# Entre reyes y profetas: los profetas

> La profecía no es adivinar el futuro: es el mensaje de Dios que da su perspectiva sobre el presente y recuerda su plan, casi siempre a partir de Deuteronomio. Los profetas aparecen en crisis: Asiria, Babilonia y el regreso bajo Persia. Oseas muestra que Dios no se divorcia de Israel, e Isaías, hablando a varias generaciones, dibuja al Mesías: el niño que es Dios Poderoso, el siervo sufriente y el que traerá el nuevo pacto.

*Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase grabada.*

- Autor: Daniel Lira Serhan (https://daniellira.com/)
- Serie: Entre reyes y profetas · Sesión 8 (parte 8 de 10)
- URL: https://daniellira.com/clases/entre-reyes-y-profetas-los-profetas/
- Video: https://www.youtube.com/watch?v=W3gFj5WwH-E

## Puntos clave

- La profecía es el mensaje de Dios que da su perspectiva y recuerda su plan; casi nunca es predicción.
- Los juicios anunciados son condicionales al arrepentimiento; los pactos son incondicionales.
- Los profetas surgen en crisis: Asiria, Babilonia y el regreso del exilio.
- Profetizar hoy es interpretar la vida a la luz de la muerte, resurrección y regreso de Cristo.
- Oseas: Dios no se divorció de Israel; es fiel para redimir.
- Isaías habla a varias generaciones y construye el perfil del Mesías.
- Is 59:21 anuncia el nuevo pacto: el Espíritu y la palabra en la boca de su pueblo.

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## ¿Qué te imaginas cuando oyes «profeta»?

En esta sesión empezamos con los profetas. La clase se llama *Entre reyes y profetas*: ya vimos a los reyes y por qué los había, y desde el principio establecimos el propósito de todo: escoger el camino de la vida o el de la muerte. Israel se debatía entre los dos, hasta que escogió tanto el camino de la muerte que Dios lo exilió, una vez y otra, y eventualmente lo regresó. Los profetas tuvieron una parte crucial en todo eso, pero por cosas raras de este siglo creemos cosas que no son de los profetas.

Si yo llego y digo: «Hola, me llamo Daniel y soy profeta», ¿qué esperarías? Lo que el mundo imagina es alguien que ve el futuro o que habla en señales misteriosas, en clave: «Veo un árbol frondoso en tu vida». Me da gusto ver caras diciendo que no, porque eso no es.

En toda la Biblia, solo el 8% de la profecía habla del futuro. Solo el 8%; el otro 92% no tiene nada que ver con lo que va a pasar. Dentro de ese 8%, como el 5% es profecía mesiánica, que habla del futuro como Génesis 3:15 hablaba del que vendría a aplastar la cabeza de la serpiente: los pactos, la vara, que nacería en Belén Efrata. Otras hablan de juicios cercanos, como «Babilonia los va a conquistar». Y creo que el 1 o 2% habla de eventos futuros apocalípticos o de los últimos tiempos. Todo lo demás… existe Mastercard. No, ese es muy mal chiste. Todo lo demás, el otro 92%, no tiene nada que ver con eso.

## Qué es la profecía y qué es el profeta

La profecía es un mensaje de Dios en el que da su perspectiva de las cosas y aclara o recuerda su plan: «Ustedes viven en este tiempo, está pasando esto; les doy la perspectiva de Dios. Hicieron esto y esto, rompieron la ley así; yo les había dicho que esto iba a pasar. Pero no se preocupen: este es mi plan para traerlos de regreso». Casi toda la profecía tiene esa forma.

El profeta es el portavoz de Dios. Sigue siendo una persona con su personalidad, pero el mensaje no es suyo, es de Dios, y por eso carga autoridad.

¿Cuándo aparecían? Casi siempre en un momento de crisis. Cuando Dios tenía que sacar a su pueblo de Egipto, levantó a Moisés; Abraham tuvo cosas proféticas, pero a Moisés se le reconoce como el primer gran profeta, portavoz ante Faraón y ante el pueblo. Cuando se iba a perder el arca, levantó a Samuel. Los profetas juzgaban, advertían, guiaban e interpretaban las Escrituras, y la mayoría partía de Deuteronomio 29 y 30: «Este era el pacto; lo rechazaron; Dios va a hacer lo que dijo».

## Profecías condicionales e incondicionales

Las incondicionales van a suceder sí o sí, y casi todas son los pactos de Dios: el hijo de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente; vendrá de Judá, aunque Judá sea el peor del mundo. No depende de lo que hagas.

