# Génesis: Isaac, Jacob y José

> Dios es un Dios de generaciones: renueva su pacto con Isaac y luego con Jacob, aun cuando Jacob y su madre intentan lograr la promesa por sus propias fuerzas. De regreso a casa, Jacob lucha con un hombre que viene de Dios, es quebrantado y recibe el nombre de Israel: ese es el origen de la nación por la que vendrá la semilla. La historia de José muestra cómo vive quien carga las promesas de Dios: fiel en lo poco, como esclavo y como preso, porque el Señor estaba con él. Al final entiende su propósito: Dios lo envió delante para preservar un remanente y guardar la vida de sus hermanos.

*Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.*

- Autor: Daniel Lira Serhan (https://daniellira.com/)
- Fuente: Orígenes (Estudio 12:2) · Génesis: Sesión 5 (clase grabada, Estudio 12:2)
- URL: https://daniellira.com/clases/genesis-isaac-jacob-y-jose/
- Idioma: es-MX
- Serie: Orígenes (Estudio 12:2) · Génesis · Sesión 5 (parte 5 de 6)
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## Puntos clave

- Dios es un Dios de generaciones: renueva su pacto con Isaac y con Jacob.
- Jacob y Rebeca intentan lograr la promesa por sus propias fuerzas, pero la promesa ya era de Jacob desde antes de nacer.
- Jacob lucha con un hombre que viene de Dios, es quebrantado y recibe el nombre de Israel: ese es el origen de Israel.
- José es fiel en lo poco, como esclavo y como preso, porque el Señor estaba con él.
- Dios envió a José para preservar un remanente (Gén. 45:7): ese es el propósito de Israel, bendecir a las naciones.

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## Un Dios de generaciones

Hemos visto la gran historia que Dios plantea en Génesis: el evangelio, la buena noticia de que Dios restaurará todas las cosas. Él hizo todo bueno, y se fue corrompiendo la relación con Dios, la relación entre hermanos y la de toda la comunidad humana. Pero Dios sigue prometiendo que lo restaurará a través de una semilla, una simiente que vendría de la mujer. La genealogía nos lleva hasta Abraham: de él Dios creará una nación, y de esa nación vendrá la semilla. Abraham tiene un encuentro muy fuerte con Dios, y luego Isaac tiene el suyo.

Isaac se casa con Rebeca, Abraham muere, y Dios confirma su promesa a través de Isaac. Empiezan a darse cuenta de que Dios es un Dios de generaciones: la simiente no era el hijo inmediato de Abraham, sino una nación que vendría a través de Abraham, de Isaac y de uno de sus hijos. Isaac tiene dos, Esaú y Jacob, y antes de que nazcan hay una profecía: «el mayor servirá al menor» (Gén. 25:23). Jacob es quien va a continuar esta genealogía.

## Jacob: la promesa por sus propias fuerzas

Sin embargo, Rebeca y el mismo Jacob intentan lograrlo por sus propias fuerzas. Conoces la historia: Esaú le vende su primogenitura a Jacob. La primogenitura no era simplemente nacer primero, sino el derecho legal de ser el heredero. Pero eso no significa que Dios haya validado la manera; Dios iba a cumplir sus promesas de todos modos.

Isaac sigue vivo, y Dios renueva primero con él el pacto: «No desciendas a Egipto. Quédate en la tierra que Yo te diré. Reside en esta tierra y Yo estaré contigo y te bendeciré» (Gén. 26:2-3). Y más adelante: «Yo soy el Dios de tu padre Abraham; no temas, porque Yo estoy contigo. Y te bendeciré y multiplicaré tu descendencia, por amor de Mi siervo Abraham» (Gén. 26:24). Dios está afirmando: “Este es mi pacto, esta es mi semilla, y vendrá a través de ustedes”.

Cuando Isaac ya es anciano, Jacob se viste con la ropa de Esaú y con pieles de animal para que su papá, al tocarlo y olerlo, lo bendiga. Llega Esaú y le reclama: «me ha suplantado estas dos veces. Primero me quitó mi primogenitura y ahora me ha quitado mi bendición» (Gén. 27:36). Jacob sale huyendo, creyendo que su hermano lo iba a matar, y de hecho Esaú quería matarlo.

Escapa sabiendo que había hecho lo malo, y lo había hecho. Pero no le robó la promesa: desde que nacieron, Jacob era el que iba a ser bendecido para bendecir a las naciones. Lo que vemos es a Jacob y a su madre tratando de lograr con sus propias fuerzas lo que Dios ya les había prometido. Y Jacob es humillado: huye, deja a su familia y empieza todos sus problemas con su suegro Labán, que puedes leer en esos capítulos.

