# La Biblia es la verdad: de dónde viene mi certeza

> La fe no es ciega: la fe es certeza. En un mundo que dice que la verdad no existe, comparto de dónde viene mi certeza de que la Biblia es la verdad, a partir de mi historia: nací musulmán, terminé ateo y pasé cuatro años buscando la verdad en otras religiones. Toda afirmación de verdad tiene que pasar tres pruebas: ser históricamente comprobable, filosóficamente congruente y robusta en confiabilidad. La Biblia las pasa. Pero no fue la evidencia lo que cambió mi vida, sino escuchar a Jesús en Juan 4: «Yo soy, el que habla contigo».

*Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.*

- Autor: Daniel Lira Serhan (https://daniellira.com/)
- Fuente: Doctrinas Fundamentales, sesión 3 (Intensivo Convivencia)
- URL: https://daniellira.com/clases/la-biblia-es-la-verdad/
- Idioma: es-MX
- Serie: Doctrinas Fundamentales (parte 1 de 6)
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## Puntos clave

- La fe no es ciega: es certeza (Hebreos 11:1). La experiencia puede engañar; la evidencia exige un veredicto.
- Testimonio personal: de una familia musulmana en Torreón, al ateísmo y al posmodernismo, y cuatro años buscando la verdad en otras religiones.
- Tres pruebas de la verdad: ser históricamente comprobable, filosóficamente congruente y robusta en confiabilidad.
- La Biblia pasa las tres pruebas, y la diferencia es Jesús: el Mesías crucificado y resucitado.
- El encuentro decisivo: Juan 4:26, «Yo soy, el que habla contigo».

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## La fe no es ciega

La apologética es el estudio lógico de argumentos y evidencia que nos lleva a decir: “Esto tiene que ser verdad”. Pero no es necesaria para la salvación ni va a llevar a nadie a Cristo, porque la salvación es un encuentro personal con la palabra. Si vas a compartir con alguien, exponle la palabra, no la apologética.

Aun así, vale la pena estudiarla, porque la fe no es ciega. La fe es certeza: «Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Heb. 11:1). Nuestra cultura ha igualado la fe a un “salto de fe”, como si saltaras al aire esperando que alguien te agarre. Pero si estás cierto de algo, no es ciego. Tú y yo no podemos ver a Dios, pero podemos ver su palabra. Si estás cierto de ella, tendrás convicción de lo que no ves: la resurrección y la eternidad con Él.

## Dos maneras de estar cierto

**La primera es la experiencia de primera mano.** Noé vivió el diluvio; Israel siguió la columna de fuego; los apóstoles vieron a Jesús morir, resucitar y ascender. Nosotros también la tenemos cuando Dios transforma nuestra vida.

Pero la experiencia puede ser engañosa. Alguien puede tener una “experiencia religiosa” con alucinógenos, pero ¿de quién viene el mensaje? Por eso Pablo advierte: «si aun nosotros, o un ángel del cielo, les anunciara otro evangelio contrario al que les hemos anunciado, sea anatema» (Gál. 1:8). La serpiente sí se le apareció a Eva y sí le habló (Gén. 3:1–4). Fue verdad que estuvo ahí; lo que le dijo fue mentira.

**La segunda es la evidencia.** Cuando juntas la evidencia, tiene que exigir un veredicto: o es verdad o no lo es. La frase viene de Josh McDowell, *Evidencia que exige un veredicto*. Esos autores investigan mejor que yo; aquí quiero transmitir mi certeza a través de mi historia.

## La pregunta que arruinó mi vida

Nací en un contexto cien por ciento musulmán. Mi mamá y mi abuelo eran musulmanes, y crecí en Torreón, en la mezquita que construyó mi abuelo. Para mí, Jesús era un profeta más; el profeta bueno era Mahoma, porque tuvo la última revelación. Celebrar Navidad era fácil: le quitas a Jesús la divinidad y celebras el nacimiento de un profeta.

Un día alguien se atrevió a arruinar mi vida. Me escribió: “¿Tú conoces a Jesús?”. “Obviamente. Es un profeta; ustedes lo hicieron Dios. Déjame en paz”. Pero insistió: “¿Ya te lo presentaron? ¿Lo conoces?”. “Está muerto, ¿de qué hablas?”. Cerré el chat y no volví a hablarle, pero esa pregunta destruyó mi vida por completo.

Esto no lo hice yo; es obra de Jesús. Yo creía que buscaba la verdad; en realidad, la verdad me buscaba a mí. Y lo hizo haciéndole guerra a todos mis dioses, empezando conmigo mismo.

## Construir sobre la arena

Vivía en Estados Unidos y estaba en la gloria, pero empecé a sentir un vacío profundo, caí en depresión y regresé a México. Mi identidad seguía siendo musulmana, pero mi creencia era completamente atea: “Dios no existe. La verdad no existe. Y si existe, es malo”.

