# Tres etapas del discipulado: acceso, siembra y cosecha

*Transcripción completa de una clase, con las palabras de Daniel Lira; solo se añadieron subtítulos, párrafos y puntuación, y se limpiaron muletillas, repeticiones y errores de transcripción. Publicada en octubre de 2023 en Intensivo Convivencia en línea.*

- Autor: Daniel Lira
- Tipo: Clase
- Fecha: octubre de 2023, Intensivo Convivencia en línea
- Video: https://www.youtube.com/watch?v=CDEINHZ0DpU
- URL: https://daniellira.com/predicaciones/como-hacer-discipulos-tres-etapas-acceso-siembra-cosecha/
- Idioma: es-MX

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## Hacer discípulos: local y en lugares no alcanzados

En el momento de hacer discípulos ahora nos vamos a poner técnicos en dos situaciones. Les mencionaba desde el inicio, hay una manera local de hacerlo, urbana, en lugares como en el que estamos tú y yo, donde el evangelio está abierto, o un lugar global o no alcanzado, cerrado o incluso hostil al evangelio. Les voy a hablar un poco de estos dos, pero las etapas son iguales. Hay tres etapas que nosotros debemos de considerar al hacer discípulos. Recuerda, hacer discípulos de Cristo, pero en estas tres etapas son, número uno, el acceso, número dos, la siembra y número tres, la cosecha. En el primero, del acceso. Tú y yo no podemos hacer discípulos si no tenemos acceso a la comunidad a la que queremos llevar el evangelio.

Y esto puede ser algo muy lógico en una condición urbana porque ya existe ese acceso. ¿Qué es lo que nos falta? Ese chip, esa mentalidad misionera de que tú y yo somos espías, que estamos infiltrados, que somos como peregrinos, que esta no es nuestra casa y que si yo estoy en una empresa es que soy un espía en ese edificio. Y que mi trabajo es de manera de espía, sigilosamente, ir metiendo el evangelio, la buena noticia y ir trasladando a las personas de un reino al otro. Si ves esta analogía, eso es lo único que nos falta. Pero el acceso ya lo tenemos. Y la pregunta es esto, ¿dónde estoy parado el día de hoy que se puede convertir en mi misión?

Porque esa es tu misión. Si tú alguna vez te has preguntado o visto estos testimonios de misioneros que lo dejan todo y vamos a llegar a ese punto, tú ya eres un misionero. Simplemente tu misión a lo mejor no es en África o en Afganistán o en Irak. Tal vez tu misión el día de hoy es en tu empresa, es en tu hobby. Si a ti te gusta andar en bici en las montañas de Monterrey, tal vez ahí mismo tienes acceso ya a una comunidad a la que nadie más tenemos. En la universidad a la que tú el día de hoy perteneces. ¿Dónde estás parado que se puede volver tu misión?

## Todos somos ministerio

Porque déjame decirte algo. Esta idea de que los que trabajan en la iglesia son 100 % ministerio y los que trabajan fuera de la iglesia no, es una mentira. Tú y yo somos 100 % ministerio, estemos donde estemos. La palabra ministerio se llama servir. Y nuestro trabajo es servir a la novia y servir a Cristo. Y lo servimos al llevarle todo a él, todo a su reino. A la novia, embelleciéndola y purificándola a través de la palabra. Y a los demás, al mundo, a Cristo, ¿cómo le servimos? A llevar a otros a su reino. Entonces, en la manera local es, piensa simplemente dónde tienes acceso.

Y es bien sencillo. En tu familia ya tienes acceso. Amistades tienes acceso. En tu trabajo tienes acceso. En hobbies tienes acceso. ¿En dónde más tienes acceso? ¿O dónde más te gustaría ganar acceso como una misión? Y de nuevo, esta primer parte del acceso puede sonar a: “es un proyecto”. Y ese sería el error más grande del mundo. Las personas no son proyectos. No hacemos discípulos porque esa persona sea mi proyecto. Hacemos discípulos porque amamos al prójimo. Los amamos con un amor profundo que estamos dispuestos a dar nuestra vida por ellos. Y buscamos estrategias creativas para ganar acceso en diferentes lugares por amor a ellos. No por proyectos, para poder regresar a una iglesia a contar un testimonio.

