# El bautismo: de la mikve a Cristo

> Bautismo es una transliteración del griego y significa ser sumergido: quedar rodeado por completo de aquello en lo que eres sumergido. Juan no inventó el bautismo. Desde el Éxodo los sacerdotes se lavaban antes de entrar a la presencia de Dios, y en tiempos del templo el pueblo se sumergía en la mikve, el cuerpo de agua donde el impuro entra y sale puro. En la Biblia, la palabra mikve significa conjunto o congregación, esperanza, permanencia y entretejido, y Jeremías llama a Dios la mikve de Israel. Hay cuatro bautismos: en el cuerpo de Cristo, en agua, en el Espíritu Santo y en el sufrimiento.

*Adaptado con ayuda de IA a partir de una clase en vivo.*

- Autor: Daniel Lira Serhan (https://daniellira.com/)
- Fuente: Doctrinas Fundamentales, sesión 5: La doctrina de los bautismos (clase en vivo, Intensivo Convivencia)
- URL: https://daniellira.com/clases/el-bautismo-de-la-mikve-a-cristo/
- Idioma: es-MX
- Serie: Doctrinas Fundamentales (parte 4 de 6)
- Anterior: https://daniellira.com/clases/arrepentimiento-de-obras-muertas/
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## Puntos clave

- Bautismo es una transliteración del griego y significa ser sumergido, rodeado por completo de aquello en lo que eres sumergido.
- Juan no inventó el bautismo: desde el Éxodo los sacerdotes se lavaban para entrar a la presencia de Dios «para que no mueran» (Éx. 30:20), y el pueblo se sumergía en la mikve.
- Mikve significa conjunto o congregación, esperanza, permanencia y entretejido; Jeremías llama a Dios «esperanza (mikve) de Israel».
- El bautismo en agua es como un anillo de bodas: la señal visible y pública de un nuevo nacimiento que no depende de él.
- Cuatro bautismos: en el cuerpo de Cristo, en agua, en el Espíritu Santo y en el sufrimiento por causa de Cristo.

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## Ser sumergido

La clase completa se llama Doctrinas Fundamentales, y la sacamos de Hebreos 6. Ya vimos el [arrepentimiento de obras muertas](https://daniellira.com/clases/arrepentimiento-de-obras-muertas/) y la fe en Dios. Hoy toca lo que Hebreos llama «la enseñanza sobre lavamientos» (Heb. 6:2), que comúnmente conocemos como la doctrina de los bautismos.

¿Por qué se llama bautismo si dice lavamientos? Porque la Biblia no se escribió en español, y la palabra griega es *bautismos*. Bautismo es una transliteración. Pero no es un lavamiento como lavarte las manos, sino una inmersión completa en un cuerpo de agua que te limpia. En palabras de hoy: eres sumergido.

¿Qué pasa cuando eres sumergido? Quedas completamente rodeado de aquello en lo que te sumergieron. Si es agua, te rodea el agua. Si fuera aceite, estaría horrible, pero te rodearía el aceite. No hay manera de escapar. No es “me lavé poquito”. Más adelante vamos a ver cuatro tipos de bautismo: eres sumergido en el cuerpo de Cristo, en agua, en el Espíritu Santo y en el sufrimiento. Si le quitamos toda la connotación religiosa, es así de sencillo.

¿Quién es el primero que se te viene a la mente? Juan, el primo de Jesús, que bautizaba para arrepentimiento de pecados. Imagínate el calor de Monterrey en plena canícula, en el desierto, y multitudes que entran al río y salen, mientras alguien anuncia al Mesías que se ha esperado por siglos. Se echaban un clavado, entraban completos y salían del otro lado, y eso significaba que eran limpiados. Juan predicaba: «Tras mí viene Uno que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de inclinarme y desatar la correa de Sus sandalias. Yo los bauticé a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo» (Mar. 1:7–8).

