# Efesios 5–6: sometidos unos a otros, en casa y en el trabajo

*Transcripción completa de una clase, con las palabras de Daniel Lira; solo se añadieron subtítulos, párrafos y puntuación, y se limpiaron muletillas, repeticiones y errores de transcripción. Publicada en febrero de 2026 en Estudio 12:2.*

- Autor: Daniel Lira
- Tipo: Clase
- Fecha: febrero de 2026, Estudio 12:2
- Video: sin video publicado
- URL: https://daniellira.com/predicaciones/efesios-5-6-sometidos-unos-a-otros-en-casa-y-en-el-trabajo/
- Idioma: es-MX

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## Introducción

Recapitulemos un poco lo que llevamos aprendido en estas sesiones, y entender este último empuje de Pablo. Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, que en sí mismos han hecho todo y viven para alabar su propia gloria —es decir, para representarse, para revelarse, y entre ellos deleitarse. En ese momento es que crean al hombre a su imagen y semejanza. Llegamos desde la creación ahora hasta la vida de Pablo, donde dice: es en Cristo que se nos ha revelado el misterio que se ha venido anunciando desde la fundación del mundo, que Cristo Jesús es el Mesías. Y la manera que lo hace es hablando de la obra completa, por decirlo de alguna manera, de esta Trinidad actuando en sincronía: el Padre nos adoptó, el Hijo nos redimió y el Espíritu Santo nos selló. Todo para la alabanza de la gloria de Dios.

Entonces nos han invitado a este propósito de alabar la gloria de Dios. Y para hacerlo hicieron un plan: poner a Cristo sobre todas las cosas. Él es el Rey, Él es la autoridad. Y la manera que hoy lo hace, en lo que esperamos la manera perfecta y la redención completa, es que nos puso a Cristo: es Cristo la cabeza de la iglesia. Entonces esta iglesia, que ha pasado de muerte a vida, ha sido llamada —con un llamado increíble: exponer al mundo, exponer a los cielos y a la tierra, la increíble sabiduría y riquezas de la gracia de Dios para con nosotros. Su amor insondable, inescrutable, ancho, profundo e increíble. Y entonces lo representamos. Somos sus embajadores. A este llamado lo respondemos con unidad, con diversidad y creciendo hacia la madurez.

Y es en esta madurez que nos edificamos unos a otros, vistiéndonos del nuevo hombre, vistiéndonos de Cristo Jesús, hecho a su imagen y semejanza, imitándolo a Él. Por tanto, dice el versículo 15 del capítulo 5: “tengan cuidado cómo andan, no como insensatos, sino como sabios”. ¿Qué significa esto? “Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Así pues, no sean necios, sino entiendan la voluntad de Dios.

> “No se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu” (Efesios 5:18 NBLA)

Todo este llamado, dice, por lo tanto, tengan cuidado qué hacen con su tiempo. Tengan cuidado a qué dedican su vida, a qué dedican sus horas, su tiempo libre, su tiempo de trabajo.

¿Qué es lo que estás haciendo con el tiempo que se nos ha dado? No vivamos como necios, no vivamos como quienes no saben. Sino que busquemos, examinemos, la voluntad de Dios, la voluntad que le agrada al Espíritu Santo, y hagamos eso. Por eso dice: no se emborrachen de vino. No busquen su alegría y su plenitud en el vino, porque ese eventualmente crea disolución y peleas. Sin embargo, busquen su alegría y su plenitud en el Espíritu Santo. Tomen de Él, vayan a Él, embriáguense de Él, llénense de Él. Y esa alegría va a desbordar y va a llenar tu tiempo. Porque los días son malos. Hay dolor.

Todos sabemos que hay dolor, todos sabemos que hay enfermedad, todos sabemos que hay una angustia —incluso con los hijos, cuando los dejas en la escuela, cuando salen con los amigos, cuando salen de viaje, incluso en cualquier momento, cuando se casan. Hay una angustia en decir: los quiero cuidar, los quiero guiar. ¿Por qué? Porque el mundo, la era en la que vivimos, está corrupta y es malvada. Por lo tanto, lo que hacemos con nuestro tiempo y la manera en la que vivimos es importante. Es importante el que podamos mostrar a Cristo, el que podamos primeramente escuchar a Dios y meramente después hablar como Dios. “Háblense con salmos, con himnos, cantando, alabando en su corazón al Señor.

