# Levítico: los cinco sacrificios

> Dios no necesita sacrificios, pero habló a un pueblo que había visto sacrificios a cientos de dioses en Egipto y le dijo: a un solo Dios, en un solo lugar y de la manera que yo te indique. Los primeros tres sacrificios son voluntarios, para quien está en comunión: el holocausto, que asciende como aroma agradable; la ofrenda de cereal, toda buena obra entregada al Señor; y la ofrenda de paz, shalom, sentarse a la mesa con Dios. Los dos últimos restauran la comunión rota por el pecado y la transgresión. Y para el pobre bastaban dos tórtolas o un poco de harina: la ley no era difícil de cumplir; el problema siempre fue el corazón.

*Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.*

- Autor: Daniel Lira Serhan (https://daniellira.com/)
- Fuente: Orígenes (Estudio 12:2) · Levítico: Sesión 2 (clase grabada, Estudio 12:2)
- URL: https://daniellira.com/clases/levitico-los-cinco-sacrificios/
- Idioma: es-MX
- Serie: Orígenes (Estudio 12:2) · Levítico · Sesión 2 (parte 2 de 6)
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## Puntos clave

- Dios no necesita los sacrificios: los da a un pueblo que ya entendía ese idioma, a un solo Dios y en un solo lugar.
- El holocausto es el sacrificio de ascensión: la entrega total de la vida como aroma agradable (Lev. 1:4).
- La ofrenda de cereal habla de alianza: toda buena obra de mis manos es para el Señor.
- La ofrenda de paz es shalom, en plural: plenitud y comunión al sentarse a la mesa con Dios.
- Las ofrendas por el pecado y la culpa restauran la comunión; la ley era sencilla de cumplir, el problema era el corazón.

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## Los sacrificios: un idioma que el pueblo ya entendía

¿De qué se tratan los sacrificios? Recuerda: son un sacramento, son una señal. Dios no necesita el sacrificio como tal. De hecho, gran parte de Levítico lo que hace es limitar la manera en que se hacen los sacrificios, los tipos de sacrificios, los lugares de sacrificio. Recuerda, es un idioma para un pueblo que ya entiende.

Todos los sacrificios se arraigan desde el primer momento en que el hombre pecó. Dios les dijo: si tomas del árbol del conocimiento del bien y del mal, entonces morirás. Pero lo que sucedió con Adán y Eva es que no murieron físicamente, sino que Dios tomó un animal, lo sacrificó en sustitución de ellos y los vistió. Y de ahí se va construyendo toda esta idea de sacrificios. De ahí en adelante, aquellos que seguían la línea de Dios los hacían de una manera agradable al Señor. Y la mayoría de ellos, vas a encontrar, tenía que ver con granos.

Pero tenía que ver realmente con entregar lo mejor y lo primero para Dios. Era la intención del corazón. Es lo que vemos con Caín y Abel. Sin embargo, al haber una realidad, siempre hay una mentira. Y aquellos que quieren engañar el sistema, o utilizar los sacrificios como un medio de salvación o de agradar a Dios, y no como la rendición real del corazón, terminan haciendo lo que hizo Caín. El problema de Caín es que no trajo lo mejor y lo primero, que no fue y entregó lo mejor que tenía para el Señor. Y de ahí en adelante el pueblo, la vida y las naciones hacen miles de sacrificios a miles de dioses de diferentes maneras, sin realmente preocuparse de qué es lo que agrada a Dios.

## A un solo Dios, en un solo lugar

De tal manera que eventualmente lo olvidan y terminamos de nuevo en Egipto, donde Faraón hace sacrificios a cientos de dioses, en donde cada uno es diferente. Así que Dios habla a un pueblo que ha visto esto y le dice: esta es la manera correcta. En esencia, estos sacrificios se harán a un solo Dios, en un solo lugar y de la manera en la que yo te indique. Fuera de ello no harán sacrificios, y fuera de ello no será agradable al Señor. Y entonces cada uno va a hablar de una realidad en la que Dios le recuerda al pueblo y sella en el pueblo una realidad divina, una gracia otorgada.

