Transcripción completa de una clase, con las palabras de Daniel Lira; solo se añadieron subtítulos, párrafos y puntuación, y se limpiaron muletillas, repeticiones y errores de transcripción. Publicada en en Estudio 12:2.
Introducción
Hemos llegado ya al capítulo número 3 de la carta a los Efesios. Quiero recordarte que esta carta no necesariamente era exclusiva para los Efesios, para el pueblo de Éfeso, sino que tenía la intención de repartirse en las demás iglesias. Por lo tanto, mi definición de la carta es como una constitución de la iglesia. Dentro de la constitución de la iglesia, habla de estas ideas de quiénes somos, cuáles son nuestros derechos, nuestro rol, nuestras responsabilidades. Y hemos visto, de nuevo, la Trinidad actuando en sincronía perfecta para alabar su gloria y revelar quiénes son: el Padre adoptando, el Hijo redimiendo, el Espíritu Santo sellándonos para la alabanza de la gloria del Padre.
Y luego nos pone en nuestro rol como cuerpo de Cristo, como embajadores de Dios, como representantes —aquellos que llevarán la gloria de Dios a cada rincón de la tierra para anunciar que el rey está por llegar, que el rey ha sido dado a toda autoridad y que Él está ya sentado en el trono esperando pacientemente el día de su regreso. Vimos entonces que este cuerpo, estos embajadores, tienen una identidad. Han sido conformados de una manera tanto judío como gentil. Nos regresa a Génesis —como la mayoría de las cosas encuentra su fundamento ahí—: lo que se dispersó en la torre de Babel ha sido unido en Cristo Jesús.
Ahora son un solo cuerpo, ahora tienen una sola misión, ahora son un solo representante. No perdemos nuestra identidad, no perdemos nuestra etnia, no perdemos nuestra diversidad, pero ahora vivimos en unidad. De esto se tratan los siguientes capítulos. Ahora Pablo comienza a dar el ejemplo de esto en su propia vida: el ejemplo de una persona que encontró identidad en Cristo, que se halló en la gracia de Cristo y que fue llamado —llamado para un plan eterno, para una misión eterna, para un evangelio. Y da su ejemplo Pablo durante el capítulo 3, en donde, por amor a los gentiles, Dios lo escogió y le dio un evangelio. Regresamos a Abraham: Abraham, por amor a las naciones, fue escogido por Dios, bendecido para bendecir.
Comienza diciendo “yo Pablo, prisionero de Cristo”
Y Pablo entonces comienza a dar esta idea y empieza a decir: estaban excluidos, estaban muertos, pero ahora han sido encontrados, ahora ha sido revelado. Entonces lo que hace es: comienza diciendo “yo Pablo, prisionero de Cristo”. Pablo encontró su identidad en Cristo, aunque esta carta la escribe desde la cárcel —es literalmente prisionero de Roma. Él dice: “yo no soy prisionero de Roma, yo soy prisionero por la causa de Cristo. Yo soy prisionero en Cristo, de Cristo, para Cristo”. Y su vida es completamente en Cristo.
¿Para qué? Para extenderle gracia —la gracia que se le concedió a él— a los gentiles. Dice: “Dios me eligió”. Dios eligió a Pablo. No viene de él, no nació de él. ¿A qué se refiere esto? Que no estaba él sentado diciendo “ya sé, llevaré el mensaje a todas las naciones”. No. Sino que fue encontrado por Cristo, y su vida cambió por completo. Y en ese cambio radical, su misión cambió por completo. Pablo está dando un ejemplo con su vida en el que tú y yo nos podamos relacionar: si tú te has hallado en Cristo y te has encontrado con Él, de ahí entonces nacerá una nueva misión. De ahí entonces nacerá una nueva perspectiva en la que, por amor, dedicarás tu vida en Cristo a extender la gracia que se te ha dado a otros.