> “Den gracias por todo, den gracias por todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios Padre” (Efesios 5:20 NBLA)

Y sométanse unos a otros en el temor de Cristo”.

Y con esa última frase es que Pablo quiere resumir cómo vivimos entre iglesia, cómo vivimos entre nosotros, cómo vivimos en nuestras comunidades. Y da tres ejemplos. El primero de ellos es el más largo, porque incluso incluye el misterio de la iglesia. Y el primero es el matrimonio. El matrimonio. Entonces, ¿cómo nos sometemos unos a otros? Primeramente, la palabra “someterse” —y ojo, antes de hablar del matrimonio dice “sométanse unos a otros”. Está hablando ya de un sometimiento mutuo.

## ¿Qué significa obedecer con confianza o de alguna manera obedecer automáticamente?

¿Qué significa obedecer con confianza o de alguna manera obedecer automáticamente? Cuando nos sometemos unos a otros, estamos hablando de que yo confío en ti y tú confías en mí. Por lo tanto, sabiendo que nos queremos edificar unos a otros, me puedo someter. Y da el ejemplo de las esposas. Dice:

> “Mujeres, estén sometidas a sus propios maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el salvador del cuerpo” (Efesios 5:22-23 NBLA)

> “Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estar sujetas a sus maridos en todo” (Efesios 5:24 NBLA)

¿Qué está tratando de decir con esto? El esposo es puesto por cabeza del matrimonio, como Cristo es puesto como cabeza de la iglesia. Nos habla de dos cosas. ¿Cómo es Cristo puesto sobre la iglesia? Dio su vida por la iglesia. Dice:

> “Como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el salvador del cuerpo” (Efesios 5:23 NBLA)

Desde ahí tenemos que entender, maridos, hombres: nuestra identidad es salvar a nuestra mujer. Nuestro propósito, nuestra función, es poner nuestra vida por delante de la de nuestras esposas.

Si alguien va a sufrir, si alguien no va a dormir, si alguien va a doler, es el hombre —quien pone su vida por delante para que su mujer pueda seguir arraigada en el amor de Cristo, para que pueda sentirse abrigada, arropada, amada, segura, certera. ¿Por qué? Porque la cabeza tiene la confianza, porque la cabeza va a Cristo, porque la cabeza conoce a Dios. Y entonces ahí confío en ti. Hay una clara consecuencia de la caída desde Génesis 3, en donde dice que la mujer querrá enseñorearse de su marido, y su marido querrá pisotearla. Hay un problema ahí que vemos, y más en nuestra cultura mexicana, en donde el hombre quiere aplastar a su mujer, y su mujer quiere sobreponerse, y entonces el marido quiere volverla a aplastar, y es una tras otra, una tras otra. Lo que Cristo está mostrándonos es decir: no.

El hombre entrega su vida por la mujer. Y entonces la mujer, que se sabe amada, se toma del hombre, se somete al hombre, dice “en ti estoy segura”. Al mismo tiempo, mujeres: cuando tú encuentras un hombre arraigado en la palabra, que corre a Cristo, que da su vida por ti, entonces ahí es en donde tú sometes esta necesidad y dices “voy a seguirte a ti, porque sé que lo que tú haces es por mi bien y por mi beneficio”.

## Habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra

Pero, de nuevo, es a medida que el hombre se parece a Cristo, que tomamos de Cristo. Y es por eso que el versículo 25 dice: “maridos, amen a sus mujeres como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin mancha, sin arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada”. Muchos maridos queremos correr a los primeros versículos sin darnos cuenta que los siguientes versículos son incluso más amplios, en donde dicen: ¿has dado tu vida por tu mujer?, ¿has dado tu vida para que no tenga arruga ni mancha?, ¿has dado tu vida de tal manera para lavarla con la palabra de Dios?, ¿la has dado?

El día que me iba a casar, cuando le mencioné a uno de mis mentores que me iba a casar con una mujer que se llamaba Lili, me dijo: hay una historia bien bonita en donde un hombre estaba paseando en un jardín, y en medio de ese jardín había una flor, y en esa flor Dios le decía —es como un sueño, es un relato— esta flor era una Lili, un lirio. Y esta Lili estaba muerta. Cuando el hombre voltea y dice “Dios, ¿por qué me diste una flor muerta?”, le dijo: “es que es tu trabajo hablar vida. Y conforme tú hables vida, y conforme tú la laves con la palabra, conforme tú te la presentes sin arruga y sin mancha, esta flor cobrará vida”. Y me dijo: este es tu rol como esposo. No está hablando de la condición de la flor o no.

