Teodicea: Cristo, la cruz y la restauración
TEODICEA ENCARNADA
Cristo, la cruz y la restauración de todas las cosas
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Un ensayo temático
Presentado a
Dr. Octavio Esqueda
Biola University – Talbot en Español
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En Cumplimiento Parcial
de los requisitos para THET522
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por
Daniel Lira Serhan
17 de junio de 2026
TABLA DE CONTENIDOS
INTRODUCCIÓN
La teodicea es la búsqueda permanente de defender la bondad de Dios a la luz del mal en el mundo. Su significado etimológico deriva de las raíces griegas θεός (theos) (Dios) y δίκη (dikē) (justicia), lo que se traduce mejor como justicia divina.1 La teodicea no solo busca explicar por qué existe el mal, sino también defender o describir la justicia de Dios ante el sufrimiento, el dolor, la catástrofe o cualquier cosa que pueda llamarse «mal», ya sea de forma directa o indirecta.2
Toda cultura que cree en Dios ha enfrentado este mismo desafío y ha respondido de manera diferente. Las culturas del Antiguo Cercano Oriente abordaron el problema culpando a la humanidad, a la divinidad o a ambas. Aun así, principalmente la definieron a través del Principio de Retribución, que significa que cada uno recibía lo que merecía. Quienes hacen el bien reciben bien; quienes hacen el mal reciben mal.3
Este trabajo establecerá una base bíblica para la teodicea, la bondad de Dios revelada en Cristo (la teodicea encarnada) y la verdadera solución al problema del mal en el juicio venidero. Lo hará explorando lo que dice la Biblia, cómo la doctrina ha evolucionado hacia el pensamiento moderno y afirmando la necesidad de volver a las Escrituras. La conclusión de este ensayo sostiene que la respuesta definitiva al problema del mal no es filosófica sino encarnacional: Dios no responde al mal desde la distancia, sino que en Cristo lo absorbe, lo vence en la cruz y lo erradica en la restauración final de todas las cosas, revelando así que su bondad no es pasiva sino activa, sufriente y completa.
¿QUÉ DICE LA BIBLIA?
Torá
La Torá es el fundamento de las Escrituras. Establece temas, definiciones y marcos fundamentales para comprender las Escrituras, la humanidad, a Dios y, en última instancia, el mundo. Por ello, es esencial comenzar allí. En ella se describe el fundamento del mundo, la definición del mal y cómo llegó a existir. También arroja luz sobre el Principio de Retribución y ofrece indicios de la solución de Dios para cubrir el dolor causado por las acciones humanas.
La base es que Dios creó todo, y todo era bueno. Aunque algunos filósofos y evolucionistas intentan hablar de un estado previo a Génesis 1, este autor considera que una cosmovisión verdaderamente bíblica debe contemplar el principio según Dios. Él creó todo, y todo era bueno. "Y vio Dios todo lo que había hecho, y era bueno en gran manera."4 (Gén. 1:10, 12, 18, 21, 25, 31).
Dios creó a Adán y Eva a su imagen y semejanza, lo que significa que los seres humanos, por diseño, son buenos. Génesis 2 profundiza y sugiere que el ser humano es el propósito de Dios al crear la Tierra. Es decir, el hombre y la mujer son la cúspide de la creación de Dios.5
La realidad de que los seres humanos fueron creados con el propósito de reflejar el carácter de Dios, a su imagen y semejanza, implica necesariamente dos cosas. 1) Los seres humanos deben ser capaces de conocer a Dios y sus intenciones. 2) Deben ser capaces de elegir (o no elegir) a Dios. 6 Estas dos características dan sentido a la definición de ser hecho a imagen y semejanza de Dios.
Por esta razón, Dios coloca un árbol en el jardín, y solo ese árbol, del cual no debían comer. Mantenerse alejados de él significaba permanecer en el buen diseño de Dios, mientras que tomar de su fruto significaba que ahora podían elegir seguir el "bien" o el "mal". Este árbol es la clave única para acercarse a la teodicea. El árbol del conocimiento del bien y del mal nos ayuda a entender que el bien es todo aquello que expresa el carácter de Dios, mientras que el mal es todo aquello que lo disminuye.