La mayoría son condicionales, como la ley: «Si haces esto, entonces aquello». Y hay otras implícitamente condicionales, que nos ayudan a entender por qué Dios no cambia en su carácter. Cuando leemos «Dios se arrepintió», como cuando el pueblo adoró el becerro y Dios dijo que los destruiría y Moisés intercedió, no es que Dios hubiera decretado algo irreversible y luego cambiara de idea. Era una profecía condicional, y la condición siempre está atada al arrepentimiento. Cuando Dios declara un juicio, siempre incluye la condición del arrepentimiento.

Los libros proféticos no son una cronología exacta; son como antologías, recopilaciones de escritos, como el poeta que reúne sus poemas en un libro: primero todos los de la rosa blanca, luego los de la rosa amarilla. Entre un mensaje y otro pudo pasar mucho tiempo y cambiar la audiencia, pero se agrupan por tema. Mi objetivo es que digas: «Ya no están tan raros los profetas; aunque no lo entienda todo, entiendo qué no entiendo».

## Cómo recibían el mensaje

No sabemos. Y esa es la parte más explotada hoy. La Biblia no dice si un ángel les dictaba; solo dice «así dice el Señor». Lo que sí sabemos es que estaban mediados por el Espíritu del Señor, que reposaba sobre el profeta, y entonces profetizaba.

A partir de Moisés, los profetas no traen algo nuevo: vienen a recordar lo que Dios ya dijo. Y cuando hablan del futuro, como «viene Babilonia y se los va a llevar», tampoco es nuevo: ya les había dicho que serían exiliados; ahora les dice a manos de quién y cómo. Hubo además profetas que la Biblia menciona sin nombre. Siempre en crisis, y siempre para recordarle al pueblo que lo que estaba por suceder era obra de Dios y tenía un propósito.

## Un mapa de los profetas

Se distinguen los profetas preclásicos y los clásicos. Los preclásicos —Moisés, Débora, Samuel, Natán, Elías y Eliseo— no dejaron libros proféticos; son parte de la narración. (Recuerden que antes de Cristo los años van disminuyendo: era como «feliz menos un año». Era un chiste; nomás mi esposa se rió.)

- **Antes de la monarquía.** Moisés, portavoz ante Faraón. Débora, la única profeta que vemos en el libro de Jueces, a quien la Biblia menciona como profeta, en medio de una crisis en Canaán. Samuel, en la transición de Jueces a Reyes, cuando se pierde el arca.
- **En la monarquía.** Natán, consejero de David, que lo confronta y le anuncia que su hijo construiría la casa. Después no vemos un profeta que camine con el rey; una idea es que el arca había regresado y la presencia de Dios estaba ahí. Pero cuando el reino se divide y llega la crisis, aparecen Elías, con su famoso «o Baal es Dios o el Señor es Dios» frente a Jezabel y el fuego que cae del cielo, y Eliseo, por medio de quien Dios libra al pueblo de los arameos.

Los clásicos se agrupan alrededor de tres crisis:

- **La crisis de Asiria.** En el norte, Amós, Oseas y Jonás; en el sur, Isaías y Miqueas.
- **La crisis de Babilonia**, ya en el sur, porque Dios había dejado al norte: «Ya les dije lo que tenía que decir; cuando regresen, aquí estoy». Nahúm, Habacuc, Sofonías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.
- **El periodo persa y el regreso.** Ageo, Zacarías y Malaquías, y otros como Joel y Abdías. Los persas conquistan Babilonia, y su rey, para ganarse a los pueblos, les dice: «Regresen, háganle sus templos a sus dioses y sigan pagándome impuestos».

A los de la crisis de Asiria el mensaje fue juicio, a menos que se arrepintieran; no lo hicieron. En la de Babilonia fue parecido, hasta que llega el momento en que Dios dice: «Ya no se arrepintieron; déjense llevar». En el periodo persa el tema es el regreso: setenta años fuera de casa, y regresas y no hay templo: constrúyelo; no hay ley: recupérala; no saben cómo tratarse unos a otros, ni a la gente que ya vive ahí.

## Los profetas del norte

**Amós** advertía al norte, que no creía estar bajo juicio: «¿Cómo estás?». «Muy bien, voy a la iglesia todos los domingos». Y el profeta: «Viene el juicio; estás haciendo lo malo».

**Oseas** también advierte, pero da una promesa de redención. Es de los más visuales: Dios llama prostituta a Israel, y aun así dice «yo seré su esposo». Dios le pide a Oseas que se case con una prostituta para mostrarle al pueblo quiénes son, y eventualmente ella regresa y es redimida.