Hay cinco sacrificios que vamos a encontrar en los capítulos 1 al 5 de Levítico. Es algo muy sencillo, y luego tenemos el 6 y el 7, que dan un poco más de detalles. Los primeros tres sacrificios, en Levítico 1, 2 y 3, nos hablan de sacrificios de una persona que está en comunión con Dios. Una persona que no es culpable, por decirlo de alguna manera, que no ha transgredido, que no está rechazada, que no está fuera de la gracia de Dios. Es un pueblo que acaba de ser escogido, acaba de ser santificado, y entonces les está hablando a ellos. Son sacrificios que se hacen en privado y voluntariamente. Es decir, no están buscando cubrir un pecado en específico, una transgresión o algo que se haya hecho, sino que es una manera de acercarse a Dios, y tiene un significado.

Recuerda, Dios le habló a Moisés y le dijo: acércate, y esta es la manera en la que te vas a acercar. El primero es el sacrificio de quemado, de ofrenda encendida, pero específicamente es un sacrificio que se quema por completo. El segundo es el sacrificio de cereales: se quema una porción y la otra porción es del sacerdote. Y el tercero es el sacrificio de paz, que también podía ser a veces de granos, pero mayormente era de carne: un pedazo era quemado para Dios, otro pedazo lo comían los sacerdotes y el otro pedazo lo comía el creyente, aquel que lo llevaba.

Todos los animales ofrecidos en estos tres y en los siguientes dos sacrificios son animales que fueron pedidos por Dios en el pacto de Abraham. Todos los animales del pacto de Abraham están representados a través de estos sacrificios, y tienen esa intención: recordarle al pueblo que ellos habían sido escogidos, bendecidos para bendecir. Era un mensaje que cargaba en sí mismo cada uno de los sacrificios.

¿Cuáles son los mensajes? ¿Cuál era la intención de Dios al decirles: hagan estas tres ofrendas? De nuevo, es un lenguaje que ellos entendían. Tal vez tú y yo lo vemos y decimos: ¿cómo es que esto funciona? No nos perdamos hoy en esos pequeños detalles, sino que vamos a ver lo que hay detrás de ello y lo que eso significaba.

## Primero: la ofrenda que asciende

La primera era la ofrenda quemada. De esta ofrenda dice la Palabra en el versículo 4:

«Pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y le será aceptado para expiación suya» (Lev. 1:4).

Es decir, sobre la cabeza del animal que va a ser sacrificado. En esta ofrenda quemada se está sustituyendo a la persona por el animal. Y el objetivo de quemarla o de entregarla se entiende así: número uno, se asume que se está sustituyendo a la persona por el animal. Y número dos, que no es que se esté quemando, sino que está ascendiendo al Señor como un aroma agradable.

Ahora, ¿qué es lo que nos debe de recordar este sacrificio? Nos debe recordar el sacrificio de Isaac. Abraham, cuando iba a sacrificar a Isaac, o Isaac mismo cuando fue a sacrificarse a sí mismo: él no era un tipo, él era él. Sin embargo, Dios lo sustituye, y entonces se sacrifica a otro animal en representación suya. Y es un sacrificio quemado, de una ofrenda que asciende.

Otra manera de entender este sacrificio es como el sacrificio de ascensión. Es la manera en la que Dios llamó a Moisés en el monte Sinaí. Le dice: acércate, asciende. Y él asciende hacia la montaña sin saber cuál iba a ser su paradero. Imagina por un momento a Moisés viendo una nube negra, densa, donde había fuego y relámpagos, y Dios diciéndole: sube. De alguna manera Moisés, sin saber a dónde iba, sacrificó su vida. Ascendió al Señor para estar en su presencia.