Ahí ya vemos dos bautismos. Y Juan no estaba inventando nada: los profetas ya habían anunciado que el Espíritu de Dios vendría sobre sus hijos para poner la ley en sus corazones. Era el nuevo pacto, y los judíos lo entendían.

## Juan no inventó el bautismo

Le decimos Juan el Bautista, pero ni era bautista: era judío. Sí, era un poco rarito, vestido con pelo de camello en el desierto, pero lo que hacía no era raro. Casi nada del Nuevo Testamento es nuevo: Jesús confirma, completa y revela, pero la mayoría de las prácticas ya se hacían en el Antiguo Testamento y apuntaban a Él.

La primera vez que se manda un lavamiento es a los sacerdotes, en Éxodo 30. Dios ordena hacer una pila de bronce y colocarla entre la tienda de reunión y el altar, es decir, en el camino a la presencia de Dios. Ahí se lavaban las manos y los pies Aarón y sus hijos: «Al entrar en la tienda de reunión, se lavarán con agua para que no mueran» (Éx. 30:20). Guarda esa frase: *para que no mueran*. Y sería un estatuto perpetuo.

Dios es santo, y su presencia es tan pesada que, si un sacerdote entraba sin estar limpio, moría. No es que Dios lo matara a cuchillazos; la presencia de Dios era demasiado. Por eso se dice que entraban con campanitas, y si la campanita dejaba de sonar, había que sacarlos. Me da risa, pero no es de risa. De hecho, al papá de Juan le tocó entrar, y ahí se le apareció un ángel para anunciarle que tendría un hijo que anunciaría al Mesías.

Cuando ya hubo templo, también el pueblo podía ir a ofrecer sacrificios, y para eso tenía que hacer una inmersión de cuerpo completo. Eran pilas con una escalera de un lado y otra del otro: entrabas impuro, te sumergías y salías puro. A ese cuerpo de agua se le llamaba **mikve**. Ya ven que me gusta el hebreo.

Había seis tipos de mikve, de menos a más preferible. La primera era una cisterna de agua estancada, como el tinaco que pusiste en la sequía: era válida, pero nadie la quería, porque si se sumerge uno tras otro, el agua ya no está tan limpia. Luego, una cisterna alimentada por la lluvia. Luego, las pilas que tenían los sacerdotes o la gente rica en sus casas, y también albercas gigantes, como el estanque de Siloé, en el camino al templo, donde se sumergían los peregrinos. Y la mejor, la que todos deberían usar si tuvieran una cerca, era un río o el mar: el **agua viva**, porque se mueve, no está estancada y es parte de la creación de Dios. Por eso Juan bautizaba en un río.

Para el tiempo de los Hechos, el eunuco le dice a Felipe: «Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?» (Hech. 8:36). Lo que en el Éxodo y en el templo sabían que los limpiaba, ahora sabían que era Jesús. El bautismo se volvió la señal visible de que eres parte del cuerpo de Cristo, de que naciste de nuevo y de que fuiste lavado por su sangre para estar en la presencia de Dios.

Es como el anillo de bodas. Si te lo quitas, ¿dejas de estar casado? No. Pero es la señal pública con la que le dices al mundo: “Estoy casado, y estoy orgulloso de estarlo”. Hablamos de la fe como lealtad al rey: el bautismo es como decir “juro lealtad al rey”. Es una señal visible de una fe invisible.

## Lo que significa la palabra mikve

Cuando empecé a profundizar en esto, me enamoré más de Dios. Al principio no lo entendía: la palabra *mikve* aparece en la Biblia con definiciones diferentes. Revisé las letras y los puntitos en hebreo, y es la misma palabra. Y me di cuenta de que esas definiciones nos dejan ver la profundidad de lo que representa ese cuerpo de agua.

La primera vez que aparece es en Génesis: «Dios llamó a la parte seca tierra, y al conjunto de las aguas llamó mares» (Gén. 1:10). “Conjunto” es *mikve*: una reunión, una congregación de algo. Dios juntó las aguas, y a lo que congregó le llamó mares.