**Jonás** es el profeta que no quería serlo. Nínive era lo último de Asiria, el pueblo que conquistaría y aplastaría a Israel. «Ve y diles un mensaje». Y Jonás: «No; yo te conozco. Si se arrepienten, tú eres bueno y los vas a perdonar». Se lo come una ballena, y en su oración dice que clamó desde el seno del Seol y Dios lo sacó (Jon 2:2-6). Es una tipología de Cristo, que fue al Seol, se levantó y trajo a las naciones un mensaje de salvación. Al final Jonás obedece y le reclama: «Te dije que eras bueno». El punto: la misericordia de Dios no viene porque tú quieras o no quieras, sino por su gracia, extendida a todos, y el que se arrepiente es perdonado.

## Profetizar hoy

De aquí en adelante, la mayoría de las profecías se vuelven un comentario bíblico y social. Antes eran consejo al rey o al juez; ahora el liderazgo está perdido y los profetas le hablan al pueblo, toman las Escrituras —sobre todo Deuteronomio— y las aplican. En teoría así deberíamos predicar hoy: interpretar los eventos actuales a la luz de lo que ya está escrito. Eso es profecía.

No es «veo un carro gigante con ocho ruedas». (Era un tráiler, no sé.) La profecía es la predicación de la palabra aplicada a la vida actual. Cuando Pablo dice «que hablen dos o tres profetas, y los demás juzguen» (1 Co 14:29), no se refiere a adivinanzas, sino a que interpreten lo que sucede a la luz de la palabra y la comunidad diga: «Sí, cierto».

¿Cómo lo hacemos hoy? Interpretamos tu vida y nuestros eventos a la luz de la muerte y resurrección de Cristo y de la esperanza de que va a regresar. Cuando alguien llega con depresión, profetizar no es: «El Señor te dice que serás sanado y en tres años darás conferencias». Profetizar es decir: «Viene el día en que Él regresará, y no habrá más dolor ni llanto ni depresión; mientras tanto te dejó al Espíritu Santo para consolarte: ve a Él y a su palabra». Eso lo puede hacer cualquiera, porque todos tenemos el mismo Espíritu Santo.

## Los profetas del sur y la transición a Babilonia

**Isaías** es el más famoso, y espero que hoy se vuelva más claro, porque es rarísimo: de repente le habla a una persona y luego a otra. Proclamaba la fidelidad de Dios en medio de la crisis de Asiria. El rey Acaz lo ignora. Su hijo Ezequías quita los ídolos y regresa la adoración al templo, y Dios dice que Asiria no los conquistará: el ángel del Señor destruye al ejército asirio. **Miqueas** habla de la injusticia y los pecados del pueblo. Después Asiria se lleva a todo el norte.

Cuando se acerca Babilonia, Dios levanta otra serie de profetas. **Habacuc** es una plática con Dios: «Espérame, explícame; está bien, hicimos lo malo, pero ellos están peor». Y Dios le explica: «Por medio de ellos vendrá el juicio, y luego los juzgaré a ellos». Es el mismo mensaje todo el tiempo: el juicio es condicional al arrepentimiento. El templo nunca fue para salvación; no es el templo ni la ley, es la postura del corazón.

**Sofonías** profetizó en los días de Josías (Sof 1:1) y llama a una reforma: regresar a la ley de Moisés. Josías, que llegó a rey a los ocho años, hace las reformas, y Dios nos deja ver que cuando el pueblo hace caso, el juicio se prolonga. Se cree que Sofonías influyó en esas reformas: un niño de ocho años con un padre malvado difícilmente las habría hecho por sí mismo, pero escuchó al profeta. (Obviamente no siempre tuvo ocho años.) Josías muere en batalla contra el faraón Necao, que subía a ayudar a Asiria contra Babilonia, y el siguiente rey vuelve a hacer lo malo, y viene el juicio.

**Nahúm** anuncia el juicio contra Nínive, como Jonás, solo que este sí quiso. Ya empieza a aparecer el nombre de Babilonia.

**Jeremías** proclama el mensaje durante más tiempo: desde los días de Josías hasta la caída de Jerusalén. Le tocó todo: ver las reformas, ver morir al rey, rogarle al pueblo que no hiciera lo malo sin que le hicieran caso, y por eso llora y se lamenta. Y cuando se llevan al pueblo, a él no; el remanente que no quería ir a Babilonia se lo lleva a la fuerza a Egipto (Jer 43), donde se muere. Pobrecito. **Ezequiel**, en cambio, fue llevado en la primera oleada del exilio, y profetizaba a los exiliados con esperanza, y también a los que seguían en la tierra.

