# Efesios 2: «pero Dios», somos su obra maestra

*Transcripción completa de una clase, con las palabras de Daniel Lira; solo se añadieron subtítulos, párrafos y puntuación, y se limpiaron muletillas, repeticiones y errores de transcripción. Publicada en febrero de 2026 en Estudio 12:2.*

- Autor: Daniel Lira
- Tipo: Clase
- Fecha: febrero de 2026, Estudio 12:2
- Video: sin video publicado
- URL: https://daniellira.com/predicaciones/efesios-2-pero-dios-somos-su-obra-maestra/
- Idioma: es-MX

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## Introducción

En las primeras dos sesiones alcanzamos a estudiar el capítulo número uno de Efesios. ¿Y qué es lo que descubrimos? El plan eterno de Dios es poner a Jesús sobre todas las cosas. Esto es a lo que llamamos el reino de Dios. Y puedes escucharlo o leerlo en los evangelios como el evangelio del reino de Dios o el reino de Jesucristo. Este es el punto, este es el objetivo de todo. Él es el rey. Él es el que había sido prometido, y Él es el que anunció y reveló la gracia de Dios y la invitación a todos a este reino. Ese es el evangelio del reino. Conocimos también el propósito eterno de Dios, que ha sucedido desde la eternidad pasada y continuará hacia la eternidad futura —si es que podemos llamarla así—, que es la alabanza de la gloria de Dios.

En términos más familiares, y como lo mencionamos en la clase de orígenes en Génesis, es conocer y amar a Dios para poder irradiar a Dios. Y en esta combinación, la gloria de Dios es alabada. Y entendimos también que el rol de la iglesia, el rol nuestro de cada uno de nosotros, es participar de este plan al ser los embajadores de Jesús. De alguna manera, es ser el cuerpo de Cristo, ser los pies de Cristo, ser las manos de Cristo en la tierra, ser sus representantes —como los representantes de un reino. Así como los embajadores de cualquier país representan al país y viven de acuerdo a ese país, bajo su cultura y bajo cualquiera de sus leyes, de la misma manera el pueblo de Dios o la iglesia somos el cuerpo de Cristo. Caminamos conforme a Cristo y representamos a Cristo.

¿Cómo lo hacemos? Siguiendo a Jesús. Él es la cabeza, es el principal de todas las cosas. Dios ha puesto a Jesús como cabeza de la iglesia. No nos lideramos unos a otros: el liderazgo que seguimos es el de Jesús. Leemos la palabra, lo conocemos a Él, y entonces al conocerlo a Él actuamos más como Él, nos edificamos, nos convertimos, nos parecemos más a Él. Y la segunda cosa es que somos acompañados —o guiados, mejor dicho— por el Espíritu Santo. Es lo que leímos justo al final del primer capítulo: que el mismo Espíritu que levantó a Cristo de los muertos vive en ti. Y es este Espíritu que nos ha sellado con una garantía y con poder, en el que, en oración, en intimidad, en conocerlo a Él, podemos caminar y ser guiados por el Espíritu Santo.

Por lo tanto, iglesia, Dios nos ha dado estas tres cosas para entender y caminar en nuestro propósito —o mejor dicho, en nuestro rol— que es ser sus embajadores. Nos ha dejado a Cristo como cabeza, y Cristo es la palabra, y a través de la palabra lo podemos conocer, a través de su ejemplo, a través del Evangelio. Nos ha dejado al Espíritu Santo, quien nos habla, quien nos recuerda, quien nos guía a toda verdad. Y nos ha dejado a la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, donde juntos nos vamos edificando. Este Espíritu Santo es la garantía de esta redención.

## En Cristo Jesús hablamos y caminamos con autoridad, proclamando el Evangelio

Y como el Hijo fue enviado una vez, ahora el Espíritu Santo fue enviado, y es enviado para sellarnos y garantizar el cumplimiento de las buenas noticias: que un día Cristo reinará para siempre, y en ese momento toda lágrima se secará, toda injusticia cesará, todo dolor terminará. Por lo pronto, tú y yo tenemos esta misión, sabiendo que somos hijos de Dios, perdonados y sellados. En Cristo Jesús hablamos y caminamos con autoridad, proclamando el Evangelio.