En Monterrey entré a un curso que enseñaba el posmodernismo: la verdad no existe, o es fluida, así que tú construyes la tuya. Llegué roto, y me agarré de ahí. Me hice mi propio dios. Creo que así vive hoy la mayoría de los jóvenes.

Es como hacer un castillo de arena junto al mar: cada vez que lo construyes, la marea se lo lleva. Es construir la casa sobre la arena y no sobre la roca (Mt. 7:24–27). Salí de una depresión para caer en un precipicio peor.

En medio de esa oscuridad, mi papá llegó a Cristo y empezó a predicarme de Jesús. Cada vez que iba a visitarlo, me hablaba de Él. Yo, con arrogancia, le respondía: “¿Tú qué vas a saber? Yo soy ingeniero; yo sé la verdad. Es más, yo invento la verdad. ¿Estás loco? Estás creyendo en cuentos de hadas”. Y regresaba a mi vida vacía, a llorar casi todas las noches. Hasta que llegué a decir: “Algo tiene que ser verdad. O mi papá de plano está muy loco, pero es mi papá y lo conozco, o algo tiene que ser verdad. Pero no estoy dispuesto a que sea Jesús”.

## Tres pruebas de la verdad

Lo primero que Dios hizo fue destruir mi filosofía humana. Yo me había hecho mi propio dios, y cada verdad que construía se la llevaba la marea, hasta hundirme en una depresión aún más profunda, en la que me aislaba de la gente. Toda filosofía humana es construir sobre arena: una arena que se lleva la marea y que se va a caer. Dios quería destruirme a mí como dios.

Lo segundo fue darme cuenta de que todo mundo dice tener la verdad. Ve con los budistas, con los musulmanes, con quien quieras, y te van a decir: “Es esta. Ustedes están mal, yo estoy bien”. Así que dije: “Bueno, la voy a encontrar”. Durante cuatro años entrevisté a budistas, hinduistas, testigos de Jehová, musulmanes y chamanes: “Si tienes la verdad, me hago budista”. Dios me fue mostrando dioses falsos para presentarse Él como el único Dios. Así descubrí que la verdad tiene que cumplir tres cosas:

1. **Ser históricamente comprobable.** Debe haber evidencia histórica y arqueológica, porque la historia sin arqueología es un mito. Si Dios creó los cielos y la tierra, la creación misma lo declara, «de manera que ellos no tienen excusa» (Rom. 1:20).
2. **Ser filosóficamente congruente.** Debe responder con coherencia cuatro preguntas: el origen de la vida, la moralidad, el propósito y el destino.
3. **Ser robusta en confiabilidad.** Debe tener un testimonio confiable que la sustente, no a una persona que un día escribió una historia y dijo que era la verdad. *Harry Potter* lo escribió un solo autor en poco tiempo; la mente humana no es perfecta como la palabra de Dios.

## ¿Por qué las demás no pasan la prueba?

**El hinduismo** no es históricamente comprobable ni robusto en confiabilidad. Habla de una historia de hace seis mil años en la que Krishna se le aparece a un guerrero en una guerra entre primos y le ordena pelear. No hay evidencia histórica ni arqueológica de ese evento.

**El budismo** no es filosóficamente congruente. Dice que somos tan humildes que no podemos comprender a Dios, así que dejamos de buscarlo y reducimos el sufrimiento para subir de nivel de conciencia. Humildad y subir de nivel no son congruentes, y queda sin responder la pregunta más importante: ¿quién es Dios?

**El chamanismo, las energías y la angelología** producen experiencias, pero basadas en una conciencia alterada. Un día que te comes unos malos tacos te puede pasar lo mismo, y no puedes basar tu vida en unos malos tacos.

**Los testigos de Jehová, los mormones y el islam** dicen: “Creemos en lo mismo, pero se me reveló un nuevo libro” (o, en el caso de los testigos, una nueva instrucción sobre el mismo libro). No son confiables, porque una sola persona lo cambia todo. Mahoma, en una cueva, tuvo una revelación que él mismo temió que viniera de un demonio, y su esposa le dijo: “Es Dios; te está dando un nuevo mensaje”. El Corán dice que la Biblia fue alterada y que el nuevo profeta es Mahoma. Es la misma historia de Adán, Noé y Abraham, modificada al final por una sola persona.

**El ateísmo** se cae en la moral: si no existe Dios, no hay base moral; si no hay verdad ni consecuencias, no existe la moralidad.

## ¿Por qué la Biblia sí es la verdad?

**Es históricamente comprobable.** Hay imágenes de un monte identificado con el Sinaí cuya cima es negra, entre montañas iguales, como marcado por el día en que el Señor descendió en fuego y Moisés permaneció allí cuarenta días (Éx. 19:16–18; 24:18). Cerca hay una roca gigante partida a la mitad, en pleno desierto, erosionada como si de ella hubiera corrido agua: Moisés golpeó la peña y salió agua (Éx. 17:6). En Israel están las ruinas del templo y de la ciudad de David, el Gólgota con su forma de calavera y, muy cerca, un jardín con una tumba vacía.