**Daniel** vive el paso de Babilonia a Persia, con posiciones privilegiadas bajo varios reyes. Era el que, si ponías una regla malvada, hacía lo contrario. Llega a Babilonia y no quiere comer la comida del rey: «Yo como legumbres». De ahí sacamos el ayuno de Daniel. El punto era mantenerse santo, separado, para que la gente supiera que si prosperaba no era por la comida, sino porque Dios estaba con él. Más tarde lo mandan adorar al rey, se niega, y lo echan al foso de los leones aunque el rey, Darío (Dn 6), lo amaba; sale vivo, y el rey reconoce al Dios de Daniel.

Por último, **Ageo, Zacarías y Malaquías** hablan a los que regresaron. Malaquías es la última voz profética hasta Juan el Bautista.

## Oseas: Dios no se divorcia de su esposa

Oseas expone la fragilidad de la aparente prosperidad del norte. Asiria no los aplastó de inmediato; los hizo un estado vasallo: «Pórtense bien y les irá bien». No les iba tan mal. Y Oseas y Amós les dicen: «Creen que están en paz, pero esto es juicio de Dios».

Oseas es uno de mis libros favoritos, porque es fácil olvidarnos de Israel. Es fácil decir: «Hicieron lo malo una y otra vez, vino el nuevo pacto, rechazaron a Cristo; Dios ya se olvidó de Israel». Esa idea es muy peligrosa. Dios escogió a Israel por medio de Abraham, Isaac y Jacob, y se casó con ellos. Decir que la iglesia es el nuevo Israel y que Israel ya no es Israel es, aunque suene feo, como decir que Dios se divorció de su esposa y se consiguió una jovencita que sí le hace caso. Así no es, y Oseas lo explica.

Dios le dice a Oseas: «Cásate con una prostituta». Y él la toma, creyendo que Dios es suficiente para que deje de serlo. Pero ya casados se va por las noches; Oseas va por ella, regresa, se vuelve a ir, una y otra vez, hasta que ella se da cuenta de que está mejor en casa de su esposo, y es redimida. Es la historia de Israel, y muchas veces la nuestra. (No le estoy diciendo prostituta a nadie; en el Intensivo siempre lo tengo que aclarar.) Es la analogía que Dios hace: teniéndolo todo en casa de nuestro Padre, que nos adoptó y nos ama, buscamos satisfacción en otro lado.

Un paréntesis sobre prioridades: primero tu relación con Dios, luego tu familia, luego tu trabajo, que te da la capacidad de proveer para tu familia, y luego la iglesia. No es excusa para no servir; pero si tienes reunión de iglesia todos los días y nunca cuidas a tus hijas, no.

Dios dice de Israel: «Cercaré su camino con espinos… Ella seguirá a sus amantes, pero no los alcanzará… Entonces dirá: “Iré y volveré a mi primer marido, porque mejor me iba entonces que ahora”. Pues ella no sabía que era Yo el que le daba el trigo, el vino nuevo y el aceite, y le prodigaba la plata y el oro que ellos usaban para Baal» (Os 2:6-8). Les haría la vida tan difícil en el exilio que dirían: «¿Dónde está Dios? Regresemos a Él».

Y luego: «Por tanto, la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón. Le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza… Sucederá en aquel día, declara el Señor, que me llamarás Ishí (esposo mío) y no me llamarás más Baalí (mi señor)» (Os 2:14-16). Aunque Israel se haya comportado como prostituta, Dios es fiel para redimirla, y anhela esa relación renovada incluso hoy. Pablo decía que desearía ser separado de Cristo por amor a sus hermanos (Ro 9:3). Esa fidelidad de Dios con Israel nos da la certeza de que es fiel también con nosotros.

Amós es muy similar, pero se centra en el colapso moral y social del norte. La ley se resume en amar a Dios y amar al prójimo, y estos profetas dicen: «No amaste a Dios ni a tu prójimo; escogiste el camino de la muerte». Y el exilio fue gracia: merecían destrucción, y en lugar de eso Dios los llevó a un lugar donde pudieran extrañarlo para luego regresarlos.

## Isaías: cuatro audiencias

El propósito de Isaías es demostrarle a Judá que Dios sigue siendo fiel. Si eres de Judá y ves que Dios dejó al norte, puedes pensar «ya nos abandonó a todos» o «ellos eran los malos y nosotros los buenos». Isaías les recuerda que Dios es fiel: si haces lo malo te pasará lo mismo, y si te vuelves a Él regresarás.