## Tal vez Dios te entregó una flor llena de vida

Tal vez Dios te entregó una flor llena de vida, tal vez te la entregó. El punto es que, como marido, tu trabajo, sin importar la condición de tu esposa, es hablar vida. Es dar tu vida para que entonces esta florezca y esté feliz en esa tierra fértil, en ese campo tan hermoso. Muchos maridos queremos correr a los primeros versículos, por la misma consecuencia de la caída: queremos pisotear a la mujer, queremos ganar nuestra autoridad a base de fuerza. Aquí dice: sí, pero también dice que mueres. Y cuando tú mueres, entonces los frutos del Espíritu van a crecer en tu esposa, y es tu esposa quien se va a presentar sin arruga y sin mancha.

> “Así deben también los maridos amar a sus mujeres como sus propios cuerpos” (Efesios 5:28 NBLA)

El que ama a su mujer, a sí mismo se ama”.

El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Al amar a la mujer, entonces es como nosotros recibimos deleite. Ahora, aquí habla de una siguiente cosa: el misterio, de nuevo, de la iglesia. Versículos antes hablamos que la iglesia hablaba de Israel y las naciones en un nuevo hombre. Ahora está dando este ejemplo, por eso dice:

> “El hombre deja a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia” (Efesios 5:31-32 NBLA)

> “En Cristo somos un nuevo hombre: judío y gentil, esclavo y libre, griego —no importa lo que sea— en Cristo somos uno solo” (Gálatas 3:28 DHH)

Pero, como en el matrimonio, la mujer no deja su identidad ni su función, el hombre no deja su identidad ni su función. Hay un gran misterio ahí: unidad en diversidad. Pero cuando entendemos esta realidad, y entendemos que el matrimonio, así como la iglesia, representan a Cristo, entendemos que el objetivo de ambos es la alabanza de su gloria. Lo que quiero decir con esto es lo que digo en cada boda: tu vida y tu matrimonio cuentan para la eternidad. Tu vida y tu matrimonio cuentan la historia de Dios, cuentan la grandeza de Dios, su gloria, su gracia, su alabanza, su carácter y su amor por el mundo entero.

La fidelidad que tienes a tu esposa, y —mujeres— la fidelidad que tienes a tu esposo: el cómo te arraigas, el cómo hablas bien, el cómo lo animas para que salga a la vida, y vaya a la palabra, y se encuentre con Dios, y se renueve en Dios. La manera en la que somos fieles al pacto que hicimos entre nosotros es la manera que representamos la fidelidad de Dios con su iglesia y con su pueblo —que no dejará que nada se interponga, sino que damos nuestra propia vida para salvaguardar el pacto.

> “En todo caso, cada uno de ustedes ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido” (Efesios 5:33 DHH)

En todo caso, Cristo nos amó, y nosotros respetamos, honramos a Cristo y lo ponemos por cabeza.

Los siguientes dos ejemplos son más cortos y más al punto, porque ya ha dado el ejemplo completo. Sin embargo, trata entonces de hablar a los hijos y a los padres. Hijos que aún no están en matrimonio, tal vez este ejemplo es difícil de comprender —porque si tú estás casado, tú sabes que cuando te casas hay algo que comprendes; cuando tienes hijos hay algo que comprendes. Sin embargo, ahora está hablando a los hijos. Estos versículos principalmente hablan a los hijos. Dice: “hijos, obedezcan a sus padres en el Señor, porque esto es justo.

> “Honra a tu padre y a tu madre —primer mandamiento con promesa— para que te vaya bien y para que tengas larga vida sobre la tierra. Y ustedes, padres, no provoquen a ira a sus hijos, críenlos en la disciplina e instrucción del Señor” (Efesios 6:2-4 NBLA)

## También aplica a hijos de padres no creyentes: hónrenlos, respétenlos, escúchenlos

De nuevo, ¿a quién le está hablando? A hijos de padres creyentes, diciendo: hijos, honren a sus padres. Sin embargo, también aplica a hijos de padres no creyentes: hónrenlos, respétenlos, escúchenlos. Hay una experiencia, hay algo que han vivido, tienen algo que decir. Y mientras no vaya en contra del Señor, en contra de la palabra, en contra de Cristo, nuestro trabajo es someternos y decir: voy a considerarte como mayor, en toda humildad y mansedumbre. Soy tu hijo y voy a seguirte. Y de la misma manera, padres: no los provoquemos a ira. Hay cosas que hacemos que sabemos que van a provocar su ira. Evitemos hacer esas. No busquemos la necedad, sino que vamos a llevarlos con disciplina e instrucción.