Entonces asumimos que este animal, este sacrificio, sustituye a la persona, y que no se quema, sino que asciende como un aroma agradable al Señor. Este acto de sacrificio insinúa que el creyente está confesando, está testificando esta obligación, esta entrega en cuerpo, alma y espíritu al Señor como un sacrificio vivo. Es voluntario, es privado. Es el momento en el que una persona llega y se entrega al Señor por completo. Le recordaba al pueblo: tienes esta oportunidad, tienes esta realidad. Y al hacerlo, es un sacramento que sella. Es la señal física de una entrega y una rendición total a Dios. Moisés sube, Isaac es sustituido. O podemos verlo de manera similar en el Cordero de la Pascua, que sustituye para que puedan salir, que nos compra.

Así que el primer sacrificio es la ofrenda quemada o sacrificio de ascensión. Representa el momento en el que el individuo iba al sacerdote y ofrecía a Dios una ofrenda quemada: ofrecía realmente su vida como un sacrificio vivo al Señor, en rendición total a Dios. Es el momento en el que entiendes, uno, que tienes acceso al camino de Dios. Hay dos árboles, y tengo la decisión de dejar mis caminos y cambiarlos para dirigirme a los suyos. Es esa señal de algo invisible, divino: una gracia que nos ha sido otorgada, un regalo en el que podemos entregar nuestras vidas a Dios.

## Segundo: la ofrenda de cereal

El segundo es la ofrenda de grano. La palabra grano se puede entender de dos maneras aquí. Sí es grano, y sí, la mayoría de los sacrificios en el capítulo 2 hablan de un grano, no de animal, y no contienen sangre. Pero va un poco más allá que eso. Esta palabra carga una connotación de alianza, como aquel que rinde su vida en alianza, en entrega total a un rey. Y los cereales que se entregaban no eran solamente el trigo como tal, sino una harina de trigo. Tenía que ser procesado. En esencia, una gran parte de este sacrificio nos habla de que no solamente estoy entregando mi vida como un sacrificio de aroma agradable al Señor, sino que ahora entregaré toda buena obra. Toda buena obra que produzcan mis manos es hecha como si fuera para el Señor.

Entonces juntamos estas dos y las imaginamos como los dos árboles. He rechazado el árbol del conocimiento del bien y del mal y he honrado el gobierno de Dios al entregar mi vida como una ofrenda de aroma agradable al Señor. Y en esa realización me doy cuenta de que ahora Dios puede comunicarse conmigo y yo puedo representarlo en la tierra. Toda obra de mis manos, toda cosa que yo haga, irradia la gloria de Dios. Si puedes verlo, es regresar al origen. Es el sacramento, la realidad visible del regresar a casa.

El primero restaura esta relación que asciende hacia Dios. Y este segundo es la relación que desciende de Dios. Moisés sube a la montaña, pero luego baja y llama a Aarón y a sus hijos y les dice: vengan. Y entonces ya no es solo Moisés y Dios, sino que ahora es Moisés, Aarón, sus hijos y Dios, que comienzan una comunión. Toda buena obra sería para el Señor. Hay una entrega total, y en este sacrificio participan los sacerdotes y Dios; el creyente solamente entrega el sacrificio y no se beneficia de ello.

## Tercero: la ofrenda de paz, shalom

Pero el tercer sacrificio, la ofrenda de paz, vuelve a incluir animales, y ahora es una ofrenda que se va a compartir entre Dios, los sacerdotes y el creyente. La ofrenda de paz habla de una realidad importante: no solamente de paz como falta de guerra, sino de *shalom*. De hecho, la palabra en Levítico es shalom en plural. Y cuando los hebreos hablan en plural, hablan de esta grandeza que hay. Esta ofrenda habla de una plenitud, de un contentamiento, de una satisfacción que solo se encuentra al sentarse a la mesa con el Señor.

El sacrificio de paz se daba, uno, a veces como una entrega de gratitud al Señor. Dos, como un voto que quisieras hacer al Señor, como recordarlo, recuperarlo, volver a entregarlo. O tres, simplemente por voluntad propia, por amor, por querer estar con Él.