Pero al avanzar en la Biblia aparecen otras tres: **esperanza o confianza**, **permanencia** y **entretejido**, como un suéter de estambre. La abuelita de mi esposa le tejió uno a nuestra bebé: el estambre deja de ser solo estambre y, entretejido, cumple una nueva función. Yo creo que este juego de palabras busca expresar la profundidad del sumergimiento: somos reunidos como congregación en el cuerpo de Cristo, purificados por el agua viva para volver a Dios, entretejidos con su Espíritu Santo y permaneciendo aun ante la persecución por causa de Cristo.

Quien usa este juego de palabras de manera más bella es Jeremías. Le dicen el profeta llorón; yo lo quiero redimir y llamarlo Jeremías el poeta. En el capítulo 14 describe a Judá de luto: iban a las cisternas, la mikve menos preferida, y no hallaban agua; volvían con sus vasijas vacías (Jer. 14:3). En el capítulo 17 explica qué son esas cisternas rotas: «Maldito el hombre que en el hombre confía», que será como un arbusto en el desierto (Jer. 17:5–6). Pero «bendito es el hombre que confía en el SEÑOR, cuya confianza es el SEÑOR. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto» (Jer. 17:7–8).

Y en el capítulo 14 confiesa: «Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh SEÑOR, obra por amor de Tu nombre», y llama a Dios: «Tú, esperanza de Israel, Salvador suyo en tiempo de angustia» (Jer. 14:7–8). La palabra para “esperanza” ahí es *mikve*. Dios es la mikve de Israel, la fuente de agua viva en la que somos sumergidos para que nuestros pecados sean purificados y podamos volver a su presencia.

Por eso, cuando Juan bautizaba, siempre apuntaba a esa mikve: al Mesías. El judío sabía que el Señor venía y que tenía que ser lavado para estar ante su presencia. Y ahora podía poner toda su esperanza en Él y no en cisternas rotas: ya no en hombres, en leyes, en el mundo ni en mi propio esfuerzo, sino en Cristo, que nos lava para pasar de muerte a vida.

## El bautismo y el nuevo nacimiento

Eso es el nuevo nacimiento, que platicamos la sesión pasada: pasamos de muertos, excluidos e hijos del diablo, a través de Cristo, la gran mikve, a salir llenos de vida, sellados por el Espíritu Santo, sabiendo que somos hijos de Dios. El bautismo representa ese nacer de nuevo. (Lo desarrollamos también en el libro [*Nacer de nuevo*](https://daniellira.com/#libros), que explica de dónde viene el bautismo en agua y por qué bautizarse; puedes [descargarlo en PDF](https://daniellira.com/libros/nacer-de-nuevo.pdf).)

Pero quiero decirte algo: el nuevo nacimiento y su seguridad no dependen del bautismo. Tu matrimonio no depende del anillo. Hubo un pacto en la cruz, por la sangre de Cristo con la que fuiste comprado. Cuando te bautizas, testificas que eso ya sucedió en tu vida. Y por eso lo hacemos lo más rápido que podemos, como el eunuco: “¿Qué me impide bautizarme hoy?”. Si alguna vez te comprometiste, sabes que ya quieres que llegue la boda.

## Cuatro bautismos

En esencia, todo bautismo tiene que ver con la gran mikve, con Dios. Pero hay cuatro mikves en las que somos sumergidos.

### En el cuerpo de Cristo: reunidos como congregación

Así como Dios reunió las aguas y las llamó mares, hoy reúne a sus hijos y los llama pueblo, iglesia, cuerpo. «Porque por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo» (1 Cor. 12:13). Lo primero que sucede cuando aceptas a Cristo como tu rey es que eres sumergido en el cuerpo: tu vida ya no te pertenece, y si a ti te duele algo, nos duele a todos. Por eso la idea de que podemos vivir una fe individual, sin congregarnos, es una mentira. Imagina una célula que diga “a partir de hoy vivo sola” y se salga del cuerpo: se muere.

