# Efesios 1: el plan de Dios, Cristo sobre todas las cosas

*Transcripción completa de una clase, con las palabras de Daniel Lira; solo se añadieron subtítulos, párrafos y puntuación, y se limpiaron muletillas, repeticiones y errores de transcripción. Publicada en febrero de 2026 en Estudio 12:2.*

- Autor: Daniel Lira
- Tipo: Clase
- Fecha: febrero de 2026, Estudio 12:2
- Video: sin video publicado
- URL: https://daniellira.com/predicaciones/efesios-1-el-plan-de-dios-cristo-sobre-todas-las-cosas/
- Idioma: es-MX

---

## Introducción

Bienvenidos a la segunda sesión. Durante la primera sesión desglosamos de alguna manera los primeros 14 versículos de Efesios, donde entendimos que el Padre decidió desde antes de la fundación del mundo amarnos, elegirnos y adoptarnos como hijos por medio de Cristo Jesús, y revelarnos el plan de Cristo Jesús. Esta parte nos la saltamos, y en esta sesión la vamos a descubrir, pero vimos que el Padre nos adoptó. Este es mi resumen, la manera de recordar qué es lo que el Padre hizo y cómo relacionarme con Él: que nos adoptó, aunque hizo mucho más. Nos amó, nos eligió, nos bendijo en toda clase de bendición espiritual; pero todo esto englobado en esta relación de padres e hijos, creo que lo podemos entender: un buen Padre que da su vida, y da su tiempo, y da todo por sus hijos.

Y vimos que Él lo hizo para la gloria y alabanza, para la alabanza de su gloria. El Hijo, Jesucristo, vino a revelarnos la gracia de Dios al redimirnos y perdonar nuestros pecados. Es este el plan que Dios tenía desde antes de la fundación del mundo y que fue puesto en marcha en Cristo Jesús. Y vimos también que el Espíritu Santo nos selló como una garantía de lo que ha de venir.

Ahora, en esta sesión veremos por qué necesitamos ser sellados como una garantía. Muchas personas creen que el cristianismo se trata de ser salvos. Y sí viene mezclado esto con una —digámoslo— teología o mitología griega, en la cual el mundo fue creado y lo terrenal es malo y lo espiritual es bueno. Los griegos pensaban esto. Tú puedes conocer tal vez la filosofía de Platón, en donde hablaba de esta realidad de una cueva y que vivimos sólo en la sombra de lo que es real, y que el objetivo de la vida es escapar de la cueva para vivir en la verdadera realidad.

Entonces, esta filosofía lo que trata de decir es que el mundo terrenal y físico es tan sólo una sombra y es mala. Es mala. Y el objetivo es escapar e ir al mundo espiritual. Pero la Biblia no enseña esto. La Biblia en ningún momento enseña esto. Esto es un tipo de gnosticismo y se vuelve una herejía en el segundo y tercer siglo después de Cristo. ¿Qué es lo que pasa entonces?

¿Qué es la realidad? La realidad es que Dios creó todas las cosas y todo era bueno. Pero el mundo se corrompió. Entonces Dios prometió un salvador, una semilla. Esa semilla vino al mundo y murió por nosotros. Y de ahí en adelante muchos cristianos, de nuevo, piensan que el objetivo de nuestra vida es ser salvos. Hacemos la oración, aceptamos a Cristo en nuestro corazón y creemos que la vida ahí terminó.

Pero la realidad es que no es así. Hay mucho más. Si la realidad fuera que el objetivo de Dios es que fuéramos salvos, tú y yo ya no existiríamos en este mundo. Seríamos llevados por Dios inmediatamente en ese momento. Porque, ¿qué clase de buen padre dejaría a su hijo en un mundo terrenal malo cuando el objetivo de su vida ya se cumplió? En donde hay enfermedades, en donde hay dolor, en donde hay lágrimas, en donde hay muerte. Un buen padre. Si realmente el objetivo de nuestra vida era ser salvos, en el momento que aceptamos a Cristo deberíamos desaparecer.

Sin embargo, hay un llamado. Hay un llamado para cada uno de nosotros. Y es por eso que somos sellados por el Espíritu Santo, como una garantía de que estamos en Cristo Jesús. Él dice: “tu salvación ha sido sellada, te he sellado en Cristo Jesús, te he guardado con miras a la redención eterna, a la redención final, el día que Él regrese. Mientras tanto, te daré una misión. Te he sellado y te he dado una identidad. Y te he llenado de poder y de sabiduría y de discernimiento, por una sola cosa, por una misión: poner todo bajo los pies de Cristo”. Este es el gran y misterioso plan que Dios quiso llevar a cabo y que reveló en Cristo Jesús. Esto lo podemos leer en los versículos 15 al 22.