## Vuelve a casa

En el capítulo 31 Dios se le vuelve a aparecer, para atraerlo de regreso a casa: «Vuelve a la tierra de tus padres y a tus familiares, y Yo estaré contigo» (Gén. 31:3). Jacob sale, huye de Labán, Labán lo alcanza… te invito a leer los detalles. Pero mira el patrón: Dios se va acercando y le vuelve a decir: “Regresa”.

Hay un momento en el que Jacob tiene miedo de Esaú, de lo que va a pasar. Y Dios no se detiene a darle el ABC de cómo lo va a prosperar. Simplemente le da una instrucción. El mismo patrón: dos opciones. Seguir tu propio camino, con tu miedo y tu vergüenza de regresar a casa, o seguir el camino del Señor, que lleva a la vida.

## Luchar con Dios: el origen de Israel

Jacob decide seguir al Señor, y de camino a casa, una noche, se le aparece un hombre: «Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. Cuando vio que no podía prevalecer contra Jacob, lo tocó en la coyuntura del muslo, y se dislocó la coyuntura del muslo de Jacob mientras luchaba con él. Entonces el hombre dijo: “Suéltame porque raya el alba”. “No te soltaré si no me bendices”, le respondió Jacob» (Gén. 32:24-26).

No era cualquier hombre. Jacob sabía que venía de Dios y no lo dejó ir. Y cuando es vencido, completamente quebrantado, le dice: “Bendíceme”. «“¿Cómo te llamas?”, le preguntó el hombre. “Jacob”, le respondió él. Y el hombre dijo: “Tu nombre ya no será Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has prevalecido”» (Gén. 32:27-28).

¿Cuáles son los orígenes de Israel? Este momento. La nación que Dios creó de Abraham, de Isaac y de Jacob se llama Israel. Israel es la “mujer” de la que vendrá la descendencia, la semilla que aplastará a la serpiente. De aquí en adelante, la Biblia se trata de la historia de Israel: del plan de Dios para restaurar a todas las naciones y todas las cosas a través de esta nación. Una nación que luchará con las demás naciones, con los hombres y también con Dios; no necesariamente en contra de Dios, sino como Jacob: aferrada a Él, tal vez dislocada y lastimada, pero sabiendo que su Dios la va a bendecir.

Jacob le pregunta: «Dame a conocer ahora tu nombre». «¿Para qué preguntas por mi nombre?», le responde. «Y lo bendijo allí. Y Jacob le puso a aquel lugar el nombre de Peniel, porque dijo: “He visto a Dios cara a cara, y ha sido preservada mi vida”» (Gén. 32:29-30). Esta es la historia de Israel: una nación que camina con Dios y lucha junto con Dios, pero que no va a perecer.

A partir de aquí, toda la Biblia trata de esta nación y de su enemistad con las naciones gobernadas por Satanás, que quieren aplastar a la “mujer” y a todos los que creen en su simiente: verás ese patrón con Egipto en Éxodo, y luego con Asiria, Babilonia, los medo-persas, Grecia y Roma. Pero el Señor los hará prevalecer. Babel fue una dispersión; Abraham, Isaac y Jacob son la nación escogida para que todos regresen a Dios. A través de su historia veremos la pasión y el amor de Dios, y veremos a Dios encarnarse entre nosotros. ¿Para qué? Para regresarnos a todos a casa.

Jacob tiene, adivina, doce hijos: las doce tribus de Israel. Cuando vuelve de Padán-aram, Dios le reafirma el pacto: «Tu nombre es Jacob; no te llamarás más Jacob, sino que tu nombre será Israel». Y le puso el nombre de Israel. «Yo soy el Dios Todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate; una nación y multitud de naciones vendrán de ti, y reyes saldrán de tus entrañas. La tierra que les di a Abraham y a Isaac, te la daré a ti y a tu descendencia después de ti» (Gén. 35:10-12). Otra vez la misión: sé fecundo y multiplícate.

## José: fiel en lo poco

Entonces, ¿qué? Dios creó todo, se corrompió, hace un plan y lo pone en marcha a través de Abraham, Isaac, Jacob y sus hijos. ¿Cómo debemos vivir cuando recibimos esas promesas? Ahí entra la historia de José. Dios le da un sueño a José, pero él aún no está listo para interpretarlo. Entiende que sus hermanos se van a postrar ante él y va y se los cuenta. Sus hermanos, llenos de envidia, escogen la muerte: en vez de preguntar o meditar en ello, quieren matarlo. Judá los convence de no matarlo, sino de venderlo: «vendieron a José a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Y estos se llevaron a José a Egipto» (Gén. 37:28). «Mientras tanto, los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia» (Gén. 37:36).