Cuando naces de nuevo, no naces solo; eres injertado en una familia. Y un bebé necesita protección, cuidado, provisión, corrección y enseñanza. Nadie cría a un bebé entre gorilas; lo de Tarzán es mentira. Hechos 2 describe esa familia: «Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos» (Hech. 2:46–47).

¿Cómo se ve una familia sana? Hay **enseñanza**, pero no me dejen el paquete a mí: ¿quién le va a enseñar a tus hijos, o a los amigos que no vinieron hoy? Tú. Tienes la responsabilidad de abrir tu Biblia y entender la palabra para poder enseñarla. Un bebé tiene que crecer. Imagínate a uno de veinte años pidiéndole a su mamá el biberón. No se trata de tiempo, sino de madurez: ¿qué tanto te estás dejando instruir? La Biblia dice que deberían estar enseñando y comiendo alimento sólido, no solo leche (Heb. 5:12). No lo digo para regañarlos: es un proceso, y a los seis meses la comida sólida todavía es papilla. Pero hay que crecer.

Hay también **comunión** y **comida**. Por eso tenemos grupos por edades, reuniones, retiros y grupos de mujeres y de hombres. Comer juntos conlleva intimidad: si comes alitas enfrente de alguien, es porque lo amas; en la primera cita hasta la pizza te la comes con cubiertos. Y **oramos** unos por otros, **adoramos** juntos y **compartimos** con generosidad.

Una iglesia sana crea un ambiente para lo sobrenatural. Y lo sobrenatural no es si hubo o no manifestaciones: es que el Señor añade cada día a los que son salvos, que tu hijo vuelva a entrar por esas puertas, que tu hermano regrese a Cristo. Esa iglesia sana no la produce la organización, sino la gente que se ama, platica, lee la palabra y se enseña.

Por eso hay que eliminar la resistencia religiosa. No hablo de juzgar a otros de religiosos; los rituales son buenos porque nos ayudan a regresar. El espíritu religioso es creer que no necesito la gran mikve, sino que mis obras y mis rituales me ponen bien con Dios. Venir el domingo, adorar, escuchar la predicación, comer en familia: todo es un ritual, pero no lo hacemos para ganar el favor de Dios, que ya se nos dio por gracia. El espíritu religioso dice: “Yo estoy bien porque fui a la iglesia y tú no”. Si mi bebé nace en domingo, no voy a venir. Mi Dios no es la religión; mi Dios es Dios.

El espíritu religioso compara lo que yo hago con lo que hace otro, y crecen los celos, y los celos ciegan. Los fariseos no pudieron ver a Jesús como Mesías por celos. Por eso es momento de mirar a las demás denominaciones y encontrar sus riquezas. Muchos de nosotros somos fruto de los metodistas; lo mismo pasa con los pentecostales. Sí hay que cuidarse de los falsos maestros: si el evangelio que se predica es incorrecto, ahí sí levantamos la voz. Pero si lo que no te gusta es la manera, simplemente ve a otra iglesia. El cuerpo de Cristo es el cuerpo global de creyentes, y son tus hermanos. No puedes hablar mal de ellos si no te has dado la tarea de amarlos y conocerlos.

### En agua: purificados por el agua viva para volver a Dios

¿Quién es el agua viva? Solo Dios. Somos purificados por Dios para volver a Dios. El bautismo en agua es la expresión externa del nuevo nacimiento: arrepentimiento más fe en Dios es igual a nacer de nuevo. Y es un mandato. Jesús dio dos mandatos muy fuertes: “Hagan esto en memoria de mí”, con el pan y el vino, y «bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mat. 28:19). Por inmersión, no por aspersión: ser sumergidos por completo.

