# Cuando no deseo a Dios

> ¿Cómo es posible no desear algo tan hermoso como Dios? Daniel Lira y Luis Ortiz conversan sobre dos razones: no lo conocemos de verdad, como quien nunca ha probado un buen café, y hemos probado sustitutos artificiales, religión, vicios o experiencias, que nos dejaron un mal sabor. También hablan de las temporadas en que el creyente no siente deseo por Dios: no son hipocresía ni condena, sino tiempos de fe, de hacer el bien antes de sentirlo y de echar raíces más profundas.

*Adaptado con ayuda de IA a partir de la transcripción de una predicación.*

- Autor: Daniel Lira y Luis Ortiz
- Tipo: Conversación
- Fecha: 1 de octubre de 2025, Convivencia Familiar Monterrey
- Video: https://www.youtube.com/watch?v=Y6eta7YAtbA
- URL: https://daniellira.com/predicaciones/cuando-no-deseo-a-dios/
- Idioma: es-MX

## Puntos clave

- Desde la caída, algo en nosotros nos impide apreciar la belleza de Dios, aunque la creación la muestra (Rom. 1:20).
- No podemos desear lo que no hemos probado; y muchas veces probamos sustitutos que no eran Dios.
- Fuimos diseñados para el placer y el contentamiento que la Trinidad disfruta en sí misma.
- Hay temporadas sin emoción; la fe actúa aun sin sentir, y luego viene el sentimiento (Gén. 4:7).
- Esas temporadas pueden ser una invitación a echar raíces más profundas.

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## ¿Es posible no desear a Dios?

**Daniel Lira:** Bienvenidos. Mi nombre es Daniel Lira, soy pastor de jóvenes en Convivencia Familiar, y hoy me acompaña el pastor Luis Ortiz, pastor principal. Vamos a platicar de algo que creemos que es muy común en todos los creyentes: cuando no deseo a Dios. Para empezar, la pregunta obligada: ¿cómo puedes no desear algo tan deseable, tan hermoso y tan bello como Dios mismo? ¿Es posible?

**Luis Ortiz:** Mi experiencia, y lo que he podido observar en todos, cristianos o no, es que de manera muy humana no se nos da desear a Dios. A partir de la caída de Adán y Eva hay algo en nuestro interior, como una venda en los ojos, que no nos permite apreciar su belleza. Y no es que Dios *tenga* belleza: Dios es hermoso en su ser, santo en su ser, amor en su ser, justo en su ser. Sus atributos son realmente hermosos y difíciles de describir. Entonces, ¿por qué no lo deseo? Viene a mi mente Romanos 1: las cosas invisibles de Dios, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación, de modo que no tenemos excusa (Rom. 1:20). Apreciamos y admiramos la creación, pero muchas veces eso no se traduce en desear a Dios.

Además, hay experiencias humanas que nos llevan a encasillar a Dios. Como no se nos ha revelado su belleza en el corazón, lo reducimos a nuestras experiencias traumáticas: «Si Dios existe, si es tan bueno, si es amor, ¿por qué me pasan estas cosas?». Y con cada desilusión se va apagando aún más el deseo por Dios.

## Cómo desear lo que no has probado

**Daniel Lira:** Una vez escuché que Dios es la suma de todo lo bello y de todo lo deseable. Pero por nuestra naturaleza no lo vemos ni lo comprendemos, y al no comprenderlo no podemos desearlo; incluso le ponemos etiquetas que nos alejan de Él. Él es deseable, pero nosotros no lo hemos visto. Es como cuando nunca has probado una primera taza de café increíble en la mañana: ¿cómo vas a desear algo que no conoces? Cuando yo empecé a tomar café era el de maquinita, en polvo, y lo tomaba porque tenía que tomarlo, hasta que probé buen café, y ahora, como todo buen creyente, no puedo vivir sin café.

Jonathan Edwards decía que lo que más disfruta Dios es ser Dios. Nuestro Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, vive en una armonía, un amor, una belleza y una honra perfectas entre sí, que nunca alcanzaremos a conocer del todo, pero que sí podemos experimentar y disfrutar.

**Luis Ortiz:** Creo que también la religión, como institución, y no digo que esté mal tener una religión, a veces nos pinta un Dios poco deseable, porque se basa en rituales, eventos, cumplir y memorizar. Volvemos a reducir a Dios, que es tan hermoso que llega a ser inexplicable, a una explicación. Y como bien dices del café, porque sin café es imposible agradar a Dios, ¿verdad?, ¿cómo desear algo que no conozco, si lo que me dan a probar es un sustituto, como el café en polvo? Eso es la religión, mis experiencias, lo que veo en la red o escucho en ciertos círculos. Sin probarlo, sin conocerlo, es imposible. Por eso la invitación de Dios es: «Ven y pruébame».