El libro es raro porque se dirige a varias audiencias que no son contemporáneas. Muchos académicos dicen que lo escribieron dos o tres Isaías distintos. Yo no lo creo, y muchos académicos tampoco. Mi postura es que Dios es suficiente para profetizar lo que quiera, aunque el profeta no lo entienda del todo. A grandes rasgos:

- **Sus contemporáneos**, en la guerra siro-efraimita (Is 1–12), con oráculos a todas las naciones (Is 13–27).
- **Los que viven la invasión de Asiria**, cuando Dios salva a Jerusalén (Is 28–39).
- **Los exiliados en Babilonia**, una generación que Isaías no vería (Is 40–55): esperanza, perdón y restauración.
- **Los que regresan del exilio** (Is 56–66): la futura gloria de Israel cuando venga el Mesías.

Es uno de los libros que más desarrollan el perfil del Mesías.

## La esperanza del rey davídico

Isaías toma la idea del rey davídico y dice: hay esperanza. Empieza exaltando Jerusalén: «Acontecerá en los últimos días que el monte de la casa del Señor será establecido como cabeza de los montes… y vendrán muchos pueblos, y dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor”» (Is 2:2-3), un texto que también cita Miqueas. Jerusalén es donde estará el reino de Dios. Y si vas, es un cerrito; en Monterrey tenemos montañas mucho más bonitas. Hay un salmo en que los montes de Basán miran con envidia el monte que Dios escogió (Sal 68:16). ¿Por qué lo escogió? No sé, pero ahí escogió y ahí va a regresar.

En Isaías 9 —ya falta poquito para Navidad—: «Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros. Y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino… desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto» (Is 9:6-7). ¿La soberanía sobre los hombros de un bebé? «No me entiendas; me van a entender más adelante». Y cuando preguntan dónde dice la Biblia que Jesús es Dios: aquí, entre muchos lugares. Es un niño, y su nombre es Dios Poderoso.

En Isaías 11 ese rey reina con una paz que nunca se irá: «El lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito… y un niño los conducirá» (Is 11:6). «Acontecerá en aquel día que el Señor ha de recobrar de nuevo con su mano, por segunda vez, al remanente de su pueblo que haya quedado de Asiria, de Egipto…» (Is 11:11). Nacerá un niño que traerá paz y recuperará al remanente de Israel de entre las naciones.

## El siervo sufriente y el nuevo pacto

Más o menos de Isaías 42 al 55, el Mesías aparece como el siervo sufriente: este niño no viene solo a traer un reino y justicia, sino primero a servir. La clásica es Isaías 53: «Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores… el castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados… Pero quiso el Señor quebrantarlo… Cuando Él se dé a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días… Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos» (Is 53:4-11). Está hablando de Jesús.

«Inclinen su oído y vengan a mí, escuchen y vivirá su alma. Y haré con ustedes un pacto eterno, conforme a las fieles misericordias mostradas a David… Ciertamente llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá a ti» (Is 55:3-5). Suena a la predicación de Jesús, alude al nuevo pacto y anuncia que la salvación es también para las naciones.

Termino con Isaías 59, donde por primera vez, sin usar la expresión, se habla del nuevo pacto. «Porque se han multiplicado nuestras transgresiones delante de ti, y nuestros pecados testifican contra nosotros» (Is 59:12). Dios vio que no había justicia, «y se asombró de que no hubiera quien intercediera. Entonces su brazo le trajo salvación» (Is 59:16). «Y vendrá un Redentor a Sion, y a los que en Jacob se aparten de la transgresión… En cuanto a mí, este es mi pacto con ellos: mi Espíritu que está sobre ti, y mis palabras que he puesto en tu boca, no se apartarán de tu boca, ni de la boca de tu descendencia… desde ahora y para siempre» (Is 59:20-21).

Es lo que anunció Moisés en Deuteronomio 30: un corazón para oír, ver y entender, y la palabra en tu boca. Isaías dice que ese niño que es Dios, sobre quien reposa la soberanía, el siervo que cargará nuestras transgresiones y morirá por cada uno de nosotros, es el mismo que traerá su Espíritu y la circuncisión del corazón. Así comentan los profetas lo que ya está escrito para proyectarlo a lo que está por suceder. En la siguiente clase veremos a Jeremías, Ezequiel y algunos profetas menores.