Y entonces Pablo dice: “Dios me eligió para revelar este misterio que aún no habíamos entendido”. De nuevo, el fariseo diciendo: yo, que lo sabía todo, hay algo que no había entendido, y que ahora en Cristo Jesús he entendido: que el evangelio, que la gracia, está disponible tanto para judío como para gentil. Es algo que viene en todo el Antiguo Testamento, pero sin embargo en su momento no tenían la revelación. Era un misterio para los fariseos. Y en el momento que viene Cristo y abre las manos en esa cruz, podemos entender: siempre fue el plan, el misterioso plan de Dios, reinar sobre toda la tierra, incluyendo a todas las naciones. Y él, Pablo, lo considera un privilegio: “ahora tengo el privilegio de poder servirlos, de poder mostrarles, de poder mostrar la gloria de Dios”.
Ahora, ¿cuál es este evangelio, de nuevo? Que todos tenemos acceso al reino. Que a través de Cristo, Dios ha abierto la puerta a todos. En el versículo 6 lo dice claramente:
“A saber, que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, participando igualmente de la promesa en Cristo Jesús, mediante su buena noticia” (Efesios 3:6)
Mediante el evangelio de que Él reinará.
Todos tenemos acceso. Y ahora tú y yo tenemos acceso y podemos entrar libremente a la presencia de Dios. Él mora en nosotros. Y somos libres del reino del mundo, de las tinieblas, del diablo, de Satanás, de las corrientes, de nuestros propios deseos pecaminosos.
Y ahora podemos entrar confiadamente al reino de nuestro Señor, al reino de Dios, al reino de Jesús. Somos hijos de Dios, Israel y las naciones —un mismo cuerpo, con una misma herencia, con las mismas bendiciones en Cristo Jesús. Él mora en nosotros y juntos conformamos este templo santo. Es una realidad que Pablo alcanza a entender, y dice:
“Aunque yo soy el menor, aunque yo no lo merezco, Él me concedió esta gracia de anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo” (Efesios 3:8 NBLA)
Inescrutables riquezas: las incontables, las tantas riquezas que son imposibles de terminar de describir. Y si ustedes están siendo llamados gentiles —le dice a gentiles y judíos— entendamos esta riqueza.
Para llevar a cabo el plan eterno en Cristo Jesús
¿Para qué? Y recuerda, nos recuerda Pablo, para llevar a cabo el plan eterno en Cristo Jesús. El plan eterno. Versículo número 10: “de este modo, la sabiduría de Dios puede ser dada a conocer ahora, por medio de la iglesia, a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que llevó a cabo en Cristo Jesús, en quien tenemos libertad y acceso a Dios con confianza, por medio de la fe”. Pablo da su ejemplo y dice: yo fui encontrado por Dios. Él me encontró. Él se reveló a mí, y en esta revelación ahora he sido llamado. Y al ser llamado me he hecho prisionero de Cristo.
Y al ser prisionero de Cristo, es mi misión revelarle a toda persona gentil, a todas las naciones, a toda persona que no sea israelí, que no conoce los misterios de su gracia, los pactos y las promesas de Dios, que son bienvenidos —que son bienvenidos en casa, que papá los está esperando, que los brazos están abiertos, que son coherederos de un reino y de unas riquezas insondables, inalcanzables, inescrutables. Imagínate a Pablo mientras está escribiendo esto. Hay algo que lo llena. Y lo que lo llena probablemente es el Espíritu Santo, que golpea esta realidad en él mismo. Y dice: “pues entonces doblo de rodillas”. Me imagino que cae de rodillas y comienza a orar. Y en el Espíritu Santo él empieza a entender.
Y dice: “por lo tanto, ruego que sean fortalecidos con poder por el Espíritu en su espíritu interior, de manera que Cristo habite en sus corazones; y que, arraigados y cimentados en amor, sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura, la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de la plenitud de Dios”. Nos regresa al punto. “Quiero que entiendan”, dice Pablo, “quiero que entiendan esta increíble invitación de que Dios los ama con una anchura, una profundidad, una longitud que no podemos comprender”. El objetivo principal de toda la creación es conocer y amar a Dios, y saberte conocido y amado por Dios. Y es por medio de Cristo Jesús que podemos experimentar el deleite del amor de Cristo.