¿Qué significa eso? Es cuando tú te bajas a su nivel, los tomas de la mano y le dices: hijo, el camino por el que estás es incorrecto, vamos por acá. La disciplina es la corrección del camino. Es la manera en la que lo llevamos, no para provocarlos a ira, sino que, sentados junto con ellos, estamos dispuestos a caminar. Y por último, habla de los siervos —los esclavos— y de los amos. Siempre que hablamos de este tema, empieza a verse así como un problema grande. La gente empieza a decir: entonces, ¿la Biblia, Dios, está hablando que la esclavitud está bien? Y la respuesta de eso es no. Y mucho menos en términos de esclavitud moderna o casi moderna. De lo que está hablando, una vez más, es de someterse. La Biblia, en ningún momento, nos está hablando de dejar nuestra esfera social o nuestra condición actual.

Te está diciendo: si tú eres hijo, sigues siendo hijo; si tú eres padre, sigues siendo padre; si tú eres esposa, sigues siendo esposa; y si tú eres esposo, sigues siendo esposo. Si tú eres empleado —o, ojo, esclavo— sigues siendo esclavo, porque el reino de Dios aún no llega. Pero, como esclavo, como siervo, esta es la manera que vas a actuar para representar a Cristo. Y como amo, esta es la manera que vas a actuar para representar a Cristo.

## Había cláusulas en donde estos siervos eran dejados libres

Pero si nos vamos a la ley, a Levítico, a lo que se le decía al pueblo de Israel a diferencia de todas las naciones: había cláusulas en donde estos siervos eran dejados libres, y tenían la opción de salir o de quedarse. Y esto nos habla de una cultura muy distinta. El siervo en esta época no necesariamente era maltratado, sino que era uno con la familia, era cuidado, era amado, era criado junto con la familia, casi como un hijo. Y entonces es en este sentido en el que lo habla.

Pero tú y yo también lo podemos tomar el día de hoy como el empleado y como el jefe. Al final, el punto de estos tres ejemplos es el mismo: sométanse, sométanse unos a otros, que haya una obediencia automática por confianza —obviamente, siempre y cuando vaya alineado al Señor— y lo hacemos por respeto y temor a Dios. “Sométanse unos a otros en el temor de Cristo”. No en “lo voy a hacer como regla”, sino en el sentido de: por temor a Cristo, me considero menor que el otro, y entonces te voy a servir, porque ahí es donde te voy a enseñar el amor de Cristo, ahí es en donde te voy a amar. Dice: “sirvan, obedezcan a sus amos, con temor, con temblor, como a Cristo.

> “No para ser vistos como los que quieren agradar al hombre, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios” (Efesios 6:6 NBLA)

Pablo era esclavo, Pablo estaba prisionero, y ahí escuchaba y obedecía a los carceleros. Y así —dice Filipenses— dio mucho fruto en muchos de nosotros. Que el jefe puede ser malo, puede no ser creyente, puede actuar de ciertas maneras, pero en la obediencia excelente podemos reflejar a Cristo. Y si tú eres amo —si tú eres jefe, en algún trabajo, en algún empleo, en alguna empresa— dice: trátenlos con respeto, con temor, con sinceridad, agradando, como si fuera a Dios mismo. No los amenacen, porque tanto tu jefe como él son siervos de Dios, sabiendo que el Señor de ellos y de ustedes está en el cielo, y que en Él no hay acepción de personas. No importa esposa, esposo, hijo, padre, siervo, amo: todos somos uno en Cristo.

Pero todos tenemos una diversidad de funciones o estratos sociales, a los cuales no se nos pide abandonar. No significa que no puedas abandonarlo, sino que no se nos pide “deja de serlo, escapa, renuncia”. Sino que te dice: ahí mismo, sirve como si sirvieras a Dios. Desde tu posición de jefe, sirve a tus empleados. Desde tu posición de padre, sirve a tus hijos. Desde tu posición de esposo, sirve a tu esposa. Y viceversa. Para terminar la carta, Pablo va a hablar de esta realidad espiritual que hay detrás de nuestra vida, y lo va a hacer con una analogía que veremos la siguiente sesión.
