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Clases · Entre reyes y profetas

Entre reyes y profetas: panorama de Crónicas

Un libro escrito al regresar del exilio, el agua estancada de Salomón, el pecado de Jeroboam y el fin de la paciencia con Manasés

Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase grabada (Intensivo en línea).

Resumen

Crónicas se escribe al regresar del exilio y cuenta lo bueno: el remanente, la adoración de David y las reformas. Salomón tomó la bendición para sí mismo y la estancó; Jeroboam, por temor al hombre, dividió la adoración con becerros de oro; Manasés llenó Jerusalén de sangre inocente. Desde entonces la pregunta ya no es quién será el siguiente rey, sino quién reinará por siempre: el Mesías.

Puntos clave

  • Reyes se escribe en el exilio; Crónicas, al regresar, para mostrar cómo se hace bien.
  • Las genealogías muestran que siempre ha habido un remanente.
  • Salomón estancó la bendición: bendecido para bendecir.
  • Todo conocimiento de Dios que no se comparte se vuelve una enfermedad.
  • Jeroboam actuó por temor al hombre: vergüenza y miedo.
  • Manasés agotó la paciencia de Dios; Josías se arrepintió, pero los siguientes reyes volvieron a lo malo.
  • Cristo no es un apellido: Jesús es el Mesías, el ungido que reinará por siempre.

¿Por qué volver a leer lo mismo?

Si has leído Crónicas, seguro dijiste: «Es lo mismo». Empieza en Adán, sigue con genealogías, termina en David, te cuenta otra vez la historia de David y de los reyes, y te lo saltas. Cuando vas atrasado en la Biblia en un año, piensas: «Sáltate Crónicas, ya la leíste». (No le digan al pastor que dije eso; no es cierto.)

Escrito al regresar del exilio

A diferencia de Reyes, que se escribe en Babilonia, en el exilio, Crónicas se escribe cuando el pueblo ya regresó. Por eso tiene otro objetivo.

Reyes era un mensaje para el pueblo exiliado: Dios no los ha abandonado. Si te acuerdas de Deuteronomio 29, te acuerdas del 30: «Si vuelves a mí… yo circuncidaré tu corazón». No lo merecíamos, pero si regresamos a Dios, Él es bueno y cumple sus promesas, tanto el exilio como el regreso.

Crónicas, en cambio, casi no cuenta lo malo. Se enfoca en los reyes que honraron a Dios, en la adoración que David trajo, en los sacerdotes que David puso, en las reformas de Josías cuando volvió a traer la ley. Es como decir: «Ya la regamos; así se hace bien». Hasta ese momento el pueblo entiende que Deuteronomio 29 era literal: si haces lo bueno te irá bien, y si haces lo malo te irá mal. No era una fábula.

¿Qué había que hacer? Recuperar la ley y el orden levítico, el orden para mantener el espacio sagrado. Reyes es cómo violamos el espacio sagrado; Crónicas es cómo lo recuperamos. Y ya no desde el temor ni desde el cajero automático de bendiciones, sino porque entendieron quién es Dios. Te llevan al exilio, te traen de regreso, y dices: «Sí es Dios». Crónicas cuenta eso y hace la transición hacia Esdras y Nehemías, cuando se reconstruye todo.

Esquema de Crónicas

Las genealogías esconden tesoros. Imagínate que eres un judío que regresa del exilio. Acabas de leer Reyes y estás todo aguitado: «No hay rey bueno; lo vamos a volver a arruinar». Y de repente te dan un libro que va desde Adán hasta ti y te dice: «Es el mismo Dios. Somos el mismo pueblo al que Él le prometió esto desde Adán y desde Abraham, y mira cómo lo cumplió. Adoremos a Dios».

El enfoque es que el reino del rey presente nunca va a ser más importante que el reino de Dios. Ya no es AMLO, es Claudia, y está bien: el reino de Claudia nunca va a ser más importante que el reino de Dios. Los reyes que hicieron lo malo siempre quitaron la vista del reino de Dios para enfocarse en su propio reino. No se trata del siguiente rey, sino del Rey. A diferencia de Jueces, que terminó con «no había rey en Israel», aquí todos reconocen que Dios es su rey, soberano sobre los reyes del momento.