Dice: por lo tanto, que eso los fortalezca, que eso los vivifique, que eso los llene, que eso los arraigue. Porque hay una misión que cumplir: darle toda la gloria a Él, ponerlo a Él sobre todas las cosas, predicar el Evangelio en un mundo que está en tu contra, pero arraigado en su amor. Entonces podemos ser llamados prisioneros de Cristo, como Pablo —Pablo en medio de la cárcel, conociéndose amado, conociendo a Dios y deleitándose en Él. Dice: fortalézcanse, porque el Evangelio está siendo predicado. En su carta a los Filipenses, esto es lo que dice: algunos de esta cárcel se burlan de mí, algunos se burlan del Evangelio, algunos están en mi contra; sin embargo, el Evangelio está siendo predicado, las personas están conociendo a Dios, y el fruto se está viendo. Es en este momento que exalta a Dios y nos recuerda algo.
Dice:
“Aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundante de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:20-21 NBLA)
Conocer a Dios produce alabanza y exaltación. Produce un deleite incalculable, en donde dice: “no yo, sino Cristo. Ahora vivo yo. Ahora no vivo yo.
Ahora vive Cristo en mí. Ahora soy de Cristo”. Y Pablo voltea a ver, probablemente, a la iglesia a través de estas letras que escribe. Dice:
“Pues prisionero del Señor, les ruego: vivan de una manera digna de la vocación con la que han sido llamados” (Efesios 4:1 NBLA)
Has sido llamado. Muchas personas preguntan: ¿y cuál es mi llamado?, ¿y cómo sé si estoy llamado? O tratamos de delegar esta misión a otras personas, a los pastores, a los estudiosos. Quiero decirte algo: tú fuiste llamado. Pablo le está escribiendo a toda la comunidad de creyentes, a los fieles y santos en Cristo Jesús. Vive una vida digna del llamado de Dios. Conoce a Cristo y dalo a conocer. Arráigate en su amor profundo. Arráigate en tu identidad como hijo de Dios. Que sepas que eres un hijo de Dios. No hay nada que alguien pueda decirte para cambiar tu identidad.
Has sido sellado y lleno del poder del Espíritu Santo
No hay nada que haya pasado en tu pasado para cambiar tu identidad. Eres un hijo de Dios, tus pecados han sido perdonados, y has sido sellado y lleno del poder del Espíritu Santo. Por lo tanto, vive tu vida de acuerdo a ello. Vive tu vida de acuerdo a ello. Tu vida es mucho mayor que tú mismo. Tu vida es mucho mayor que tu salvación. Tu vida es mucho mayor que tus problemas, y tus beneficios y tus glorias, y tus deseos y tus riquezas o tus pérdidas. Tu vida se trata de la alabanza de la gloria de Dios. Y cuando entendemos eso, algo empieza a cuadrar, y empezamos a vivir una vida llena de la plenitud del conocimiento de Cristo.
Y comenzamos a alinearnos a la vida eterna, y no solamente a esta vida temporal —que, por más buena y bonita que pueda ser, o tan horrible que pueda ser, no se compara con la hermosura de la era venidera. Y es ahí que entonces Pablo dice: ustedes, iglesia, son uno solo. Vivan una vida de una manera digna de la vocación con la que han sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose los unos a los otros en amor, esforzándose para preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo, un solo Espíritu, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todas las cosas, por todos y en todos. Cada uno de nosotros vivimos en Cristo.
Somos llamados uno: un cuerpo, somos una familia, y actuamos como tal en el Evangelio. Jesús mismo dice: “que sean uno, como tú y yo, Padre, somos uno, y que en esto conozcan que son mis discípulos”. Este es el fundamento de la iglesia. Antes de decirnos cómo funcionamos, nos está diciendo quiénes somos. Antes de decirnos qué hace Dios, nos dijo quién es Dios. Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, que actúan para su propia alabanza, de su propia gloria. Y tú y yo somos hijos de Dios, redimidos por la sangre de Cristo, sellados por el Espíritu Santo, trasladados al reino de Cristo Jesús —el cuerpo, embajadores de Cristo, una familia, coherederos, el templo de Dios, parte de una sola familia, en un solo Señor, en un solo Dios, en una sola fe, en un solo bautismo.
Y a cada uno de nosotros se nos dio una diversidad de dones. En la iglesia se le dio una diversidad de vocaciones, de funciones, de regalos. Vivimos en unidad, pero no en uniformidad. No es el objetivo de la iglesia que todos nos vistamos iguales, que todos hablemos igual, que todos practiquemos la fe de la misma manera. El objetivo es que todos apuntemos a un solo Señor, a un solo Dios, a una sola alianza, a una sola fe, a un solo bautismo. En Cristo, en Dios, es uno solo.