Es un reconocimiento público ante el cuerpo y ante el Rey: “Hoy soy uno de los tuyos”. Pero también te lo dices a ti mismo: “Hoy he sido crucificado con Cristo para que solo Cristo viva en mí” (ver Gál. 2:20). Le dices al mundo: “Ya no eres mi rey; ya no sigo tus corrientes”. Y le dices al diablo, de la misma manera que Jesús lo exhibió públicamente en la cruz: “Ya no pudiste matarme, porque Cristo me compró con su sangre. Y me uní a los propósitos del Rey, así que voy por los míos”. Si no te has bautizado, no lo postergues. Hazlo público, ponte el anillo.

### En el Espíritu Santo: entretejidos con Él

Imagina el suéter que tejió la abuelita de mi esposa. Así como Dios te entretejió en el vientre de tu madre, hoy te entretejió con el Espíritu Santo. Tú y Él son uno; puedes ignorarlo o entristecerlo, pero está en cada hilo. Y el suéter tiene una función: te cubre. El Espíritu te cubre de poder.

¿Poder para qué? Para testificar de la resurrección de Jesús y de la resurrección que viene. Cuando oras por un enfermo y sana, Dios está declarando que el reino ha venido, que el Rey resucitó y que la muerte y la enfermedad ya no tienen poder; un día nos sanará por completo con un cuerpo glorificado. Hay quienes preguntan: “¿Por qué a mí no me pasan manifestaciones?”. Yo creo que, cuando no las hay, Dios nos está llamando a más. A veces buscamos manifestaciones para que nos reconozcan como hijos de Dios. Pero Dios quiere que la gente lo vea en cómo caminas, cómo hablas y cómo vives; que digan “cuando él entra, hay una paz que no entiendo”.

Aun así, procuramos las llenuras del Espíritu. Una botellita de agua se vacía; un río, no. Si tomo un poco del río y me lo llevo a mi cisterna, se vacía. Hay que regresar al río, y eso se hace por obediencia, con mansedumbre y humildad. Si tu confianza está en que el domingo y el miércoles te vas a llenar, sigues confiando en cisternas rotas: nosotros solo te llevamos un poco de lluvia en una cisterna. Lo preferible es una vida de adoración completa, en la que te reconcilias cuando te peleas con tu esposa y te arrepientes cuando te enojas con tus hijos, y en cada obediencia el Espíritu te vuelve a llenar.

Y si a una cisterna llena le sigues echando agua, deja de ser cisterna y se vuelve fuente. Jesús dijo que del interior del que cree correrán ríos de agua viva (Jn. 7:38). Ya no tienen que venir al río; el río va a las personas. Eso se llama ministerio: no vaciarte de lo que Dios te dio, sino estar tan lleno que lo que sobreabunda riega a otros.

### En el sufrimiento: permanecer por causa de Cristo

Ser bautizado en sufrimiento no es enfermedad, ni dificultad, ni covid. No es “Dios quiere que sufra para que crezca”. Pablo escribe desde la cárcel: «Solamente compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo […] que están firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio» (Fil. 1:27), y añade: «Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en Él, sino también sufrir por Él» (Fil. 1:29).

No es lo que Dios ya ganó para ti: Él ya venció la muerte, la enfermedad y la miseria; es un Dios que provee. Tampoco son las tragedias. Es todo sufrimiento por causa de creer, amar y seguir a Jesús. Y esa frase de “predica con tu ejemplo y, si es necesario, usa palabras” es una mentira: es la excusa para no hablar. La palabra tiene vida y poder, y cuando se predica el evangelio con firmeza, produce persecución. Hoy estamos cómodos, pero cuando llegue, podemos orar como Jesús: “Si es posible, pase de mí esta copa, pero que se haga tu voluntad” (ver Mat. 26:39). No para que se quite el sufrimiento, sino para que venga la resurrección. «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mat. 16:24). Negar la naturaleza antigua causa sufrimiento, y tomamos la cruz porque sabemos que viene la resurrección.

Esos son los cuatro bautismos en los que somos sumergidos cuando creemos en Jesús y somos lavados por Él.

*Todas las citas bíblicas, salvo indicación contraria, han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.*
