Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase grabada (Intensivo en línea).
Resumen
La base de toda la fe es el Pentateuco: ahí Dios revela todo, y de Josué a Malaquías vemos cumplirse lo que dijo. Levítico enseña a mantener un lugar, un pueblo y unos tiempos sagrados; nunca se trató de salvación, sino de un Dios que se revela con claridad y gracia. Deuteronomio es Moisés como un abuelo que recuerda a Dios, la historia, las promesas y la ley, y deja una base profética: el camino de la bendición y el de la maldición. Aun si Israel falla, Dios promete circuncidar su corazón.
Puntos clave
- De Josué a Malaquías vemos cumplirse lo que Dios reveló en los primeros cinco libros.
- El «antiguo pacto» es el pacto del Sinaí: bilateral, como un pacto matrimonial o con un rey guerrero.
- Levítico no trata de salvación: enseña a mantener un lugar, un pueblo y unos tiempos sagrados.
- Deuteronomio es Moisés, como un abuelo, recordando a Dios, la historia, las promesas y la ley.
- La base profética de Israel: el camino de la bendición y el de la maldición ya estaba escrito.
- Aun si Israel falla, Dios promete circuncidar su corazón (Dt 30:6).
Para qué es esta clase
La clase se llama Entre reyes y profetas. El objetivo es explicar esas cosas raras que, cuando entramos historia por historia, son difíciles de entender. Vamos a dar un paso muy panorámico, aunque sí nos vamos a meter en algunos detalles, para entender cuál es el papel de toda la historia de Israel después del Pentateuco.
La base de toda la fe es el Pentateuco, los primeros cinco libros. Ahí Dios pone todo y revela todo. Luego, de Josué a Malaquías, podemos ver cómo lo que Dios dijo que iba a pasar, pasa; cómo las promesas que Dios iba a sostener, las sostiene, tanto con bendición como con maldición. Y nos empieza a mostrar el corazón humano. El objetivo es que en la historia de Israel entendamos la fidelidad de Dios, el carácter de Dios y también los caminos que hay que seguir.
Una misma historia hasta aquí
Empecemos con un mini resumen de lo que hemos estudiado, porque es una misma historia. El pueblo de Israel ya salió del desierto y está a punto de habitar en la tierra que Dios le da. Dios le ha prometido que Él va a habitar en medio de ellos y que tiene sus propósitos.
En Génesis todo es bueno. Dios nos muestra su plan: creó los cielos y la tierra, y todo es bueno. El hombre y la mujer lo arruinan, pero Dios tiene un plan para restaurarlo todo.
En Éxodo vimos cómo Dios toma a su pueblo en un pacto matrimonial. A ese le llamamos el antiguo pacto. Cuando digo «antiguo pacto» no me refiero a todo el Antiguo Testamento, ni al pacto con Abraham, ni al de Noé, ni al de David. Me refiero específicamente al pacto del monte Sinaí, que fue bilateral, en el que Dios se presenta a su pueblo como el único Dios todopoderoso: el que provee, el que protege, el que acompaña, el que guía. ¿Se acuerdan? De noche los guiaba como una columna de fuego y de día como una nube gigante que les daba sombra; y esa columna los protegió cuando el faraón quería matarlos.
Otra manera de ver ese pacto es como el de los reyes de antes, que eran reyes guerreros. No estaban sentados atrás dando órdenes: eran los primeros en la batalla. Tú te unías a ese rey porque era un guerrero que iba a proteger tus intereses. Dios está diciendo: «Yo seré tu rey y tú serás mi pueblo. Yo seré tu guerrero, el que te protege». A los hombres a veces se nos hace más fácil entenderlo así: «Sí, acepto, voy a la guerra contigo, daré mi vida por ti».
Levítico: un lugar, un pueblo y unos tiempos sagrados
Luego llegamos a Levítico y decimos: «Esto ya se puso raro». En el plan de lectura de un año como que lo forzamos: sacrificios, cordero, Jesús; subrayo todas las veces que dice «cordero» y pienso en Jesús, pero no le entendemos mucho. Luego llega Números y ya, gracias. Y Deuteronomio, ni se diga.
¿Cuál es el punto de Levítico? Que Dios, al escoger a su pueblo y escoger habitar entre ellos, produce un lugar sagrado, un pueblo sagrado y tiempos sagrados: todas las fiestas. El objetivo de todo Levítico es mostrarle al pueblo cómo mantener el equilibrio del lugar sagrado, de su estatus sagrado y de los tiempos sagrados. Nunca se trató de salvación. Nunca se trató de «haces este sacrificio y vas a estar bien». Era la manera de Dios de decir: «Aquí está Dios. Esta es la habitación de Dios; por lo tanto, es un lugar sagrado». Cuando Moisés se topa con Dios en la zarza, lo primero que oye es: «Quítate las sandalias».
Todo Levítico trata de cómo mantener puro el lugar santísimo, el lugar santo y a quienes pueden entrar ahí; cómo mantener santo al pueblo, porque son los representantes de Dios. ¿Y si alguien peca? No se preocupen: hay que hacer esto, esto y esto, todos los días. ¿Y si de plano la regamos y se nos olvidó? Bueno, cada año vamos a hacer un reset, y el espacio se vuelve a limpiar. Era una revelación de gracia.