Así que pudimos ver a la Trinidad actuando en completa sincronía, en un plan perfecto que alaba la gloria de Dios. Vimos que esta era actual es corrupta y que tenemos un rol en ella: de llamar a todos a los pies de Cristo. Pero también vimos que el plan eterno de Dios se cumplirá en su segunda venida. En Efesios 2 vamos a ver cómo Dios logró todo esto, de qué se trata esto de la adopción. Y volvemos otra vez: todo se arraiga en Génesis. Todo se arraiga en la historia que se ha venido contando, y que Pablo ahora está revelando a través de Cristo, a través de los ojos de Cristo, cómo todo esto funciona. Y el capítulo 2 nos habla de dos caminos —los dos caminos de siempre—: el camino de la muerte y el camino de la vida.

## Tú lo puedes leer y puedes entender que hay dos reinos

Y teniendo este contexto en mente, tú lo puedes leer y puedes entender que hay dos reinos: el reino de las tinieblas y el reino de Dios. El reino de las tinieblas es el reino que está dominado por Satanás. Está dominado por el mundo corrupto, es decir, las corrientes del mundo —es cuando tú y yo actuamos conforme a lo que vemos en el mundo y no conforme a nuestras propias convicciones. Y tercero: nuestros deseos, nuestros propios deseos. El reino de las tinieblas tiene su propia trinidad falsa, por decirlo de alguna manera. Es Satanás en su ira, en su enojo, en su envidia, en su orgullo, tratando de corromper el mundo cada vez más y traer a todos bajo sus pies —lo cual es falso y eventualmente será aplastado como la serpiente que es.

Pero también el mundo ya ha sido corrompido. Está corrupto a tal punto que las corrientes que existen nos dominan, o de alguna manera nos dejamos gobernar por ellas. Cualquier corriente que podemos ver que se alza —y voy a hablar de alguna de ellas. Por ejemplo, el aborto: y cómo podemos ver cómo el aborto eventualmente se vuelve algo tan común, algo tan simple, algo tan “es mi cuerpo”; y todo el mundo empezamos a tomarlo y decir “bueno, tiene sentido”, y poco a poco somos llevados por esas corrientes. Y es algo que tú vas a ir notando: hay ciertas corrientes que globalmente, de repente, comienzan a tomar fuerza, pero que si comenzamos a rascarle un poco, no tienen tanto sentido. Y el tercero son nuestros propios deseos.

Ahora, la carne. Les decía, la carne en su diseño original es buena, porque así la diseñó Dios. Tus emociones, tus deseos, cada una de estas cosas, tus pensamientos —en el diseño original de Dios, la intención de todos ellos es buena. Pero dominadas en un mundo caído y corrupto, y con la fragilidad de nuestros pensamientos, es llevada, y entonces nuestros deseos son corrompidos. Están corruptos. Hablando igual, regresando al tema de la sexualidad: es normal creer que tener relaciones sexuales antes del matrimonio es bueno.

¿Por qué? Porque es lo que ves en todas las películas, es lo que ves en todas las personas, es lo común, incluso es lo esperado en una relación. Sin embargo, la palabra de Dios en su diseño nos ha dicho que la sexualidad es un pacto íntimo entre dos personas. Dos personas que se están desnudando de una manera literal —así como en Génesis, cuando estaban desnudos y sin vergüenza— para entregarse unos a los otros en un pacto eterno, en un pacto entre dos. Y está santificada, es decir, está separada para ese momento.

Pero la corriente del mundo nos ha inculcado algo diferente. Agregado a los deseos de nuestra carne, agregados a las maquinaciones de Satanás, todas estas cosas, es el gobierno de las tinieblas. Y es el camino en el que podemos escoger, cuando escogemos vivir bajo nuestro propio conocimiento del bien y del mal. Lo vimos en Génesis. Lo ves en cada uno de los libros de la Biblia y en la historia de Israel: en cómo siempre tienen dos caminos. Escoger el camino de la dependencia de Dios y su reino, o escoger el camino del conocimiento del bien y del mal —lo que yo creo que está bien, lo que yo creo que está mal.

Pero cuando entendemos, de nuevo, en Cristo, es que tú y yo hemos sometido nuestros deseos y nuestros pensamientos a la voluntad de Cristo: ¿Quién es Él?, ¿Y qué es lo que Él nos dice?, ¿cuál es nuestra identidad en Él? Y de eso se trata el capítulo 2. Habla de esta antigua identidad, en donde estábamos muertos, desechados, llenos de la ira de Dios. ¿Por qué? Porque habíamos escogido el camino de la muerte, el camino del diablo, del mundo, de nuestros deseos.