Todos ellos apuntan ahora a Cristo Jesús
Pero la expresión de la iglesia es multiforme, es diversa, de manera corporal y de manera individual. Tú vas a ver, a través de la iglesia global, diferentes expresiones de fe. Vas a tener a la iglesia mesiánica, que son los judíos que han entendido que Jesús es el Mesías. Y ellos no abandonan su etnia, ellos no abandonan sus tradiciones, ellos continúan; pero ahora estas tradiciones, esta etnia, todo lo que han hecho —el día de descanso, los festejos que hacen— todos ellos apuntan ahora a Cristo Jesús, apuntan a una sola fe. Y de hecho, nos bendicen al revelar ciertos misterios que no conocemos.
Pero del otro lado puedes ver a la iglesia gentil, o naciones, o lo que llamamos a los cristianos. Y los cristianos —tú vas a ver la riqueza de otra expresión en Cristo Jesús, que tal vez no se arraiga en tradiciones, en ley, sino en una experiencia con Dios, en caminar con Dios, en una intimidad con Dios, en leer directamente de la palabra de Dios, en vivir de acuerdo a la palabra de Dios. Y de esa manera, la iglesia mesiánica va a ser bendecida también.
Dentro de esas mismas expresiones, todavía hay más expresiones
¿Por qué? Porque van a ver a Jesús y la obra de Dios desde los ojos de las naciones. Ahora, dentro de esas mismas expresiones, todavía hay más expresiones. Vas a ver iglesias en donde saltan, brincan, levantan las manos; y en otras en donde solemnemente participan de la presencia de Dios. Tal vez vas a ver iglesias en donde tocan tambores y ritmos tal vez africanos, y en otras en donde son ritmos latinos, o tal vez en donde se canta con una batería, con guitarra eléctrica; y otras en donde todavía hay himnos. Cada una de las expresiones representa la gloria de Dios. Somos uno solo, pero somos completamente diversos. Porque en la diversidad es que Dios revela la riqueza de su gloria y de su sabiduría a todo el mundo.
Hay personas que llegan a iglesias en donde el ruido es muy alto y no pueden conocer a Dios, y entonces van a una en donde se cantan himnos a una sola voz y encuentran a Dios. Pero hay quienes irán a esos himnos y tal vez no encuentran a Dios, pero irán a un lugar donde es ruidoso, donde la gente salta y levanta las manos y grita, y ahí encontrarán a Dios. El punto de lo que Dios está tratando de revelarnos a través de Pablo en la carta a los Efesios es que la postura de tu corazón es más importante que tu práctica y tus formas.
Cuando tu corazón ha entendido que por gracia ha sido hallado en Cristo Jesús, que ha sido pasado de muerte a vida, que Él mismo nos halló y nos amó, y que en Él el objetivo de todo es buscar la anchura, la profundidad del amor de Dios —conocerlo, amarlo— entonces, desde ahí, una explosión de expresiones va a nacer. Puede haber personas en cualquier tipo de iglesia donde la postura del corazón está en las tradiciones, o en el venir, o en el estar. O puede haber, en cualquier tipo de tradición que crea en Cristo, quienes van a encontrar a Cristo porque su corazón está centrado en Él y lo está buscando a Él.
Necesitamos la multiforme expresión de la iglesia para poder conocer la multiforme riqueza, gracia y sabiduría de Dios, para que nadie se quede fuera, para que toda persona encuentre un lugar en la casa de Dios. Porque llegará el día en el que Cristo regrese y Él va a administrar correctamente la tierra, y nos mostrará la manera que a Él le agrada ser adorado, y nos iremos alineando cada vez más, y Él presentará su iglesia pura, santa y sin mancha. Mientras tanto, tú y yo caminamos buscándolo a Él, siendo edificados en el Espíritu, en el hombre interior, en el amor de Cristo, para expresar de acuerdo a la medida que Dios nos ha dado. En la siguiente sesión vamos a ver cómo esto se expresa de manera individual, y cómo nos guía a la edificación de todo el cuerpo, específicamente para amarnos unos a otros.
Las citas bíblicas se reproducen como se leyeron en la clase.