Pero volvemos a la pregunta: ¿cómo empieza esa atracción hacia algo que desconocemos? Ahí el ser humano empieza a buscar otras cosas, porque fuimos creados para experimentar placer y contentamiento. Dios nos diseñó para experimentar en Él el placer que la Trinidad experimenta en sí misma. Y al no conocer esa belleza, como tengo necesidad de ser feliz, lleno ese vacío con otros deseos muy humanos. Pienso en Romanos 7, cuando Pablo dice que hay deseos en él que no quiere tener, pero ahí están: una parte de mi ser desea lo malo y otra desea a Dios, y las dos luchan en mi interior sin que encuentre cómo salir del ciclo.

## Sustitutos que nos dejaron un mal sabor

**Daniel Lira:** Entonces son dos cosas las que nos impiden desear a Dios. Una es que no lo conocemos verdaderamente: no hemos tomado esa taza de café. La otra es nuestra vida caída, rota, que ha probado diferentes cosas para sustituirlo. Se dice que hay un vacío en nosotros que solo Dios puede llenar, y al llenarlo con cosas artificiales hay una satisfacción momentánea: a veces en la religión, en vicios, en el trabajo o en la familia. Las dos conviven: no lo deseo porque no lo he probado y no sé que existe algo que sacia mi sed; y cuando creí haberlo probado, probé algo artificial, algo que me dañó o que simplemente no era Dios.

Así vivimos en una sociedad que busca llenarse cambiando de identidades, de deseos, de placeres, de trabajos, uno tras otro, con la idea de que todo está bien: me va bien en el trabajo y con mi familia. Pero al final del día nunca hemos probado la satisfacción de ser amados por Dios, de conocer la relación tan íntima del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que se glorifican mutuamente y nos han invitado a ella. Hasta cuando lo digo empiezo a desearlo. Y ahí nos podemos atorar: ¿cómo inicio, si todo está mal?

## Temporadas en que no lo siento

**Luis Ortiz:** ¿Y sabes, Dani? A veces la religión, con conceptos muy humanos y bien intencionados, nos dice a quienes realmente buscamos a Dios que, si no lo deseas, hay algo muy malo en ti. Yo ya voy para casi cuarenta años desde que Dios me alcanzó, y encuentro temporadas en las que no deseo a Dios. No es que no desee su persona, sino que hay algo en mí que se durmió. Muchos creyentes en esas temporadas se sienten condenados, o se les condena, porque no hay cierta manifestación de deseo. Pero vamos a transitar por esas temporadas, por la razón que sea, y necesitamos comprender el valor de hacer las cosas sin sentirlo.

Yo sí quiero tener una experiencia de deseo, de entusiasmo, despertar cada mañana con anhelo por Dios, por su Palabra y su presencia. Pero hay veces que no experimento esa emoción. ¿Y qué valor tiene la fe en esos momentos? La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Heb. 11:1). Algunos dicen que hacer las cosas sin sentirlas es hipocresía, pero la Biblia no lo llama así. Santiago, en el primer capítulo de su carta, habla más bien de la concupiscencia, de entregarnos al deseo excesivo de bienes materiales, de deseos sensuales, de la vanagloria de la vida. En cambio, hay una parte en la que mostramos fidelidad, compromiso y constancia sin sentirlo. ¿No será que Dios, en esa fe, ve que sí lo deseamos aunque no lo sintamos?

**Daniel Lira:** Me encantó ese concepto: sí lo deseo, aunque no lo siento. Me pasa mucho al platicar con jóvenes que empiezan a trabajar. Están emocionados: «Es el trabajo de mis sueños, lo conseguí después de graduarme». Y un año después están cansados. «Pero era tu sueño». Es lo natural: en la rutina de la vida hay picos de emoción en los que te avientas con todo, y otros en los que te toca trabajar, cosechar y leer sin sentir. Pero hablando con ellos te das cuenta de que siempre lo desearon; solo estaban en una temporada sin la emoción inicial. Creo que incluso es una invitación de Dios: es el momento de echar raíces más profundas. «Tus raíces llegaron hasta cierto punto; estoy a punto de enseñarte algo nuevo, pero vas a pasar por una temporada difícil en la que la fe, la inercia de lo que llevabas y saber que Dios existe te tienen que ayudar».

**Luis Ortiz:** Viene a mi mente Génesis 4, cuando Caín se enoja tanto con Abel que quiere matarlo, y Dios lo confronta: «¿Por qué estás enojado? Si haces el bien, ¿no serás aceptado? Pero el pecado está a la puerta; sin embargo, tú puedes dominarlo» (ver Gén. 4:6–7). Haciendo el bien, luego vendrá el sentimiento. Nosotros queremos primero sentir para luego hacer, pero la fe funciona al revés: creemos, hacemos, y luego experimentamos el bien.

**Daniel Lira:** Así es. Entonces es completamente válido y natural decir: puedo no desear algo tan hermoso y deseable como Dios. Pero hay una respuesta, y la pregunta es qué sigue. Eso es para otra plática, para profundizar en la belleza de cómo sí podemos desear a Dios.

**Luis Ortiz:** Así es, Dani. Excelente.