Si Dios creó al hombre y a la mujer como la cúspide de su creación para reflejar su imagen y semejanza, ¿de dónde viene el mal? El acto mismo de tomar el fruto inició el ciclo de elección, de modo que eligieron, como diría Agustín: "un bien inferior, ellos mismos, en lugar de Dios"7. Esta elección da origen al problema del mal en los ángeles caídos, así como en la serpiente y en los seres humanos. Elegir cualquier cosa fuera de Dios es elegir un bien menor. Es expresar una imagen corrupta (no perfecta) de Dios. Con cada elección, este bien menor se expresa en la creación en crescendo. El efecto dominó de esta elección ha provocado el mal de hoy: sufrimiento, dolor, catástrofe y todo tipo de corrupción.
La creación expresa el carácter de Dios; los hombres también. El problema del mal nace como la expresión corrupta de la gloria de Dios. Como escribió Moisés: "Y vio el SEÑOR que la maldad del hombre era mucha en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal." (Gén. 6:5, NBLA) Esta corrupción se manifiesta de manera individual en Génesis 3 y 4, con la caída de Adán y Eva. Se manifiesta como humanidad en Génesis 6–8 a través de la cultura de los tiempos de Noé. Y se manifiesta a nivel nacional en Génesis 11, con la construcción de la torre de Babel. 8
Sin embargo, lo más importante para la teodicea no es el origen del mal, sino cómo responde Dios al problema del mal. Y Dios responde con bondad. Dios establece un pacto unilateral que valida el Principio de Retribución, pero lo sobrepasa mediante el pago del precio en sí mismo. Esto es la Teodicea: la bondad de Dios manifestada en los pactos de redención al absorber en sí mismo el pago de la maldad. El resto de Génesis nos muestra este pacto de Dios reiterado una y otra vez con Abraham, Isaac y Jacob. La Gran Historia de Dios describe el mal en 8 capítulos (Génesis 3–11) y la teodicea, su bondad, en 42 capítulos. Esta es la bondad de Dios. Dios no responde al mal desde la distancia: en Génesis 15, él mismo camina entre los animales del pacto, asumiendo la carga que correspondía al ser humano. Esta es la primera señal de que la solución al problema del mal tendría forma encarnada. Responde en Génesis 22 al salvar al hijo de Abraham y prometer un sustituto perfecto. Esta es la primera señal de que la solución al problema del mal sería por sustitución.
No hay necesidad de defender la bondad de Dios frente al mal, porque el mal es el producto de la corrupción de una creación «buena». Aunque quienes la corrompieron merecen la muerte, Dios, en su bondad, provee un camino hacia la vida: un camino de regreso a Él.
Los Profetas
La mayoría de los profetas hacen eco de la Torá, en especial de los patrones deuteronomistas, que promueven el principio de retribución y prometen una solución al regresar a Dios. Es decir, los profetas abordan el problema del mal a la luz de la bondad de Dios. El clamor principal de cada profeta es: «Vuelvan». Un camino que el ser humano elige por sí mismo: la muerte o la vida. Sí, el Principio de Retribución está vigente, pero uno puede liberarse de él al volver a Dios. Sin embargo, Israel sigue eligiendo la muerte, lo que eventualmente conduce al exilio, tal como Moisés lo predijo en el Libro de Deuteronomio. Amós y Oseas profetizaron al reino del norte antes del exilio asirio (722 a.C.), denunciando la corrupción de Israel como consecuencia directa de su abandono de Dios, con el Principio de Retribución operando a escala nacional. Isaías, Jeremías y Ezequiel actuaron en el reino del sur antes y durante el exilio babilónico (586 a.C.), proclamando que la destrucción de Jerusalén no era una derrota de Dios, sino su juicio: el mal que Judá había sembrado ahora lo cosechaba. Pero Dios, como siempre, los devolvería a casa. Como señala Wright, Ezequiel, en particular, sostiene que el exilio no cancela el pacto, sino que Dios promete un corazón nuevo precisamente porque el corazón viejo había elegido el mal.9
Entonces, comienza la verdadera teodicea. Es solo en el regreso que el pueblo de Dios comienza a ver el problema del mal como algo que se resolverá en el el final de los tiempos. Habacuc es uno de esos libros en los que Dios presenta la teodicea desde su propia perspectiva. Es significativo que la actitud de Habacuc se transforme de la indignación en la esperanza ante la misma revelación divina. Tchavdar explica: “La respuesta a la queja del profeta consiste en afirmar que Dios ha señalado un tiempo para el juicio (2:3–5) y que la conexión acción-consecuencia, que está en el corazón de la doctrina de la retribución, sigue siendo operativa (2:6–20)”.10 Así, una vez más, Dios revela a través de Habacuc dos cosas. 1) El Principio de Retribución está vigente hacia el eschatón. 2) Hay una salida de las consecuencias del mal cuando se deposita la confianza en Dios.
Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento reúne todas las profecías y revela que "en Cristo" el problema del mal queda resuelto.11 Es Cristo mismo quien gobernaría un mundo sin maldad. El gran y misterioso plan de Dios es poner a Cristo como cabeza de todo, con un propósito orientado a una buena administración del cielo y la tierra, y restaurar lo que Adán corrompió: gobernar la tierra como debe ser gobernada. (Efesios 1). Muerte derrotada, pecado derrotado, diablo derrotado. Por tanto, «el mal ha sido derrotado». ¿Y cómo es que se logra? Cristo no venció el mal evitándolo, sino absorbiéndolo, despojándose de sus privilegios divinos para que la retribución cayera sobre él y la gracia pudiera alcanzar a quienes la habían perdido. Lo que Adán entregó por elegir un bien menor, Cristo lo restituyó entregando su vida como el bien.
Además, el Nuevo Testamento ayuda al creyente a comprender que ahora le corresponde reflejar la imagen y la semejanza una vez más. ¿Cómo? Absorbiendo el Principio de Retribución, tal como Él lo hizo. Entregando la propia vida incluso hasta la muerte, los creyentes participan en los sufrimientos de Cristo para que otros puedan ver su bondad y escapar del mal. Como reflexiona John Walton: "En el Sermón del Monte, Jesús habló de la bendición de sufrir y ser perseguido por el evangelio y el reino (Mt 5:10–12; cf. 1 Pe 2:19–25; 3:14; 4:12–19). Esta afirmación impactante va en contra de lo que hemos llegado a identificar como el Principio de Retribución”.12 El discípulo solo puede lograrlo al depositar su esperanza en la resurrección. Saber que se acerca el final de este siglo malo impone una carga sobre la vida del creyente: entregar la propia vida para «rescatar» a otros, tal como lo hizo Jesús.
¿QUÉ HA CREÍDO LA IGLESIA?
El judaísmo del Segundo Templo
El judaísmo del Segundo Templo es la cúspide de la literatura apocalíptica. Los judíos de la época leían la Torá y/o los profetas y los enmarcaban en un esquema escatológico. Las «promesas» no se cumplieron en el futuro inmediato y la búsqueda del Ben-David no dio fruto. Por tales razones, los judíos de la época trasladaron esas promesas a la venida del Mesías en los últimos tiempos. Su respuesta a la teodicea, aunque incompleta, reveló que el Principio de Retribución solo entraría en vigor en los tiempos finales. Es en el juicio venidero cuando los malvados recibirán tormento eterno en la otra vida. De la misma manera, los justos recibirán una recompensa.13 Su único problema es que consideraron la acción sustitutoria del Mesías por la cual uno llega a ser justo delante de Dios. La pregunta quedó abierta: si la retribución se resolvería escatológicamente, ¿quién asumiría la deuda que nadie podía pagar? Fue esa pregunta sin respuesta la que la iglesia heredó y que la influencia griega desdibujó al convertirla en un problema filosófico.
Influencia griega
A diferencia del marco apocalíptico judío, los padres de la Iglesia heredaron el concepto filosófico griego de la impassibilidad divina: un Dios distante que no siente ni se conmueve, cuya bondad existe separada de cualquier experiencia de sufrimiento. 14 Esta premisa, introducida en el pensamiento helenístico, condicionó profundamente la manera en que la iglesia abordó la teodicea, haciendo de ella un problema filosófico antes que una realidad encarnada. Olvidaron a Dios, al cual las Escrituras describen no como distante, sino apasionado por su creación, de tal manera que entra en el sufrimiento mismo para regresarlos a casa.
Los Padres de la Iglesia
Agustín (354 – 430 d.C.)
Es Agustín quien ofrece la definición más profunda del mal. En sus propios términos, Agustín definió el mal no como algo que existe en sí mismo, sino como la ausencia del bien. En cierto modo, recuperó una visión de la teodicea similar a la de la Torá. " Cuando una persona elige hacer el mal, en realidad está eligiendo apartarse del bien.” 15 En su perspectiva, el mal solo existe como una deficiencia de algo más, y dado que Dios es pleno, Él es el Bien.16 Lo que Agustín aporta al debate es una comprensión clara de que el mal no es creado ni provocado por Dios, sino que se define como una ausencia de la bondad o el carácter de Dios.
Tertuliano (160 – 240 d.C.)