Este tercero es el momento precioso, el momento donde vemos que no solo Moisés subió, no solo Aarón y sus hijos subieron, sino que después llaman a setenta ancianos. Estos representan a todo el pueblo. Y entonces, en ellos, todo el pueblo sube, y se sientan en una planicie del monte Sinaí, y dice la Palabra que comieron y bebieron con el Señor y no murieron:

«Pero Él no extendió Su mano contra los príncipes de los israelitas. Ellos vieron a Dios, y comieron y bebieron» (Éx. 24:11).

Dios le está diciendo al pueblo: acércate, y esta es la manera en la que te puedes acercar, asegurándote de mantenerte santo y puro. Conozco tus caminos, conozco tu corazón, conozco que vas a pecar. Sin embargo, he hecho expiación por ti. He provisto la manera de regresar, la manera de volver a sentarte conmigo, y deseo hacerlo.

Ascendemos al Señor, entonces el Señor nos encarga esta misión de irradiarlo, pero el punto más importante que nos recuerda el tercer sacrificio es que lo que Él desea es habitar entre nosotros. Es sentarse a la mesa, es pasear con cada uno de nosotros, es comer. Comer es un acto de adoración. Cuando comemos, reconocemos la presencia de Dios. Damos gracias por los alimentos, no simplemente para que los bendiga y no te enfermes, sino que hay una conciencia que podemos cobrar de decir: tú estás aquí. Hay una conciencia en la Santa Cena, en la última cena del Señor. Cuando ayunamos, es decirle a nuestro estómago: tú no gobiernas, gobierna mi Señor. Pero cuando comemos con el Señor estamos en paz, en shalom, en plenitud, en completitud, recordando que estamos con Él. Dios quiere estar junto a nosotros.

## Cuarto y quinto: cuando el pecado nos aleja

Los siguientes dos sacrificios hablan de pecado. Hablan a una persona que está fuera de comunión con Dios por causa del pecado. Recuerda, hay que mantener un balance: Dios es santo. Cuando Moisés se acerca por primera vez a la zarza ardiente, le dice: quítate las sandalias porque estás en tierra santa. No podemos permitirnos manchar el nombre de Dios. Él sigue siendo santo, y aunque la puerta es de tan fácil acceso y tenemos un acceso confiado a Él, hay una realidad: el pecado sí mancha la santidad de Dios, o a nosotros mismos, o mancha su nombre. Y entonces Dios provee estos dos sacrificios como una manera de volver a purificarnos.

El sacrificio número cuatro, en Levítico 4, habla del sacrificio por la culpabilidad por causa de un pecado. Si tú lo lees, va a hablar del pecado inadvertido:

«Si alguien peca inadvertidamente en cualquiera de las cosas que el Señor ha mandado que no se hagan, y hace alguna de ellas…» (Lev. 4:2).

Después habla de si pecó la congregación, si pecó uno de los jefes, si pecó uno del pueblo. ¿Quién es el que pecó? ¿Pecamos como nación, inadvertidamente? ¿Pecó el jefe? ¿O pecó el pueblo? Y de alguna manera hay una restitución, una manera en la que Dios provee que ese pecado sea borrado y limpiado. El sacrificio número cuatro se enfoca más en limpiar la profanación del nombre de Dios, por decirlo de alguna manera. Manchamos la relación con Dios porque manchamos su nombre. No es externo, sigue siendo interno, pero nos habla de que no podemos estar en comunión con Dios cuando hay culpa, cuando hay pecado. Eso es lo que le está diciendo al pueblo.

Pero en su gracia, Él proveyó instrucciones precisas y claras de cómo podías hacer expiación, cómo podías pagar por ese pecado. Y el número cinco es algo muy similar. El cuatro habla de purificación, de purificar la presencia de Dios y a nosotros mismos. Y el número cinco, en Levítico 5, habla de la restitución cuando ha habido una transgresión. No basta simplemente con pedir perdón: hay que restituir. Estos dos son fuera de comunión. Nos alejan de Dios, nos separan de Dios, manchan el nombre de Dios, y cuando no hay expiación de ellos, cuando no hay limpieza de ellos, no podemos acercarnos al Señor.