O para poder llenar un formato de decir, ¿cuántos he llevado a Cristo? No. Porque te prometo algo. El día que veas a alguien llegar a Cristo. El día que veas a alguien bautizarse públicamente, salir de esa agua, tu corazón será lleno de un gozo que no podrás entender. Entonces, de manera local o urbana, no hay mucho que hacer. Ya lo tienes. Cambia tu mentalidad y busca dónde es tu misión. La segunda parte es en lugares globales inalcanzados, cerrados y hostiles. Ahí es donde se presenta muchas veces esta dificultad. Generalmente no existe acceso y requiere una mentalidad creativa para plantarse e infiltrarse en una comunidad y necesita soporte de la iglesia local.

## Misión en lugares hostiles

No recibe un soporte o financiamiento, ni oración, ni emocional del lugar al que vas, porque de nuevo es hostil. Requiere un financiamiento emocional, físico y monetario para que estas personas puedan ir a hacer esta misión en los lugares no alcanzados. Ahora, de manera muy cercana se puede ver como un ministerio de misericordia, como los que tenemos el día de hoy en la iglesia, donde los amamos completamente con el amor de Cristo y ese amor nos da la oportunidad de predicarles. En los lugares no alcanzados, en este acceso, lo primero que hacemos es sembrar raíces profundas en relación. No ocultamos que somos cristianos. No ocultamos más bien nuestra creencia, pero lo que sí es que ocultamos nuestra misión.

No vamos diciendo que estamos entrando a un país hostil para hacer discípulos de Cristo. Simplemente vamos a brindar apoyo médico, vamos a brindar apoyo monetario, vamos a brindar apoyo clases de inglés. No sé, ya tendremos que ser creativos para llegar a eso. Pero en el uno a uno con las personas, cuando ellos preguntan por qué hacemos lo que hacemos, la respuesta es sencilla, porque Cristo me amó tanto, que dio su vida por mí, y el día de hoy estoy dando mi vida por otros porque te amo. Y así es como compartimos el Evangelio en la fase número uno, en donde simplemente buscamos crear el acceso.

¿Cómo voy a entrar a este lugar? El punto número dos es la siembra. Como en cualquier lugar, tenemos que empezar sembrando una semilla. Y esta semilla es el Evangelio, como lo acabo de decir, en la parte de acceso, crece la relación, crece la relación, las personas empiezan a darse cuenta que los amas tanto como nadie nunca lo ha hecho. Y en este amor tan profundo, ahí empiezan a preguntarse, ¿por qué lo haces? Entonces predicamos el Evangelio del amor de Cristo, de la manera que Él nos amó a nosotros. Incluso nos extendemos a hablar de la gran historia, nos podemos ir extendiendo hasta llegar a hablar de esto.

## Distintas respuestas de las personas

Cuando hacemos esto, tú vas a empezar a notar diferentes tipos de personas. Algunas personas que inmediatamente se cerrarán. Inmediatamente estas personas se cierran y se apartan. Se van a ir de este lugar y te van a decir, John, hazte para allá, ¿no? Va a haber un rechazo fuerte. Hay otro tipo de personas que se van a interesar. Y estas personas se van a interesar y van a empezar a como que, ok, más o menos, pero no lo suficiente. Habrá una tercera persona que sí se va a interesar, pero que tal vez la vida o la persecución o la dificultad lo va a apartar. Pero por último vas a encontrar a unas personas, a las que quiero llamarle una persona de paz.