Y aquí está la clave de todo: «Pero el Señor estaba con José, que llegó a ser un hombre próspero, y vivía en la casa de su amo el egipcio. Vio su amo que el Señor estaba con él y que el Señor hacía prosperar en su mano todo lo que él hacía» (Gén. 39:2-3). Y lo hizo mayordomo de toda su casa.

¿Cómo vive alguien que carga las promesas de Dios? Es fiel en lo poco. José tenía todo para amargarse y para ir en contra de Dios, pero fue el mejor esclavo en la casa de Potifar. Dios estaba con él, y él lo sabía. Desde Génesis 1 estamos hablando del mismo tema: Dios hizo todo para que estuviéramos con Él. José aprendió a estar con Dios aun en lo poco y aun en lo malo, y Dios lo prosperó.

Tú dirías: “Ahora sí, de victoria en victoria”. Pero no: la esposa de Potifar lo acusa falsamente y José termina en la cárcel. «Pero el Señor estaba con José, le extendió Su misericordia y le concedió gracia ante los ojos del jefe de la cárcel. El jefe de la cárcel confió en mano de José a todos los presos que estaban en la cárcel, y de todo lo que allí se hacía él era responsable» (Gén. 39:21-22). Era tan diligente, tan servicial, tan seguidor de Dios, que todos reconocían que Dios estaba con él. Le dieron la llave de la cárcel. A un preso le dieron la llave de la cárcel. Y siguió siendo fiel en lo poco.

## “¿No pertenecen a Dios las interpretaciones?”

En la cárcel, dos oficiales de Faraón tienen sueños. «Hemos tenido un sueño y no hay nadie que lo interprete», le dicen. «Entonces les dijo José: “¿No pertenecen a Dios las interpretaciones? Les ruego que me lo cuenten”» (Gén. 40:8). José reconoce que no solo el sueño viene de Dios, sino también su interpretación. Eso, con el tiempo, lo lleva ante Faraón, que también tiene un sueño, y José termina siendo el segundo al mando de todo Egipto.

¿Qué está pasando aquí? Aun siendo esclavo en una tierra extranjera, José es fiel y representa a Dios. Así tú y yo, en un mundo caído y corrupto que todavía no ha sido restaurado, somos fieles en lo poco como José. Aprendemos a estar con Dios, eventualmente nos parecemos a Él, lo irradiamos y hacemos la obra que quiere que hagamos.

## Para preservar la vida

En Canaán llega la hambruna, y gracias a la buena administración de José, Egipto es el único que tiene comida para vender. Sus hermanos llegan ante él sin reconocerlo y le ruegan que les dé de comer: se cumple el primer sueño. José los reconoce, pero finge no conocerlos y los acusa de ser espías. Entonces escucha una conversación entre ellos: «Verdaderamente somos culpables en cuanto a nuestro hermano, porque vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no lo escuchamos, por eso ha venido sobre nosotros esta angustia» (Gén. 42:21). Y Rubén les dice: «Ahora hay que rendir cuentas por su sangre» (Gén. 42:22). José ve en sus hermanos el arrepentimiento, se aparta y llora.

Después de una serie de eventos, en el capítulo 45 José se da a conocer: «Yo soy José. ¿Vive todavía mi padre?» (Gén. 45:3). Y ahora sí interpreta su sueño a la luz de todo lo que pasó: «Dios me envió delante de ustedes para preservarles un remanente en la tierra, y para guardarlos con vida mediante una gran liberación» (Gén. 45:7).

Aquí tienes a una persona que recibe la promesa y entiende por qué la recibe. Ese es el propósito de Israel, la razón por la que existe. José fue bendecido como siervo, en la cárcel y en Egipto por una razón: preservar la vida de un remanente y traer liberación.

Faraón le da a la familia de Jacob un pedazo de tierra muy fértil en Egipto. El punto de esta sesión es el mismo de toda la historia: Dios creó todo bueno, tomamos una decisión que corrompió la tierra, pero Dios siempre nos vuelve a buscar. Israel tiene el mismo patrón: venden a su hermano, pero Dios los vuelve a buscar y les da una nueva oportunidad. Mientras tanto, José fue un siervo fiel en lo poco y en lo ajeno, hasta que Dios lo usó para la razón por la que existía: preservar la vida de sus hermanos y bendecir a todas las naciones. En la siguiente sesión terminamos con la bendición de Jacob a sus hijos y cerramos esta gran historia del evangelio en Génesis.

*Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.*