En la época del éxodo había muchos dioses, los de Egipto y los de Canaán, y eran caprichosos: no te daban instrucciones ni te decían qué les gustaba, pero si hacías algo que no les gustaba, te castigaban, y te necesitaban para que les estuvieras dando y dando. Levítico muestra el carácter de Dios; la ley es la revelación de su carácter. Dios dice: «Yo no te necesito, no necesito tus sacrificios. Aun así, te escogí para habitar conmigo, y voy a ser claro con lo que espero de ti: que me ames, que no tengas otros dioses, que no mates». Ningún otro dios de la época se había presentado así. Dios era claro en lo que quería y en lo que no quería. Era un descanso para el pueblo, y por eso Levítico es hermoso.
Bendiciones y maldiciones: el camino trazado
Levítico termina con bendiciones y maldiciones. Romper el equilibrio de lo santo es lo que iba a traer las maldiciones; mantenerlo, las bendiciones. Si te mantienes en los caminos del Señor, serás bendecido; si no, vendrán las maldiciones. No en el sentido de un Dios enojado que te va a castigar, sino por dos razones: porque ahí está la presencia de Dios, y si no la manejas adecuadamente te va a ir mal; y porque Dios ya trazó el camino. Ese es el camino recto; todos los demás llevan a muerte.
Todos los que son papás me pueden entender. Quieres lo mejor para tus hijos y les dices: «Duérmete temprano, porque si no, mañana no te vas a querer levantar». Ellos pueden escoger el camino de la vida o el de la muerte. Si no te hacen caso, sufren sus consecuencias. Es algo muy parecido.
Y luego Números nos muestra la fidelidad de Dios, porque es un pueblo terco que no hace lo que tiene que hacer, y Dios sigue supliendo una y otra vez. Justo ahí es donde inicia esta serie.
Deuteronomio: el abuelo que recuerda
Deuteronomio es una serie de pláticas de Moisés, ya abuelito, con sus nietos: «Les quiero recordar la historia de nuestra familia, lo que representamos, lo que somos; los voy a bendecir». Léelo pensando en tu abuelito sentado contigo, contándote cómo llegó a México y por dónde pasó. Así como Abraham pasó la batuta a Isaac, Isaac a Jacob y Jacob a sus hijos, ahora Moisés va a pasar la batuta a Josué, y van a iniciar algo nuevo: conquistar la tierra que Dios les había dado. Dios es un Dios que va de generación en generación.
Lo primero que Moisés les recuerda es a su Dios. Casi siempre es lo que dice un abuelito: «Acuérdate de Dios». Deuteronomio 6 es el famoso Shemá, que los judíos recitan hasta el día de hoy: «Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es». No anden adorando a otros dioses.
Luego les recuerda su historia: «Acuérdense de que Él los sacó de Egipto, acuérdense de las maravillas». Deuteronomio está lleno de «recuerda». ¿Por qué? Porque cuando estás en el presente y las cosas no están saliendo bien, puedes acordarte de lo que Dios ha hecho. Seguro tienes momentos en que dices: «Esto no lo esperaba». Ahí puedes decir: «Si nada está bien ahorita, puedo recordar que Dios ha sido fiel; y si Dios fue fiel, Dios es fiel, y seguirá siendo fiel».
Además les recuerda las promesas, porque lo que pasó contiene una promesa. Les recuerda la base legal de Israel: Deuteronomio repite mucho de la ley, ahora cuarenta años después, y vuelve a los diez mandamientos (el Decálogo) como la base para poseer la tierra, mantenerla y que la presencia de Dios no se alejara de ellos.
La base profética de Israel
Y les da una base profética. Cuando digo «profecía» nos ponemos medio raros, pero aquí es esto: «Este es el camino de Dios; si lo siguen, serán bendecidos, y si no lo siguen, serán malditos». Está todo escrito. No tenían que estar pensando: «¿Le gustará a Dios? ¿Cruzo el Jordán o no?». Ya estaba dicho, y la nube de la presencia de Dios estaba con ellos todo el tiempo.
Esta última parte, la profética, es la que nos va a guiar por todo el Antiguo Testamento. Por eso hago tanto énfasis en el camino del gobierno de Dios y el camino del gobierno del hombre.
La ley es el fundamento
Antes de entrar en materia, recordemos que la ley es el fundamento, y la ley no son solo Levítico o los diez mandamientos: son los primeros cinco libros de tu Biblia. Son la revelación de Dios, Dios entrando a su creación y diciendo: «Hola, este soy yo, estos son mis atributos, así funciono, este es mi plan». Luego tiene citas con su pueblo, se presenta, hace maravillas, y les dice cómo vamos a funcionar y hacia dónde vamos.
Aunque no nos necesita, Dios nos escogió para participar. ¿No habría sido más fácil hacerlo solo? Obviamente sí. Sin embargo, decidió invitarnos a llevar a cabo su plan. Y sobre todas las cosas, los primeros cinco libros nos recuerdan que Él es fiel: aun cuando Israel haga lo malo, si se vuelve, Dios circuncidará su corazón (Dt 30:6). A lo mejor piensas que esas son palabras del nuevo pacto, pero estas palabras, por primera vez, las recita Moisés; ni los profetas, ni Jesús, ni los apóstoles. La primera vez que se hace mención de una circuncisión del corazón es en Deuteronomio, y es Moisés profetizándolo de alguna manera al pueblo de Israel a través de la fidelidad de Dios.
Las citas bíblicas siguen la lectura de la clase; donde se cita textualmente se usa la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.