Son personas que han estado buscando a Dios de alguna manera, que han estado orando en secreto a un Dios que no conocen, que tal vez han estado sufriendo o que han estado preguntándose acerca de la vida. Algunos de ellos tienen sueños y tienen visiones y tienen revelaciones y Dios les ha hablado. Y en ese proceso, cuando nosotros predicamos este evangelio, hay un clic en el que ellos dicen, quiero más, quiero más. Y ahí es en donde sembramos nosotros, sembramos y sembramos el evangelio en relación y crecemos en relación.

Tanto en la iglesia local como en los lugares no alcanzados, es lo mismo. Vamos sembrando y vamos viendo las diferentes plantas, cómo van creciendo y vamos concentrándonos en aquellas que empiezan a crecer y empiezan a tener vida y empiezan a dar señales de fruto. ¿Cómo hacemos esto? Hay dos maneras. Uno, los llevamos, se acuerdan desde el inicio, a la intimidad y a la obediencia. Lo vamos a ver en una sesión siguiente, pero esencialmente los llevamos a descubrir la palabra, conocer a Jesús y obedecer a Jesús con un método, de nuevo, que no es un método, sino que abrimos las escrituras para ellos y los llevamos a leer, a hacerse ciertas preguntas que los puedan llevar a una obediencia.

Esa es la manera en la que sembramos. Y el punto número tres es la cosecha. Llega un punto en el que al sembrar y sembrar, llevarlos a Cristo, llevarlos a la palabra, empieza a haber un fruto. Ese fruto es intimidad y obediencia. Empieza a ver cómo crece la intimidad con Dios. Empieza a ver cómo cada vez es más fácil que obedezcan a Dios y la palabra de Dios. Pero luego empezamos a ver los frutos del Espíritu. Y ahí entran todos los frutos del Espíritu que podemos encontrar en la palabra, tanto dones y talentos, como los frutos que encontramos en Gálatas. Todo esto que el Espíritu Santo da, esta paz, este amor, empezamos a verlo.

## Frutos y dones del Espíritu

Y por último, empezamos a cosechar el fruto de la multiplicación. Una persona en esta fase no solamente está recibiendo a Cristo y sintiendo que su vida mejora, sino que empieza a multiplicarse. Da fruto 30 veces, 60 veces o 100 veces, como lo dice la parábola del sembrador. Entonces, rápidamente, hay tres etapas del discipulado local y global. Son las mismas etapas, se viven de diferente manera. Ganamos acceso, sembramos relación y el Evangelio, y empezamos a cosechar el fruto de esa intimidad y obediencia, esos frutos del Espíritu Santo. Y vemos cómo esa persona, entonces, lleva el Evangelio. ¿Cuál es la parte contraintuitiva de esto? Es que tú y yo nos vamos a centrar en los pocos que sí empiezan a dar fruto, porque esos pocos son los que van a multiplicar el Evangelio en ese lugar.

Digamos que llegamos a África, por decirlo de una manera sencilla, o mejor dicho, Irak. Llegamos a Irak. Empezamos, ganamos acceso a través de un ministerio médico, y después de esto nos empiezan a invitar a las casas, a cenar, y se dan cuenta que somos creyentes de la palabra de Dios, escrita en la Biblia, seguidores de Jesús. Empiezan a leer la palabra y empiezan a entender, y empiezan a amar a Jesús. Es más fácil que esta persona esparza el Evangelio en Irak, porque conoce la cultura, conoce el idioma, conoce las costumbres, a que este misionero, o nosotros que fuimos y ganamos el acceso, lo hagamos. De la misma manera va a suceder cuando tú tomas un nuevo hobby, o entras en una nueva universidad.

Es más fácil que aquel que esté envuelto en un contexto, lleve el Evangelio a ese contexto, que nosotros que venimos de afuera, lo hagamos. Así que eso es lo que buscamos, acceso, siembra, cosecha, para que el Evangelio se multiplique a través de aquellos que están dando ese fruto.