Tertuliano sostiene principalmente que un Dios bueno desea ser conocido, y ser conocido libremente. Esto significa que los seres humanos deben ser capaces de elegir voluntariamente la bondad de Dios por encima de cualquier alternativa. Por ello, Tertuliano argumenta que es preferible que la humanidad sea creada como falible pero libre de elegir la bondad de Dios, en lugar de ser creada de una manera que obligue a "elegir" a Dios.17 Lo que Tertuliano aporta al debate es la clara comprensión de que los seres humanos tienen libre elección entre la bondad de Dios y cualquier opción de menor bien que exista.
La combinación de las contribuciones de Tertuliano y Agustín nos lleva a comprender que cada vez que alguien elige algo distinto de Dios, elige el mal. Elige la corrupción. Disminuye la gloria de Dios.
Atanasio (269 – 373 d.C.)
Atanasio se centra en responder a su comunidad mediante una pregunta dualista que evidencia una influencia griega. ¿El mal que el hombre hace aquí también tiene una realidad espiritual? Aunque la pregunta está cargada de filosofía griega, la respuesta de Atanasio tiene un fundamento bíblico: "El mal no ha estado desde el principio con Dios ni en Dios, ni tiene existencia sustantiva alguna; sino que los hombres, por falta de la visión del bien, comenzaron a imaginar y concebir para sí mismos lo que no existe, conforme a su propio placer”18 Lo que Atanasio aporta al debate es la comprensión clara de que el mal no tiene parte en Dios y no existió antes de la creación misma.
Debates modernos
Cada vez que el mundo parece caer en una gran época de sufrimiento, el problema del mal y la bondad de Dios vuelven a surgir. Es entonces, tras un período de optimismo, cuando la Primera y la Segunda Guerra Mundial desafiaron a los teólogos a ampliar la teodicea una vez más. Es durante este tiempo cuando la noción de impassibilidad es cuestionada, en gran medida abandonada, y da origen a una teología del «sufrimiento divino».19
El modelo perfecto de esta nueva teología del sufrimiento divino se encuentra en la Cruz. Como explica Edgar William: "La cruz de Cristo es la respuesta al problema del mal. Es también la demostración suprema de la bondad (o benevolencia, como él prefiere) de Dios en la creación. El mal entró al mundo a causa del «mal personal» de los primeros seres humanos.” Y es así como saldrá también a causa del buen personal de Cristo en la Cruz.
Es Dios mismo, como prometió en Génesis 15, quien toma el pago a retribuir al hombre. La imagen plantada en Génesis 22 también debe surgir en la mente del creyente. Abraham, aunque conocía la bondad de Dios, sufrió la misma pena que su hijo, quien voluntariamente entregó su vida en ese altar. En ese momento, Dios lo detuvo y prometió sustituirlo por un cordero sin mancha. Ese cordero es su propio hijo. Así como Abraham, ¿estuvo el Padre presente en la cruz o simplemente la ordenó desde la distancia? La respuesta determina todo. Si el Padre se ausentó en el momento decisivo, la teodicea encarnada colapsa en una mera abstracción filosófica. Pero si el Padre estuvo plenamente presente, exigiendo justicia, entregando amor y absorbiendo, junto al Hijo, el peso de la corrupción humana, entonces la cruz es el acto de amor y dolor más intenso de la historia humana. Moltmann lo articula con precisión: en la cruz, el Hijo y el Padre están “más profundamente separados en el abandono, más íntimamente unidos en la entrega”.20 Lo que Cristo experimentó no fue la ruptura de la relación sino el despojo de su privilegio: entregó la experiencia consciente del favor paterno para que ese favor pudiera ser transferido a quienes lo habían perdido por elección propia. 21 El Padre no volvió su rostro para no ver, su justicia, su amor, su santidad y su misericordia convergían en un solo acto. No se puede separar la ira de Dios de su amor, porque Dios no es una colección de atributos en tensión: es bondad unificada actuando con toda su fuerza. En ese sentido, la Cruz no es el abandono del Hijo por el Padre sino la forma más profunda de su unión y la respuesta a la maldad del mundo. Dios responde al mal mirándolo de frente y absorbiendo todo su dolor. No desde la comodidad de su trono, sino desde el interior del sufrimiento mismo.22
CONCLUSIÓN
Es imperativo que la iglesia deje de mezclar los debates filosóficos de influencia griega y moderna con la verdad bíblica. El Dios de la Biblia, el único Dios verdadero, es un Dios que se conmueve. Se conmovió desde la eternidad pasada para crear un ser a su imagen y semejanza, a fin de que pudiera participar en su propio deleite. Se conmueve a lo largo del Antiguo Testamento ante las acciones de su propio pueblo. Se conmueve por el dolor de sus hijos que se alejan hacia la oscuridad, y por eso envió a los profetas. Se conmueve de tal manera que inspira hermosos poemas y escritos de lamentación y de esperanza. Se conmueve tanto que se hizo carne y cargó todo el dolor en la cruz. El problema no es el mal en sí mismo; el verdadero asunto filosófico es cómo Dios puede ser tan bueno frente a tanta corrupción. La respuesta: Él es bondad en sí mismo. Y esa bondad no se demostró como la de un Dios sin sentimientos, sin pasión, desde la distancia y sin emoción. Esa bondad se demostró en un cuerpo, en una cruz, Padre e Hijo, plenamente presentes, absorbiendo juntos el peso de la corrupción para que toda la creación pudiera ser restaurada.
