# Números: unidos, pero diversos en función

> Antes de salir del Sinaí, Dios da a los levitas sus deberes y pone límites conforme a su santidad: es tan simple como los dos árboles. Las leyes de pureza no hablan de salvación, sino de ritmos que recuerdan que Dios está en el centro. El nazareato es un voto voluntario para acercarse más a Dios. La bendición sacerdotal muestra la razón de los levitas: ser bendecidos para bendecir. Y en Números 7 las ofrendas de las doce tribus son idénticas: funciones distintas, la misma dignidad. Es la semilla del cuerpo de Cristo: tú vales y eres necesario.

*Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.*

- Autor: Daniel Lira Serhan (https://daniellira.com/)
- Fuente: Orígenes (Estudio 12:2) · Números: Sesión 3 (clase grabada, Estudio 12:2)
- URL: https://daniellira.com/clases/numeros-unidos-pero-diversos-en-funcion/
- Idioma: es-MX
- Serie: Orígenes (Estudio 12:2) · Números · Sesión 3 (parte 3 de 8)
- Anterior: https://daniellira.com/clases/numeros-el-campamento-en-forma-de-cruz/
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## Puntos clave

- Dios da instrucciones claras, no por caprichoso: habla el lenguaje del pueblo para que reconozca su santidad.
- Las leyes de pureza no tratan de salvación, sino de ritmos que recuerdan que Dios está en el centro.
- El nazareato es un voto voluntario: «Todos los días de su nazareato él es santo al Señor» (Núm. 6:8).
- Los sacerdotes son bendecidos para bendecir: «El Señor te bendiga y te guarde» (Núm. 6:24).
- Las ofrendas idénticas de las tribus enseñan funciones distintas y la misma dignidad para todos.

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## El orden de los levitas

Bienvenidos a la tercera sesión del libro de Números: el pueblo de Israel en el desierto. Están a punto de enfrentarse al desierto y están en la montaña. Dios acaba de dar orden al campamento: un orden militar, un orden de cómo avanzan, un orden de cómo funcionar. Los siguientes capítulos siguen hablando de los deberes, ahora más específicamente de los deberes de los levitas. Hay unos levitas dedicados al tabernáculo. Hay otros levitas dedicados a tomar las cosas del tabernáculo y cubrirlas. Hay otros levitas dedicados a tomar las cosas ya cubiertas para transportarlas cada que se vayan a mover. Es decir, Dios está dando instrucciones y está poniendo, de acuerdo a su santidad, los límites que tienen que tener para poder moverse y caminar.

¿Por qué? Van hacia la tierra que Dios les había prometido que les iba a dar. Pero Dios está representando que Él sigue siendo santo. Por lo tanto, hay maneras de hacer y de seguir las cosas. Todas estas maneras son tan simples como los dos árboles. ¿Vas a hacerlo a la manera de Dios, o según tu conocimiento crees que hay otra manera y por lo tanto la harás? Es tan simple como eso. Dios deja instrucciones claras, y no por caprichoso, sino que está hablando el lenguaje del pueblo para que reconozcan su santidad. Y para que entonces tengan la oportunidad de obedecerlo a Él o no.

## Santidad y pureza, no salvación

Los capítulos 4 y 5 prácticamente hablan de estos deberes. Hablan de leyes, sobre qué va a pasar cuando alguien se vuelve inmundo porque se acercó a alguien que estaba muerto. Son varias leyes, y todas ellas, otra vez, tienen el objetivo de resaltar la santidad de Dios, la pureza de Dios, y cómo el pueblo debe mantenerse puro para acercarse a Dios.

Ahora, nuestra mente moderna, y con una Biblia completa, lo trata de asemejar a temas de salvación o no. Es decir: si estuve cerca de un muerto, entonces no puedo ser salvo. No está hablando de esto. Está hablando de santidad y de pureza, de ritmos y ciclos que te ayudan a recordar que Dios está en el centro. A recordar tu identidad como hijo de Dios. A recordar que Él es tu Señor y tu gobernador.

## El voto de nazareato

Y por si esto fuera poco, y te parece que hay muchas cosas que hacer, todavía en el capítulo 6 hay algo que se llama la ley del nazareato. No me voy a meter mucho en esto, pero es simplemente un voto que alguien hace voluntariamente, especialmente para mantenerse más cercano a Dios. Así de simple. Deciden purificarse aún más sin que nadie se los haya pedido, sin necesidad de nada, para decir: yo quiero dedicar mi vida, este tiempo, al Señor. Eventualmente vamos a conocer a Sansón. Es uno de estos que tiene este voto de nazareato, y por eso su cabello era tan largo y no se lo podía cortar. Una vez que se terminaba este voto, ellos se rapaban con navaja completamente, indicando que había terminado.