## Terminando de presentar quién es el Padre

Vemos que, terminando de presentar quién es el Padre, quién es el Hijo, quién es el Espíritu Santo, Pablo comienza a orar. Se llena de oración y dice: “hay una oración que quiero hacer por ustedes en este momento, quiero detenerme”. Y dice en el versículo 18: “mi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados, para que sepan cuál es la esperanza de su llamamiento, las riquezas de la gloria de la herencia de los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, en los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder”.

¿Qué quiere Pablo? Que sean iluminados nuestros ojos, que podamos conocer que somos amados y el gran amor de Dios, que podamos conocerlo, la riqueza que hay en eso y en representarlo. Esto es lo que Dios quería lograr. Y al sellarnos nos da un plan, un gran y misterioso plan. Es el versículo número 9 —nos regresamos un poco—: ¿Qué es lo que va a suceder? ¿Y bajo quién somos llamados? Dice: “nos dio a conocer el misterio”.

Este es el contexto de la oración de Pablo:

> “Dios nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según la buena intención que se propuso en Cristo Jesús” (Efesios 1:9 NBLA)

¿Cuál es?

> “Con miras a una buena administración en el cumplimiento de los tiempos: es reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en el cielo como las que están en la tierra” (Efesios 1:10 NBLA)

De nuevo, vamos a ver un pequeño resumen para que no se vuelva confuso. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos adoptaron, nos redimieron y nos sellaron. Este sello nos habla de algo: hay una misión, hay un llamamiento, hay algo. El plan es poner a Cristo sobre todas las cosas con miras a una buena administración. El primer Adán —Adán, el primer hombre creado— fue puesto en la tierra para administrar la tierra. Se le dio y le dijo: “ejerza el dominio, administra la tierra”.

## Las riquezas que es vivir en Cristo Jesús

Y ahora el nuevo y postrero Adán, el mejor Adán, es Cristo Jesús: este hombre que es Dios, completamente hombre, completamente Dios, que vino a la tierra, encarnó, será puesto como rey, como gobernante, sobre todas las cosas, para que Él administre la tierra de acuerdo a la voluntad de Dios. Mientras tanto, dice Pablo, oro para que conozcan el llamamiento que tenemos, y las riquezas que es vivir en Cristo Jesús.

¿Y cuál es ese llamamiento? Es llamar a todos a los pies de Cristo. Nuestro principal rol. El plan misterioso de Dios, el misterio, era que Cristo Jesús es la semilla prometida en Génesis 3:15. Es el hijo de Abraham, Isaac y de Jacob. Es aquel por el que vendría la ley a ponerse en nuestros corazones. Es aquel Mesías que vendría de una virgen. Es aquel que reinará por los siglos de los siglos. Es el siervo sufriente que murió por nosotros.

Pero también es el rey de reyes que vendrá a reinar por siempre. Esta es la realidad de quién es Dios. Y nuestra identidad es que tú y yo somos llamados, y somos parte del cuerpo de Cristo. Tenemos un llamamiento, tú y yo —no solamente yo, no solamente los pastores, tú y yo, toda persona que en Él cree, toda persona que está dentro del arca— tiene un objetivo: poblar la tierra, llenar la tierra. ¿Cómo? Con hijos espirituales y, ojo, también hijos físicos. Tus mejores discípulos son tus hijos. Y tus segundos mejores discípulos son aquellos a quienes puedes presentar el Evangelio y llevarlos a los pies de Cristo, para que un día sí podamos decir, como Pablo dijo alguna vez: “síganme a mí como yo sigo a Cristo”.

## Es que sean discípulos de Cristo y no discípulos nuestros

El objetivo es eventualmente que todos se conformen a la imagen de Dios, a la imagen de Jesús, al hombre y varón perfecto. Es que sean discípulos de Cristo y no discípulos nuestros. Sin embargo, hay una misión: llamarlos a todos, como tú y yo hemos sido llamados. El Padre nos adoptó, el Hijo nos redimió, el Espíritu Santo nos selló, para la gloria y alabanza de Dios. Porque hay un plan: poner a Cristo sobre todas las cosas, que restaurará los cielos y la tierra, en donde podremos deleitarnos en Él.

Sin embargo, este plan aún no está completo. Aún no está completo. Cristo no ha regresado. Y nuestra misión es estar en la tierra como el cuerpo de Jesús —con Él como cabeza, pero como el cuerpo de Jesús—, llamando a todos a casa. Llamándolos como Noé llamaba al pueblo y les decía: “viene un diluvio”. Se acercan los días. Ya vienen los días. Se acerca el Rey. La predicación de Jesús, cuando vino y caminó, sus primeras predicaciones fueron: “arrepiéntanse porque el reino de los cielos está cerca”.