**Es filosóficamente congruente.** «En el principio Dios creó los cielos y la tierra» (Gén. 1:1). Ese es el *origen*: Dios lo creó todo por medio de Jesucristo, para un *propósito*, la gloria y alabanza de Jesús. La *moralidad* existe porque fuimos hechos a su imagen y semejanza (Gén. 1:26–27): nuestra naturaleza original es exhibir los atributos de Dios. La moralidad no es solo bien y mal: es exhibir, o no, los atributos de Dios. Y el *destino* es una eternidad con Dios bajo el gobierno del Mesías. Una sola historia responde las cuatro preguntas.

**Es robusta en confiabilidad.** La Biblia tiene más de sesenta y tres mil referencias cruzadas; un científico de datos las mapeó todas. ¿Cómo pueden más de cuarenta autores, en unos mil quinientos años, con contextos tan distintos —reyes, pobres, profetas—, contar una sola historia con esa precisión? Los cuatro evangelios se confirman entre sí, como los testimonios de varios testigos en una investigación, y su respuesta es la misma: Jesús murió en una cruz y resucitó. Una sola historia, cuyo hilo conductor es Jesús, la palabra de Dios.

## La diferencia es Jesús

Aun así me preguntaba: si el judío que no cree en Cristo y el musulmán cuentan la misma historia, ¿cuál es la diferencia? La diferencia es Jesús: el Mesías resucitado. La pregunta para mí fue: ¿existió? ¿Murió crucificado y resucitó? Leí libros cristianos como nunca, pero no me atrevía a abrir la Biblia: algo dentro de mí sabía que Jesús me iba a mirar a los ojos y mi vida iba a cambiar.

Pero la evidencia estaba ahí. Jesús «se apareció a más de 500 hermanos a la vez» (1 Cor. 15:6). Contamos los años de la historia a partir de Él. La tumba está vacía. Sus apóstoles y seguidores murieron martirizados, y muchos siguen muriendo por la fe. Hay escritos fuera de la Biblia que hablan de Él y de su juicio. Está verificado que fue crucificado, aunque el musulmán dice que crucificaron a otro. Yo lo creía. Pero es real: Jesús es el Mesías, es Dios, fue crucificado y se levantó.

¿Y es el Jesús profetizado en el Antiguo Testamento? Se cuentan más de trescientas profecías cumplidas en Él. Peter Stoner calculó la probabilidad de que una persona cumpliera apenas ocho de las más comprobables, entre ellas: nacer en Belén de Judá (Miq. 5:2), ser precedido por un mensajero (Mal. 3:1), entrar montado en un burro (Zac. 9:9), ser traicionado por treinta monedas de plata (Zac. 11:12), callar ante sus acusadores siendo inocente (Is. 53:7), ser crucificado. El resultado: una en 10<sup>17</sup>, muchísimo menos probable que un meteorito caiga exactamente sobre tu casa. ¿Quién es el loco ahora?

## «Yo soy, el que habla contigo»

Ya sabía que Jesús era real. Mentalmente, todo cuadraba. Pero seguía la pregunta inicial: “¿Lo conoces?”. Y yo le decía: “No te conozco. Si no me hablas, si no te presentas a mí en un sueño, como a Nabeel Qureshi y a miles de musulmanes, no puedo ser tuyo”. Todas las noches oraba: “Si eres real, háblame. Si no, no me despiertes, porque estoy harto de construir sobre la arena. Pero si eres real, mi vida es tuya”.

Por fin abrí la Biblia, empecé por Juan y llegué al capítulo 4:

> «Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando Él venga nos declarará todo». Jesús le dijo: «Yo soy, el que habla contigo» (Jn. 4:25–26).

Fue como si Jesús me mirara a los ojos y me dijera: “Llevo años hablándote; eres tú el que no escucha”.

## Conclusión: atrévete a mirarlo a los ojos

El reto es que te atrevas a mirar a Jesús a los ojos: ojos «como una llama de fuego» (Apoc. 1:14) que examinan el alma, con una palabra «más cortante que cualquier espada de dos filos» (Heb. 4:12). Él existía en el principio, estaba con Dios y era Dios; el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn. 1:1, 14). Y sigue hablando por su Espíritu y su palabra.

La Biblia no solo es la verdad: es la palabra de Dios. Ábrela y dile: “Señor, háblame; quiero conocerte”. Te apuesto lo que quieras a que te va a hablar, y si lo haces cada día, te hablará cada día, porque lo vas a conocer. Su palabra existe para revelarlo a Él y llevarnos al propósito para el que nos creó: darle gloria y alabanza.


## Para profundizar

- Josh McDowell, *Evidencia que exige un veredicto*.
- Lee Strobel, periodista que quiso probar que Jesús era mentira y terminó entregándole su vida.
- Nabeel Qureshi, *Buscando a Alá, encontrando a Jesús*.
- Francis Collins.
- Curso *Evangelismo y Defensa de la Fe*, en [Intensivo Convivencia](https://intensivoconvivencia.com).

*Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.*