BIBLIOGRAFÍA
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1 Page Brooks and D. A. “Theodicy.” In The Lexham Bible Dictionary, ed. by John D. Barry, David Bomar, Derek R. Brown, Rachel Klippenstein, Douglas Mangum, Carrie Sinclair Wolcott, Lazarus Wentz, Elliot Ritzema, and Wendy Widder (Bellingham, WA: Lexham Press, 2016)
2 Chad Meister and James K. Jr. Dew “Introduction.” In God and the Problem of Evil: Five Views, edited by Chad Meister and James K. Dew Jr., (Spectrum Multiview Books. Downers Grove, IL: IVP Academic: An Imprint of InterVarsity Press, . 2017), 5
3 Brooks, “Theodicy.”
4 Todas Escrituras tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) Copyright ©️ 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. www.NuevaBiblia.com
5 William Sanford Lasor, David Allan Hubbard and Frederic William Bush, Old Testament Survey: The Message, Form, and Background of the Old Testament. 2nd ed. (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Company. 1996), 22
6 Thomas C. Oden, Crisis Ministries. Classic Pastoral Care.(New York: Crossroad, 1986), 60.
7 Phillip Cary, “A Classic View.” In God and the Problem of Evil: Five Views, ed. by Chad Meister and James K. Dew Jr. (Spectrum Multiview Books. Downers Grove, IL: IVP Academic: An Imprint of InterVarsity Press, 2017), 25.
8 John H. Walton and Andrew E. Hill. Old Testament Today, 2nd Edition: A Journey from Ancient Context to Contemporary Relevance (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2014), 76.
9 Christopher J. H. Wright, The Message of Ezekiel: A New Heart and a New Spirit, ed. Alec Motyer and Derek Tidball (Nottingham, England: Inter-Varsity Press, 2001), 36.
10Tchavdar S. Hadjiev Joel, Obadiah, Habakkuk, Zephaniah: An Introduction and Study Guide Ed. by Adrian Curtis. (T&T Clark Study Guides to the Old Testament. London; New York; Oxford; New Delhi; Sydney: T&T Clark, 2020), 80.
11 Edgar William “Review of The End of Christianity: Finding a Good God in an Evil World, by William A. Dembski.” (Themelios 35, 2010), 1: 137.
12 John H. Walton and Tremper Longman III How to Read Job. (Downers Grove, IL: IVP Academic: An Imprint of InterVarsity Press, 2015), 137
13 Brooks. “Theodicy.”
14 Bauckham, Richard “‘Only the Suffering God Can Help’: Divine Passibility in Modern Theology.” (Themelios 9, 1984), 3: 7.
15 Brooks “Theodicy”
16 Thomas C. Oden, 61
17 Thomas C. Oden, 60
18 Athanasius of Alexandria “Against the Heathen.” In St. Athanasius: Select Works and Letters, edited by Philip Schaff and Henry Wace, translated by Archibald T. Robertson. A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church, Second Series. (New York: Christian Literature Company, 1892), 4:7.
19 Richard Bauckman, 3: 6.
20 Donald Macleod, "The Christology of Jürgen Moltmann," Themelios 24, no. 2 (1999): 42.
21 Richard Bauckham, "Review of The Cry of Jesus on the Cross: A Biblical and Theological Study by Gérard Rossé," Themelios 16, no. 1 (1990): 28. Bauckham describe esta realidad como 'la pérdida de Dios por amor a Dios' — separación experiencial dentro de una unión trinitaria intacta.
22 Gregory A. Boyd, The Crucifixion of the Warrior God: Interpreting the Old Testament's Violent Portraits of God in Light of the Cross (Minneapolis, MN: Fortress Press, 2017), 776–777.