Pero Dios, en Cristo, solo por su gracia y solo por su amor, nos dio vida juntamente con Cristo. Él nos tomó y dijo: “en Cristo, todo aquel que viva en Cristo es como si hubiera tomado del árbol de la vida”. Es la nueva semilla —es Cristo Jesús— que fue plantada, y a través de la historia de Israel creció un árbol, y ahora podemos tomar de ella como el fruto, de esta historia de Israel, el fruto de la bendición de Dios a un pueblo.

## Todos quienes tomemos de Cristo Jesús

Ahora tú y yo, como naciones gentiles, podemos tomar del fruto. Y todos quienes tomemos de Cristo Jesús, ahora hemos escogido el camino de la vida. “Nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia han sido salvados. Y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”. Vemos el patrón “en Cristo Jesús” repetirse muchas veces. Y el objetivo de todo esto es decirles: había dos caminos. Ustedes, que habían escogido el camino de la muerte, estaban muertos.

Pero Dios proveyó una nueva semilla, y todo aquel que toma de ella ahora tiene vida. En Cristo está sentado en lugares celestiales. En Cristo tiene sobreabundancia de las riquezas de la herencia de Dios y de las bendiciones en Cristo Jesús. Y todo esto, dice el versículo 8:

> “Es por gracia han sido salvados, por medio de la fe, y no por obras, porque somos hechuras suyas, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Efesios 2:8-10 NBLA)

Entonces, de nuevo: Dios proveyó a Cristo, tomamos de Cristo, y Dios comienza en nosotros una nueva obra. Una obra maestra. Una obra maestra que tiene una intención: mostrar en los siglos venideros —mostrar en el resto de tu vida, y de los siglos que vengan, y para toda la eternidad— la sobreabundante riqueza de Dios; es decir, mostrar su gloria a todo poder, dominio y autoridad. ¿A través de qué? De apuntarte a ti. Si tú eres padre, o tienes hijos, o si eres hijo —creo que al menos eres hijo—, tú sabes que la gloria de un papá está en su hijo. No sé si me estoy dando a entender: la gloria de un padre está en su hijo.

Y un papá presume a su hijo, y viste a su hijo, y lo lleva, y se enorgullece cuando la gente ve a su hijo y lo representa a él. Y entonces el hijo es una representación del padre. Ahora, esta es una analogía imperfecta, pero en Dios se vuelve perfecta. Somos hechura suya en Cristo Jesús. Por gracia Él los tomó, y ahora somos su obra maestra —una obra maestra que está revelada, está dispuesta, está puesta para que todo el mundo lo pueda ver y conocer.

Ahora, esto lo hizo por medio de su gracia, por medio de la fe. Y este en sí es nuestra identidad, digamos individual personal. Pero una vez más, hablamos de que no existimos más que de manera corporal: vivimos en Cristo, somos su cuerpo, somos la iglesia. De manera individual tenemos esta identidad, y nos arraigamos a ella, y nos tomamos de Cristo, pero esta cobra sentido en el cuerpo. Y entonces, los versículos del 11 al 21 nos hablan de qué es este cuerpo. Y este cuerpo es un misterio: es el misterio de Israel y de la iglesia. El cuerpo de Cristo es el pueblo de Israel —que fue escogido por Abraham, Isaac y Jacob, y que creció a través de la historia de la humanidad, y que fue escogido para ser bendecido para bendecir. Es este Israel al que Jesús vino y nació entre ellos.

## Descendiente de estas tribus de Israel que fueron escogidas para bendecir

Y el mismo Pablo es descendiente de Israel, descendiente de Jacob, descendiente de estas tribus de Israel que fueron escogidas para bendecir. Sin embargo, de nuevo, en la mente de los fariseos, en la mente de la época actual de los judíos, estaban separados y excluidos los gentiles —es decir, todas las demás naciones— del pueblo de Israel. Pero la realidad, el diseño de Dios, es que esto no era así: el objetivo de Israel siempre fue bendecir a todas las naciones. Y Pablo ahora comienza a escribir y decir: en Cristo Jesús, todos somos uno. En Cristo Jesús hay una unidad, hay un nuevo cuerpo, por así decirlo, hay un nuevo hombre que es presentado.

Y comienza haciéndolo hablándole a los gentiles, es decir, a ti y a mí, a las naciones: “y si ustedes, que estaban excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios, ahora en Cristo Jesús ustedes que estaban lejos han sido acercados por la sangre de Cristo”. Dice: gentiles, ustedes no conocían la historia de Israel. Velo en tu vida: yo no conocía la historia de Israel, yo no conocía quién era Dios, yo no conocía la historia de Dios y su revelación.