Y es el mismo mensaje que traemos el día de hoy: regresen a Dios, acérquense, súbanse a la barca que es Cristo Jesús, súbanse al arca, vengan todos y sean llamados hijos de Dios, sean redimidos, sean llenos del Espíritu Santo, para la alabanza de la gloria de Dios, con miras a una redención eterna, con miras a un deleite eterno, en donde veremos al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo en todo momento, junto con la iglesia, en donde caminaremos con Él y nos deleitaremos junto con Él. Y todo esto lo entendemos cuando leemos el versículo 20, 21 y 22 —lo cual puede generar un contraste a lo que acabamos de leer.

Dice: ese poder, el poder que está en nosotros —ojo, el Espíritu Santo, quien vive en nosotros—, ese poder obró en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos, lo sentó a su diestra en lugares celestiales, muy por encima de toda autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino en el venidero. Acabamos de leer que el misterioso plan es poner a Cristo como administrador en el fin de los tiempos.

Pero ahora Pablo, en su oración, dice: sin embargo, el mismo Espíritu que vive en ti, lo ha puesto ya, al resucitarlo, sobre todos, sobre toda autoridad, en este tiempo y en el tiempo venidero, en esta era y en la era venidera. ¿Cómo es eso? ¿Cómo es eso, si Cristo hoy no reina perfectamente y no administra perfectamente la tierra? Ahora, siguiente versículo:

> “Todo lo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo” (Efesios 1:22 NBLA)

Es la iglesia, el cuerpo de Cristo. Cristo es la cabeza, hoy, sentado en el trono a la diestra del Padre, esperando el día hermoso de su regreso, en el día en el que Él reinará perfectamente.

Pero mientras tanto, ha sometido todo bajo sus pies. ¿De quiénes son los pies que están en la tierra? De la iglesia, de los fieles santos, de los fieles creyentes en Cristo Jesús, todos los que ya no viven su vida, sino que viven la vida de Cristo. Toda autoridad, todo principado, todo poder, todo dominio ha sido sometido. Porque tenemos el mismo Espíritu que levantó a Cristo de los muertos. Quiero que entiendas algo, y es la misma oración de Pablo, y creo que de ahí nace que podamos vivir de acuerdo a este llamamiento. Tú has sido llamado. El Espíritu Santo vive en ti, y a través de esto quiere proclamar la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Hay personas que se sienten huérfanas, hay personas que se sienten pecadores, lastimados, sucios, hay personas que se sienten indefensas.

## El Padre busca adoptarlos en Cristo Jesús

Pero el Padre busca adoptarlos en Cristo Jesús, el Hijo busca redimirlos y limpiarlos en su sangre —que ya ha sido derramada— y el Espíritu Santo busca vivificarlos, llenarlos de los frutos de su Espíritu, para que otros puedan deleitarse en Él. Este es el llamamiento, esta es la misión, este es el propósito: que vivamos para la alabanza de la gloria de Dios, representando a Cristo en esta tierra, proclamando que el reino de los cielos se acerca, que esta era maligna, malvada y corrupta está por terminar, y que cuando termine es cuando regresará Cristo, y Cristo arreglará todas las cosas. Y todos son bienvenidos, todos están invitados.

Lo único que hay que hacer es subirse a la barca, es tomar a Cristo, y vestirnos de la nueva naturaleza, vestirnos de sus pieles, vestirnos y limpiarnos con su sangre, y ser sellados por el Espíritu Santo, garantizados para la redención eterna que nos espera. Este es el plan, y este es nuestro rol como iglesia. Por lo tanto, esta carta y esta clase se trata justo de eso: revelarnos quién es Dios y nuestra identidad.

Pero nuestra identidad no existe sin la iglesia. No existe individualmente. Ese es el problema de los fariseos, ¿recuerdas? Que trataban de tomar toda la ley individualmente y decían: “ahora tú vívela de acuerdo a esto, ahora tú ora todas estas veces, ahora tú haces y te limpiaste”. Y era una carga demasiado grande para cada individuo. Pero cuando la iglesia nos reunimos, la carga se esparce y se aligera. Nos ayudamos unos con otros, nos ponemos espalda con espalda, nos amamos, nos edificamos, nos levantamos. Y cuando uno cae, lo levantamos; cuando uno llora, todos lloramos; cuando uno ríe, todos reímos. Y cuando uno alaba la gloria de Dios, todos alabamos la gloria de Dios. Y el cuerpo de Cristo sigue caminando sobre la tierra. Tienes un llamado. Ese llamado se encuentra en Cristo Jesús.

Y en Cristo Jesús podemos deleitarnos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y conocer el gran poder y las riquezas de la herencia de Dios, y comenzar a vivir para la era venidera, para la vida eterna, y no para nuestros propios deseos. Vamos a la siguiente sesión, en donde vamos a seguir profundizando en esta realidad teológica. ¿Cómo es que Dios nos redimió y nos trasladó al reino de su Hijo amado?

¿Cómo es que ahora vivimos en Cristo Jesús? Y eventualmente, ¿cómo funciona la iglesia? ¿Cuál es la intención de Dios para su pueblo que es la iglesia?