La herencia de David

Vamos a leer 1 Reyes 2. Acercándose la muerte de David, le da órdenes a su hijo Salomón: «Yo voy por el camino de todos en la tierra. Sé, pues, fuerte y sé hombre. Guarda los mandatos del Señor tu Dios… conforme a lo que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas… para que el Señor cumpla la promesa que me hizo: “Si tus hijos guardan su camino, andando delante de mí con fidelidad, con todo su corazón y con toda su alma, no te faltará hombre sobre el trono de Israel”» (1 R 2:1-4). Y David durmió con sus padres.

Es como el abuelito que te deja la herencia y te dice: «La guardé para que construyas un patrimonio». ¿Y qué pasa con la tercera generación de los que heredan? Se la acaban. Salomón hizo prácticamente lo mismo: perdió de vista la gloria de Dios y tomó la bendición que venía de Dios para bendecirse a sí mismo. Si quieres reducir todo a «¿qué salió mal?», ahí empezó.

Termina el templo y dice: «Ya tengo la tierra, ya tengo el templo, ya la hice». Si hubiera entendido el propósito que se le dio a Abraham: bendecido para bendecir. Pero se quedó la bendición y construyó una casa más grande para él que para Dios. Fue en busca de mujeres, de placeres, de cosas, y se pudrió por dentro.

El agua estancada

Toda agua estancada produce enfermedades, como el dengue. (Mi papá, que hoy está aquí, vive en Torreón, donde hay dengue por todos lados; fuimos hace poco y antes de salir a jugar con las niñas había que ponerles repelente.) Salomón estancó la bendición. El propósito era: «Ya hay un templo; ahora díganles a las naciones: aquí está el Señor de los ejércitos, miren lo que ha hecho a través de nosotros». Y se enfocó en sí mismo.

Cuando llegamos a Cristo pasamos de muerte a vida, y como dice Pablo, ahora somos el templo, la morada del Espíritu Santo. Todos tenemos dones y talentos, y muchos en lugar de usarlos para bendecir a otros los guardamos para nosotros. Se va a podrir y va a enfermar a otros. Cuando ministros con dones para predicar empiezan a cobrar por la palabra, empiezan a usar la bendición para sí mismos. Hablo de cosas básicas: en un evento cobramos la comida, en un retiro la cabaña, pero la palabra y la enseñanza no se cobran. El bautizo no se cobra, la boda no se cobra, el funeral no se cobra. Así extendemos la bendición.

Y en nuestra propia vida: «No me saludaron en la iglesia», «esa canción no me encantó». Nos centramos en lo que nos agrada. Pero cuando llegaste a Cristo le contabas a todo mundo: «Fui a la iglesia, levanté las manos por primera vez y sentí un amor». Y la otra persona decía: «Yo quiero eso». Es el primer amor, el que Dios le pide a la iglesia de Éfeso que recupere en Apocalipsis. Todo conocimiento de Dios que no se comparte se vuelve una enfermedad. No digo que no aprendas; digo que, después de tantas sesiones, es tu responsabilidad ir y compartirlo.

Si no, vas a saber tanto que cuando el pastor predique vas a decir: «No fue ese rey, fue otro; no fue en ese año». Ese no es el punto de la predicación. El punto es tomar la palabra de Dios, con el Espíritu Santo, para atravesar corazones y que las personas lleguen a salvación. Eso hizo Salomón: buscó su mejor vida, la sabiduría, los logros, y todo eso lo llevó al camino de la muerte.

Poco a poco te desvías: empiezas a tolerar lo que no debes, y lo que toleras se convierte en lo que adoras. Lo puedes ver en el mundo completo: poco a poco, «bueno, ya no vamos a discriminar», y luego «ya se valen baños mixtos», y luego ya no le puedes decir nada a tu hijo. ¿En qué momento pasamos de una cosa a la otra? Porque empezamos a tolerar cosas que no debimos tolerar nunca. Ser paciente no es lo mismo que tolerar; tolerar es hacerlo partícipe. Puedes ser amigo de alguien y no estar de acuerdo, como mi hermano y yo, que no estamos de acuerdo en todo y seguimos siendo hermanos. Pero esa es otra prédica.

¿Quién reinará por siempre?

De Salomón en adelante la pregunta ya no es quién será el siguiente rey, sino quién reinará por siempre. Ahí se desarrolla la palabra Mesías, el ungido, que es la misma palabra que Cristo. Cristo no es el apellido de Jesús: es Jesús el Mesías, Jesús el ungido. Lo identifica como el hijo de David, el hijo de Abraham, el descendiente de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente.