¿Por qué? Sí, tal vez por una falta de fidelidad del mismo pueblo de Israel al no proclamarlo. Sin embargo, Cristo Jesús vino y murió de la forma más pública para abrir sus brazos y decir: “vengan a mí todos los que tienen sed, y yo les daré de beber gratuitamente del agua de vida eterna”. Y nos invita a los que estamos excluidos, sin esperanza, sin Dios —porque no lo conocíamos. Dice del mismo: “Él es nuestra paz, de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, poniendo fin a la enemistad en su carne, para crear en el mismo de los dos un nuevo hombre, y reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio de la cruz, habiendo dado muerte en ella a la enemistad”.

Aquí vemos entonces estas dos temáticas: Dios está hablando de la iglesia, Pablo está escribiendo de la iglesia —es decir, está hablándole a Israel y a las naciones al mismo tiempo, y les está diciendo: recuerden, recuerden que ustedes son uno. Ahora no solamente son judíos y todos los demás, sino que ahora son uno mismo. Si recuerdas, en las clases de orígenes vimos que el pueblo de Dios —o la iglesia significa la comunidad de Dios— siempre fue el remanente que depositó su fe en Cristo Jesús, o en la semilla, o en las promesas de Dios. Esto lo podemos hablar desde Génesis 3:15. Ya existía la iglesia, en ese sentido: todas las genealogías, los linajes que escogieron creer en Dios frente a todos los demás que escogieron no creer en Dios.

## Ahora este nuevo hombre —este judío y gentil— somos la iglesia

Y ahora esto se presenta en Cristo. En Cristo, Dios derribó esta pared que parecía existir entre judío y gentil y nos unió en un nuevo hombre. Y ahora este nuevo hombre —este judío y gentil— somos la iglesia. Dice: ¿Cómo lo logró? Poniendo fin a la enemistad. La enemistad que inició en Génesis 3:15, en donde dijo: habrá dos semillas, y entonces Satanás tendrá una enemistad contra Israel y su descendencia. Esta enemistad, de alguna manera, ha sido puesta en fin, porque en Cristo Jesús, en la cruz, aplastó —o dictó la sentencia de la serpiente. Y en esa esperanza es que tú y yo nos reunimos, y nos reunimos con toda la historia y gloria de Israel.

Y ahora las naciones nos unimos junto con ellos para representar a Cristo. Porque

> “Por medio de Cristo los unos y los otros tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu” (Efesios 2:18)

De nuevo, la Trinidad: es por medio de Cristo que tenemos entrada al Padre, somos adoptados por el Padre en el Espíritu Santo.

> “Así ya no son extraños, sino que son conciudadanos, son familia de Dios, con el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo Cristo Jesús la piedra principal, la piedra angular, en quien todo edificio viene a ser un templo santo” (Efesios 2:19-21 NBLA)

Lo que quiero decir con estos versículos es que tú y yo fuimos trasladados del reino de las tinieblas al reino de Cristo Jesús. Y en este reino de Cristo Jesús, Dios nos redefinió las cosas. Nos unimos a la misión de Israel.

Somos adoptados juntamente, ahora con Israel, en un mismo Dios, en un mismo Espíritu. Somos una misma familia. El resto de los capítulos 3 y 4 nos va a hablar justo de esto: la unidad —la unidad entre la iglesia, entre la comunidad de Dios— y la diversidad que en ella hay para representar las riquezas de Dios. Entonces, recuerda: tu antigua identidad es que eras excluido. Excluido. Tu antigua identidad es que estabas muerto.

Pero Dios, en su gracia y en su misericordia, proveyó a Cristo Jesús. Él mismo vino, encarnó, murió por nosotros, para que en Él ahora seamos incluidos. Y tu nueva identidad es que ahora eres un hijo de Dios, eres el pueblo de Dios, eres el cuerpo de Cristo, eres la familia, ciudadano, familia de Dios, eres parte de la casa, del templo de Dios, en donde Él habita. En Él somos edificados. Esta es nuestra identidad: individualmente adoptados, redimidos y sellados; y corporalmente, es que somos unidos, somos un solo cuerpo, una sola casa, en un solo Dios, en una sola morada, en donde Dios habita.

¿Para qué? Para que Dios pueda usarnos como una obra maestra, y que todo el mundo —tanto terrenal como espiritual— pueda conocer que Él es el rey. Nos vemos en la siguiente sesión, en donde hablaremos de la unidad de la iglesia y de los dones, y la diversidad de la iglesia y de los dones. Gracias.