## La ley no es difícil de cumplir

Sin embargo, Dios los proveyó al pueblo para recordarles esto, y era algo muy sencillo. Tú puedes leer en el versículo 6 que hay unas exigencias, pero luego dice:

«Pero si no tiene lo suficiente para ofrecer un cordero, entonces traerá al Señor como ofrenda por la culpa de aquello en que ha pecado, dos tórtolas o dos pichones, uno como ofrenda por el pecado y el otro como holocausto» (Lev. 5:7).

Y en el versículo 11 dice:

«Pero si no tiene lo suficiente para dos tórtolas o dos pichones, entonces, como ofrenda por el pecado que ha cometido, traerá la décima parte de un efa (2.2 litros) de flor de harina como ofrenda por el pecado» (Lev. 5:11).

Entonces estamos hablando de que la ley no es difícil de cumplir. La ley es muy sencilla de cumplir, porque Dios proveyó la manera de cumplirla a través de estos sacrificios simples. El problema y la queja de Dios contra Israel a lo largo de lo que sigue del Antiguo Testamento, y contra los fariseos en la época de Jesús, no era el hacer los sacrificios. Era la razón por la que lo hacían, el corazón con el que lo hacían. Nunca se trató de estos sacrificios. Son tan solo el sello, la firma. Y es como si el pueblo de Israel estuviera firmando documentos falsificados, como si estuviera firmando hojas en blanco innecesarias y quemándolas a la vista del pueblo para que todos lo vean.

Pero nunca se trató de ello. Se trató del peso que ponemos en el sacrificio, del regresar y de la condición del corazón, que sella en nosotros y en nuestra conciencia: tenemos acceso al Señor. Hemos sido elegidos como nación santa, y entonces debemos irradiarlo.

## El orden de los sacrificios

¿Cuál es el orden en que se debían hacer los sacrificios? El primero de ellos tenía que ver con la ofrenda por el pecado, ya sea el cuarto o el quinto: el pecado contra Dios o la transgresión contra otros que requiere restitución. Cuando es ofrecido con un corazón sincero, Dios lo acepta. Y entonces puedes ofrecer tu vida como un aroma agradable, como un sacrificio para el Señor.

Así que iniciamos primero cuando estamos fuera de comunión con Dios. Hay un sacrificio que cubre el pecado, y ese sacrificio es contado por Dios como pago. Y ahora sí, puedes ofrecer tu vida como un sacrificio vivo al Señor. Puedes ofrecer lealtad y una entrega completa: que toda buena obra que mis manos hagan sea para el Señor. Y podemos restituir y restaurar la relación que habíamos perdido con Dios.

Los cinco sacrificios son esta realidad en la que Dios habla a un pueblo y le dice: acércate. Acércate porque todo es bueno en la presencia del Señor, porque todo fue creado para estar cerca de Dios, porque somos llamados a irradiarlo. Y específicamente al pueblo de Israel: era la manera de decirle a todo el pueblo y en todo lugar que esta nación es diferente. Tenían cosas muy específicas.

Los sacrificios tenían que hacerse en un solo lugar. No podían hacerse fuera del campamento, no podían hacerse fuera del tabernáculo, no podían hacerse en cualquier lugar, como se acostumbraba hacer. Ahora decía: se hace a la puerta de mi casa, porque el sacrificio es para recordarte regresar a casa. No lo puede hacer cualquier persona: requiere un sacerdote, un intermediario que Dios puso, a quien santificó y que carga la responsabilidad del pueblo completo. En la siguiente sesión veremos justo esta parte de los sacerdotes.

Pero sobre todo, se hacían a un solo Dios. No a ángeles, no a demonios: a un solo Dios. Porque son una sola nación, santa, escogida, separada para irradiar la gloria de Dios. Es la gracia que Dios revelaba para acercarlos de nuevo a casa.

*Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.*