El pecado de Jeroboam

Primero cae el norte. «Cuando Él arrancó a Israel de la casa de David, hicieron rey a Jeroboam, hijo de Nabat. Y Jeroboam apartó a Israel de seguir al Señor y les hizo cometer un gran pecado. Y los israelitas anduvieron en todos los pecados que Jeroboam había cometido» (2 R 17:21-22). De ahí en adelante, los reyes del norte anduvieron conforme a Jeroboam y no conforme a David.

¿Y por qué lo hizo? «Jeroboam se dijo en su corazón: “Ahora el reino volverá a la casa de David. Si este pueblo continúa subiendo a ofrecer sacrificios en la casa del Señor en Jerusalén, el corazón de este pueblo se volverá a su señor, a Roboam rey de Judá; y me matarán”» (1 R 12:26-27).

¿Cuál es la motivación detrás de quienes escogen el camino de la muerte? El temor al hombre, que se ve en la vergüenza y el miedo. Esos dos ingredientes aparecen en Génesis 3, y de ahí en adelante son la razón por la que el ser humano sigue escogiendo el camino de la muerte. Cuando algo te avergüenza, te tapas; cuando algo te da miedo, actúas. Jeroboam, con miedo de que lo mataran, puso dos altares: uno en Dan, en el norte, y otro en Betel, más al sur, cerca de Jerusalén, para que nadie tuviera excusa. Esos son los montes de los que la samaritana decía «mis antepasados». ¿Cuáles antepasados? De Jeroboam en adelante. ¿Y qué puso ahí? Unos becerros de oro. Esa idolatría produjo el exilio: el norte fue el primero en caer en ese adulterio tan grotesco, todos sus reyes hicieron lo mismo, y vino Asiria y se los llevó.

Manasés y el fin de la paciencia

¿Y Judá? Dios fue muy paciente, rey tras rey, y hubo muchos buenos. Hasta que llega Manasés (2 R 21). «Hizo lo malo ante los ojos del Señor, conforme a las abominaciones de las naciones». Primero, se hizo como las demás naciones. Segundo, reedificó los lugares altos que su padre Ezequías había destruido. «Hizo pasar por fuego a su hijo, practicó la hechicería, usó la adivinación y trató con médiums y espiritistas». Puso una imagen tallada de Asera en la casa del Señor, de la cual Dios les había dicho a David y a Salomón que no lo hicieran. E hizo que el pueblo se extraviara «e hiciera lo malo más que las naciones que el Señor había destruido» (2 R 21:2-9). Lo que toleraron de las naciones se convirtió en su adoración, y fue mucho peor.

Dios responde por medio de los profetas: «Abandonaré al remanente de mi heredad y los entregaré en mano de sus enemigos… porque han hecho lo malo ante mis ojos y han estado provocándome a ira desde el día en que sus padres salieron de Egipto» (2 R 21:14-15). «Fui paciente desde que salieron de Egipto hasta hoy, pero se acabó». ¿Cuándo se escribió Deuteronomio? Cuando salieron de Egipto. Otra vez es una referencia: vuelvan a leer la ley.

Después de Manasés, y de su hijo Amón, llega Josías. Se arrepiente, se encuentra el libro de la ley, lo lee, hace reformas, y empieza a crecer algo muy bonito, pero muere en una batalla. Josías empezó a reinar a los ocho años (2 R 22:1). Si tienes ocho años o más, todavía hay tiempo.

Pero los reyes que le siguen vuelven a hacer lo malo, y Reyes dice: «En los días de Joacim subió Nabucodonosor, rey de Babilonia, y Joacim fue su siervo por tres años; después se volvió y se rebeló contra él. Y el Señor envió contra él bandas de caldeos, de arameos, de moabitas y de amonitas… contra Judá para destruirla, conforme a la palabra que el Señor había hablado… Ciertamente por mandato del Señor sucedió esto contra Judá, para quitarlos de su presencia por los pecados de Manasés… y también por la sangre inocente que derramó, pues llenó a Jerusalén de sangre inocente; y el Señor no quiso perdonar» (2 R 24:1-4).

Ahí termina la parte triste de Reyes. Para eso se escribió: no porque Dios necesite justificarse, sino para decirle al pueblo: «Fue por esto, específicamente esto y esto. Vuelvan al Señor». En la siguiente sesión hablamos de los profetas.

Las citas bíblicas siguen la lectura de la clase; donde se cita textualmente se usa la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.

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