pueblo judío. Dios sigue siendo fiel a pesar del pueblo, porque Dios los ha amado y les ha dado una tierra, una tierra perpetua, para una sola cosa: bendecir a toda la humanidad. Hemos visto en el regreso del judío a la tierra de Israel la fidelidad de Dios. Y estamos esperando el día en el que el Señor venga, el Señor regrese, y desde ese lugar anuncie el evangelio a todo ser humano sobre la faz de la tierra. No es por la justicia del pueblo; es por amor a Abraham, Isaac y Jacob, es por amor a las naciones, es por amor a su nombre que Él regresará a la tierra que Él mismo dio.
Escoge, pues, la vida
Y terminan las palabras de Moisés diciendo, en el versículo 15:
«Mira, yo he puesto hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Hoy te ordeno amar al Señor tu Dios, andar en Sus caminos y guardar Sus mandamientos, Sus estatutos y Sus decretos, para que vivas y te multipliques, a fin de que el Señor tu Dios te bendiga en la tierra que vas a entrar para poseerla» (Deuteronomio 30:15-16, NBLA).
«Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra ustedes de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando Su voz y allegándote a Él; porque eso es tu vida y la largura de tus días, para que habites en la tierra que el Señor juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob» (Deuteronomio 30:19-20, NBLA).
Le preguntan a Jesús: ¿cuál es el mandamiento más importante? Amarás al Señor tu Dios. Fuimos creados para ello, y ahí encontramos deleite, ahí encontramos satisfacción, ahí encontramos propósito.
Así cierra el libro de Deuteronomio, diciendo: hay dos caminos, hay dos opciones, pero tú tienes que escoger. Y esa es la invitación de Moisés a cada persona que lee el libro de la ley; la invitación de Dios a ti y a mí. Puedes seguir en tus propios caminos, abandonando al Señor, o arrepentirte. Regresa a Él, regresa a su corazón, para que podamos habitar con Él por toda la eternidad.
Sé fuerte, sé valiente
El libro de Deuteronomio termina cuando Moisés empieza a pasarle la batuta, la autoridad, a Josué, y le dice: sé fuerte, sé valiente, que el Señor va contigo (Deuteronomio 31:7-8). Y de esa misma manera quiero terminar esta serie de clases de Orígenes: entrégate al Señor. Sé fuerte. Sé valiente. Él va con nosotros, Él va contigo, Él va conmigo.
Espero que al tomar esta clase tengas el contexto suficiente para seguir leyendo la Biblia. Y quiero que tomes ese reto, si no lo has tomado: lee tu Biblia, lee tu Biblia, lee tu Biblia; en tres meses, específicamente, doce capítulos diarios de lectura bíblica, en donde mucho de esto va a empezar a resonar y a cuadrar, y vas a empezar a ver estos patrones. Pero sobre todo, vas a conocer a Dios, tu corazón no se va a elevar y vas a recordar para lo que fuiste creado. Vas a recordar tus orígenes, los orígenes del pueblo de Dios y de todos aquellos que viviremos en la vida eterna con Él.
Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.