No es nada más que alguien diciendo: quiero acercarme y quiero conocerlo más a Él, y por lo tanto me voy a separar de otras cosas.

«Todos los días de su nazareato él es santo al Señor» (Núm. 6:8).

Es apartado para el Señor y solo para el Señor. Donde estamos, vemos que Dios da orden, empieza a recordar las leyes, los ciclos, los ritmos, a dar los deberes, a poner orden a este pueblo que va a ir a conquistar.

## La bendición sacerdotal

Justo antes de las ofrendas de los jefes hay una bendición. Es la bendición sacerdotal. Y simplemente la quiero leer, porque es relevante:

«Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: “Así bendecirán a los israelitas. Les dirán: El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti Su rostro, y te dé paz”. Así invocarán Mi nombre sobre los israelitas, y Yo los bendeciré» (Núm. 6:23-27).

¿A quiénes? A los israelitas. ¿Cuál es la razón de los levitas? Ser bendecidos al estar cerca de Dios. ¿Para qué? Para bendecir al pueblo. Y es después de esta bendición que vemos las ofrendas. Es decir, los sacerdotes cumplen una función, y luego las doce tribus cumplen una función. Sin las doce tribus no sirve de nada el sacerdocio, porque no hay por quién interceder. No hay a quién bendecir. Y de nuevo, sin las naciones no sirve de nada el pueblo de Israel, porque el pueblo de Israel tiene como objetivo ampliar la bendición a todas las naciones.

## Ofrendas idénticas, la misma dignidad

Entonces están a punto de salir. Hacen sus ofrendas. De acuerdo al libro de Levítico, tú recuerdas que había ciertos sacrificios. Estos sacrificios tenían que ver con el pecado, con la purificación, etc. Todo el capítulo 7 es eso: los jefes haciendo sus ofrendas. Lo más relevante, lo más importante que vemos en el capítulo 7, es algo hermoso. Las palabras que se usan para cada uno de ellos son idénticas. Tú puedes subrayar cada una de las tribus y es idéntico: las ofrendas que hacen son idénticas.

Esto representa que cada uno tiene parte en el pueblo del Señor. Que ninguno es mayor o menor que otro. Y que se necesitan todas las partes para conformarnos. Esta es la semilla de lo que hablamos del cuerpo de Cristo, en donde cada uno de nosotros somos parte del cuerpo de Cristo. La mano necesita el pie. El ojo necesita el corazón. Si uno enferma, todos enferman. Todos son uno. Así como Dios da el orden militar y pone su presencia en el centro, de la misma manera da la misma dignidad a cada uno de ellos.

Por lo cual está separando dos cosas: las funciones y la dignidad. No es que, porque los levitas, los coatitas, los gersonitas, tengan cada uno labores especiales en el tabernáculo, sean más dignos o más amados por el Señor. No es que, porque tú hayas hecho un voto de nazareato, entonces el Señor te amará por siempre, y a los demás no. No, no. La misma dignidad y la misma necesidad tenemos cada uno en el pueblo. Somos unidos, pero diversos en función. Esta es una de las cosas más difíciles de entender, y de hecho va a provocar un gran pecado en el pueblo dentro de este libro.

Pero también es una de las cosas que más problemas provocan el día de hoy en la iglesia. Cuando, al ver la plataforma, a los de la alabanza, a los predicadores, a los maestros, otras personas creen que su dignidad y su valor para el cuerpo son menores. Si tú eres de estas personas, quiero decirte que tú vales. Porque Dios te eligió. Dios te amó. Dios te llamó. Y eres necesario para el cuerpo de Cristo. Tan necesario como el que se sube a la plataforma. Como el que canta. Como el que sirve. Como el que evangeliza. Como el que se va de misiones. Todos somos necesarios. Y cuando cumplimos la función que Dios nos dio, sumamos a todo el cuerpo de Cristo.

## Dios habla una vez más antes de salir

Estamos justo en el Sinaí. Están terminando cada una de las cosas. Y es momento de ponerse en marcha. Están a punto de salir. Y dice el versículo 89 del capítulo 7:

«Y al entrar Moisés en la tienda de reunión para hablar con el Señor, oyó la voz que le hablaba desde encima del propiciatorio que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines. Así Él le habló» (Núm. 7:89).

De la misma manera que vimos en Éxodo, Moisés entraba al lugar secreto, al lugar santísimo, al arca. La nube descendía y de ahí le hablaba. Vimos que Levítico comenzó así. Y ahora vemos a Moisés, justo antes de salir, con Dios hablándole una vez más. En la siguiente sesión, una sesión corta, me voy a centrar un poco más en el centro, en algo muy específico que voy a tratar de proyectar una vez más hacia cómo nos revela el carácter de Cristo.

*Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.*
